Las zonas económicas especiales y su impacto en la sostenibilidad de México

¿Qué tan lejos está el Estado de dejar atrás la era del desarrollo y darle paso al posdesarrollo en función de las Zonas Económicas Epseciales?

Fotografía principal: CIEP

El pasado abril fue aprobada por el Congreso la Ley Federal de Zonas Económicas Especiales (ZEE), una de las apuestas más importantes de la administración peñista en materia económica, cuyo objetivo es impulsar el crecimiento económico y llevar el “desarrollo” a las entidades federativas con mayor incidencia de pobreza. Más allá de analizar los puntos críticos de su éxito o fracaso, este ensayo tiene intención de poner en perspectiva los objetivos de estas zonas y sus críticas dentro del marco de estudios sobre desarrollo, partiendo de la premisa de que, retomando a Gustavo Esteva, nos encontramos al final de un ciclo histórico, evidenciado cada vez más por los movimientos posdesarrollistas, pues “el ‘desarrollo’ sólo significa aceptar una definición universal de la buena vida que, además de inviable, carece por completo de sentido”. Bajo este enfoque, las ZEE son una decisión que apunta en dirección contraria a las demandas de los crecientes movimientos sociales en contra de la implementación de megaproyectos y de defensa del territorio que proliferan en el país.

En América Latina los ochenta son conocidos como la “década perdida”. Casi todos los países de la región siguieron las políticas y prácticas institucionales denominadas “Consenso de Washington”, un conjunto de ideas que gobernara la economía mundial bajo el esquema del modelo neoliberal. (Escobar, 2014). A través del endeudamiento, los Estados pasaron cada vez más a depender de los mercados financieros privados; los países subdesarrollados comenzaron a competir por recursos externos para financiar el crecimiento; la capacidad de inserción internacional fue erigida como el factor principal de dinamización económica, y el discurso de la competitividad legitimó el desempleo e impulsó el trabajo intensificado de los que no perdieron sus empleos (Acselhad, 2006).

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Imagen: Forbes Mexico

Durante los noventas en México se implemento una apertura comercial que destruyó importantes sectores productivos, provocó dependencia alimentaria y concentró en pocas manos los beneficios de la especialización exportadora (López-Bolaños, 2015). Así, se comienza a hablar del necesario fin del desarrollo y empieza a gestarse la noción el posdesarrollo, que apunta a la creación de un espacio/tiempo colectivo donde el “desarrollo” cese de ser el principio que organiza la vida económica y social, ante todo adoptando una actitud hospitalaria a la pluralidad real del mundo (Esteva, 2009; Escobar, 2014). De este modo podría decirse de muchos casos que la conceptualización de alternativas al desarrollo configura el posdesarrollo; es decir, una concientización de que la realidad puede definirse en términos distintos a los del desarrollo y que, por consiguiente, las personas y los grupos sociales pueden actuar sobre la base de esas diferentes definiciones (Escobar, 2005). El ejemplo mexicano por excelencia es el de los zapatistas, quienes llevan más de una veintena de años construyendo “un mundo donde quepan muchos mundos”. No obstante, la noción posdesarrollista se vio opacada por el discurso del desarrollo sostenible promovido por las Naciones Unidas y el Banco Mundial, que lleva a propugnar por un crecimiento sostenido, sin una justificación rigurosa sobre la capacidad del sistema económico para internalizar las condiciones ecológicas y sociales (de sustentabilidad, equidad, justicia y democracia) de este proceso (Leff, 1998). El desarrollo sostenible, junto con una política económica neoliberal, aún es el marco en que se gestan las políticas mexicanas.

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Imagen: Vision Peninsular

Las ZEE no son algo nuevo, han pasado más de cincuenta años desde el establecimiento de la primera y desde mediados de los ochentas el número de éstas se incrementa rápidamente, sobretodo en países “en desarrollo” (Farole, 2011). Éstas se establecen para contribuir al “propósito público” a través de la generación de empleo y, en general, a través de la promoción del desarrollo económico (Bhushan-Rawat et al., 2011). En México, Peña Nieto las mencionó por vez primera a finales de 2014 y la ley fue publicada en el Diario Oficial de la Federación en Junio pasado. En ella se define a las ZEE como áreas geográficas delimitadas, sujetas a un régimen especial para realizar, entre otras, actividades de manufactura, agroindustria, procesamiento, transformación y almacenamiento de materias primas e insumos, así como la prestación de servicios de soporte (DOF, 2016). La ley propone, sin profundizar más al respecto, una evaluación estratégica del impacto social y ambiental para garantizar los derechos humanos de los pueblos de influencia, que se integraría en el estudio de prefactibilidad de la zona que deberá ser aprobado por la comisión intersectretarial (presidida por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público). Las zonas incluyen una fuerte inversión en infraestructura, un entorno aduanero especial con acceso a insumos libres de impuestos y aranceles, y una serie de incentivos fiscales (reducción y exoneración de impuestos corporativos) en compañía de un entorno administrativo favorable.

