5 maneras de reducir la contaminación lumínica

Las luces de nuestros gadgets electrónicos, las luces de las calles así como aquellas que dejamos prendidas al interior del hogar sin utilizarlas realmente, han interferido con la vida migratoria y el desarrollo de numerosos animales.

De entre los tipos de contaminación, la lumínica podría ser a la que menos atención se le presta pese a ser capaz de generar graves consecuencias tanto en la salud de una persona como en el medio ambiente. La contaminación lumínica, causada por la excesiva presencia de las luces de la ciudad, ha alterado los ritmos circadianos así como los patrones de alimentación de la gente, empezado a extinguir la población de las luciérnagas y por tanto a afectar el medio ambiente. Sin mencionar la dificultad para ver, al natural, el cosmos a la luz de la noche. 

Sin darnos cuenta las luces de nuestros gadgets electrónicos, las luces de las calles así como aquellas que dejamos prendidas al interior del hogar sin utilizarlas realmente, han interferido con la vida migratoria y el desarrollo de numerosos animales, implicado gastos energéticos y por tanto ocasionado emisiones de gases invernadero, afectado en el metabolismo y sueño humano y empobrecido la calidad de manejo en calles y carreteras. 

Para enfrentar la contaminación lumínica, te compartimos cinco maneras de reducirlo desde el hogar: 

Empieza apagando las luces si no las estás utilizando. Una manera efectiva para reducir la contaminación lumínica es apagando y desconectando energía que no se ocupan. Sólo ocupa la luz en caso de ser necesario o usa una lámpara portable. 

Considera remplazar las luces del exterior con focos más ecoamigables. Esto ayudará a reducir el consumo de electricidad, traducido eventualmente en gases de efecto invernadero y contaminación. Conoce aquí qué tipo de focos puedes usar. 

En caso de ser posible, coloca iluminación con sensores de movimiento. Este tipo de switches ayudan a iluminar espacios que  lo necesitan y a reducir significativamente el consumo de luz –y energía–. 

Remplaza los focos tradicionales con LEDs o CFL. Estas son alternativas verdes y económicas, por lo que ayuda a reducir la contaminación lumínica. 

Reduce el uso de gadgets electrónicos, como televisión, tabletas o teléfonos inteligentes. Es recomendable dejar de ver las pantallas de este tipo de gadgets al menos dos horas antes de dormir; y en caso que te despiertes a mitad de la noche, procura evitar revisar redes sociales. 

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Es posible viajar a otra dimensión: pero no en cualquier agujero negro

¿Cuáles son los agujeros negros idóneos para realizar un viaje hiperespacial?

De los agujeros negros no sabemos más que lo que las matemáticas y la física pueden decirnos. Apenas el año pasado saciamos un poco de nuestra curiosidad, ya que un grupo de científicos pudo fotografiar por primera vez la erupción de un agujero negro.

Eso hace de estos fenómenos cósmicos algo irresistible para nuestra imaginación, que se derrama pensando en las –literalmente– infinitas posibilidades que ofrecen los agujeros negros. Quizá una de las inquietudes más comunes, tanto para la comunidad científica como para los astrónomos aficionados, es si es posible realizar viajes hiperespaciales a través los agujeros negros.

Según Stephen Hawkings y otros investigadores, la teoría de la relatividad aplica en los agujeros negros. Esta hipótesis les llevó a plantear que transitarlos sin desintegrarse es posible. Pero precisamente porque las leyes del espacio-tiempo son ahí muy distintas, es probable que nuestros recuerdos fuesen borrados al arribar a otra dimensión tras viajar en un agujero negro. No obstante, se han hecho nuevos hallazgos: se ha comprobado que un viaje a través de estos portales podría no afectarnos tanto como se ha pensado, porque no todos los agujeros negros son iguales.

¿Cuál sería el agujero negro indicado para viajar a otra dimensión?

https://www.theguardian.com/cities/2019/jan/21/redefine-skyline-how-ho-chi-minh-city-erasing-heritage-vietnam

A partir de investigaciones inspiradas por la película Interstellar una película que abre reflexiones muy terrenales también–, la física Caroline Mallary, de la University of Massachusetts Darthmouth, probó que los agujeros negros masivos son los que mejores condiciones proveen para los viajes hiperespaciales a otras dimensiones.

El agujero negro de ficción que Mallary usó como modelo es el Gargantua: un agujero negro masivo con 100 millones de veces la masa del Sol y de rotación rápida. Inspirándose en él, Mallary hizo su propio modelo a computadora, el cual captura los efectos físicos más significativos que sus características podrían tener sobre una nave espacial o cualquier objeto grande que cayera en un portal como el Gargantua.

Pese a que la llamada “singularidad” de los agujeros negros apunta a que en su interior las leyes del universo se cancelan, y todo es como un instante infinito, la caída de una nave no generaría efectos sobre los pasajeros que pasaran por la llamada singularidad de su “horizonte interno”. A su vez, lo originado por la rápida rotación del agujero crearía ciclos de estiramiento y compresión en la nave; pero estos tampoco serían significativos.

Así, Mallary pudo verificar con su modelo a computadora que los efectos de un agujero negro como el Gargantua tendrían un límite –una finitud– sobre aquello que transitara por ellos.

