¿Por qué los canales de Xochimilco se están quedando sin agua?

se registró una filtración importante en las aguas de Xochimilco, principalmente en los embarcaderos de Zacapa, Nativitas y Nuevo Nativitas.

El miércoles 25 de enero del 2017, la ciudad de México amaneció con una noticia que afectaría tanto su biodiversidad como su patrimonio: se registró una filtración importante en las aguas de Xochimilco, lo cual provocó el desnivel en los canales de la zona y, a su vez, afectó a los embarcaderos de Zacapa, Nativitas y Nuevo Nativitas. Si bien no es novedad, este evento se encuentra ahora relacionado con los socavones y fracturas realizados en Xochimilco e Iztapalapa para extraer agua del subsuelo de la zona.  

La sobreexplotación del agua subterránea en la zona lacustre de la CDMX implica una alta actividad sísmica que puede llegar a ser altamente peligrosa, así como una serie de grietas y fracturas capaces de implicar un manejo insostenible del agua y el territorio de la ciudad. 

De acuerdo con Greenpeace México, este es un tema derivado del cambio climático, el crecimiento inmobiliario y comercial, el incremento de demanda de servicios urbanos y la ineficiencia en la planeación gubernamental local para proveer las facilidades necesarias a favor del desarrollo de la zona. Por ello se han buscado maneras de asegurar la viabilidad, seguridad y desarrollo en función de los principios de la ecosustentabilidad en la misma zona; de lo contrario, pregunta Paola Neumann en el sitio web de Greenpeace, “¿O hasta que nivel se tiene que hundir la ciudad, escasear el agua, fracturarse casas y escuelas para que se tomen medidas de fondo?”

Frente a la situación de urgencia, los geólogos del Sistema de Aguas de la Ciudad de México –Sacmex– han comenzado a realizar los estudios pertinentes para la reparación de la filtración. Por esta razón se solicitó al Sacmex un mayor flujo de agua tratada para remediar la afectación así como al Centro Nacional de Prevención de Desastres y al Instituto de Geofísica que se realice un plan preventivo en las zonas de riesgo. 



Una pequeña variación en este número podría revolucionar la física (y la realidad) como la conocemos

Una constante con la que los científicos se han topado a lo largo de la historia podría demostrar que la naturaleza también evoluciona a través del tiempo.

Para las ciencias exactas, las constantes representan valores confiables para entender el mundo a nuestro alrededor. La velocidad de la luz, la aceleración con la que la gravedad terrestre atrae los cuerpos en caída libre y muchos otros aspectos de la naturaleza se consideran invariables a través del tiempo.

¿Pero cómo podemos estar seguros de que la naturaleza no cambia? O dicho de otra manera, ¿cómo sabemos que una constante no evoluciona a través del tiempo?

Una de las constantes más misteriosas de la ciencia aparece en los cálculos astronómicos, en el funcionamiento de la química e incluso en la manera en que los átomos se forman. Es un número con el que científicos de diversas disciplinas se topan una y otra vez a lo largo de la historia: 1/137. Descrito por el radical físico Richard Feynman como “uno de los misterios malditos más grandes de la física: un número mágico que aparece sin que podamos entenderlo”, este número aparece en áreas como la relatividad, el electromagnetismo y la mecánica cuántica.

La Constante de Estructura Fina del Universo, también conocida como constante de Sommerfeld, es una constante que caracteriza la interacción electromagnética entre las partículas elementales cargadas. La importancia de esta constante, representada por la letra griega “alpha” (α), es que dependiendo de su valor es posible descartar o no la existencia de una estructura interna del electrón. Se compone de tres constantes: la velocidad de la luz, la carga electromagnética de un electrón y la constante de Planck. 

Por ejemplo, durante mucho tiempo se creyó que los neutrones, protones y electrones eran las partículas elementales de la materia. Pero tiempo después se descubrió que los protones y neutrones aún pueden descomponerse en elementos más pequeños, llamados quarks.

Actualmente los científicos creen que los electrones sí son partículas elementales y en esa suposición se basa el Modelo Estándar de la física de partículas elementales, la física mediante la que nos explicamos la mayor parte de los fenómenos macroscópicos a nuestro alrededor. Pero si la constante alpha presentara variaciones, significaría que la física tal y como la conocemos podría dar un giro inesperado.

El pasado 13 de abril, se realizó la medición más precisa de esta constante por científicos de la Universidad de Berkeley, California. Por primera vez se utilizaron pulsos láser en lugar de cálculos indirectos para llevarla a cabo. Los resultados confirmaron que partículas hipotéticas que habían sido nombradas como “fotones oscuros” en realidad no existen.

