La neuropsicología de la ayahuasca: ¿cómo funciona esta droga en el cerebro? (VIDEO)

La ayahuasca es la mezcla de dos plantas: las hojas de Psychotria viridis, y las ramas de Banisteriopsis caapi.

Desde hace siglos se ha sabido que la ayahuasca es un poderoso guía espiritual para las personas que lo beben. A través de alucinaciones auditivas y visuales, este alucinógeno se ha convertido en una clave importante para la investigación de tratamientos enfocados en depresión y ansiedad. Sin embargo, ¿qué es realmente la ayahuasca?, ¿cuáles son los efectos que tiene en el cerebro como para hacerla una droga distinta y única a otras como LSD, cannabis, cocaína o alcohol?, ¿por qué es considerada una sustancia sagrada?

Todas estas preguntas han llamado la atención de muchos científicos y estudiosos. Es así que AsapSCIENCE decidió realizar un video explicativo con las respuestas de todas estas preguntas: 

– La ayahuasca es la mezcla de dos plantas: las hojas de Psychotria viridis, y las ramas de Banisteriopsis caapi. Ninguna de las dos tiene propiedades alucinógenas por su cuenta; sin embargo, las hojas contienen DMT, sustancia química que posee estructura similar a la serotonina y al de los hongos alucinógenos. 

– Las enzimas de nuestro estómago tienden a desactivar el DMT con el fin de que no se tenga un fuerte impacto; sin embargo, las ramas de Banisteriopsis caapi inhiben el funcionamiento adecuado de las enzimas y permiten que el DMT entre al flujo sanguíneo hasta llegar al cerebro. 

– Después de consumir la ayahuasca, las alucinaciones alcanzan su máximo después de una hora –y pueden durar hasta seis horas–. Entre los principales efectos son escuchar los ruidos de las cosas que suceden alrededor, una mayor calma de sus pensamientos y aceptación de las situaciones, una reconociliación con experiencias y emociones pasadas con el fin de encontrar paz interior.

Te compartimos el video: 

 

 



Visita el nuevo museo del Bosque de Chapultepec

El nuevo Museo de Sitio alberga más de 500 años de historia.

A un costado del Monumento a los Niños Héroes se encuentra la entrada al antiguo Colegio Militar. Lo que por años fue un inmueble a punto de colapsar se abre hoy como el Museo de Sitio del Bosque de Chapultepec, un espacio en el que los visitantes podemos aprender sobre la historia del lugar desde la época prehispánica hasta la actualidad.

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La restauración de este inmueble, que data de finales del siglo XIX, comenzó hace 2 años bajo la dirección del arquitecto Gabriel Mérigo Basurto, quien emprendió una investigación detallada sobre el estado original de la construcción. Ahora espera que los visitantes se tomen un tiempo para admirarla, pues en sus palabras:

El museo nos invita a reconocer la historia tan rica de este país ejemplificada en un edificio pequeño, pero con mucho significado.

El interior del inmueble se encuentra dividido en dos secciones. Una está dedicada a detallar los esfuerzos de recuperación que revitalizaron el Bosque hace 15 años y sus resultados actuales, mientras que la otra nos lleva a un recorrido histórico que comienza en la época prehispánica y pasa por el porfiriato. 

Las paredes están decoradas con fotografías, parafernalia y datos sobre las especies endémicas de flora y fauna que alberga esta área.

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La museografía corrió a cargo de Sietecolores, quienes se dedican a la conceptualización de espacios públicos. Su presidenta, Marinela Servitje, espera que las familias que visiten el museo los fines de semana se empapen de la historia que ha cruzado el bosque:

Es importante que los visitantes que vengan un domingo o un sábado puedan darse cuenta del valor que tiene este bosque, este parque; que sepan que gran parte de la historia de México desde hace más de 500 años se ha dado y ha pasado por el Bosque de Chapultepec. Desde el punto de vista histórico, tiene un valor muy importante. El rey Nezahualcóyotl pasó por aquí, el emperador Moctezuma pasó por acá; aquí era el lugar de recreo de todos estos emperadores mexicas.

Además, espera que “tomemos conciencia del gran valor que tiene este espacio de la Ciudad de México y que lo cuidemos, pues es importante apreciarlo y protegerlo”.

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Tal vez por ello es que en varios apartados del museo se hallan consejos para adoptar hábitos más sustentables: no alimentar a los patos, pues ensucia el lago; poner la basura en sus respectivos contenedores y evitar a toda costa las fogatas.