¿Qué significa esto para el futuro de los cosmonautas?

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Quizá que sí podemos llegar a otras dimensiones. Porque no debemos olvidar que, lo más seguro, es que no estemos solos, y que nuestro Universo no sea el único. Aunque según el profesor de Mallary, Gaurav Khanna, el próximo paso será estudiar los agujeros negros en un contexto más realista, es decir: en términos astrofísicos.

De ahí bien podría surgir la próxima hoja de ruta para todo el que quiera aventurarse a descubrir otras dimensiones. Aunque esto sigue siendo terreno más de la fantasía que de la realidad.



Estamos al borde de una sexta extinción masiva: ¿qué nos queda por hacer?

Al conjunto de esas extinciones masivas se le conoce como “aniquilación biológica”.

La Tierra ha sido testigo de cinco extinciones masivas: la del Ordoviciano, hace 443 millones de años, en que una pesada edad de hielo desterró del planeta a más del 70 por ciento de todas las especies –principalmente las océanicas–; la del Devoniano, hace 360 millones de años, en la que un cambio climático prolongado volvió a destruir al 70 por ciento de las especies, incluyendo a todos los corales; la del Permiano-Triásico, hace 250 millones de años, que fue la mayor de todas al provocar la extinción del 95 por ciento de todas las especies, incluyendo los insectos gigantes y trilobitas, y se relaciona con las masivas erupciones volcánicas en Siberia que causaron un episodio severo de calentamiento global; la del Triásico-Jurásico, hace 200 millones de años, en que 3/4 de las especies se perdieron debido a la actividad volcánica del planeta, dejándolo desprovisto de dinosaurios y especies similares; y el Cretáceo-Terciario, hace 65 millones de años, en el que mientras un asteroide gigante impactó en México, una serie larga de erupciones volcánicas en India extinguió por completo a los dinosaurios y amonitas. Después de este periodo tanto mamíferos como humanos empezaron a gobernar al planeta. 

Al conjunto de esas extinciones masivas se le conoce como “aniquilación biológica”. Y si bien provocó la resistencia de  la naturaleza a lo largo de estos milenios, los investigadores están temiendo que está regresando de la manera más severa que se puede imaginar. De acuerdo con un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, el análisis en especies tanto comunes como raras en miles de millones de regiones se han perdido ante la sobrepoblación o sobreconsumo del humano. 

Para Gerardo Ceballos de la Universidad Nacional Autónoma de México, autor de la investigación, “la situación se ha vuelto tan negativa que no sería ético usar un lenguaje fuerte”, por lo que él decidió definir la “aniquilación biológica” como un atentado contra las bases de la civilización humana. Por lo que es imprescindible explicar que si estudios previos mostraron que las “especies se están extinguiendo a un ritmo más rápido que en los últimos millones de años anteriores”, no está mostrando que la noción de que las extinciones tienden a ser de un caracter gradual ante la pérdida de la biodiversidad. De modo que Ceballos ha demostrado con su estudio que las especies están perdiendo sus poblaciones alrededor del mundo conforme las distancias van desapareciendo, muy a pesar de que aparentan estar presentes en todos los rincones del planeta. 

En otras palabras, más de la tercera parte de las miles de especies en el planeta que están perdiendo a sus poblaciones no se consideran “especies en peligro de extinción”; y más de los animales han perdido alrededor del 80 por ciento de terrenos para habitar en el último siglo. De hecho los científicos encontraron que miles de millones de poblaciones de mamíferos, aves, reptiles y anfibios se han perdido en el planeta, resultando en la sexta extinción masiva a niveles nunca antes considerados. En sus palabras: “El resultado de la aniquilación biológica obviamente tendrá serias consecuencias ecológicas, económicas y sociales. La humanidad eventualmente tendrá que pagar un alto precio por la diezmación del único conjunto de vida que conocemos en el universo.”

Junto con Ceballos, el profesor Paul Ehrlich, de Stanford University en EE.UU., creen que la vida salvaje en el planeta se está extinguiendo debido a la invasión y destrucción del hábitat, la contaminación tóxica, el exceso de caza y el cambio climático. Son una serie de factores que resultan en un mismo origen: la sobrepoblación y el hiperconsumismo humano, principalmente por las clases poderosas y ricas. De este modo los profesores pretenden ejercer un llamado de atención para recordar que la civilización depende principalmente de las plantas, los animales y los microorganismos de la Tierra que la proveen con un un sistema esencial ecosistémico que va desde la polinización de cultivos hasta la protección de suplementos alimenticios en el mar.  

Existe poco tiempo para realizar acciones contundentes para salvar a las especies de una extinción masiva, “y se puede hacer con regularizaciones de consumo, apoyo a reservas de la vida salvaje y a leyes de protección a la biodiversidad, entre otros.” De lo contrario, y un ejemplo más inmediato, los animales más populares comenzarán a desaparecer; como es el caso del león: “El león se ha distribuido históricamente sobre África, sur de Europa y Medio Oriente, gran parte del norte de India. [Ahora] la vasta mayoría de las poblaciones de los leones han desaparecido.” Estamos a punto de saltar hacia un precipicio sin la Naturaleza.