Aquí es importante recalcar que existen distintos ejemplos de fracaso y éxito de estas zonas en el mundo, donde los factores determinantes son el contexto específico en que se introducen, y la eficacia con que se diseñan, implementan y gestionan (Farole, 2011). Uno de los más importantes ejemplos de fracaso es el de India, donde las ZEE están sujetas a un amplio movimiento de resistencia popular, sobre todo de las comunidades directamente afectadas, por dos razones principales (Bhushan-Rawat et al., 2011): la adquisición forzosa de la tierra y sus efectos en las comunidades locales, pues las empresas deben adquirir zonas lo suficientemente grandes en lugares cerca de la infraestructura y los centros urbanos, y a un precio atractivo, y; los impactos ambientales, especialmente por la rapidez de aprobación de las evaluaciones de impacto ambiental. Los mismos autores resaltan que el “interés público” fue utilizado para justificar la adquisición forzosa de terrenos para su uso por empresas privadas,

las ZEE por tanto pueden ser vistas como las últimas de una larga historia de desplazamiento en nombre del desarrollo, con una compensación prescrita totalmente inadecuada para los impactos económicos, sociales y ambientales negativos que crea la pérdida de la tierra.

Estas experiencias ilustran una situación común con el caso mexicano: el desplazamiento y la perdida de tierras. En México hay un largo historial de conflictos por la adquisición de tierras para proyectos federales y del sector privado, y las tensiones gobierno-población son particularmente agudas en los estados en que se planean establecer las primeras ZEE (Michoacán, Guerrero, Veracruz, Oaxaca y Chiapas). Aunado a esto, al menos la mitad de los terrenos necesarios para crear estas zonas no son de propiedad federal y tendrán que ser adquiridos de alguna manera (Gutiérrez-Candiani, 2016).

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Imagen: Daniel Ávila Ruiz

Hay que recordar que el país se encuentra entre los que presentan mayor número de luchas sociales en contra de megaproyectos y en defensa de la naturaleza, de acuerdo al Atlas Global de Justicia Ambiental, el país ocupa el octavo lugar mundial y los conflictos relacionados a la extracción de minerales y materiales para la construcción, el manejo del agua y los conflictos por tierras representan el 66 % del total (EJatlas, 2015), además de los múltiples movimientos locales cobrando vigor. Asimismo, el montaje de una infraestructura de transportes concebida a la luz de la integración al mercado internacional y en la perspectiva de atracción de capitales internacionales sólo le sirve a un modelo de desarrollo volcado a la exportación de recursos naturales y energía (Acselhad, 2006), ámbito en que México destaca, un ejemplo claro está en la industria minera, donde el país es el mayor receptor de empresas transnacionales (principalmente canadienses) y uno de los mayores exportadores de materia prima en este rubro, implementado un extractivismo brutal.

Como colofón habría que preguntarse ¿Qué tan lejos está el Estado de dejar atrás la era del desarrollo y darle paso al posdesarrollo? Parece que en la medida en que el Estado se aferra al desarrollo bajo el precepto neoliberal, las comunidades tenderán a construir cada vez más resistencias al mismo y a solidarizarse con ellas; a generar espacios multiculturales de crítica y a mirar el posdesarrollismo como alternativa necesaria. Para Escobar (2014), esta transición dependerá de cuál visión del mundo prevalezca y hoy en día hay variedad de posiciones disfrazadas buscando el status quo (como el crecimiento verde). El Estado debe ralentizar el proceso de aprobaciones, pues la aplicación efectiva de una política que pretende dinamizar la economía requiere la aprobación de la opinión pública, pero sobretodo, es importante que volteemos hacia los movimientos sociales, pues en ellos emerge el proceso de imaginar alternativas reales al desarrollo.

