¿Qué necesitas saber de los megaproyectos que amenazan a los pueblos indígenas?

Los estados con mayor número de agresiones a comunidades indígenas o pueblos originarios por parte de megaproyectos de construcción, son el Estado de México, Colima y Puebla.

Desde hace cinco años, numerosos megaproyectos han afectado tanto a las comunidades indígenas como a su biodiversidad. Estados de la República Mexicana como Puebla, Chiapas, Oaxaca e incluso Sonora, han sido víctimas de las agresiones asociadas con los megaproyectos que van invadiendo cada vez más al país.

Un ejemplo de ello es el abuso denunciado en el informe Una sentencia fallida, elaborado por la Misión Civil de Observación a la Tribu Yaqui. En él se destacó que la comunidad indígena no tiene agua potable ni drenaje, por lo que se abastecen de los canales del río; sin embargo, en las últimas tres décadas, gran parte del agua de la zona es usada para surtir a otras ciudades, la agroindustria y actividades mineras de Sonora. El responsable de esto, un megraproyecto por parte del gobierno de Sonora y la Comisión Nacional del Agua –Conagua–, ha violado un decreto de 1940, en la cual la tribu es la única que puede “disponer cada año agrícola, hasta la mitad del caudal que se almacenará en la presa La Angostura para fines de riego de sus propias tierras.”

Pese a realizar procesos legales coordinados por los yaquis y varias organizaciones, así como la Suprema Corte de Justicia de la Nación –SCJN– sentenció en 2013 un amparo a la comunidad indígena y ordenó que la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales –Semarnat– deje sin efecto la Autorización de Impacto Ambiental del Acueducto Independencia –ya que no se consultó a la población sobre su construcción–, el acueducto continuó funcionando. De hecho, sólo podrán suspender la extracción de agua si advierten “un riesgo irreparable para los yaquis”, el cual existe en el momento en que les quitan el derecho a un recurso natural a una comunidad indígena. En palabras de Edmundo del Pozo, investigador de Fundar, Centro de Análisis e Investigación, “En el caso de las comunidades indígenas y pueblos originarios, un principio fundamental es el de la consulta previa, y eso se viola sistemáticamente en la realización de megaproyectos. De entrada no puedes decir que una consulta va a ser de buena fe cuando realmente las autoridades ya aprobaron los permisos.”

Y no sólo se queda ahí, según los registros del Centro Nacional de Comunicación Social AC –Cencos– y la Maestría en Periodismo sobre Políticas Públicas del Centro de Investigación y Docencia Económicas –Periodismo CIDE–, existen alrededor de 80 agresiones físicas –comprobadas– entre 2014 y 2016 que se relacionan con megaproyectos en contra de las comunidades indígenas, pueblos originarios y sus defensores: hay secuestros, amenazas, entre otras más. Esta base de datos se realizó con los registros de las agresiones a las comunidades indígenas que iniciaron un proceso penal contra los megraproyectos.

De hecho, esta base de datos documentó ataques en contra de 30 comunidades y 50 defensores; en las cuales se presentaron violación al derecho a un medio ambiente sano –21–, consulta previa, libre e informada –8–, detenciones arbitrarias –30–, entre otros. Además que de los 30 casos de detención arbitraria, sólo once pisaron la cárcel y estuvieron presos entre seis y 15 meses –pero al final fueron liberados porque no se comprobaron los delitos que se les imputaban–.

Los estados con mayor número de agresiones a comunidades indígenas o pueblos originarios por parte de megaproyectos de construcción, son el Estado de México –28–, Colima –12– y Puebla –9–. Mientras que las 77 agresiones registradas, de las 80, fueron cometidas por funcionarios públicos; principalmente de la Comisión Nacional del Agua, la Secretaría de Seguridad Ciudadana del Estado de México y la Secretaría de Energía.

Es importante mencionar que el mayor número de ataques hacia las poblaciones indígenas ocurren en los proyectos mineros, hidroeléctricos y eólicos. En ellos, regularmente, son los proyectos hidroeléctricos que violan el derecho a un ambiente sano de las comunidades; y los mineros, intimidan a los habitantes y desprestigian a los defensores.

 

Otro ejemplo importante es el Chiapas, en donde habitantes de once municipios han organizado una movilización en Defensa de la Vida y del Territorio –Modevite– con el fin de denunciar abiertamente los proyectos de muerte que están poniendo en riesgo a sus comunidades y pueblos originarios.

