La neuropsicología de la ayahuasca: ¿cómo funciona esta droga en el cerebro? (VIDEO)

La ayahuasca es la mezcla de dos plantas: las hojas de Psychotria viridis, y las ramas de Banisteriopsis caapi.

Desde hace siglos se ha sabido que la ayahuasca es un poderoso guía espiritual para las personas que lo beben. A través de alucinaciones auditivas y visuales, este alucinógeno se ha convertido en una clave importante para la investigación de tratamientos enfocados en depresión y ansiedad. Sin embargo, ¿qué es realmente la ayahuasca?, ¿cuáles son los efectos que tiene en el cerebro como para hacerla una droga distinta y única a otras como LSD, cannabis, cocaína o alcohol?, ¿por qué es considerada una sustancia sagrada?

Todas estas preguntas han llamado la atención de muchos científicos y estudiosos. Es así que AsapSCIENCE decidió realizar un video explicativo con las respuestas de todas estas preguntas: 

– La ayahuasca es la mezcla de dos plantas: las hojas de Psychotria viridis, y las ramas de Banisteriopsis caapi. Ninguna de las dos tiene propiedades alucinógenas por su cuenta; sin embargo, las hojas contienen DMT, sustancia química que posee estructura similar a la serotonina y al de los hongos alucinógenos. 

– Las enzimas de nuestro estómago tienden a desactivar el DMT con el fin de que no se tenga un fuerte impacto; sin embargo, las ramas de Banisteriopsis caapi inhiben el funcionamiento adecuado de las enzimas y permiten que el DMT entre al flujo sanguíneo hasta llegar al cerebro. 

– Después de consumir la ayahuasca, las alucinaciones alcanzan su máximo después de una hora –y pueden durar hasta seis horas–. Entre los principales efectos son escuchar los ruidos de las cosas que suceden alrededor, una mayor calma de sus pensamientos y aceptación de las situaciones, una reconociliación con experiencias y emociones pasadas con el fin de encontrar paz interior.

Te compartimos el video: 

 

 



¿Hay más microbios en la Tierra, o estrellas en la galaxia?

¿Pensar en grande o en pequeño? ¿Qué será más infinito?

Vivimos en grupos conectados entre sí; dependemos unos de otros para la supervivencia, e incluso mantenemos la comunicación con el otro como una de las cualidades más características de nuestra especie. Estos lazos también obedecen a un orden en la naturaleza. Su ritmo y sintonía se construye dentro una hipérbole narrada por el cosmos, y cuando no encuentra un ritmo, las consecuencias son desdichadas.  

Este pensamiento cosmológico nos remite a la idílica correspondencia del macrocosmos y el microcosmos, algo así como el espejo del universo, que no se limita a replicar su reflejo en diferentes tamaños. La vida de una persona Así, uno puede encontrar que, hay tantas estrellas en nuestro universo como granos de arena en el océano de nuestro planeta.

Una afirmación de tan precisas magnitudes no podría ser menos que poesía, y si usted quiere, una lección de vida. 

Hasta hace no mucho, la mente humana creía haber registrado todas las especies del planeta, calculando unas 10 millones. Pero esto es falso, puesto que dicha cantidad sólo contabiliza al mayor numero de especies “visibles” en nuestro mundo. Incluso los biólogos de toda la orbe tienen la certeza de que siempre podrán descubrir una especie nueva, pues la cantidad de seres animados es infinita. 

Para asegurar con más firmeza lo anterior, hoy nos aventuramos al azaroso, oculto y sofisticadísimo microcosmos natural, el de los microorganismos. Ya de por sí, la palabra augura un gran complejo.

Bacterias, protozoos, hongos y algas dominan el mundo. Se trata de la forma de vida más abundante en la Tierra, algunas sugerencias científicas se arriesgan a sumar a la lista de especies algunos de estos seres, contabilizando al menos 1 billón de especies en total. Pero, desde hace más de dos décadas, los microbiólogos han empezado a contabilizar a estos seres por medio de ADN extraído del océano, de las plantas, o la tierra. El supuesto más acertado hoy en día para la ciencia es que, existe aproximadamente 1 nonillón de micro especies distintas, una cantidad incalculable para el tiempo de vida humano, de no ser porque le hemos puesto un nombre. 

Dicho también de otra forma, existen más microbios en la tierra que estrellas en la Vía Láctea.

Pues tan sólo se han calculado entre 200,000 millones y 400,000 millones de estrellas.

El ejemplo de algunos estudiosos, para entender lo anterior, es que tan sólo el phylum (o categoría) bacteriano al que pertenece el ser humano, el Chordata, abarca unas 65,000 especies de animales más, que poseen una varilla esquelética, y que incluye mamíferos, peces, anfibios, reptiles, pájaros y tunicados. Esto quiere decir que tan sólo una de los 8 clasificaciones taxonómicas puede abarcar un sin número de especies distintas entre sí.    

