3 bebidas calientes ideales para esta Navidad

Si bien las bebidas más comunes como el café o té es un deber de cada mañana, estas son algunas alternativas deliciosas, saludables y tradicionales para esta época del año.

En esta época navideña, en donde el frío provoca que nuestras manos busquen calor para transmitir hacia nuestro cuerpo, es importante cuidar las necesidades corporales. Si bien las bebidas más comunes como el café o té es un deber de cada mañana, estas son algunas alternativas deliciosas, saludables y tradicionales para esta época del año –ideales, en especial, para la tarde y noche–. 

Ponche mexicano de frutas 

Necesitas: 1/2 kilo de guayabas, 1/2 kilo de tejocotes, 1/4 kilo de ciruela pasa, 1/4 kilo de tamarindo pelado, 3/4 kilo de azúcar, 50 gramos de jamaica, 100 gramos de piloncillo, 1 cañas de azúcar, 3 ramas de canela, 5 manzanas amarillas, 1/2 taza de vino tinto.

Método de preparación: Lava la fruta; cortando a la mitad las guayabas y tejocotes, quitándoles el corazón a las manzanas y partiéndolas en cuatro. Pon 4 litros de agua en una cacerola para empezar a calentarlas. Agrega el azúcar, el piloncillo y la canela. Al primer hervor agrega la caña –previamente pelada y en trozos– y los tejocotes. A continuación deja hirviendo a fuego medio, espera cinco minutos más y agrega las manzanas, las guayabas, la ciruela pasa, la jamaica y el tamarindo. Antes de retirar la cacerola del fuego, pon el vino tinto y deja reposar. Sírvelo caliente. 

Ponche de huevo

Necesitas: 1 lata de leche condensada, 1 lata de crema de leche, 1 taza de azúcar, 1 cucharadita de sal, 12 huevos, 1/4 de taza, 250 gramos de fécula de maíz, agua, ron, jerez u oporto. 

Método de preparación: En una cacerola a fuego medio-bajo agrega la leche condensada, la crema de leche, la taza de azúcar y la sol sin hervir. Echa entonces 12 yemas de huevo batidas, 1/4 de agua y fécula. Remueve todo y sigue cocinando en baño maria hasta que se espese en el punto deseado. Una vez espesado, saca la mezcla en fuego y añade un poco de licor. Lo echamos en una ponchera, se cubre en papel film para que se deje concentrar durante toda la noche. 

Vin chaud

Necesitas: vino rojo, 3 cucharadas soperas de azúcar mascabada, 2 cucharadas de canela –o dos varitas–, 1 estrella de estrella, 6 clavos, una pizca de nuez moscada, cortezas rayadas de naranja y limón. 

Método de preocupación: Mezcla todos los ingredientes en una cacerola a fuego lento; sin embargo el vino no debe llegar al punto de ebullición. Sirve caliente en un vaso o taza. 



Caminar para estimular la creatividad: el secreto de estos escritores

La ciencia ha comprobado que este viejo método es infalible.

Desde el furtivo paso de nuestros ancestros nómadas hace milenios hasta el día de hoy, que cada individuo realizó una caminata para llegar hasta donde se encuentra en este preciso momento… No cabe duda que caminar es un acto más poderoso de lo que solemos imaginar. Caminar es arte.

Las mentes más lúcidas de la historia lo han sabido. La sabiduría antigua está repleta de registros sobre las veleidades de caminar, que algunas de las plumas más insólitas del siglo XX supieron recoger y adaptar. Más aún, caminar ha sido el habito favorito de escritores y filósofos por igual: una forma de explorar la mente y desatar la creatividad, sin leyes establecidas. Porque Ernest Hemingway podía relatar que, en un momento dado:

Era más fácil pensar si estaba caminando.

Simplemente porque caminar es una tarea sencilla, cotidiana y casi imperceptible que nos sumerge en una especie de trance –que la psicología llama flujo­–. Es como meditar en movimiento. Sin embargo, cada uno tiene su ritmo; por eso, alguna vez Charles Dickens dijo:

Si no pudiese caminar lejos y rápido, creo que sólo debería explotar y perecer.

A su vez, no podríamos olvidar lo que dijo Henry Thoreau:

Cada caminata es una suerte de cruzada.

Y es que uno se encuentra consigo mismo en esos momentos. Más si caminamos rodeados de naturaleza –sin duda un templo de bienestar–. Una actividad que, por cierto, baja el estrés: sobre todo si caminamos bajo los árboles. Aunque habrá a quien le funcione hacerlo en una ciudad.

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Ferdinand Hodler

Pero el escritor escocés, Kenneth Grahame, también intuía que lo mejor es hacerlo en parajes naturales. En su ensayo The Fellow that Goes Alone se encuentra quizá la prosa más bella dedicada al acto de caminar.

El regalo particular de la naturaleza para el caminante, a través del semi-mecánico acto de caminar ­–un regalo que, por cierto, ningún otro tipo de ejercicio puede transmitir al mismo nivel– es poner a la mente a correr, hacerla locuaz, exaltada, quizás un poco chiflada, ciertamente creativa y suprasensible.

¿Te suena familiar? Quizá tú también has experimentado al caminar lo que estos escritores mencionan. Pero si te queda duda…

La ciencia lo ha confirmado

Varios experimentos hechos por los investigadores Marily Oppezzo y Daniel Schwartz han concluido que caminar desata la creatividad. Luego de estudiar a 200 estudiantes mientras caminaban, pudieron observar que estos mostraban una marcada tendencia al aumento de habilidades creativas.

La investigación de Oppezzo y Schwartz comprendió cuatro experimentos con 176 estudiantes universitarios que completaron tareas utilizadas para evaluar el pensamiento creativo. Tres de los experimentos se basaron en una prueba de creatividad de “pensamiento divergente”.

El pensamiento divergente es un proceso de pensamiento o método utilizado para generar ideas creativas al explorar muchas soluciones posibles. En estos experimentos, los participantes tenían que pensar en usos alternativos para un objeto dado. Se les dieron varios conjuntos de tres objetos y tuvieron cuatro minutos para obtener la mayor cantidad de respuestas posible para cada conjunto. Una respuesta se consideró novedosa si ningún otro participante del grupo la usó.

El estudio encontró que la gran mayoría de los participantes en estos tres experimentos fueron más creativos al caminar que al sentarse. De acuerdo con el estudio, la producción creativa aumentó en un promedio del 60 por ciento cuando la persona caminaba.

Además, también se ha comprobado que caminar nos hace más inteligentes… Así que razones sobran para salir a dar un paseo ya.

*Imagen principal: Ernest Hemingway practicando su caminata “lambeth”, popularizada por el musical Me and My Girl