Eco receta: prepara un delicioso pan de muerto vegano

Ahora, el pan de muerto, con sus huesos y calacas, forma parte de las cenas, altares y costumbres principalmente mexicanas.

El pan de muerto es una tradición mexicana, la cual se remonta a la época prehispánica en donde los indígenas sacrificaban a una joven princesa sacando su corazón, maserándolo en amaranto y comiéndolo en nombre de los dioses. Con el paso del tiempo, y la llegada de los españoles católicos, esta tradición evolucionó en un pan dulce con azúcar de color rojo –asimilando la sangre de la joven–. 

Ahora, el pan de muerto, con sus huesos y calacas, forma parte de las cenas, altares y costumbres principalmente mexicanas. La receta de este pan es realmente sencilla –pero, por otro lado, laboriosa–, la cual requiere cantidades excesivas de mantequilla. En caso que se desee hacer un pan casero y vegano, esta receta será de gran utilidad: 

Ingredientes: 

45 gramos de levadura de panadería, ó 2¼ cucharaditas de levadura en polvo, 2 cucharadas de agua de azahar (se consigue en farmacias grandes o se substituye por té de azahar, favor de leer la introducción), ⅔ tazas de leche de soya, 4 tazas de harina, ½ taza de azúcar, 1 cucharadita de sal, 1 cucharadita de rayadura de naranja (sólo la parte anaranjada porque el blanco amarga), 1 taza de tofu suave (estilo silken) bien batido, 1 taza de margarina sin sal. 

Y para decorar: ¼ taza de margarina sin sal, ½ taza de azúcar. 

Preparación: Para la masa, pon el agua de azahar, 1/3 de leche de soya y 1/2 de agua en un bowl. Mientras se revuelven los ingredientes, disuelve bien la levadura. Una vez conseguida una masa homogénea, tápala con un trapo limpio y déjala reposar en un lugar tibio por unos 30 minutos –hasta que se esponje un poco y tenga burbujas–. Ahora, en un tazón grande, mezcla la harina, azúcar, sal y rayadura de naranja; agrega tofu, leche, la mezcla de harina y la levadura que se dejó reposando; y con ello, empieza a amasar mientras se agrega la margarina en pedacitos. Es importante amasar bien entre cada adición. Una vez agregada la margarina, amasa durante 15 minutos hasta que la masa se suavice y se despegue fácilmente de los lados del tazón. En este punto la masa debe de tener una consistencia muy suave y gelatinosa. Si está demasiado pegajosa puedes agregarle un poco más de harina, pero procura que no sea más de dos cucharadas para que el producto final no quede seco. Una vez listo, engrasa otro tazón con margarina y coloca en él la masa; cubre con el trapo limpio y deja reposar en un lugar tibio hasta que doble su tamaño –en aproximadamente una hora y media–. Golpea la masa para sacarle el aire y dale vuelta con cuidado para que la parte de abajo quede arriba. Cubre con plástico de cocina. Refrigera toda la noche. Saca la masa del refrigerador, quitándole el plástico y dejándola reposar en un lugar tibio durante una hora. Enharina la superficie de trabajo y transfiere la masa. Con una espátula o cuchillo, corta una pieza del tamaño de una toronja para hacer los huesos. Divide el resto de la masa a la mitad y forma dos bolas compactas. Sacándole el aire, corta dos piezas grandes de papel encerados –40 minutos de lado– y acomoda una bola de masa sobre cada uno. Aplana la masa ligeramente con la mano. Corta la masa en seis partes; enrolla un trozo de masa con los dedos abiertos para moldear un hueso aproximadamente dos centímetros más largo que el tamaño de los círculos de masa. Repite con otros tres trozos de masa, colocando dos de estos huesos cruzados sobre cada bola de masa. Haz una bolita con cada uno de los dos trocitos de masa restantes y ponlas aparte. Cubre todo con un trapo, y deja que repose hasta que doble su tamaño –hora y media–. Calienta el horno a 170º. Hornea hasta que el pan muestre un dorado ligero, aproximadamente de entre 20 y 30 minutos. Cubre con papel aluminio y deja hornear otros 10 minutos hasta que el pan esté dorado por abajo. Remueve del horno y dejar enfriar en la parrilla. Para el decorado, derrite la margarina y satura bien los panes con ayuda de una brocha de cocina, e inmediatamente espolvorea el azúcar por encima. Disfruta con una taza de chocolate. 

 

 



5 hongos comestibles que alivian el estrés

Los hongos, además de ser deliciosos, cuidan la salud en momentos de estrés.

La magia de los hongos ha sorprendido a los seres humanos durante siglos. La antigua China reconocía sus propiedades curativas en el extenso arsenal de su medicina tradicional. Los hongos medicinales se utilizaban para tratar condiciones tan variadas como la infertilidad y el estrés pos-traumático. Ahora, hay cada vez más pruebas de que este delicioso alimento puede mantenernos sanos en momentos de estrés.

Algo que todos los hongos comestibles tienen en común, además de su versatilidad en la cocina, es la regulación de los niveles de cortisol. Nuestro cuerpo libera esta hormona cuando sentimos estrés, y aunque es benéfica para el cuerpo en cantidades moderadas, su producción excesiva puede hacernos daño. Por fortuna, los hongos medicinales vienen al rescate. Estas 5 especies de hongos te ayudarán a recobrar energías, sanar tu cuerpo y aliviar los efectos nocivos del estrés. 

