¿Por qué son tan importantes las flores de cempasúchil en esta época?

Nuestra riqueza cultural es tan grande y maravillosa como nuestra riqueza natural y ambas conviven de maneras hermosas creando un legado biocultural de México, admirado en todo el mundo.

El día de muertos es una de las tradiciones mexicanas más increíbles y antiguas, donde se cree que el alma de los difuntos regresaban por una día a visitar a sus familiares. Y es por eso, que año tras año en estas fechas decoramos la casa con un altar lleno de calaveritas de azúcar, fotos de la persona que falleció, velas, cosas que al difunto le gustaban, ya sea un cigarro, vino, agua o cualquier bebida de su interés, y colocamos tres tipos de flores que son famosas por usarlas exclusivamente para eso, sin embargo, la mayoría de las personas desconocen su significado.

La flor que más resalta es el cempasúchil, nombre proveniente del náhuatl Zempohualxochitl que significa “veinte flores”. De acuerdo con la tradición azteca, sus pétalos amarillos hacían una evocación al sol, ya que con la fuerza de su color podía guiar el alma de los difuntos hasta el altar.

Cabe mencionar que esta flor también tiene usos médicos empleados, a combatir parásitos intestinales, dolor de cabeza, y cólicos entre otros más.

También podemos encontrar la “nube”, que es una flor color blanca que simboliza la pureza del alma y suele florecer durante casi todo el año. Otro uso que se le da en la industria es para elaborar detergentes y en lo fármaco para expectorantes, que ayudan a la expulsión de las secreciones bronquiales.

Y por ultimo se encuentra el “terciopelo”, también conocida por su nombre científico Celosia cristata, también conocida como cresta de gallo. Empieza a florecer en septiembre y dura hasta diciembre. Al igual que las otras flores ya mencionadas, esta también se usa con fines medicinales en el tratamiento de enfermedades de la piel, diarrea y fiebre.

Los aztecas acostumbraban a usar chinampas para cultivar y comerciar las flores, y a pesar de tantos años, aún en estos día podemos observar que en lugares como Xochimilco se ha seguido ese método de conservación para los plantíos de las flores, y que ellas puedan seguir siendo parte fundamental de esta gran fecha.

Nuestra riqueza cultural es tan grande y maravillosa como nuestra riqueza natural y ambas conviven de maneras hermosas creando un legado biocultural de México, admirado en todo el mundo. Sin duda, somos un país afortunado en tradiciones y naturaleza, por ello es importante que conozcamos nuestro legado nacional, ya que no podemos cuidar lo que no conocemos o amamos.

En esta temporada no sólo recordemos a nuestros fieles difuntos, recordemos también nuestras tradiciones que son parte de nuestra identidad y luchemos por su conservación.

COLABORACIÓN DE EARTHGONOMIC MÉXICO, A.C. Nuestra misión es fomentar el desarrollo de la sociedad en armonía con el entorno natural y el respeto a los seres vivos. Para más información visita: www.earthgonomic.org @Earthgonomic y /Earthgonomic



Guía práctica para hacerte una cena fácil y responsable

Con una sencilla lista de compras y 10 minutos al día podrás, por fin, cocinar la cena perfecta.

No sólo el desayuno es importante. Todas las comidas son vitales, incluida la cena, aunque muchos crean lo contrario debido a cientos de mitos que se han propagado digitalmente. Por falsas ideas y dietas extrañas es que muchas personas no cenan o cenan mal, mientras que otras abusan de alimentos que dañan el estómago y reprimen el sueño

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Otro elemento a tomar en cuenta es que a la hora de la cena solemos estar cansados por la rutina: por eso muchos optan por cenar comida a domicilio o instantánea, lo que “ahorra tiempo”, pero es una afrenta directa contra la salud.

¿Y si preparar tu cena tomara menos de 10 minutos? ¿Y si además fuera responsable? ¿Y si fuera un agasaje para tu paladar?

Todo eso es posible. Depende únicamente de pequeñas dosis de buena organización y muchas ganas de deleitarte mientras cuidas de ti y, lo más posible, del planeta.

Pero antes, ¿cómo hago una cena responsable?

No te vamos a pedir que compres comida orgánica o etiquetada como responsable con el ambiente. Para que tu cena sea mínimamente sustentable sólo tienes que evitar la comida a domicilio e instantánea, pues la primera implica el uso de, por lo menos, 5 envases de plástico diferentes, y la segunda suele ser hecha con procesos menos ecológicos –que van desde sus ingredientes hasta la cantidad de agua que consumen.

Lo que te proponemos es que pienses esto: el simple hecho de hacerte la cena ya es más sustentable. Pero adicionalmente te enseñaremos a eliminar la carne de la cena, pues no sólo es uno de los alimentos más contaminantes, sino que ralentiza la digestión e interrumpe los ciclos del sueño.

