Este es el verdadero impacto ecológico del muro entre EE.UU. y México

Los jaguares, borregos cimarrones, el berrendo sonorense, castores y ocelotes, son sólo algunas de las especies que se encuentran en peligro de extinción debido al muro fronterizo entre EE.UU. y México

Imagen principal: El País

A unos días de las elecciones estadounidenses, las cuales marcarán otro evento en la historia en la frontera entre EE.UU. y México, se ha analizado la propuesta del candidato republicano Donald Trump sobre construir un muro que separe a ambos países. Más allá de los arreglos misóginos, xenofóbicos y hitlerianos que existen en sus discursos, el impacto de este muro –ya existente– tiene efectos importantes para el medio ambiente. 

De acuerdo con una publicación en el periódico La Jornada, este muro, que ahora mide más de 1 000 km, ha afectado a la biodiversidad de la zona. En especial cuando se trata de la migración y los movimientos de más de 800 especies de mamíferos, reptiles y anfibios. 

Gerardo Ceballos, del Instituto de Ecología –IE– de la UNAM, explica que este muro no sólo ha impactado negativamente en los problemas socioeconómicos de entre EE.UU. y México, también ha violado acuerdos internacionales ambientales y, por tanto, la soberanía de México. Incluso, considera que reforzar un muro, según los ideales de Trump, es una “estupidez”, pues es una de las regiones más ricas en flora y fauna de todo el continente. Los impactos serían terribles.

Los jaguares, borregos cimarrones, el berrendo sonorense, castores y ocelotes, son sólo algunas de las especies que se encuentran en peligro de extinción y requieren de esos movimiento migratorios para mantener viviendo a sus poblaciones. De modo que si el muro se convierte en una barrera infranqueable, estas especies se volverían más susceptibles a su desaparición. Para Ceballos, el muro no sólo impacta a la población de la flora y fauna, también la calidad y cantidad de agua, la calidad de aire y la fertilización de los suelos. En otras palabras, el muro ha cambiado el flujo de los ríos, provocando problemas acuíferos que afectan a ambos países. 

Si el muro se construye, más de 800 especies se verán aún más afectadas. Por ello, Ceballos insiste en reconocer que cualquier nación puede proteger su soberanía de la manera que considere adecuada, tomando en cuenta el respeto a la soberanía de otro territorio y a los acuerdos internacionales en temas ambientales: “Levantar el muro ha sido una flagrante violación estos tratados. Y el gobierno mexicano no ha hecho un reclamo lo suficientemente severo ante la amenaza.”

Para enfrentar esta situación, el especialista en biogeografía invita al Estado mexicano a recurrir a la Corte Internacional de Justicia de las Organizaciones de Naciones Unidas –ONU– en La Haya, para presentar su queja; o acercarse al gobierno estadounidense para que en las regiones amplias en donde no hay un muro, se garantice el paso de fauna y flora. Para ello, el experto propuso que el Laboratorio de Ecología y Conservación de Fauna Silvestre se encargara de proporcionar soluciones de manejo y vigilancia de la frontera que fueran menos intrusivas y disruptivas para la diversidad biológica, los servicios ambientales y los derechos humanos: 

Haremos una propuesta formal al Ejecutivo federal y a la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales –Semarnat– sobre las acciones a seguir, de manera respetuosa para EE.UU. y México, a fin de abordar este tema con la mayor ciencia y tecnología, evitando afectar a los pobladores locales, a la fauna, la flora y a todos los servicios ambientales que la región brinda.

 


Un día en la vida de los niños monje (Video)

Un breve cortometraje en silencio relata un día entero en la vida de estos niños que se preparan para ser monjes.

Si lo que se quiere es extraer aprendizaje valioso de una vida, hay que buscar más allá de los libros; hay que dirigirnos a la experiencia cotidiana y observar. Concretamente, aquella que aún resguarda los pilares de un origen, por ejemplo, la experiencia que nos regala la tradición y la cultura.  

El caso de los niños preparados para ser monjes budistas, en lugares como el Tíbet, Tailandia o Sri Lanka, es un ejemplo, y uno muy único. Para muchos loable, para otros habitual, pero todos concuerdan con que sin duda es un acto férreo. Durante semanas, meses y algunos casos toda la vida, estos niños adquieren hábitos como la meditación, la oración y sobre todo la disciplina de madrugar. Costumbres tan simples se transforman en un ritual con la frecuencia, transformando no sólo la manera de concebir el mundo desde pequeños, también su destino.

