¿Cómo puedes limpiar la energía sexual de tus exparejas?

Una pareja sexual puede producir en nosotros cambios positivos, pero también puede provocar tendencia a adicciones, enfermedades y estados maníaco-depresivos.

Además de ser un derecho humano, la sexualidad humana es parte de la metafísica de una persona. De ahí que los cuidados básicos para una buena salud sexual impliquen, además, la descontaminación bioenergética de antiguas parejas sexuales. En el caso de la energía sexual, existen maneras de proveer cuidados y limpiezas básicos.

Para Wilhelm Reich, el primer científico que describió a la naturaleza –lo orgánico– como propósito del orgasmo, las prácticas sexuales son una descarga del exceso de bioenergía; una “liberación adicional de energías de sensación”. Sin embargo, los orgasmos pueden producir efectos secundarios negativos, como bloqueos energéticos y alteraciones hormonales que pueden impactar en la salud general de una persona. 

Una práctica sexual puede convertirse en una desbordante cascada de neurotransmisores, principalmente de dopamina, prolactina y oxitocina, que impactan en el estado de ánimo, la intimidad y la percepción del individuo. Por ello, si bien una pareja sexual puede producir en nosotros cambios positivos, también puede provocar tendencia a adicciones, enfermedades y estados maníaco-depresivos. Por decirlo de alguna manera, si la práctica sexual o la pareja no produce en nosotros la suficiente cantidad del estimulante feniletilamina, el cual normalmente eleva la energía, el humor, la atención y las sensaciones de enamoramiento, el resultado es un sentimiento de infelicidad y rasgos maníaco-depresivos. 

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El prana define los efectos positivos o negativos del sexo

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Imagen: Apollonia Saintclair

Para el sexo tántrico, el cual afirma que el objetivo del sexo no es el orgasmo sino la intimidad con la pareja hacia la trascendencia, esta práctica provee de bioenergía o fuerza de vida –llamada prana, chi, ki, orgón u od–. Se trata de un aura, un halo de calor, que se transmite fuertemente durante el orgasmo; y en caso de que el prana esté contaminado, puede bloquear nuestro sistema de chakras, empezando por el chakra del sexo y continuando por la espina dorsal hasta llegar al cerebro y la producción de hormonas. En caso de que la energía sexual esté bloqueada, el prana se debilita, carecemos de vitalidad y tendemos a enfermarnos o al envejecimiento. 

 

Consejos

Entre las soluciones para estas fuertes fluctuaciones energéticas y hormonales está la suficiente estimulación de energía sexual sin descargarla ni bloquearla, es decir, sin tener un orgasmo y enfocando toda la atención en las sensaciones durante la estimulación, ya que la energía invertida en el orgasmo puede canalizarse hacia el chakra y así es posible reforzar el sistema en general.

Otra solución es la limpieza kármica y “devolver” esa energía que nos bloquea a quien le corresponde. Necesitas un hilo grueso de color rojo y una vela, así como verter toda tu atención en cada uno de los actos y palabras que realices en esta meditación. Lo que harás es un ejercicio de memoria, un recuento de todas las parejas sexuales que has tenido, y pronuncia sus nombres en voz alta, mientras realizas un nudo en el hilo rojo y repites: “Nada de ti en mí, nada de mí en ti. Gracias. Paz”. Al terminar con los nudos, enciende la vela con la honesta intención de estar en paz con esa persona; siéntate frente a la vela y ofrece un pensamiento por la salud y liberación espiritual de todos los nombres que acabas de decir mientras quemas el hilo en la vela. Para finalizar, medita unos cuantos minutos, apaga la vela y recoge los restos del hilo. Tíralos, no los guardes. 

 

También en Ecoosfera: La ecología de la energía sexual: ¿cómo deberías cuidarla?

 

*Imagen principal: Oscar Delmar



¿Cómo saber en quién confiar? Un consejo de la ciencia para no ir por la vida cubriéndote la espalda

Un nuevo estudio demostró un interesante patrón de comportamiento en la gente que nunca miente.

La incertidumbre, a no ser que sea en pocas cantidades para aderezar la existencia, puede ser muy incómoda. Y más aún, aquella incertidumbre provocada por no saber si las personas de nuestro entorno cercano son confiables. ¿Puedes prestarle dinero o un libro a ese compañero del trabajo con la seguridad de que te lo regresará? ¿Puedes contarle un secreto con la seguridad de que no lo contará? ¿Podrías confiarle tu vida?

La duda nos carcome. Y es valido: muchas personas de las cuales nos rodeamos no son de fiar. Pero para evitar un estado de paranoia permanente –y poder relacionarnos libremente–, tendemos a confiar en los demás, y a veces con mucha ingenuidad de por medio. Las desilusiones no se hacen esperar, y pronto estamos preguntándonos por qué confíanos en tal o cual compañero del trabajo o la escuela.

Pero dejar de confiar no es una opción.

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Porque sin duda la confianza es parte del lenguaje del amor: no podemos dejar que la desconfianza nos carcoma. Lo que sí es una opción es medir el grado de empatía de aquellos que nos rodean. ¿Cómo? Sabiendo qué tanto son tendientes a la “propensión de culpa.

¿Qué es la propensión de culpa? Básicamente un sentimiento adelantado de culpa que se produce con solo imaginar que se transgrede un pacto de confianza. No es muy agradable cuando este sentimiento está exacerbado –seguramente conoces a esa persona que todo el tiempo se disculpa, diciendo “perdón” como si fuese una especie de mantra.

Pero un estudio reciente comprobó que la propensión a la culpa es el mejor indicador de que una persona es confiable.

