Descubre por qué no debes meter los jitomates en el refrigerador

Según un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, el jitomate es otro de los alimentos que requiere estar a temperatura ambiente.

Entre la realidad y ficción, existen muchas recomendaciones para mantener las frutas y verduras en la mejor calidad posible. Por ello es importante buscar información fehaciente –de fuentes serias– para evitar cometer errores en relación con la inocuidad de los alimentos; como por ejemplo, saber qué tipos de alimentos sí y no deben estar en el refrigerador. 

De acuerdo con la BBC, los chocolates, café, frutos secos y algunos quesos –como el manchego y el grana-padano–, frutas tropicales, mantequilla, pan, huevos, cebollas, ajos y papas son alimentos que requieren mantenerse, por inocuidad, lejos del frío del refrigerador. Sorprendentemente, según un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciencesel jitomate es otro de los alimentos que requiere estar a temperatura ambiente, de lo contrario, si se refrigera, corre el riesgo de perder su verdadero sabor. 

En el estudio se confirma que reducir la temperatura –menor a 12ºC– del jitomate impide el desarrollo de enzimas que ayudan a sintetizar los compuestos volátiles del sabor, lo cual provoca que estos alimentos se vuelvan insípidos. Bo Zhang, autor de la investigación horticultural de la Universidad de Florida, explica que después de estudiar 25 000 genes de jitomates, en temperaturas de 5ºC durante uno, tres o siete días y con un día de recuperación a temperatura ambiente, descubrieron que los jitomates tenían un menor sabor en comparación al jitomate resguardado afuera del refrigerador. 

Jitomates cherry
Jitomates cherry

Zhang agrega que un día de refrigeración no hace gran diferencia; sin embargo, cuando son largos periodos, los jitomates sufren una pérdida de sabor pues se suprimen los genes responsables de los compuestos volátiles que resultan en el sabor único de esta fruta. 

Por su lado, The Washington Post explica que: 

Usando una secuencia de RNA, los investigadores fueron capaces de descubrir cuál gen estaba expresándose de manera diferente cuando se refigeraba. Parece ser que el frío sólo afecta a genes enumerados en los cienes –el genoma del jitomate tiene 25 000 genes, alrededor de unos 5 000 más que los humanos–. La refrigeración provoca una cascada de cambios, empezando con la señalización de genes y continuando hacia los responsables del metabolismo, maduración y síntesis volátil. Esto también afecta la metilación del ADN –el mecanismo en donde las células usan el control en que se activan o desactivan los genes. 

Si bien la refrigeración se usa para extender un poco el periodo de vida de algunos alimentos –y prevenir que se echen a perder prematuramente–, los jitomates pasan mejor tiempo y desarrollo estando afuera del refrigeración. 



Puedes aplicar para viajar gratis a Finlandia en verano y aprender a ser feliz

Al grito de “Encuentra tu calma, conecta con la naturaleza” los finlandeses recibirán a visitantes de todo el mundo para compartirles sus secretos a la felicidad.

Otra vez Finlandia ha ocupado el primer lugar en el ranking del World Happiness Report. Así, se corona en 2019 por vez consecutiva con la distinción “el país más feliz del mundo”, por arriba de otros 156 países. En este índice, que toma en cuenta variables como ingreso, expectativa de vida y “libertad”, el segundo y tercer puestos también fueron para países escandinavos, Dinamarca y Noruega. 

Para celebrar la noticia, Finlandia lanzó un curioso programa que se llama Rent a Finn (renta un finlandés). Consiste en ofrecer viajes gratis a visitantes de otros países para hospedarse con habitantes locales que se han ofrecido a compartir sus respectivas llaves a la felicidad.

Los ocho habitantes voluntarios, que radican en diversos pueblos o ciudades de Finlandia, mostrarán por ejemplo “la simplicidad de la vida en el Arquipiélago”, llevando a su huésped a acampar y navegar en un pequeño velero, o también podrás visitar un pueblo de Laponia donde acompañarás a Esko a recoger moras en el bosque o jugar juegos tradicionales finlandeses.

Por cierto, llama la atención de que las llaves que aparentemente llevan a la felicidad a los habitantes de Finlandia, todas tienen algo en común: la simplicidad y la naturaleza (y esta podría ser una buena pista). 

¿Quieres aplicar para visitar Finlandia?  