Autor: Arturo Bravo Calderón

Bibliografía

Acselhad H. 2006. Las políticas ambientales ante las coacciones de la globalización. En H. Alimonda (comp.) Los tormentos de la materia: aportes para una ecología política latinoamericana. Buenos Aires : Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales – CLACSO, 288 p.

Bhushan-Rawat V., Bharath-Bhushan M. y Surepally S. 2011. The impact of special economic zones in India: A case study of Polepally SEZ. The International Land Coalition, cirad, SDF.

DOF 2016. Ley Federal de Zonas Económicas Especiales. Diario Oficial de la Federación.

EJatlas. 2015. Environmental Justice Atlas. http://ejatlas.org/ (consultado en septiembre, 2016).

Escobar, A. 2005. El ‘posdesarrollo’ como concepto y práctica social. En: D, Mato (Ed.), Políticas de economía, ambiente y sociedad en tiempos de globalización (pp. 17-32). Caracas: UCV.

Escobar A. 2014. Sentipensar con la tierra: Nuevas lecturas sobre desarrollo, territorio y diferencia. Medellín: Ediciones UNAULA. 184 p.

Esteva G. 2009. Más allá del desarrollo: la buena vida. Revista América Latina en movimiento, no. 445.

Farole T. 2011. Special Economic Zones: What Have We Learned? Poverty reduction and economic management (PREM) network. September 2011, number 64. The World Bank.

Gutiérrez-Candiani G. 2016. México carece de terrenos para Zonas Económicas Especiales; en El Financiero. http://www.elfinanciero.com.mx/economia/mexico-carece-de-terrenos-para-zonas-economicas-especiales.html (consultado en septiembre, 2016)

Leff E. 1998. Saber ambiental, Sustentabilidad, racionalidad, complejidad, poder. Siglo XXI editores. Centro de Investigaciónes Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, UNAM. Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, PNUMA. 285 p.

López-Bolaños A.C. 2015. México. La continuidad y profundización del despojo neoliberal. Balance de la economía a partir del tratado de libre comercio de América del Norte (TLCAN) 1994.2014. En L.R. Villagra (coord.). Neoliberalismo en América Latina. Crisis, tendencias y alternativas. CLASCO, 316p.



Amarnos a nosotros mismos en tiempos ensimismados

¿Será posible reinventar al amor propio y llevarlo más allá del culto al individuo?

Amar es desgarrarnos para cosernos; rompernos para pegarnos. Amar es alejarnos para volver, dañarnos para curar. Amar es el más extravagante de los hábitos: un acto efímero en su eternidad. Un péndulo de Foucault oscilando infinitamente.

De entre estas ambivalencias e incertidumbres que constituyen la esencia de esta pasión humana, se alza un aparente antagonismo entre el amor al otro, por un lado, y el de aquel que guardamos para nosotros mismos, por otro.

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Ilustración: Henn Kim

Ambos pasan en nuestros tiempos por una crisis que los hace parecer irrealizables y, en ocasiones, también irreconciliables: no hay tiempo de amar a otros porque estamos muy ocupados procurándonos a nosotros mismos. O no nos amamos porque estamos muy ocupados salvando el mundo.

No obstante, amarnos a nosotros parece ser, verdaderamente, el principio desde el cual se desdobla el resto de nuestros actos. Por eso Ron Padgett, nuestro Paterson de carne y hueso, escribe:

Take care of things close to home first. Straighten up your room before you save the world. Then save the world.

(Encárgate de las cosas cercanas a casa primero. Arregla tu cuarto antes de salvar el mundo
Luego salva el mundo)

Parece urgente amarnos si queremos ser capaces de amar a otros en algún momento. Porque si no nos amamos, ¿cómo amar a otros? Tal parece la aritmética de las relaciones humanas: su lógica intrínseca.

Pero el amor no es reductible a operaciones matemáticas. Recuperar el amor propio en estos tiempos es más difícil, quizá, que nunca en la historia. Somos presa fácil de los vacuos discursos sobre el amor, cuya retórica cínica invita a amarnos desde el narcisismo y la mezquindad. Existen también los sustitutos inverosímiles: en lugar de amar, nos sumimos en nuestra psique depresiva y cultivamos un odio que poco a poco nos carcome.

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Ante esas condiciones decadentes, es urgente plantear hipótesis radicales. ¿Qué tal si la única forma de recuperar el amor propio fuera admitiendo que no hay una hoja de ruta que nos marque cómo hacerlo? Suena desolador: si algo buscamos son respuestas tangibles, concretas y que nos den soluciones inmediatas.