Con esta guía tus cenas podrán estarán basadas en proteína vegetal, verduras, nueces y otros alimentos que no sólo promueven el descanso, sino que forman parte de la lista de comidas que consumen quienes viven más de 100 años. Así que, ¡pongamos manos a la obra!

Paso 1. Ve a tu mercado más cercano

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No olvides llevar las bolsas de tela que necesites o una mochila, para evitar bolsas plásticas. Compra lo suficiente para hacerte de cenar una semana. Y no gastes papel: usa la app Bring! para hacer tu lista.

Ingredientes base

  • Aceite de olivo
  • Cebolla
  • Ajo
  • Sal de mar
  • Sazonadores (laurel, orégano, hierbabuena, curri, jengibre)
  • Vinagre de manzana
  • Arroz
  • Lentejas o arroz
  • Lima
  • Leche vegetal

Ingredientes principales:

  • Salmón
  • Espinaca
  • Nueces
  • Papas
  • Champiñones
  • Jitomate
  • Garbanzo
  • Brocolí
  • Arúgula
  • Queso fresco o tofu

Ingredientes para acompañar:

  • Tortillas de maíz
  • Pan árabe (integral)

Paso 2. Prepara los aditamentos necesarios para usarlos toda la semana en tus recetas

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Esto quiere decir que tu primera cena podría tomarte más tiempo, pero el resto no llevará más de 10 minutos.

Prepara hummus con el garbanzo. Aquí tenemos una receta a la cual sólo tienes que quitar el jalapeño –pues no es bueno para dormir–. El hummus puede durar en tu refri una semana.

Otra opción es que hiervas las lentejas o el arroz que vayas a ocupar: te servirán como base extra-saludable para ensaladas o como acompañantes.

Paso 3. Desata tu creatividad en la cocina

Tostadas al horno

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En menos de 3 minutos las tortillas quedan con la deliciosa textura de las tostadas. Puedes untarlas con hummus y comerlas con jitomate picado, arúgula y una combinación de champiñones con pimiento asados.

Crema de brócoli con leche de almendras

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Para una noche fría, esta opción es genial. Si el brócoli te inflama, puedes hacerla con champiñones. Sólo necesitas agregar ½ cebolla picada y 1 diente de ajo en una olla con aceite de oliva, agregar 2 tallos de brócoli, esperar 10 minutos y agregar 7 tazas del caldo del brócoli. Añade sal, deja que hierva y luego espera 10 minutos más. Luego licua todo, agrega 1 taza de leche de almendras y sazona al gusto.

Tardarás 20 minutos, pero tendrás sopa para dos días. Puedes acompañar con papa hervida cortada en cubitos o con nuez.

Salmón asado

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Sólo tienes que asar el salmón con sal, pimienta y algún sazonador de tu gusto durante unos 10 minutos. En lo mientras prepara una cama de arúgula, espinaca, jitomate y nueces. Añade aceite de olivo y jugo de lima. Acompaña con un poco de lentejas.

Tofu con verduras asadas

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Puedes remplazar el tofu con queso fresco. Sólo saltea champiñones, cebolla, jitomate y espinaca con un poco de aceite de olivo, sal y un toque de curri. Añade el queso o el tofu. Puedes acompañar con medio pan árabe o una tortilla tostada al horno.

Paso 4. ¡Disfruta!

Agasaja tu paladar y, si puedes, comparte tus creaciones con otros. Recuerda que si te sobra cualquiera de las cosas que compres, no tienes que tirarlo. Se responsable: utilízalo en una deliciosa sopa de sobras u otro original y ecológico platillo.

¡Buen provecho!

 



Evolución tecnológica y conciencia: en el futuro lo sabremos todo (gracias a que estamos conectados)

El futuro es mucho más que tecnología: las herramientas desarrolladas en el último cuarto de siglo serán determinantes para la vida del siglo XXI.

El futuro no es un lugar a donde llegamos, sino un lugar que, en el mapa del tiempo, se desvanece y se aleja a medida que nos aproximamos y lo habitamos. Cuando oímos hablar del futuro es inevitable relacionarlo a todo tipo de avances tecnológicos; si bien la proliferación de gadgets y aparatos electrónicos que hemos vivido desde los años 80 del siglo pasado nos ha dado un mundo aparentemente hiperconectado, la tecnología de este siglo tendrá que ver más con el uso que hacemos de toda esa información, más que con la invención de nuevos tipos de pantallas.

Un ejemplo de esto es el Internet de las Cosas y el Internet de Todo. La idea es que si el Internet como lo conocemos es una red para compartir información entre millones de usuarios alrededor del mundo, el Internet de las Cosas será la conexión autónoma entre dispositivos, lo que se traducirá en nuevas formas de entender y experimentar la realidad.