Si tras leer esto has sentido el llamado a buscar la felicidad en las latitudes del norte, regocijándote en la generosidad finlandesa, esto es lo que debes hacer:

1. Llena una forma en línea aquí

2. Grábate en video y explica por qué te gustaría ir y cómo te conectas tu con la naturaleza (agrega el video a tu forma).

3. Espera la lista de los elegidos.

 



Nuestro futuro, ¿sensibilizar la máquina o tecnificar el cuerpo?

El auge de los dispositivos tecnológicos en nuestra vida plantea preguntas de urgente relevancia.

Al menos hasta el siglo pasado, la categoría de lo humano era lo suficientemente amplia como para albergar toda la variedad de intereses, procedencias e ideas que pudieran surgir del homo sapiens, este homínido que seguimos siendo; sin embargo, con el avance mismo de la tecnología, la especie se dividió en dos grandes grupos: aquellos que tienen acceso a los gadgets de la economía de consumo y aquellos que no.

 
 
 
 
 
Ver esta publicación en Instagram
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Una publicación compartida de Nirav Patel (@niravphotography) el

 

Esta diferencia es importante no sólo desde un punto de vista económico sino desde un punto de vista ético: ¿es más humano aquel que puede comunicarse en tiempo real de un lado a otro del mundo, y por lo tanto decidir los destinos de las personas que no pueden hacerlo, o bien se trata simplemente de una sociedad de fetiches, donde los objetos (y el poseerlos) se vuelven más importantes que las relaciones sociales que tenemos con otras personas?

Por ejemplo: una persona de clase media o media-alta se encuentra asediado en nuestros días por gran cantidad de información que apela y exige su atención: notificaciones del smartphone, actualizaciones de la tablet, toneladas de correo electrónico (basura o de trabajo, lo mismo da), con lo cual el tiempo destinados a interrelacionarse con otras personas en el universo 1.0 (offline, o en “el mundo real”) se reduce considerablemente. Probablemente esa persona no quiera pasar demasiado tiempo en el universo 1.0 debido a que cree que tiene mayor control sobre su tiempo y su atención mientras está conectado. Pero la realidad es que el universo 2.0, con todas las ventajas y fascinantes vías de desarrollo y aprendizaje que ofrece, no es sino una interfaz de comunicación, una vía o un medio, si se quiere, para conseguir un fin: comunicarse, informar o estar informado; pero esto no es un fin en sí mismo.

 
 
 
 
 
Ver esta publicación en Instagram
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Una publicación compartida de Nirav Patel (@niravphotography) el

Hoy en día tenemos más herramientas que nunca para estar comunicados, pero hemos dejado de tener algo que comunicar. Las computadoras son nodos que integran información, pero que hasta hace poco eran incapaces de producirla; ellas eran la heramienta y nosotros la fuente. ¿Seguirá siendo así durante el presente siglo?

Puede ser que los seres humanos en las sociedades desarrolladas o en vías de desarrollo nos vayamos pareciendo cada vez más a nuestras preciadas máquinas: siempre despiertas, siempre conectadas, siempre listas para responder con más información de salida a la información de entrada que recibimos sin parar. Estamos programándonos inconscientemente para reaccionar a la información en lugar de para pensar: para discernir qué tanto de la información que recibimos es valiosa y cuánta es sólo basura. 

Al decir esto no nos consideramos dentro de la tendencia “apocalíptica” que Umberto Eco señaló en su famoso libro, Apocalípticos e integrados, sino que nos proponemos pensar hasta qué punto ya no somos capaces de ubicarnos espontáneamente en ninguno de los dos parámetros señalados por el escritor italiano. El humano de hoy en día se parece más a una interfaz autónoma que recibe y procesa información, en lugar de una mente capaz de crearla y darle forma: somos cada vez más una máquina sensible respondiendo a impulsos del entorno, una computadora humana que aprende a resolver problemas, a contestar correos, a tuitear a velocidades vertiginosas sin detenerse un momento a pensar sobre dónde está parado, o hacia dónde desemboca este tren del progreso.

La impronta de nuestro tiempo parece ser, como bien apunta Douglas Rushkoff, “programa o prepárate para ser programado”: ¿en qué lugar de la balanza nos colocaremos? ¿Dónde te situarás tú?

 

*Fotografías: Nirav Patel