A partir de investigaciones hechas en equipo por varias universidades se buscó predecir comportamientos e intenciones confiables entre las personas de un mismo ambiente laboral. Los investigadores establecieron ciertos juegos y ejercicios entre los participantes, quienes debían tomar ciertas decisiones que expresaban cuánto estaban dispuestos a mentir, y qué tanto tendían a ser amables, neuróticos, escrupulosos, así como cuánto se predisponían a la culpa. Después, los investigadores estudiaron estos rasgos y cuánto acentuaban o aminoraban la transgresión de la confianza ajena en cada individuo.

De todos los rasgos que los psicólogos pudieron examinar, encontraron que la propensión a la culpa es la emoción que más ayuda a las personas para evitar transgredir la confianza de otros. Antes de mentir u ocultar algo deliberadamente, quienes sienten propensión a la culpa buscan reparar su hipotético acto de una manera por demás ingeniosa: no cometiéndolo.

Según los investigadores, la propensión a la culpa es un acto autoconsciente.

“Teorizamos que la propensión a la culpa predice confiabilidad porque las personas que son propensas a la culpa se sienten más responsables por los demás”, dice Emma Levine, profesora asistente en la Escuela de Negocios Booth de la Universidad de Chicago.

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La propensión a la culpa puede ser algo muy benéfico para reconectar la empatía y alejar toda conducta que roce los distintos grados de psicopatía a los que cualquier mente saludable puede llegar bajo ciertas condiciones.

Así que si quieres saber cuánto puedes confiar en alguien, tu mismo puedes sondear su propensión a la culpa. Hazle preguntas originales e interesantes: ¿qué sentirías si súbitamente recordaras que no devolviste un dinero que te prestaron? ¿piensas seguido en cómo reaccionaría alguien si descubriera que le mentiste? Antes de ser infiel, ¿qué pensarías?

A través de sus respuestas, o de sus expresiones –faciales o corporales–, puedes saber qué tan propensa es una persona a la culpa y, por ende, cuánto lo es a la mentira. Fantástico, ¿no te parece?

*Imágenes: Ren Hang. Portada edición Ecoosfera



La ecología de la energía sexual: ¿cómo deberías cuidarla?

Wilhelm Reich, psicoanalista austriaco-estadounidense, fue el primero en reconocer tanto la naturaleza como el propósito del orgasmo en función de una descarga del exceso de bioenergía, liberando sensaciones y beneficios.

La única cosa que los grandes iniciados, esos verdaderos alquimistas, nos enseñan es cómo comportarnos como abeja, cómo extraer lo mejor de la naturaleza y sobre todo de cada persona a quien miramos, con quien hablamos y verlos como una flor… y de ahí engendrar la miel que alimenta a los ángeles.

-OM Aïvanov

Si bien la sexualidad es un tema muy poco recurrido en los temas de ecología y ecosustentabilidad, la realidad es que se trata un área importante para prevenir numerosos tipos de contaminación, sobrepoblación e inclusive enfermedades tanto físicas como emocionales. De modo que gestionar una salud sexual para cuidar el medio ambiente y la salud, es una de las principales conductas que requieren nuestro equilibrio y desarrollo humano.

Una de las maneras de fomentar una salud sexual –además del riguroso uso del preservativo para prevenir Infecciones de Transmisión Sexual– es cuidar la energía sexual. Wilhelm Reich, psicoanalista austriaco-estadounidense, fue el primero en reconocer tanto la naturaleza como el propósito del orgasmo en función de una descarga del exceso de bioenergía, liberando sensaciones y beneficios.

Así como hay energía sexual fluyendo, también hay energía sexual bloqueada. De acuerdo con la premisa de Reich, cuando tenemos alguna práctica sexual con alguien más, compartimos miedos, cargas genéticas, patrones de conducta aprendidos de nuestros antepasados, ciclos inconscientes de relaciones pasadas, etcétera. De modo que durante el acto sexual no sólo se comparte el aura energética, también los problemas, adicciones y miedos que se cargan tanto en el consciente como inconsciente.

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Reich decía que mientras más interacción íntima haya entre dos personas, más profundas se hacen las conexiones en donde las auras se entrelazan entre sí. Algunas personas son altamente receptivas a estas energías, recibiendo una cantidad abominable de contaminación. Por ejemplo, cuando alguien acaba de terminar con alguien, se siente su tristeza y enojo, aún durante una plática.

Es decir que es posible contaminar nuestra aura en el momento en que intimamos con personalidades que pueden invadir nuestro bienestar emocional, mental y físico. Por ejemplo, personas agresivas –inclusive, pasivo-agresivas–, que transmiten a través del sexo su carga emocional, instalándola en nuestro interior y, por tanto, bloqueando nuestra propia energía sexual.

Esta energía, compuesta de azúcares, ácidos grasos, nucleótidos, amoniacoidos, entre otros, es un conjunto de átomos enlazados covalentes en un sistema neutro. Es decir que se responde a impulsos electromagnéticos que generan reacciones: desde la temperatura del sol hasta las emociones. Sin embargo, debido al estilo de vida, el sistema suprime la sensación de estas reacciones para lograr tener una vida normal.

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En ocasiones, cuando la contaminación de energía ya es demasiada, se requiere de una limpieza tanto de salud emocional como físico. Entre los métodos para prevenir y limpiar el aura sexual, se encuentra integrar en la rutina diaria dos horas de meditación a través de la danza, la respiración, mindfulness; llorar y sacar las emociones negativas que albergan creencias negativas sobre nosotros mismos; procurar desarrollar dopamina, prolactina y oxitocina por cuenta propia haciendo ejercicio, comiendo alimentos que provean estos neurotransmisores, etcétera. Tomar actividades introspectivas que permitan dirigirnos hacia dentro, descubriendo cuáles son las verdaderas emociones que sentimos y qué necesitamos hacer para mejorar.

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