Si bien esta tradición puede parecernos asombrosa en otros lugares de la orbe, la sorpresa que para este texto interesa no es el acto de convertirse en monjes desde pequeños, sino eso que podemos ver como un “sacrificio“, pero que para ellos es un acto natural en la vida cotidiana. Dicho de otra forma, un sacrificio que destila simplicidad, o encuentra asombro en las cosas más sencillas de la vida. Muchos de estos niños, por ejemplo, se vuelven mojes para hacer méritos por su madre, un sacrificio bastante noble. 

Como una especie de cortometraje, los siguientes videos nos muestran un poco de esa cotidianidad fresca que viven los niños monje (pirivena) durante su preparación. Se mira a un grupo de muchachos de Sri Lanka, levantarse de madrugada para asearse y comenzar a orar antes del amanecer, mientras otro monje mayor les prepara el té. Vemos cómo ofrecen a Buda Pūjā en uno de los principales santuarios, realizan breves sesiones de meditación y siguen sus estudios, que incluyen temas como las matemáticas.

Sin mencionar una sola palabra el día a día de estos niños budistas continua, y se desliza por la simplicidad de actos como barrer y limpiar el templo. 

Aunque a muchas personas no les gusta la idea de que los niños se conviertan en monjes, de hecho sus vidas usualmente suelen ser muy ordenadas, pacíficas y educativas. Durante su preparación también aprenden autodisciplina, el complejo acto de vivir con los demás y cómo enriquecer sus propias vidas y servir a las comunidades en las que viven.



¿Cuál es la huella ecológica de tu perro según sus objetos? Fotografías para reflexionar

Los perros también tienen posesiones: ¿qué significa eso para el planeta?

Un perro no concibe los objetos como nosotros lo hacemos, pero cada uno va haciéndose de algunas posesiones personales que significan tanto para ellos como podrían significar para nosotros. Además, como la fotógrafa Alicia Rius quiso destacar en la serie A dogs life, los objetos que los perros poseen a lo largo de sus vidas conforman su identidad.

A dogs life es una original indagación en aquello que los afectos personales dicen sobre la personalidad de los perros, todo captado en una sola y expresiva imagen. El resultado es divertido e invita a reflexionar sobre los perros como seres complejos, los cuales tienen sus propias filias y fobias.

Pero adicionalmente, y aunque ese no es el objetivo original de Rius, nos hacen pensar en lo que consume nuestro perro en términos de recursos. Esto, en las fotografías de Rius, puede verse en toda su magnitud:

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Aquí el perro de tipo “princesa” en la serie A dogs life que, como puede apreciarse, tiene acceso a más cosas de lo que lo tienen millones de personas en el mundo.

Según un estudio de la University of California, los perros y los gatos son responsables de hasta un 30% del consumo de carne en Estados Unidos.

Sin embargo, escasean los estudios sobre el impacto que las mascotas tienen para el planeta. Pero no es difícil adivinar que la huella ecológica que dejan los perros es enorme, no sólo por lo que comen, sino por los objetos de los cuales hacen uso.

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Desde los accesorios que usamos para su aseo, los collares y correas para pasearlos, pasando por las camas para que duerman, sus juguetes y hasta las bolsas de plástico para recoger sus heces: todo debería ser tomado en cuenta en índices que recogieran lo que la parafernalia canina implica para el planeta.

Pero según la investigación de Brenda y Robert Vale, una pareja especializada en viviendas ecológicas y autores del libro ¿Hora de comerse al perro? La guía real para una vida sostenible, el mantenimiento de un perro mediano deja una huella ecológica superior a la de un vehículo 4×4.

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Es evidente que la conciencia ambiental tiene que irradiarse a tal grado que pueda proponer y fomentar una vida sustentable en los perros, algo que depende de nosotros más que de ellos.

Generar, por ejemplo, una industria de comida orgánica para perros que sea amigable con el ambiente sería un compromiso no sólo con la salud de nuestros perros, sino con la del planeta.

Eso, y dejar de hacer a nuestros perros consumidores de objetos innecesarios, es una tarea urgente si queremos seguir compartiendo la vida –y el mundo– con ellos.

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