No podemos dimensionar el número de especies microbianas que existen, y tampoco tenemos el tiempo suficiente para observar la cantidad de vida que puede brotar de cada una de ellas. De lo que sí estamos seguros, es que la vida de nuestro planeta aflora tantas posibilidades como Big Bangs en el Universo, y esa relación, como demuestra la correspondencia macro y micro cosmos, se puede trasladar a todas las dimensiones de la vida. 

Jaen Madrid
Autor: Jaen Madrid
Editora y música. Coordinadora editorial en Ecoosfera. Le interesa utilizar la información para construir conciencias.


Las alucinaciones ayudan a los científicos a entender los circuitos neuronales

La psicología evolutiva, las matemáticas y la biología se dan la mano para desentrañar el funcionamiento del cerebro humano.

¿Has experimentado estados alterados de conciencia en los que la realidad circundante no parece tan “real”? Las alucinaciones pueden aparecer como un síntoma durante las fiebres muy altas y producir percepciones alteradas del tiempo, el espacio, la luz y la sensibilidad; también surgen durante algunos trastornos del sueño y como parte de algunos trastornos psiquiátricos.

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Eva Bowan

Probablemente, la asociación más inmediata de las alucinaciones sea el efecto de algunos medicamentos, así como drogas recreativas o sustancias utilizadas en contextos religiosos como el LSD, el MDMA, la psilocibina, el peyote, la ayahuasca y la cannabis. Sin embargo, las alucinaciones son percepciones reales para quienes las experimentan, al menos por un momento, ya sea por enfermedad o porque han buscado exponerse a ellas. 

El famoso neurólogo Oliver Sacks definió las alucinaciones como “percepciones que aparecen en ausencia de cualquier realidad exterior –observar cosas o escuchar cosas que no están ahí–”.

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Este tipo de percepciones alteradas han sido parte de la historia humana desde sus inicios. Los chamanes y líderes religiosos de todas las épocas han reportado visiones místicas o se han enfrentado a “posesiones demoníacas” que la ciencia moderna podría encuadrar dentro de los síntomas de la alucinación esquizofrénica o psicótica. 

 

Documentos del estado alterado

No solamente los filósofos y los poetas han tratado de documentar los estados alterados de conciencia, aunque en este tenor la bibliografía es extensa, con nombres como Jean Cocteau hablando del opio, Walter Benjamin sobre el hachís, o William Burroughs sobre la ayahuasca. En la década de 1920, el psicólogo Heinrich Klüver documentó con gran precisión los patrones alucinatorios de su campo visual al ingerir un botón de peyote (Lophophora williamsii). El peyote ha sido utilizado en la religión y la medicina tradicional del norte de América desde mucho antes de la llegada de los españoles, pero el interés de Klüver por las alucinaciones producidas por esta cactácea era más científico que filosófico. Su hipótesis era que los patrones visuales que aparecían en su campo visual durante los efectos del peyote podían decir algo acerca de cómo funciona la visión humana en general.

Klüver clasificó los patrones en cuatro tipos diferenciados: I) entramados (como superficies ajedrezadas o poligonales, como panales de miel), II) túneles, III) espirales y IV) telarañas.

Constantes geométricas de Klüver.

Pero no sería sino hasta 1979 cuando el matemático y neurólogo Jack Cowan y su asistente Bard Ermentrout, ambos de la Universidad de Chicago, descubrieron que la actividad eléctrica de las neuronas de la primera capa de la corteza visual podía traducirse matemáticamente a los patrones que observan las personas bajo la influencia de enteógenos como el peyote.

¿Qué nos dicen las alucinaciones sobre la percepción “normal”?

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Algunas enfermedades, como la psicosis, la esquizofrenia o el síndrome de Charles Bonnet producen poderosas alucinaciones visuales. Quienes las sufren no siempre pueden diferenciar si se trata de realidades producidas internamente o si se trata de un estímulo exterior.

Lo que sabemos es que el cerebro organiza y produce “nuestra” percepción a partir de modelos sensoriales que va grabando a lo largo del tiempo: la retina del ojo recaba la luz y el cerebro la organiza según patrones que conoce y a los que les asigna sentidos. Así, cada vez que observamos un cuadrúpedo peludo sabemos que se trata de un perro y no de un monstruo. El rostro de las personas, las plantas, los objetos a nuestro alrededor, se vuelven figuras familiares por el modelo de mundo que el cerebro ha producido.

El hecho de que la gente pueda compartir ciertas percepciones sobre el mundo demuestra que el cerebro hace un buen trabajo, pero a decir de Sacks, la percepción (especialmente visual) es en gran medida el resultado de una conjetura inteligente. Las alucinaciones serían cortocircuitos o interrupciones en ese modelo de mundo estable que nuestro cerebro produce.