Si la medición hubiera revelado la existencia de los fotones oscuros, el electrón hubiera dejado de considerarse una partícula elemental, revolucionando por completo la física. Debido a la importancia de esta constante, los científicos no han dejado de realizar pruebas para encontrar variantes en su comportamiento.

Este mismo año entró en operaciones ESPRESSO (por sus siglas en inglés Echelle Spectrograph for Rocky Exoplanet and Stable Spectroscopic Observations), un instrumento instalado en el Observatorio Astronómico de Paranal con la capacidad de medir velocidades radiales con una precisión de 10 cm/s.

ESPRESSO también es capaz de medir variaciones en escalas de giga años (una unidad de tiempo equivalente a mil millones de años) de algunas constantes físicas, como la Constante de Estructura fina del Universo o la relación de masas entre el protón y el electrón.

Los encargados del programa esperan que para 2019, ESPRESSO revele información inesperada que podría revolucionar toda nuestra concepción del universo.

Imagen principal: Richard Feynman en acción



El axolote, última esperanza para salvar Xochimilco

El axolote mexicano es tan raro que es capaz de reproducirse sin llevar a cabo la metamorfosis, como lo hacen todos los anfibios.

En los últimos años, la comunidad científica se ha alarmado ante la acelerada pérdida de anfibios en todo el mundo. Más de un tercio del total de especies están en riesgo de extinción. Las causas principales son la pérdida de hábitat, el cambio climático, enfermedades y contaminación. Por supuesto, en México la situación es igualmente preocupante, sobre todo si consideramos que somos el quinto lugar en riqueza de anfibios a nivel mundial.

Una de las especies de anfibios más emblemáticas y con mayor vulnerabilidad es el axolote mexicano (Ambystoma mexicanum), una peculiar salamandra que tiene características únicas y que fue una pieza fundamental en la cultura precolombina. El axolote mexicano es tan raro que es capaz de reproducirse sin llevar a cabo la metamorfosis, como lo hacen todos los anfibios. Además, es capaz de regenerar prácticamente cualquier parte de su cuerpo. Es por esto que es altamente valorado por la comunidad científica en todo el mundo.

Este animal solía ser muy abundante en el Valle de México, pero actualmente el último relicto en el que puede sobrevivir en la naturaleza es Xochimilco. Lamentablemente, la urbanización de este lugar tan especial ha sido despiadada en los últimos dos siglos, particularmente en los últimos años, empujando al axolote al borde de la extinción, pues los últimos datos muestran que quedan menos de 50 organismos por km2 en comparación con los 6 mil por km2 que se registraron hace 20 años.

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La situación actual de Xochimilco es muy compleja pero basta con mencionar algunos de los problemas más importantes. La sustitución de las técnicas tradicionales de agricultura por prácticas tecnificadas altamente tóxicas, la severa contaminación del agua por descargas urbanas y la presencia de peces invasores han devastado gravemente el ecosistema que ahí se desarrolla, incluido por supuesto, el axolote. Ante esta alarmante realidad, en los últimos años se han impulsado importantes esfuerzos con el objetivo de recuperar al axolote. Sin embargo, se ha visto que las estrategias de conservación que han sido impuestas desde las cúpulas de poder (estrategias top-down) han sido ineficaces en términos de restauración del ecosistema.

No es coincidencia que los sitios en los que aún existen ejemplares de axolote se caractericen por estar dentro de las zonas en las que se lleva a cabo la chinampería tradicional. Por ello, desde 2009 se ha impulsado un modelo para la conservación del axolote que consiste en recuperar la vocación chinampera de Xochimilco al mismo tiempo que se restaura el ecosistema para generar refugios naturales para las especies nativas como el axolote (1). El objetivo de este modelo es que la conservación biológica se realice a través de la comunidad de agricultores chinamperos (estrategias bottom-up) por medio de la implementación de un sistema de mercado sin intermediarios y de comercio justo compatible con la protección y preservación del hábitat del axolote.

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El valor cultural y biológico que posee Xochimilco fue reconocido por la UNESCO en 1987 cuando fue nombrado Patrimonio de la Humanidad. Sin embargo, ha sido tan mala la gestión de Xochimilco que actualmente, la declaratoria de patrimonio está en riesgo (2). Si esta presión no ha sido suficiente para detener el deterioro de Xochimilco, quizá sea el axolote la última esperanza que tiene Xochimilco para sobrevivir. “El reto es muy grande, pero el axolote también lo es” (3).

– Fernando Córdova Tapia (@FerCordovaTapia) y Karen Levy son miembros del Laboratorio de Restauración Ecológica del Instituto de Biología de la Universidad Nacional Autónoma de México (@LRE_IBUNAM).

 

Autor: Fernando Córdova Tapia