1. Reishi

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El hongo reishi tiene el beneficio de aliviar el insomnio, uno de los problemas más comunes provocados por el estrés. Cuando el cerebro trabaja a mil por hora, es difícil conseguir la paz necesaria para que el cuerpo descanse apropiadamente. Al no dormir suficiente, el estrés de la vida diaria aumenta, dando lugar a un ciclo vicioso.

El reishi calma el sistema nervioso y ayuda a conciliar el sueño. Para sacarle jugo a sus propiedades, prepárate una taza de reishi unos minutos antes de dormir. Agrega un poco de miel para mitigar su sabor amargo. 

2. Cordyceps

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El cordyceps ha sido utilizado en la medicina tradicional tibetana y china durante años. Además de reducir los niveles de cortisol, este hongo estimula los procesos cognitivos del cerebro, que suelen padecer ante el estrés. No es raro que nuestra memoria falle en condiciones de alta tensión, o que nos cueste trabajo concentrarnos. El cordyceps alivia estos problemas y nos energiza por su alto contenido de beta-glucano, un tipo de azúcar que se encuentra en las paredes de sus células. 

3. Chaga

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Este hongo reduce la inflamación, otra de las consecuencias que el estrés puede ocasionar en el cuerpo. La inflamación aumenta el riesgo de padecer diabetes, obesidad y enfermedades neurodegenerativas, con alguna incidencia en el cáncer. El chaga es rico en fibra y antioxidantes, además, reduce la inflamación del tracto gastrointestinal. Esto es especialmente útil para las personas que sufren de colitis nerviosa. 

4. Melena de león

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Otro hongo que mejora los procesos cognitivos del cerebro es el llamado melena de león. Trabaja estimulando la producción de un neuropéptido encargado de mantener y regular el crecimiento de las neuronas. Para conseguir sus beneficios, es necesario tomar dosis diarias por un período largo de tiempo. 

5. Cola de pavo

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Este hongo, llamado así por su forma, tiene propiedades antibacteriales y antivirales; es un suplemento en el alivio de los resfriados y las infecciones de las vías respiratorias. Pero eso no es todo: quizá la propiedad más especial de este hongo son sus beneficios para el sistema inmune. La cola de pavo ayuda en la regeneración de las células blancas en la sangre. Por eso, en países como Japón es utilizado como un suplemento para tratar el cáncer, acompañando a la quimioterapia y radioterapia. 



La gentrificación en Berlín provoca avistamiento de fantasmas callejeros

La instalación “Los desahuciados” del colectivo Reflektor busca crear empatía con las historias de quienes fueron desalojados por la gentrificación.

Fatma es una inmigrante turca que vivía en el distrito de Neukölln, un barrio obrero de Berlín, que en los últimos años se ha puesto muy de moda. Cuando su esposo Ali no pudo pagar el alquiler de la casa donde vivían, tuvieron que mudarse con sus suegros, donde Fatma tiene que ocuparse de todas las labores.

Historias como esta son las que el colectivo de arte callejero Reflektor intenta recuperar a través de la instalación Los desahuciados.

Se trata de muñecos fantasmales dejados en distintos puntos del barrio que buscan romper con la inercia de la ciudad ideal, y recordar que antes de que llegaran las galerías y los cafés de moda, Neukölln era un barrio residencial cuyos habitantes fueron expulsados paulatinamente debido al encarecimiento de la vivienda y la voracidad inmobiliaria.

La gentrificación ocurre cuando una zona se pone de moda, por lo que los precios de la vivienda y los servicios aumentan. Estudios recientes indican que estos movimientos en la organización de las ciudades podrían llevar a un aumento en casos de depresión y ansiedad clínica, entre otros padecimientos mentales.

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Los desahucios en la zona han aumentado dramáticamente los últimos años (imagen: Eva Maria Stotz)

Según Matthias Holland-Moritz de Reflektor, las esculturas representan historias ficticias basadas en hechos reales. “Se trata de la estigmatización, de estar ahí afuera, socialmente muertos.”

Desde hace unos años, la zona se volvió blanco de grupos inmobiliarios internacionales que han abierto bares, restaurantes y cafés, lo que provocó el desalojo masivo de mucha gente que solía vivir ahí.

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Las esculturas de todas las edades tienen un globo de texto en el que los transeúntes pueden leer sus historias, así como visitar el sitio web del proyecto para concientizarse sobre las condiciones de los antiguos habitantes del barrio.

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Las esculturas buscan romper la inercia de los nuevos inquilinos y turistas (imagen: fantasma-gentrificacion-Eva Maria Stotz)

Además de ser un interesante proyecto artístico, Los desahuciados busca prevenirnos mediante un ejercicio de empatía de que cualquiera de nosotros puede encontrarse en algún polo de la lógica de la gentrificación: apropiándose del espacio de alguien que solía vivir ahí, o siendo desalojado al no ser capaz de pagar lo que los administradores inmobiliarios exigen.

 

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