Pero mayor cantidad de información no significa necesariamente que como especie ni como sociedad sabremos darle un mejor uso. Si entendemos la tecnología como un conjunto de saberes y técnicas para mejorar la vida, el verdadero desarrollo tecnológico no puede desvincularse de la invención de nuevas y mejores formas de habitar nuestro planeta. Más información y más dispositivos no significan necesariamente una mejor vida, pero tal vez puedan acercarnos a ella.

Un futuro sin conductores

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Toby Harvard

Un ejemplo de esto es el uso que haremos de los vehículos autónomos, tanto aéreos como terrestres. Los drones fueron desarrollados para extender el rango de reconocimiento militar en zonas de conflicto, así como para bombardear con mayor eficacia objetivos predeterminados remotamente. Pero los drones también pueden servir para recopilar información sobre desastres naturales: en 2017, la información recolectada por flotillas de drones fue fundamental para coordinar operaciones de rescate en zonas afectadas por incendios y huracanes.

Durante los trabajos de rescate de los sismos del 19 de septiembre de 2017, que afectaron distintas zonas del país y de la Ciudad de México, surgieron iniciativas como la de Santiago Arau y Diego Rabasa para documentar no solamente los daños materiales, sino también la solidaridad de las personas. Desde los primeros minutos posteriores al fatídico evento, Arau recorrió las calles de la capital en bicicleta, a la vez que sobrevolaba con su drone los lugares más golpeados por la emergencia.

El Departamento de Transportes de Estados Unidos anunció este año que un millón de drones se han registrado en la Administración Federal de Aviación, y que para el 2020 se espera que el número aumente a siete millones.

Los vehículos autónomos también cambiarán la forma en que nos movemos por las ciudades: las calles serán también la interfaz de millones de redes invisibles, cartografiando en tiempo real la posición y trayectoria de los peatones y los vehículos.

La idea de un conductor humano probablemente será obsoleta para mediados de este siglo

Según la compañía Intel, se prevé que la economía de los vehículos autónomos alcance los siete millones de millones de dólares para 2050. Esto no sólo tendrá implicaciones en el empleo (¿pues qué pasará con los miles, si no es que millones de trabajos que se perderán en el sector de transportes?), sino que la forma en la que vivimos el espacio público cambiará drásticamente.

Tecnología como la de Velodyne, que utiliza el sistema LiDAR para mapear en 3D las inmediaciones de los vehículos, utiliza millones de haces de rayos láser simultáneamente, consiguiendo hasta 9.6 millones de puntos de información por segundo.

Propuestas como el Manual de calles: diseño vial para ciudades mexicanas de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU), son avances por parte del gobierno para reconocer el derecho al espacio público, a la seguridad en los trayectos, y a la mejora de la calidad de vida y experiencia urbana. Sin embargo, aunque el diseño urbano de las próximas décadas tome en cuenta la importancia de los vehículos autónomos (y la creciente necesidad de espacio de almacenamiento para estos, creando estacionamientos que restan cada vez más espacio urbano), vivir la ciudad fuera de los vehículos también se modificará debido a los dispositivos portables o wearables para peatones y ciclistas.

 

Visibilidad portátil

Un ejemplo de esto son las gafas de realidad aumentada como Everysight Raptor, que utilizan un sistema de proyección de display OLED que proporciona a los ciclistas información de navegación, ritmo cardiaco y recibe comandos de voz. Como en cualquier mercado, las gafas de realidad aumentada se desarrollan a gran velocidad y en una gran variedad de presentaciones y precios, desde los ODG, cuyo modelo R-7HL supera los $3 mil dólares, hasta Vue, de $200 dólares. La oferta de especificaciones es tan variada como su costo: giroscopios, cámaras, resistencia al agua, audífonos integrados, la posibilidad de capturar imágenes o video, y además interactuar con otros dispositivos mediante diversas redes.

A decir del portal Singularity Hub, los sensores de los teléfonos inteligentes se duplican cada cuatro años, lo cual significa que para el 2027 tendremos 160 sensores en cada dispositivo móvil, los cuales producen cantidades vertiginosas de información sobre el usuario, la cual puede ser utilizada para encontrar la mejor ruta hacia unas vacaciones soñadas, o para vigilarlo en todo momento.

Si a eso le sumamos las flotillas de satélites que sobrevuelan el planeta en todo momento (hace un año eran casi 1,800, aunque su número aumentará cada año, y su tamaño se reducirá), la privacidad será cosa del pasado, estemos o no conectados a dispositivos inteligentes.

La pregunta de base es: ¿qué vamos a hacer para mejorar nuestro mundo y nuestras condiciones de vida y la de nuestros semejantes con este arsenal de información generada a cada momento? ¿Seremos capaces de desarrollar este alucinante ecosistema digital de la mano con la protección del medio ambiente y los recursos naturales? En el fondo, ¿seremos prótesis de las máquinas, o las máquinas servirán –como han hecho desde la Edad de Piedra—para facilitarnos el trabajo, e incluso liberarnos de él?

 

*Imagen principal: Toby Harvard