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El Bosque de Chapultepec, según nos platicó el arquitecto Mario Schjetnan, cuenta con ahuehuetes que llegan hasta los 400 años de antigüedad. La gran extensión arbórea de esta zona es única en la Ciudad de México, y por ende tiene un valor de captación de agua y absorción de dióxido de carbono sumamente importante. Como nos dice: 

Lo que tiene que hacer la población en primer lugar es enterarse de lo que se ha hecho y por otro lado también gozar el bosque, vivirlo, venir con sus familias, recrearse aquí, pues es un lugar que tiene una enorme cantidad de riqueza cultural.

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En tu próxima visita a las actividades recreativas que ofrece el Bosque todos los días del año, tómate un momento para llenarte de la historia de este invaluable patrimonio de la Ciudad que forma parte de todos los que la habitan, pues como señala Servitje:

Han pasado los años y casi todas las generaciones han tenido alguna anécdota de algún familiar o de alguien querido que ha pasado por el Bosque de Chapultepec.



Las alucinaciones ayudan a los científicos a entender los circuitos neuronales

La psicología evolutiva, las matemáticas y la biología se dan la mano para desentrañar el funcionamiento del cerebro humano.

¿Has experimentado estados alterados de conciencia en los que la realidad circundante no parece tan “real”? Las alucinaciones pueden aparecer como un síntoma durante las fiebres muy altas y producir percepciones alteradas del tiempo, el espacio, la luz y la sensibilidad; también surgen durante algunos trastornos del sueño y como parte de algunos trastornos psiquiátricos.

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Eva Bowan

Probablemente, la asociación más inmediata de las alucinaciones sea el efecto de algunos medicamentos, así como drogas recreativas o sustancias utilizadas en contextos religiosos como el LSD, el MDMA, la psilocibina, el peyote, la ayahuasca y la cannabis. Sin embargo, las alucinaciones son percepciones reales para quienes las experimentan, al menos por un momento, ya sea por enfermedad o porque han buscado exponerse a ellas. 

El famoso neurólogo Oliver Sacks definió las alucinaciones como “percepciones que aparecen en ausencia de cualquier realidad exterior –observar cosas o escuchar cosas que no están ahí–”.

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Este tipo de percepciones alteradas han sido parte de la historia humana desde sus inicios. Los chamanes y líderes religiosos de todas las épocas han reportado visiones místicas o se han enfrentado a “posesiones demoníacas” que la ciencia moderna podría encuadrar dentro de los síntomas de la alucinación esquizofrénica o psicótica. 

 

Documentos del estado alterado

No solamente los filósofos y los poetas han tratado de documentar los estados alterados de conciencia, aunque en este tenor la bibliografía es extensa, con nombres como Jean Cocteau hablando del opio, Walter Benjamin sobre el hachís, o William Burroughs sobre la ayahuasca. En la década de 1920, el psicólogo Heinrich Klüver documentó con gran precisión los patrones alucinatorios de su campo visual al ingerir un botón de peyote (Lophophora williamsii). El peyote ha sido utilizado en la religión y la medicina tradicional del norte de América desde mucho antes de la llegada de los españoles, pero el interés de Klüver por las alucinaciones producidas por esta cactácea era más científico que filosófico. Su hipótesis era que los patrones visuales que aparecían en su campo visual durante los efectos del peyote podían decir algo acerca de cómo funciona la visión humana en general.

Klüver clasificó los patrones en cuatro tipos diferenciados: I) entramados (como superficies ajedrezadas o poligonales, como panales de miel), II) túneles, III) espirales y IV) telarañas.

Constantes geométricas de Klüver.

Pero no sería sino hasta 1979 cuando el matemático y neurólogo Jack Cowan y su asistente Bard Ermentrout, ambos de la Universidad de Chicago, descubrieron que la actividad eléctrica de las neuronas de la primera capa de la corteza visual podía traducirse matemáticamente a los patrones que observan las personas bajo la influencia de enteógenos como el peyote.

¿Qué nos dicen las alucinaciones sobre la percepción “normal”?

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Algunas enfermedades, como la psicosis, la esquizofrenia o el síndrome de Charles Bonnet producen poderosas alucinaciones visuales. Quienes las sufren no siempre pueden diferenciar si se trata de realidades producidas internamente o si se trata de un estímulo exterior.

Lo que sabemos es que el cerebro organiza y produce “nuestra” percepción a partir de modelos sensoriales que va grabando a lo largo del tiempo: la retina del ojo recaba la luz y el cerebro la organiza según patrones que conoce y a los que les asigna sentidos. Así, cada vez que observamos un cuadrúpedo peludo sabemos que se trata de un perro y no de un monstruo. El rostro de las personas, las plantas, los objetos a nuestro alrededor, se vuelven figuras familiares por el modelo de mundo que el cerebro ha producido.

El hecho de que la gente pueda compartir ciertas percepciones sobre el mundo demuestra que el cerebro hace un buen trabajo, pero a decir de Sacks, la percepción (especialmente visual) es en gran medida el resultado de una conjetura inteligente. Las alucinaciones serían cortocircuitos o interrupciones en ese modelo de mundo estable que nuestro cerebro produce.

