Factores clave en el desarrollo energético de México

El desarrollo energético requiere de una política energética estratégica, para convertirse en una pieza clave para el progreso de un país.

Autor: Nancy Gamboa Mancilla

Desde su origen, el desarrollo fue restringido al ámbito económico y, por lo tanto, asociado específicamente al crecimiento económico (Díaz y Ascoli, 2006). Y no fue hasta que fue creciendo la valoración de los aspectos sociales, culturales y ambientales del desarrollo, que el modelo de éste fue tomando diferentes esquemas hacia un enfoque holístico, que derivó hacia los modelos basados en los ejes de la sustentabilidad. Sin embargo, en la actualidad, países emergentes como es el caso de México, aunque presentan un discurso basado en la búsqueda de la sustentabilidad, el establecimiento de sus políticas y planes de desarrollo aun muestran una fuerte primacía hacia el elemento económico, como eje crucial del progreso. Esto se vislumbra en la actual estrategia energética de México, que es presentada como la panacea del desarrollo económico y social de todos los mexicanos, pero que en su implementación aún hay muchos vacíos legales y operativos que no dejan apreciar su contribución real hacia la sustentabilidad y progreso del país.

En primera instancia es importante reconocer la importancia que tiene el sector energético, como elemento estratégico para el desarrollo, desde el punto de vista económico y de finanzas públicas, como para el funcionamiento de las actividades productivas de cualquier nación; ya que la energía es insumo en todos los sectores de la economía como el transporte de personas y mercancías, la producción de manufacturas y el funcionamiento de establecimientos comerciales, de servicios, fábricas y hogares (HSBC, 2015). Por ello es que una política energética estratégica puede ser pieza clave para el progreso de un país, sin embargo para que éste se logre de manera sustentable no se puede perder de vista los factores sociales, culturales y ambientales que permita responder a las necesidades de su población.

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Por lo antes mencionado es que el Gobierno Mexicano entra al juego global con la polémica Reforma Energética, motivada por la necesidad de revertir la caída en la producción de gas y petróleo, a través de la explotación de los hidrocarburos no convencionales, como son el gas shale y las fuentes de petróleo en aguas profundas. Esta reforma abre las puertas a la inversión privada tanto en actividades de exploración y extracción, como de transformación de hidrocarburos, petroquímica, transporte y almacenamiento, así como de generación eléctrica. Esto a su vez ha crea todo un movimiento de desarrollo de proyectos de inversión e infraestructura asociados a la industria energética alrededor del país.

La construcción de estos proyectos trae consigo una serie de impactos sociales y ambientales que deben ser contemplados como un elemento de importancia en el análisis de la factibilidad previa al desarrollo de dichos proyectos. Puesto que, como señala Daniel Revollo en 2016, “la implementación de cualquier tipo de proyecto en determinada área del territorio nacional, ya sea energético, turístico, de extracción minera o de infraestructura –entre muchos otros- genera tanto beneficios y costos privados, como beneficios y costos ambientales y sociales. En términos económicos y de bienestar, estos beneficios y costos sociales están estrechamente ligados con el término de las externalidades (positivas y negativas). El hecho de no incorporar estas externalidades en el análisis económico de los proyectos, puede llegar a generar condiciones no óptimas o no deseadas por algunos sectores de la sociedad. En otras palabras, el no incorporar estas externalidades provoca que tanto beneficios como costos sean transferidos de un sector de la sociedad a otros sectores, sin una compensación de por medio”.

En un intento de responder a las tendencias y tratados internacionales de impulso al respeto a los derechos humanos y al ambiente, la Reforma energética busca integrar los factores sociales y ambientales dentro de su estructura de operación, haciendo un especial énfasis en la salvaguarda de los derechos de los grupos sociales en situación de vulnerabilidad; estableciendo procedimientos de consulta previa y requerimientos de estudios de impacto social respecto al área de objeto de la asignación o contrato previo al desarrollo del proyecto (PwC México, 2015).

La importancia de la evaluación del impacto social en los proyectos energéticos en su etapa previa, radica en su utilidad para dar una comprensión previa del sistema, a través de un acercamiento entre las partes interesadas, que permita brindar la posibilidad de generar mapas de análisis de los actores interesados y abrir canales de comunicación, identificar los impactos que deriven de la actividad, estimando las medidas para mitigarlos y compensarlos; que culmine en la apropiación del proyecto por parte de las comunidades, ya que se trata de desarrollos que duran de 25 a 30 años que requieren de un proceso de apropiación por parte de la comunidad para garantizar la sustentabilidad a lo largo de la vigencia del proyecto (PwC México, 2015).