Pero amar es precisamente lo contrario a todo ello. Amar –afortunadamente– no es una ciencia, y por ello no existen métodos para aprender a amarnos ni para amar a otros. Por eso, aún en nuestros tiempos ensimismados, el amor sigue siendo un resquicio de libertad para quien se atreve a mirar desde ahí.

Aunque quizá una de las pocas cosas que se pueda afirmar sobre esa cosa contradictoria que es el amor (cuya semántica, por cierto, es el mayor reto de los lingüistas) es que, tanto aquel amor que nos profesamos a nosotros mismos, como el que profesamos a los demás, son indisociables. Ambos tienen una autonomía relativa, tanto como nosotros la tenemos de los demás. Pero su aparente antagonismo o dualidad es producto de nuestra época, y no es sino una ilusión, como muchas de las que sustentan nuestras creencias.

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El amor es una totalidad que sólo puede sobrevivir como tal, retroalimentandose cada una de sus partes de lo uno y lo otro. Hay necesidad mutua, incluso cósmica, entre los tipos de amor, tal y como la hay en el individuo para con los otros, a quienes necesita para poder ser y desdoblarse en sus infinitas posibilidades.

Si algo resume esta idea en una cotidianidad sólo aparentemente sencilla, pero en realidad sumamente compleja, es esta otra metáfora de Padgett en su poema Love:

That is what you gave me

I become the cigarette and you the match

Or I the match and you the cigarette

Blazing with kisses that smoulder towards heaven

(Eso fue lo que me diste: yo me convertí
en cigarrillo y tú en fósforo
o yo en fósforo y tú en cigarrillo
brillando con besos ardiendo hacia el cielo)

El amor propio sólo puede cultivarse cuando aprendemos a ser ya sea el cigarrillo o el fósforo. Es una relación dinámica que ocurre todo el tiempo, todos los días. No hay principios ni finales. No hay identidades definidas permanentemente. Sólo fósforos, cigarrillos y las chispas que simbolizan la valentía que implica amarnos y amar en un mismo tiempo.  

 

*Ilustración principal: Sivan Karim 

 



#ConcienciaContemporánea: ¿Cómo adoptar un estilo de vida sostenible y saludable para el planeta?

Es más fácil de lo que piensas, se siente bien y aporta a la ecoevolución que la época y el planeta necesitan.

No sabemos exactamente cuándo pasó, pero un día nuestro estilo de vida y modelo de consumo empezaron a dejar una marca insana en el mundo que habitamos, e inclusive, metafísicamente hablando, en el universo. 

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La huella ecológica es el cambio nocivo que cada persona provoca en el medioambiente, ese microcosmos con una gran diversidad de vida y que es el espacio que te permite existir. De manera que, si eres un ser humano, es inevitable y un acto obligado que te preocupes por el estado en que se encuentra el medioambiente, y aún más, que hagas algo, al menos respecto a tu huella indeleble en este planeta. 

Los detalles y las microacciones siempre tienen gran valía (no por nada estamos a unas cuantas décadas de llenar los mares con la misma cantidad de plástico que peces). Si aún no dimensionas esto, te invitamos a probar: cambia tu estilo de vida, poco a poco, pero religiosamente; sé parte de la conciencia contemporánea que exige nuestra época y que demandan nuestro planeta y nuestra sociedad durante este tiempo en el universo. 

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Queremos que te sientas bien. Que esos pequeños hábitos se vuelvan una segunda naturaleza. Que esas microdecisiones para tejer el cambio modifiquen tu entorno, y éste te devuelva el esfuerzo con una calidad de vida sin precedentes. Cambio climático, contaminación, escasez de recursos, extinción de especies… Que todas esas fracturas en el cosmos se reduzcan al mínimo, con el simple acto de vivir de manera sostenible o, lo que es lo mismo, en conexión constante con el universo.

Lleva en tu mente estas palabras, y practica esta guía gaia para adoptar una vida sostenible y saludable con el entorno; mantente conectado con la vida:

 

En casa

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* Usa focos de bajo consumo y procura no dejar los aparatos encendidos ni la calefacción cuando no te encuentres en casa. No está demás recordar que, muchas veces, la luz eléctrica no es imprescindible: apágala. 

* Si tienes presupuesto, coloca paneles solares para generar tu propia electricidad. Aquí te decimos cómo

* En cuanto a la basura, recuerda que siempre se puede rediseñar su concepto: nada es un desperdicio. Deposita minuciosamente y religiosamente cada residuo en su contenedor (orgánica, inorgánica y reciclable). No olvides que la basura orgánica siempre puede convertirse en composta (aquí puedes aprender a fabricarla fácilmente).

