¿Habitar otro planeta? Descubren homólogo de la Tierra en la Próxima Centauri

La Próxima b orbita a una distancia óptima de su estrella madre, la Próxima Centauri, facilitando la existencia de agua líquida en su superficie.

Imagen principal: nasa.gov

A lo largo de 20 años, la NASA no sólo ha confirmado alrededor de 3 200 exoplanetas –planetas que orbitan alrededor de otras estrellas, como nuestro Sol– en algunas partes de nuestra galaxia, también propuesto 5 600 candidatos para confirmar como planetas. Estos descubrimientos han permitido inclusive ir más allá: reunir evidencia que permita considerar un planeta en donde sea posible la vida como en la Tierra. 

Y parece ser que, de acuerdo con información de la NASA, los investigadores encontraron ya a ese planeta con las características que permitan la vida. Usando el un telescopio de European Southern Observatory en La Silla, en Chile, descubrieron que este planeta, del tamaño de nuestra Tierra, orbita a una distancia óptima de su estrella madre, la Próxima Centauri, facilitando la existencia de agua líquida en su superficie. 

proxima centauri habitable
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Se trata de la Próxima b, la cual viaja alrededor de la Próxima Centauri, el miembro más pequeño de un triple sistema estelar conocido como Alpha Centauri. Y a tan sólo 4 años luz de distancia, Próxima es la estrella más cercana a la Tierra –además del Sol–. 

 Para Olivier Guyon, un “cazador” de planetas afiliado a la NASA y profesor asociado en la Universidad de Arizona, en Tucson, este descubrimiento cambia todo lo que pensábamos del universo. Para él, “La estrella más cercana a nosotros tiene un posible planeta rocoso en una zona habitable. Es un asunto importante. Esto impulsa la creencia de que toda la evidencia existen de que esos planetas están cerca, y que la mayoría de ellos están probablemente cerca de nosotros. Es extremadamente emocionante.”

Este nuevo planeta, la Próxima b, es al menos 1.3 la masa de la Tierra y su año equivale a 11 días en nuestro calendario. 

 



De la culpa, la frustración y cómo evitar caer en ese espiral con la meditación

No hiciste lo que debías, pero, ¿sentir culpa arreglará algo?

Realizar una disciplina requiere, precisamente, disciplina, es decir, tener orden y paciencia para poder aprender. Si queremos obtener resultados en una práctica, como la meditación o cualquiera semejante, necesitamos comprometernos: darle suficiente tiempo a la semilla que plantamos para que pueda florecer. Lo importante no es ni siquiera el “objetivo final”, sino hacer que el camino sea agradable.

Pero sucede a menudo que perseguir con tanta ansia la disciplina y la perfección nos lleva a retroceder en ese camino. Nos exigimos tanto que cualquier tropezón es como un pecado. Y eso nos hace entrar en una espiral de culpa: una caída sin fin previsible que nos lleva desistir. Y ahí surge la pregunta: ¿sirve de algo juzgarnos tan severamente? Parece ser que rara vez nos ayuda. Lo que sí sirve es conocernos, y eso requiere conocer y reconocer también a nuestra culpa.

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Observa tu culpa (no juzgues) 

En un genial artículo para Tricycle, la psicóloga clínica Tara Brach –también experta en meditación– afirma que lo primero que tenemos que hacer es analizar nuestra culpa.

Según esta experta, observar nuestra propia culpa –que la desata, cómo se desarrolla y cuáles son sus consecuencias– nos ayudará a saber cómo lidiar con ella. Pero antes que nada, nos ayudará a saber que la culpa es ni más ni menos que un sentimiento natural y que no podemos evitarlo. Es uno de esos pensamientos obsesivos que, según la filosofía zen, no debemos intentar bloquear, sino dejar fluir.

Como dice Brach, la culpa puede ser un llamado de atención: un recordatorio de que debemos escuchar a nuestro corazón y lo que realmente queremos. Por otro lado, puede ofrecer una oportunidad de adaptación, porque si nos sentimos mal por algo que no hicimos, ¿qué nos impide hacerlo en otro tiempo o lugar? Lo importante es que la culpa no se convierta en una espiral que conduzca a un paralizante remordimiento. Y menos si no hay razón para ello, ya que a todos se nos puede olvidar hacer algo, o nos puede distraer una preocupación. Porque a decir de Brach:

Actuar desde la culpa no transforma. Sólo refuerza nuestra identificación con un yo deficiente.

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En ese sentido, la culpa es un sentimiento que precede o acompaña a la depresión –el trastorno paralizante por excelencia–, pero que visto de cerca pierde todo sentido. ¿De dónde viene el “sentirnos mal” o nuestra depresión? ¿No vendrá acaso de una aspiración errónea? “Debo ser el mejor”, “No puedo fallar”, “Todo tiene que salir a la perfección”, son imperativos que a veces no son lo que queremos, sino lo que nos imponen.

Para escuchar el mensaje que el sentimiento de culpa nos quiere mandar tenemos que deshacernos de estos imperativos sociales. Después, debemos ver si más allá de estos mandatos hay alguna necesidad interna que no estemos logrando realizar debido a nuestra falta de compromiso o disciplina. Esa será una culpa más sincera y a la que valdrá la pena escuchar, para saber así en qué debemos reflexionar o qué debemos cambiar en nuestra vida.

Un extra hack: conéctate con el aquí y el ahora

Es importante no olvidar que es la vida contemporánea la que nos hace tan difícil el ser disciplinados. Prestar atención por más de un segundo, en nuestra época, es casi imposible, aunque sea tan importante. Si quieres ser disciplinado y más constante, quizá debas intentar con prácticas que no sean tan demandantes y que te permitan entrar a lo que la psicología llama “el estado de flujo”. Por ejemplo, pintar, origami o tejer: tareas creativas que, al realizar, nos permiten entrar en estados meditativos, y que logran conectarnos con el aquí y el ahora gracias a que ejercitan la constancia y la concentración.

 

*Imágenes: 1) cc; 2) Archive Timothy McCarthy; 3) Muhammed Sajid



Astrónomos descubren 104 planetas nuevos

El hallazgo de estos exoplanetas da paso a una nueva era de descubrimientos astronómicos.

Aún hay secretos por desenterrar en el universo conocido, y el más reciente descubrimiento de la NASA lo demuestra. Aunque las misiones del telescopio espacial Kepler han cesado oficialmente, los datos que recolectó a lo largo de los años llevaron a un grupo de astrónomos a identificar 104 nuevos exoplanetas.

Los hallazgos que se publicaron en agosto y noviembre en Astronomy Journal describen planetas de una asombrosa variedad. Hay planetas que orbitan, como el nuestro, en sistemas multiplanetarios; otros gigantes de piedra giran peligrosamente en torno a sus estrellas

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¿Cómo dieron con ellos los astrónomos? Al combinar los últimos datos del Kepler con el mapeo estelar de la misión Gaia, se encontraron con halos de luz que circundaban los planetas, indicando la presencia de sus soles. 

Se han contado 34 planetas con una composición similar a la Tierra, aunque carentes de atmósfera. Seguro son inhabitables, pero no hay por qué desanimarse: el descubrimiento de estos peculiares cuerpos nos ayudará a descifrar su historia y a comprender un poco mejor la evolución del universo.

El adiós al Kepler es definitivo, pero un nuevo satélite, TESS, ha tomado su lugar. Las misiones están comenzando a concretarse y el año que está a punto de comenzar se perfila como una nueva era de grandes descubrimientos.

 

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