En el caso del factor ambiental, es cierto que en nuestro país tenemos un avance significativo en la legislación en materia de impacto ambiental, el cual integra consultas públicas y evaluaciones de impactos ambientales como requerimiento previo a la autorización del desarrollo de cualquier proyecto; y que éste está sustentado en toda una estructura legislativa y judicial para salvaguardar la protección de esta factor.

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Independientemente de los elementos de integración de estos factores dentro del análisis de factibilidad y autorización de los proyectos, aún hay dudas y serias críticas al sistema, derivado del argumento de la primacía de la utilidad pública que envuelve este tipo de proyectos por su carácter estratégico para el país, lo cual le da preferencia sobre cualquier otra actividad o factor. A esto se le suma realidades como las deficiencias derivadas de la falta de claridad en la implementación de lo establecido legislativamente y las insuficiencias de la incorporación de manera estructurada de los impactos, así como de la cuantificación de forma precisa de los servicios ambientales que prestan los recursos afectados por dichos proyectos (Arriaga, 2014).

De lo anterior se deriva la relevancia de cuantificar a través de metodologías estandarizadas, los servicios ambientales de la región en la cual se piensa llevar a cabo el proyecto, así como los impactos sociales que la realización del mismo tendría sobre la comunidad. Esto con el fin de que esta información se incluya en el Procedimiento de Evaluación de Impacto Ambiental, y permita brindar mayor certidumbre jurídica a todos los actores involucrados; es decir, al gobierno responsable de brindar las autorizaciones, los inversionistas interesados en desarrollar el proyecto y a la comunidad que habita en la zona (Revollo, 2016). Así mismo resulta fundamental el promover el incremento de la autogestión comunitaria con respeto a sus diferencias culturales, de forma que les permita alcanzar un mayor grado de participación en la toma de decisiones en sus respectivas áreas, reconociendo la autonomía de los pueblos y del ejercicio de la capacidad social de estos para construir su futuro, aprovechando para ello las enseñanzas de su experiencia histórica y los recursos reales y potenciales de su cultura, de acuerdo con un proyecto que se defina según sus propios valores y aspiraciones (Bonfil, 1985).

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A pesar que los instrumentos jurídicos que se derivan o refuerzan la Reforma energética han incluido diversos estudios y autorizaciones para contemplar los factores sociales y ambientales durante el desarrollo de proyectos, aún quedan vacíos operativos y de efectividad en su implementación que deben ser considerados a la hora de otorgar las autorizaciones correspondientes.

Como conclusión, el caso de la Reforma energética de México, es solo un ejemplo de que el desarrollo sustentable sin duda ha logrado una hegemonía discursiva, pero en la realidad no se ha consolidado como la alternativa viable que pretendía subsanar las prácticas de su antecesor desarrollista (Escobar, 1995), sin embargo aún se realizan esfuerzos por contemplar un enfoque holístico producto de las presiones y tendencias internacionales, el cual es una ventana de oportunidad que requiere de la participación de los diferentes actores sociales, los cuales deberán testificar y contribuir en el proceso de democratización y manejo de su territorio en miras del verdadero desarrollo social-sustentable.

Referencias

Arriaga, R. (2014) “La evaluación del impacto ambiental en México: situación actual y perspectivas futuras”, consultado el 22 de octubre de 2016 en http://www.amia.org.mx/legislacion/115-la-evaluacion-del-impacto-ambiental-en-mexico-situacion-actual-y-perspectivas-futuras.

Bonfil, Guillermo (1985) “El etnodesarrollo: sus premisas jurídicas, políticas y de organización” en Etnodesarrollo y etnocidio. San José, Costa Rica: FLACSO

Díaz, J. y Ascoli, J. (2006) “Reflexiones sobre el desarrollo local y regional”, Universidad Rafael Landívar, Guatemala.

Escobar, A. (1995) “El desarrollo sostenible: dialogo de discursos”, en Ecología Política, Cuadernos de Debate Internacional núm 9. Páginas: 7-25, recuperado el 23 de octubre de 2016 en https://legacy.wlu.ca/documents/55945/SH20-06.pdf

HSBC (2015) “Importancia de la industria energética en el crecimiento de la economía”, consultado el 22 de octubre de 2016 en https://globalconnections.hsbc.com/mexico/es/articles/importancia-de-la-industria-energetica-en-el-crecimiento-de-la-economia

PwC México (2015) “Seminario, Implicaciones de la reforma energética en la propiedad social, soluciones y controversias”. Consultado el 22 de octubre de 2016 en https://www.pwc.com/mx/es/eventos/archivo/20151027-laa-memorias-seminario.pdf

