La cura al estrés está en un Baño de bosque

La solución a los problemas causados por el estrés laboral, lejos de consistir en un alto gasto por parte del sistema de salud pública o de los bolsillos propios, puede estar a tan solo un paseo por el parque.

Karoshi es el término acuñado en Japón, a partir de finales de los años ochenta, para referirse al lamentable fenómeno laboral que afecta, hasta nuestros días, a la nación del sol naciente: el alto índice de muertes causadas por derrames cerebrales o infartos cardíacos provocados por exceso de trabajo.

Tener malos hábitos, como sentarse frente a una pantalla después de trabajar o ir a la escuela sin darse tiempo para disfrutar de las bellezas paradisíacas que la naturaleza ofrece de manera gratuita, puede resultar perjudicial para nuestra salud, al tener como resultado una baja en la eficiencia del sistema inmune y un empeoramiento de los estados de ánimo.

Como un medio de solución a este problema, la Agencia del Bosque de Japón propuso al país la práctica del Shinrin Yoku, método de relajación que consiste en dar paseos por áreas verdes bajo la premisa de dejar entrar al bosque dentro de uno mismo: a los pulmones al respirar el aroma de la hierba, a los ojos al admirar la belleza del entorno, a nuestra piel al sentir la brisa de los árboles y a los oídos al escuchar el canto de las aves.

Esta táctica, cada vez es más frecuente en la sociedad japonesa e impulsada por un gran número de empresas que fomentan en sus empleados el tomar estos “baños de bosque”, está basada en los resultados de pioneros en la investigación sobre el impacto de, medio ambiente en la salud.

Yoshifumi Miyazaki, antropólogo fisiológico y Vicerrector del Centro de la Universidad de Chiba para el Medio Ambiente, la Salud y las Ciencias del Campo, declaró para la revista Outside Magazine: “Durante nuestra evolución hemos estado el 99,9% en entornos naturales. Nuestras funciones fisiológicas están todavía adaptadas a este medio”. Con ello sostiene que la especie humana está naturalmente acondicionada a desenvolverse en áreas verdes, como bosques y parques, en los que encuentra de manera innata y con mayor facilidad el bienestar y confort.

El investigador Miyazaki, originario de la prefectura de Kobe, realizó un estudio junto con su colaborador Juyoung Lee en el cual se demostró que el organismo de los sujetos que suelen dar paseos por zonas naturales muestran una baja media del 1,4% en la presión sanguínea, un descenso de un 12,4% de la hormona cortisol, responsable de causar enfermedades como la diabetes y el Alzheimer, así como una reducción del 5,8% en la probabilidad de sufrir un infarto.

Por su parte, el profesor de la Escuela de Medicina de Tokio, Qing Li, demostró que el contacto constante con árboles y la naturaleza ayuda a mejorar la resistencia del sistema inmunológico de las personas, haciéndolas menos propensas a contraer infecciones y enfermedades. Lí asegura que respirar el aire puro de los árboles lleva a un aumento en la producción de glóbulos blancos, las células sanguíneas responsables de la respuesta inmunitaria.

La solución a los problemas causados por el estrés laboral, lejos de consistir en un alto gasto por parte del sistema de salud pública o de los bolsillos propios, puede estar a tan solo un paseo por el parque.

Si bien no todos cuentan con la posibilidad de dar paseos dentro de algún bosque debido a que actualmente la mayoría de las personas viven dentro de grandes urbes en las que esa opción es limitada, la posibilidad de salir al pequeño parque de la colonia y el disfrutar los sencillos contactos con la naturaleza. No te desanimes, sal a disfrutar de la naturaleza.

COLABORACIÓN DE EARTHGONOMIC MÉXICO, A.C. Nuestra misión es fomentar el desarrollo de la sociedad en armonía con el entorno natural y el respeto a los seres vivos. Para más información visita: www.earthgonomic.org @Earthgonomic y /Earthgonomic



¿Sabías que interactuar con la naturaleza combate nuestra sed de inmediatez?

Un estudio de VU University comprobó que las personas que tienen más contacto con la naturaleza, son más proclives a tomar decisiones pensando a largo plazo, y también a ser menos impulsivas.

Quizá una de las grandes facturas que ha cobrado la cultura del consumismo y el espectáculo, es que encontramos una gran satisfacción en placeres o sensaciones inmediatos. La rapidez que demanda el gusto por el instante, también permea nuestras decisiones, pues se vuelven más cortoplacistas. Incluso en nuestras relaciones amorosas, quizá, nos entregamos a aquello que parece atractivo, sin tomarnos un tiempo para conocer más a fondo a las personas.

¿Pero qué tiene qué ver lo anterior con la naturaleza? Considerando que actualmente más de la mitad de la población mundial vive en ciudades, un grupo de investigadores holandeses de la VU University realizó una investigación para contrastar los efectos del contacto con la naturaleza. En los resultados encontraron, además de respuestas positivas como una mayor concentración y capacidad de autocontrol por parte de las personas en contacto con la naturaleza, una propensión a la proyección a largo plazo en la toma de las decisiones de los participantes.

Lo más sorprendente, es que estos cambios no los mostraron únicamente aquellos que estuvieron en contacto directo con la naturaleza, también aquellos que contemplaron una fotografía de esta, o bien, las personas que tras su ventana contemplaban un paisaje natural. Como si la misma naturaleza al contemplarla nos transmitiera un mensaje sobre el ritmo de la vida, que no necesariamente sincroniza con nuestros relojes, la interacción con lo natural refuerza en nosotros una especie de inteligencia biológica.

Hasta cierto punto, el tiempo, al menos en su faceta lineal, es un recurso cultural. Y quizá la noción que tenemos de la inmediatez, y la satisfacción de necesidades efímeras, responde a ese llamado artificial pero, consecuentemente, nos distancia de los ritmos que rigen al universo del que somos parte.

 

*Ilustraciones: Mali Fischer