 

La alucinación como síntoma

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Edie Sunday

Quienes sufren de migrañas a menudo describen un “aura” en el campo visual, una especie de luz o resplandor que acompaña o antecede a un ataque, así como patrones geométricos parecidos a los descritos por Klüver. Los pacientes con síndrome de Charles Bonnet describen figuras, colores, e incluso pequeños personajes caricaturescos. En ambos casos, los pacientes saben que lo que aparece en su campo visual no es visible para otras personas; pero, por ejemplo, los pacientes de esquizofrenia o de ciertos tipos de afectaciones del sueño no saben a ciencia cierta si su percepción del mundo es confiable o no. 

Científicos como Cowan y Ermentrout y también el matemático Paul Bressloff han tratado de crear modelos matemáticos de la actividad neuronal inusual, específicamente, de la forma en la que la corteza visual organiza sus patrones geométricos.

El matemático inglés Alan Turing (más conocido por sus aportes a la cibernética, y un antecesor de la cultura hacker) se interesó por el problema de los patrones biológicos que aparecen en la naturaleza, como las rayas de los tigres o las cebras. A partir de una investigación de Turing, el físico Nigel Goldenfeld unió esfuerzos junto a Cowan para proponer la hipótesis de que los patrones geométricos de la alucinación pueden predecirse gracias a un modelo estocástico (un sistema no determinista, sometido al análisis estadístico).

 

¿Por qué se parecen las alucinaciones?

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Una forma sencilla de explicarlo es que las neuronas de la corteza visual actúan ya sea por excitación o por inhibición; la luz que entra por el ojo activa una señal electroquímica que se traduce en una forma o color al viajar al cerebro y que en circunstancias “normales” refleja la forma de los objetos exteriores, dando como resultado que veamos tal como lo hacemos.

La hipótesis es que, cuando las neuronas sufren una alteración (producto de enfermedades o enteógenos), el mecanismo normal de excitación e inhibición se ve afectado, lo que altera el procesamiento de las imágenes en la primera capa de la corteza visual; pero esta alteración no es aleatoria, pues la imagen se distorsiona según patrones que ya se encuentran mapeados en la corteza visual.

La investigación de Bressloff y sus colegas muestra que la corteza visual se distorsiona según patrones predecibles.

En otras palabras, la imagen que transmite el ojo hacia la corteza visual sufre modificaciones o alteraciones erráticas durante una alucinación, pero las conexiones nerviosas que la transmiten a la corteza visual ya están mapeadas de antemano, lo que produce patrones predecibles según el modelo de Turing y las constantes geométricas de Klüver.

Según Goldenfeld y sus colegas, las conexiones entre las neuronas excitatorias de corto alcance son frecuentes, mientras que las conexiones de largo alcance son escasas, lo que le permite al cerebro dejar fuera las conexiones aleatorias o infrecuentes (lo cual explica por qué no alucinamos todo el tiempo). En modelos simulados de la función visual normal, cuando se aumenta artificialmente el número de conexiones aleatorias también se incrementa el efecto del patrón de Turing, y aparecen los patrones de Klüver.

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Davy Evans

El uso del patrón de Turing es en buena medida una especulación, pues según sus críticos, no da cuenta del ruido visual, y su autor tenía en mente todo tipo de problemas al formularlo, como los patrones de pigmentación en la piel de distintos animales, pero nunca lo aplicó a un problema biológico real.

Sin embargo, este modelo matemático ha sido aplicado a problemas ecológicos como la distribución de poblaciones animales (donde los depredadores serían “inhibidores” de las presas, las cuales a su vez serían los “excitadores” que buscan reproducirse), por lo que su aplicación no es para nada gratuita. De hecho, experimentos recientes (como el de Bressloff, discutido más arriba) dan cuenta del ruido de la percepción visual, y las conjeturas del modelo matemático siguen siendo plausibles. Y si bien la distribución de los animales en un espacio y la forma en que las neuronas de un cerebro interactúan no son patrones perfectos y racionales, tampoco son completamente caóticos.

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Eva Bowan

Esa pequeña fisura entre lo predecible y lo impredecible es el campo en el que las alucinaciones ilustran el funcionamiento normal del cerebro humano, y nos permiten maravillarnos. Durante siglos, los científicos y filósofos se han esforzado por comprender cómo es que llegamos a percibir las cosas que nos rodean. Preguntarnos por la objetividad o subjetividad de la realidad parece una pregunta más filosófica que científica; no obstante, las alucinaciones constituyen una interesante excepción, donde la filosofía de la percepción, la neurociencia y las matemáticas aún tienen mucho camino por recorrer en conjunto.