Revollo, D. (2016) “Valoración de los impactos ambientales, sociales y económicos vinculados con el Procedimiento de Evaluación de Impacto Ambiental (PEIA): caso de estudio i) Cabo Dorado, ii) ) La Parota y iii Eólica del Sur” México D.F. consultado el 23 de octubre de 2016 en http://www.cemda.org.mx/wp-content/uploads/2011/12/Estudio-Valoraci%C3%B3n-_-CEMDA-FINAL-rev-AVR_UGA-1final.pdf

México Sostenible
Autor: México Sostenible
Somos una organización de jóvenes comprometidos con la conservación de la riqueza natural y cultural del país. Integramos un equipo interdisciplinario capaz de analizar diferentes temas de la agenda ambiental, con el fin de generar acciones para fortalecer la capacidad de adaptación de las sociedades frente al cambio climático e incentivar su desarrollo sostenible.


¿No estás de acuerdo? Demuéstralo con buenos argumentos

Hay 7 maneras de argumentar tus ideas, aprende a usarlas y luce tu retórica.

La retórica es un arma de doble filo. Sin duda es necesaria en toda posición que sostengamos hacia una cuestión dada: desde una afirmación política hasta las diferentes perspectivas que cada quien tenga sobre un problema tan polarizado como, por ejemplo, las corridas de toros. Pero es que saber argumentar, teniendio un debate sin polarizarlo, es algo crucial que debemos aprender a hacer, y que incluso nos puede ayudar a evolucionar sociedad.

Por eso, saber argumentar sin caer en trampas es importante. A no ser que se aspire a ser como los sofistas griegos, quienes según Aristóteles usaban argumentos que parecían válidos pero que no lo eran. Pero si no es el caso, y queremos poder argumentar sin causar disputas innecesarias, ¿qué debemos saber?

saber-argumentar-como-refutar-discusion-debate

Paul Graham, un programador de computadoras y doctor en Harvard, que es también una de las mente detrás de la incubadora digital Y Combinator –creadora de Dropbox, Airbnb, Reddit y muchos otros servicios–, tiene algunos hakcs para argumentar correctamente. No por nada ha sido apodado como el “filósofo hacker”.

Graham escribió en 2008 un ensayo llamado How to disagree, “Cómo estar desacuerdo”,
el cual es una excelente herramienta para saber argumentar.

La principal inquietud de Graham era la manera como internet ha posibilitado el debate a nivel mundial entre todo tipo de personas. El problema es que la tendencia, en todo tipo de redes sociales, es la de no estar de acuerdo con el otro. Esto no es malo per se; sólo lo es cuando no permite una discusión fluida ni libre de disputas, lo que conduce a su vez a una falta generalizada de consensos. Esto no es muy bueno, tomando en cuenta que una civilización libre depende en gran medida de los consensos.

Así que Graham invento una pirámide con 7 niveles de desacuerdo, hecha para saber argumentar:

Nivel de desacuerdo 0: Poner nombres

Esto es, cuando sólo decimos cosas hirientes o crueles, llamando a alguien de cierta manera. Por ejemplo, “eres un tonto”.

Nivel de desacuerdo 1: Ad hominem

Cuando nos limitamos a decir cosas presuntuosas o insultantes directamente hacia el otro. Es decir: atacamos a la persona y no a sus argumentos

Nivel de desacuerdo 2: Responder al tono

Hay poca distancia entre atacar a la persona directamente y comenzar a concentrarnos en el tono que utiliza, sea de enojo, burla o del tipo “no me importa”. El problema es que esto es muy subjetivo, y dirige la discusión hacia lugares inciertos y más viscerales.

Nivel de desacuerdo 3: Contradecir

Cuando se logra contradecir el argumento es cuando la discusión está sobrepasando lo subjetivo y pasa más a los argumentos. No obstante, sólo contradecir indica una terquedad: lo que se dice tiene que ser cierto, en contraste a lo que dice el otro.

Nivel de desacuerdo 4: Contraargumentar

Más allá de sólo contradecir, mostrar que se tiene un contraargumento demuestra que se está dispuesto a avanzar en la discusión, que ésta es mucho más seria y que no sólo se busca “ganarla”, sino convencer al otro. El problema viene cuando la discusión no puede avanzar más allá de dos apasionados argumentos, lo que termina diluyendo el punto inicial que dio inicio al debate.

Nivel de desacuerdo 5: Refutar

Según Graham, esta es la forma más convincente de estar en desacuerdo. No es sólo un contraargumento; consiste, más bien, en ser capaz de tomar al vuelo lo dicho por el otro y poder refutarlo. Pero no con la viscera, sino con datos duros y astucia –que no implique mentir.