 

La alucinación como síntoma

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Edie Sunday

Quienes sufren de migrañas a menudo describen un “aura” en el campo visual, una especie de luz o resplandor que acompaña o antecede a un ataque, así como patrones geométricos parecidos a los descritos por Klüver. Los pacientes con síndrome de Charles Bonnet describen figuras, colores, e incluso pequeños personajes caricaturescos. En ambos casos, los pacientes saben que lo que aparece en su campo visual no es visible para otras personas; pero, por ejemplo, los pacientes de esquizofrenia o de ciertos tipos de afectaciones del sueño no saben a ciencia cierta si su percepción del mundo es confiable o no. 

Científicos como Cowan y Ermentrout y también el matemático Paul Bressloff han tratado de crear modelos matemáticos de la actividad neuronal inusual, específicamente, de la forma en la que la corteza visual organiza sus patrones geométricos.

El matemático inglés Alan Turing (más conocido por sus aportes a la cibernética, y un antecesor de la cultura hacker) se interesó por el problema de los patrones biológicos que aparecen en la naturaleza, como las rayas de los tigres o las cebras. A partir de una investigación de Turing, el físico Nigel Goldenfeld unió esfuerzos junto a Cowan para proponer la hipótesis de que los patrones geométricos de la alucinación pueden predecirse gracias a un modelo estocástico (un sistema no determinista, sometido al análisis estadístico).

 

¿Por qué se parecen las alucinaciones?

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Una forma sencilla de explicarlo es que las neuronas de la corteza visual actúan ya sea por excitación o por inhibición; la luz que entra por el ojo activa una señal electroquímica que se traduce en una forma o color al viajar al cerebro y que en circunstancias “normales” refleja la forma de los objetos exteriores, dando como resultado que veamos tal como lo hacemos.

La hipótesis es que, cuando las neuronas sufren una alteración (producto de enfermedades o enteógenos), el mecanismo normal de excitación e inhibición se ve afectado, lo que altera el procesamiento de las imágenes en la primera capa de la corteza visual; pero esta alteración no es aleatoria, pues la imagen se distorsiona según patrones que ya se encuentran mapeados en la corteza visual.

La investigación de Bressloff y sus colegas muestra que la corteza visual se distorsiona según patrones predecibles.

En otras palabras, la imagen que transmite el ojo hacia la corteza visual sufre modificaciones o alteraciones erráticas durante una alucinación, pero las conexiones nerviosas que la transmiten a la corteza visual ya están mapeadas de antemano, lo que produce patrones predecibles según el modelo de Turing y las constantes geométricas de Klüver.

Según Goldenfeld y sus colegas, las conexiones entre las neuronas excitatorias de corto alcance son frecuentes, mientras que las conexiones de largo alcance son escasas, lo que le permite al cerebro dejar fuera las conexiones aleatorias o infrecuentes (lo cual explica por qué no alucinamos todo el tiempo). En modelos simulados de la función visual normal, cuando se aumenta artificialmente el número de conexiones aleatorias también se incrementa el efecto del patrón de Turing, y aparecen los patrones de Klüver.

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Davy Evans

El uso del patrón de Turing es en buena medida una especulación, pues según sus críticos, no da cuenta del ruido visual, y su autor tenía en mente todo tipo de problemas al formularlo, como los patrones de pigmentación en la piel de distintos animales, pero nunca lo aplicó a un problema biológico real.

Sin embargo, este modelo matemático ha sido aplicado a problemas ecológicos como la distribución de poblaciones animales (donde los depredadores serían “inhibidores” de las presas, las cuales a su vez serían los “excitadores” que buscan reproducirse), por lo que su aplicación no es para nada gratuita. De hecho, experimentos recientes (como el de Bressloff, discutido más arriba) dan cuenta del ruido de la percepción visual, y las conjeturas del modelo matemático siguen siendo plausibles. Y si bien la distribución de los animales en un espacio y la forma en que las neuronas de un cerebro interactúan no son patrones perfectos y racionales, tampoco son completamente caóticos.

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Eva Bowan

Esa pequeña fisura entre lo predecible y lo impredecible es el campo en el que las alucinaciones ilustran el funcionamiento normal del cerebro humano, y nos permiten maravillarnos. Durante siglos, los científicos y filósofos se han esforzado por comprender cómo es que llegamos a percibir las cosas que nos rodean. Preguntarnos por la objetividad o subjetividad de la realidad parece una pregunta más filosófica que científica; no obstante, las alucinaciones constituyen una interesante excepción, donde la filosofía de la percepción, la neurociencia y las matemáticas aún tienen mucho camino por recorrer en conjunto.