Desde el 16 de noviembre hasta el 25 del mismo mes, Modevite ha buscado animar y fortalecer su lucha con una megaperegrinación por la paz, la defensa de la Madre Tierra y la vida digna de los pueblos originarios. Esto pretende generar una toma de consciencia a las comunidades de Salto de Agua, Tumbalá, Yajalón, Chilón, Ocosingo, Altamirano, Oxchuc, Cancuc, Tenejapa, Huixtán y San Cristóbal de Las Casas.

Para conocer más sobre esta discriminación a los pueblos indígenas, dale click aquí.



¿Cómo valora la Semarnat los daños mineros?

Hay algo que nunca puede faltar al calcular los daños de un proyecto sobre el medioambiente: información clara y veraz.

* por: Francisco José Flores Ramos

 

Como respuesta al desastre ambiental ocurrido en 2014, cuando Grupo México envenenó los ríos Bacanuchi y Sonora por derramamiento de sulfato de cobre, la Semarnat presentó en el año 2016 un proyecto llamado Metodología de valoración económica del daño al medio ambiente por contingencias del sector minero. Esta metodología define los pasos a seguir para ponderar los daños ocasionados por un desastre asociado a la actividad minera en México.

Desde un enfoque de valuación comentaré la primera fase del documento que se concentra en tres métodos específicos: evaluaciones de impacto ambiental (EIA), análisis costo-beneficio y compensaciones ambientales.

Por EIA nos referiremos al estudio de la presión de las actividades de las personas sobre la naturaleza, el estado de los recursos estudiados y la respuesta del medio ante estas actividades. En este sentido, el impacto ambiental es la diferencia entre el estado inicial y final de los aspectos ambientales estudiados. El principal resultado de una EIA es el establecimiento concreto de acciones en la planeación e implementación de medidas de mitigación.

Por su parte, “el análisis costo-beneficio (ACB) estima y compara los beneficios y costos totales de un proyecto para [las y] los miembros de una comunidad en particular” (Abelson, 2015, citado en INECC, 2016). Este método se concentra en medir el bienestar social, que dependerá de los resultados de los impactos económicos, sociales y ambientales.

En este contexto, Semarnat propone la siguiente operación para identificar si el proyecto minero en cuestión traerá o no algún beneficio social. Entonces:

el beneficio neto social de un proyecto minero es igual a los beneficios netos directos del proyecto, menos cualquier gasto neto público asociado, menos los gatos sociales y/o ambientales que no hayan sido internalizados en los costos de la compañía minera. También es posible que existan otros tipos de impactos económicos en otros negocios que pueden ser positivos o negativos.

(INECC, 2016)

De tal forma que:

representa las ganancias brutas de la producción minera, es el valor residual del predio y los activos de capital, es el costo de oportunidad del predio con respecto al uso de suelo, es la inversión de capital, son los costos de operación, son los gastos de mitigación ambiental y son los gastos de rehabilitación.

(INECC, 2016)

Los efectos pueden ser a primera ronda o directos, como los gastos o beneficios económicos; o de segunda ronda o follow-on, como los efectos sociales o ambientales. Particularmente, los daños ambientales de las minas se pueden clasificar en tres tipos: daños al aire, al suelo y/o al agua. Además, se ha establecido que todos los métodos mineros existentes afectan invariablemente la calidad del aire.

Para valorar una externalidad de la actividad minera se precisa seguir tres pasos: estimar el impacto físico sobre el medioambiente, estimar esos impactos sobre las actividades de la zona y monetizar dichos impactos. Algunas de estas externalidades pueden ser: calidad del aire, ruido, paisaje, cobertura, calidad y uso de suelo, calidad del agua, biodiversidad, impactos sociales, impactos económicos.

La elección de la técnica para estimar el valor del daño de cada impacto depende de lo siguiente: propósito del estudio, nivel de aproximación requerido, valores ambientales involucrados, naturaleza de los bienes y servicios. Pero lo que determina la elección de técnica es, regularmente, la disponibilidad de información. Sólo si se tienen los datos suficientes es posible aplicar las técnicas en su totalidad.

Sumado a esto, el flujo de tiempo es una variable clave para estimar con mayor precisión los impactos de los desastres ambientales por actividad minera. Así que “es necesario identificar el período o momento inicial en el que la pérdida de bienes ambientales comenzó y el momento en el futuro en el que la pérdida cesa; estimar el valor anual de bienestar; y elegir una tasa de descuento” (Dosi, 2001, citado en INECC, 2016).

En sus otros apartados, la Metodología de valoración económica del daño al medio ambiente por contingencias del sector minero recoge los métodos de cambio en la productividad, costo de enfermedad, costo de reemplazo, costo de viaje, precios hedónicos, valoración contingente, modelos de elección y transferencia de beneficios, entre otros.