Nivel de desacuerdo 6: Refutar el punto central

Esta es ya una cuestión de táctica, y no sólo de estrategia. La refutación debe ser capaz de indagar en el punto central al que está llegando el otro, y anteponer un argumento sólido que demuestre su invalidez. Esto no sólo servirá para un solo argumento, sino que podría desmontar toda la idea detrás que el otro sostiene.

Ahora sí, a debatir con sentido…

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Esto es lo que te puede permitir estar en desacuerdo sin tener que falsear ninguna información, ni tener que acudir a viles insultos. Lo bueno es que también te puede conducir a darte cuenta de que eres tú quien no está en lo correcto si es el caso, lo que es algo que rara vez sucede en cualquier debate, ¿verdad? Pero que sin duda es síntoma de civilidad y empatía.

¿Te imaginas qué pasaría si pudiéramos decir más seguido “está bien, tienes razón”? No sólo estaríamos ganando nosotros como individuos, siendo más abiertos a las ideas del otro y nutriéndonos de éstas. Sería también una forma como la sociedad entera podría avanzar.

Saber debatir sin polarizar, al tiempo que no regalamos nuestras ideas ni nos dejamos influenciar, es una forma de construir nuevos grados civilidad… de la cual últimamente estamos muy necesitados.

*Imágenes: Ana Tellez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



México, abierto a la inversión en energías limpias de Tesla

México cuenta con recursos geotérmicos abundantes que se distribuyen a lo largo del territorio; un total de 3 000 manifestaciones terminales en 27 estados.

De acuerdo con los datos de la empresa internacional Bloomberg Energy Finance –BNEF–, durante el primer trimestre del año hubo una inversión en energías limpias de 53,5 mil millones de dólares, la cual incluye la emisión de 1.4 mil millones de dólares en acciones públicas por parte de la empresa de vehículos electrónicos Tesla y el financiamiento del proyecto de Enel en su complejo fotovoltáico en Zacatecas. Hasta ahora, este complejo posee una capacidad de producción de 754MW y es el proyecto solar más grande del mundo. 

Desgraciadamente la posición frente al calentamiento global del nuevo gobierno de EE.UU., ha impactado negativamente en la inversión de los dos mercados más grandes, China y EE.UU., en torno a los proyectos eólicos cuesta-fuera. De hecho, durante el primer trimestre del 2017, EE.UU. presentó una caída del 24 por ciento y China, del 11 por ciento. En palabras de Jon Moore, director general de BNEF, explicó: “Este año, el primer trimestre refleja, una vez más, las caídas en los costos de capital promedio por megawatt para la energía eólica y solar. Esta tendencia significa que año con año es posible financiar capacidades de generación equivalentes con estas tecnologías por menos dólares.”

Si bien la inversión global en energías limpias cayó durante el primer trimestre, los analistas de BNEF esperan que tanto “la energía solar y eólica alcancen cifras similares de nuevos megawatss este año contra el año pasado”. Mientras tanto, México ha invertido en energías limpias mediante cuatro plantas: “En el Valle de Mexicali, Baja California, opera la planta de Cerro Prieto, la mayor central de energía geotérmica a nivel mundial, con una capacidad de 720 Megawatts (MW); Los Azufres en Michoacán (188 MW),  Las Tres Vírgenes en Baja California Sur (10MW) y Los Humeros  en Puebla (40 MW). En un futuro  los Humeros II, fase A, y Humeros II, fase B, generarán 25 MW y 21 MW, respectivamente.”

Gracias a ello, México se ha convertido en el tercer líder mundial como productor de energía geotérmica, generando con el vapor derivado del agua del subsuelo que alcanza altos grados de temperatura para hacer mover una turbina y así producir electricidad. Si bien lo más costoso es la etapa de exploración, México es considerado como país con potencial para una fuente limpia en la generación de electricidad pese a producir sólo el 3 por ciento de total nacional de energía. 

México cuenta con recursos geotérmicos abundantes que se distribuyen a lo largo del territorio; un total de 3 000 manifestaciones terminales en 27 estados. Al menos 20 zonas geotérmicas podrían tener un buen potencial para su explotación; como por ejemplo Tulecheck y Piedras de Lumbre en el norte; El Ceboruco y Cerritos Colorados en la zona central; y Acoculco, Tacaná y Chichonal en el sur, tienen un alto potencial para producir energía eléctrica. Para ello es indispensable, primero, identificar las barreras regulatorias que impiden avanzar a la industria; segundo, elaborar una propuesta legislativa que dé seguridad a los inversionistas y a las comunidades indígenas cercanas a las fuentes de energía; tercero, establecer un mecanismo financiero para la cobertura de riesgo de la explotación de fuentes geotérmicas. Se trata de proyectos que requieren una mayor atención pero implican un fuerte potencial.