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En este otro link te explicamos algunos métodos para generar menos basura. Otra opción es unirte al movimiento Zero Waste (“cero desperdicio”), y en este enlace puedes aprender de las experiencias de quienes ya lo practican. 

* Instala aireadores en los grifos de la cocina y el baño, y podrás ahorrar hasta un 50% de agua. Éstos son filtros que se enroscan en el grifo y que al abrirlos permiten que salga un chorro de agua a presión, porque mezclan el agua con el aire. Si no tienes tiempo o dinero para hacerlo, reutiliza toda el agua que puedas, cuando menos un par de veces.

También puedes aprender a crear un recolector de agua de lluvia aquí (lo cual es muy bueno).

Usa filtros para beber el agua. Es más económico, pero también ayuda a que no generes descomunales cantidades de plástico en botellas.Porque beber agua embotellada mata al planeta. 

* Reutiliza los frascos de vidrio. Además de ser una buena acción, se ven muy bonitos.

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Dans Le Sac

* No uses o pidas bolsas de plástico en las tiendas; carga tu propia bolsa para hacer las compras o lleva contigo bolsas de tela reutilizables. Erradica todo el plástico que puedas de tus compras.

* Come menos carne. No se trata de eliminarla de tu dieta si no quieres. Simplemente, reduce tu consumo (en este link puedes aprender cómo). Se sabe que la producción de carne es uno de los principales causantes de gases contaminantes.

* Cuida la huella ecológica de tu mascota. Se ha comprobado que los perros y los gatos son responsables de hasta un 30% del consumo de carne en países como Estados Unidos.

* Produce tu propia comida. De acuerdo, tal vez no es posible hacerlo con toda la comida, pero puedes empezar con un hermoso huerto casero (acá te decimos, paso a paso, como crearlo). Y en este otro link te compartimos la lista de alimentos que tienen más impacto en la salud del planeta y los que menos. 

* No utilices productos en espray.

* Compra local y responsablemente. También puedes comenzar a rastrear el origen de tus alimentos; esto contribuye muchísimo a hacer crecer la inspiración. 

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* Recicla y fabrica muebles. Sí, también tenemos un artículo para que aprendas fácilmente y tus creaciones luzcan frescas: dale clic aquí

* Ten muchas plantas. No sólo armonizan tu estilo de vida; también refuerzan tu conexión con el entorno y, por ende, tu conciencia. 

 

En el trabajo

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Muchas de las acciones que mencionamos arriba pueden replicarse en el trabajo (separar la basura, reutilizar o reducir el consumo de energía). También en nuestro espacio de trabajo hay cabida para fomentar al máximo la sostenibilidad. Aquí van algunas formas: 

* ¿Sabías que el monitor es la pieza de la computadora que más energía gasta? En períodos de inactividad mayores a media hora, apaga completamente el equipo. No dejes los aparatos encendidos al salir a comer.

Si quieres renovar computadoras, impresoras, altavoces, etc., que no estén obsoletos y aún funcionen correctamente, piensa en donar los aparatos a asociaciones, ONG o fundaciones.

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* Si tienes la oportunidad, lleva tus alimentos preparados o cocina en tu trabajo. Así no generas más basura.

* Lleva tu propia botella reutilizable para cargar bebidas. Puede ser de plástico, siempre y cuando sea un utensilio de uso mayor. No está de más recordarte que los popotes ya son de mal gusto. 

* Camina, usa la bicicleta, el transporte público o el transporte privado colectivo para trasladarte. Enlistamos estas opciones en orden de mayor a menor beneficio, pero todas cuentan mucho. Actualmente, la congestión de urbes como la Ciudad de México es provocada por el uso habitual de automóviles, que aumenta día con día. ¿No te gustaría que, por ejemplo, en vez de destinar recursos públicos a crear más avenidas vehiculares, el dinero se utilizara para tener transporte publico de máxima calidad?

 

En la calle

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* Acostúmbrate a caminar (mira aquí sus beneficios) o a andar en bicicleta (acá hay algunos básicos para sobrevivir). 