Para concluir, enfatizo que la información es el punto nodal para que cualquiera de estos métodos funcione. En primer lugar, el conocimiento y difusión de la información relacionada con los costos ambientales y sociales es de vital importancia, puesto que con base en ella se decide la viabilidad de un proyecto minero. Y en segundo lugar, el acceso efectivo a la información ambiental es prerrequisito para la democracia y la gobernanza ambiental en nuestro país.

 

* Referencias:

INECC (2016). Metodología de valoración económica del daño al medio ambiente por contingencias del sector minero. Informe final. Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC). México.

 

* Imágenes: 1) El beneficio social, en INECC (2016)

 

* Fotografía destacada: Proceso

Eco Maxei
Autor: Eco Maxei
Eco Maxei Querétaro AC es una organización sin fines de lucro cuya misión es fomentar la coexistencia armónica entre las personas y con la naturaleza. Somos una organización multidisciplinaria, fundada e integrada por jóvenes agentes de cambio desde 2014.


Los megaproyectos pueden ser sustentables (y una comunidad indígena lo comprobó)

Podemos seguir pensando y viviendo en grande, sin que eso implique devastar el entorno.

La nuestra es una era hiperbólica. Existe un culto por lo exagerado y lo descomunal, y el prefijo mega –palabra griega para expresar lo grande– antecede ahora a muchas palabras. Una de ellas es la palabra “megaproyecto”, que refiere a proyectos de infraestructura de escalas tan gigantescas que su gasto representa el 8% del PIB a nivel mundial.

El problema de la hiperbolización contemporánea es que está causando catástrofes sociales y ambientales de magnitudes, precisamente, enormes. Por eso la palabra “megaproyecto” se ha vuelto sinónimo de otras palabras como “destrucción” y “despojo”, algo que los pueblos indígenas de México y el mundo tienen muy presente, ya que son quienes sufren la destrucción y el despojo promovido por los megaproyectos.

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Sin embargo, los megaproyectos son también una respuesta a las necesidades de un mundo en constante revolución y crecimiento. El problema es que son una respuesta que, mal gestionada, se ha vuelto completamente insustentable, y que sólo ha beneficiado a los pocos que monopolizan el mercado de estas megaestructuras.

Pero lo grande no es malo per se: los megaproyectos pueden ser sustentables, como lo demostró el pueblo purépecha de Cherán, en México.

Los pobladores de esta región tarasca frenaron el asalto a sus bosques por parte del crimen organizado en el 2011. A raíz de su levantamiento comprendieron la importancia de autogobernarse, no sólo para salvar la vida, sino para volverla sustentable.

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En términos ambientales, Cherán no sólo ha logrado reforestar sus bosques y ser un municipio libre de basura, sino que también han demostrado, con su proyecto de captación de agua en el cerro Kukundicata, que los megaproyectos pueden ser sustentables.

A través del Consejo de Mayores, y con el financiamiento de la Fundación Gonzalo Río Arronte y del Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA), los habitantes de Cherán iniciaron hace 4 años la construcción de su propio megaproyecto sustentable.

Se trata del sistema de captación de agua de lluvia (SCALL) en un cráter del cerro Kukundicata. Ahí los cheraneses construyeron un tanque recubierto con una geomembrana para recolectar el líquido, el cual es captado y transportado posteriormente a una planta purificadora a través de un sistema de líneas de conducción y cisternas que se alimenta de energía solar.

El antiguo cráter es capaz de almacenar 20 millones de litros de agua.

Constituye el captador de agua pluvial más grande de América Latina.

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Este megaproyecto sustentable no implicó la construcción de grandes infraestructuras, sino que aprovechó un espacio ya provisto por la naturaleza. Así, se realizó una gran obra que no implicó los grandes impactos sociales y ambientales que han tenido los megaproyectos en general.

Al contrario: este megaproyecto sustentable ayuda a ahorrar agua y a reducir el problema de la escasez de este líquido, abasteciendo a 15 comunidades aledañas al municipio de Cherán.

Así, si algo nos demuestra este municipio autónomo es que las comunidades indígenas no sólo son capaces de autogobernarse, sino que no le temen a la vorágine hiperbólica de nuestros tiempos. Nos han demostrado que podemos seguir pensando y viviendo en grande, sin que eso implique devastar el entorno.

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* Imágenes 1, 2, 3 y 5) Flickr kinoluiggi

Sandra Vanina Greenham Celis
Autor: Sandra Vanina Greenham Celis
Colaboradora del proyecto político Colectivo Ratio. Le gusta potenciar la depresión en su psique consumiendo productos culturales de las postrimerías del siglo XX. Cree teleologicamente en el arribo de la humanidad al comunismo.