* Si te habitúas a caminar, podemos pasar al siguiente paso: reconectar con la naturaleza (consulta aquí una guía para lograrlo fácilmente). Cientos de beneficios rodean al solo acto de que te vayas a caminar entre árboles, o que de vez en cuando te atrevas a mirar el cielo

* No tires basura, aunque sea muy pequeña (tampoco colillas de cigarro). Esta acción (por cierto, bastante vulgar) no sólo interrumpe la armonía colectiva; también se tapan los alcantarillados cuando llueve, lo que produce caos y tráfico sin precedentes. 

* Practica el civismo siempre que puedas. Eso sí que es saludable para el planeta. 

 

*También en Ecoosfera: Abre tu conciencia a estas 11 acciones para revertir el cambio climático

 

Hasta aquí, ya estás listo para llevar una vida muy sostenible y saludable. Si todavía te queda inspiración, revisemos microscópicamente algunos otros básicos:

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Al cocinar

Usa una olla a presión siempre que puedas; adapta los recipientes al tamaño de la estufa o quemador para evitar pérdidas de calor; emplea tapas para los recipientes o corta bien los ingredientes para facilitar la cocción; apaga el fuego o el horno unos minutos antes y aprovecha el calor residual para terminar de cocinar.

 

Al comer

Adopta dietas sostenibles. Según la FAO, estas dietas protegen y respetan la biodiversidad y los ecosistemas, son culturalmente aceptables, accesibles, económicamente justas y asequibles, nutricionalmente adecuadas y saludables, y optimizan los recursos naturales y humanos.

 

Al comprar

El comercio justo garantiza transparencia, condiciones de trabajo dignas, igualdad de género y ausencia de trabajo infantil. Pero también es una seguridad para el consumidor, debido a los criterios por los que se guía esta modalidad de comercio.

Establece la regla de que por cada nuevo artículo que compres, donarás otro. Dona juguetes. Entre cumpleaños, Navidad y Reyes Magos, las habitaciones infantiles se van llenando de juegos que en ocasiones acaban olvidados en los muebles.

Si están en buen estado puedes regalarlos y así, permitir que otros niños y niñas jueguen con ellos.

 

Al lavar

Lava con menos frecuencia. Esto no sólo reducirá el consumo de agua y recursos naturales; también evitará que las fibras de la ropa se deterioren. Dejar la ropa al sol es más barato y ecológico que las secadoras y además, de esta manera se garantiza que no reduzcan de tamaño o las fibras del tejido se decoloren o dañen.

Evita utilizar la lavadora y el lavaplatos en horario nocturno, para evitar el ruido y molestar a otras personas que pueden estar descansando.

 

En el transporte

Además de contaminación del aire, el transporte también genera contaminación acústica, así que opta por medios como la bicicleta o ir a pie. Si no tienes otra posibilidad, elige el transporte público o comparte vehículo.

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Al vestir

Define tu vestimenta en función de la época del año. Vístete de forma correcta en cada estación, y así evitarás un gasto innecesario de aire acondicionado o calefacción

Practica el trueque entre amistades y familiares. Si sabes que no vas a volver a usar ese pantalón azul o esa blusa fantástica, ¿por qué tenerlos guardados en casa? Intercambia esas prendas por otras que necesites y prueba el consumo colaborativo.

 

En los artículos personales y del hogar

Reduce, reúsa y recicla. Aparte de colocar los residuos habituales en su respectivo basurero hay elementos especialmente tóxicos como las pilas, los celulares o los electrodomésticos, que tienen que llevarse a puntos específicos de recogida.

Hazlo con tus propias manos. Los verbos reciclar y reutilizar serán tus palabras clave para conseguir infinidad de objetos útiles y prácticos para tu hogar y tu día a día, sin tener que desembolsar dinero.

¿Cuántos productos de los que compras están envasados en vidrio? Guarda los envases y conviértelos en recipientes para tus mermeladas o galletas.

 

En general

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Según la guía sustentable de Oxfam Intermón, también es importante reducir la contaminación acústica. Ésta es el ruido que afecta la calidad de vida de las personas de diferentes maneras. Las principales fuentes de este tipo de contaminación suelen ser el transporte (aviones, trenes, metros, autobuses), la construcción de edificios y las industrias.

Evita utilizar vehículos de motor y usa, por ejemplo, una bicicleta para desplazarte al trabajo. Cuando acudas a un bar o pasees por la calle, no grites ni hables muy alto.

 

¿Qué te parece?

Esperamos que esta información te ayude a moldear tu propio estilo de vida sostenible. Exprime los beneficios y regálale al planeta un respiro; se lo merece, y tú también.