Cambio climático causa migración de inuits en Alaska

La población inuit votó por la reubicación pero no han tenido los fondos suficientes para lograrlo.

El cambio climático ha provocado una serie de afectaciones ambientales, sociales y económicas. De acuerdo con la ONU, las poblaciones indígenas han sido las más afectadas por este fenómeno, pues han tenido que enfrentar temporadas críticas de sequía o inundaciones –que impactan negativamente en la agricultura y ganado–.  Como es el caso de la población inuit en Alaska, en un pequeño pueblo de la isla Sishmaref, justo al norte del Estrecho de Bering. 

Esta comunidad esquimal es de tan sólo 600 miembros indígenas, y planean mudarse a tierra firme debido a los efectos del cambio climático, como por ejemplo la erosión costera. Para ello han realizado un referéndum: 89 de los miembros están a favor de la reubicación, 78, optaron por quedarse siempre y cuando se añadiera una serie de acciones ambientales preventivas. 

Desgraciadamente ambas opciones requieren un alto costo: el mudarse implicaría un gasto de 180 millones de dólares; quedarse con protección de control de erosión, 110 millones de dólares. Sin embargo, esta no es la primera vez que la comunidad está siendo amenazada por la naturaleza: tanto en en 1970 como 2002, la población inuit votó por la reubicación pero no han tenido los fondos suficientes para lograrlo. 

Para este pueblo inuit en Sishmaref es una cuestión importante pues implicaría un cambio de paradigma de la cultura misma. Han estado en esa isla por más de 10 000 años, por lo que la reubicación impactaría en cada una de las generaciones que han crecido –y crecerán– ahí. Pero hay algo seguro: “Cualquier decisión que se tome, necesitamos pensar hacia el futuro.”



Cambio climático incrementa número de guerras, estudio confirma

Los desastres climáticos no son los detonadores directos del conflicto, sino facilitadores que aumentan el riesgo de un conflicto violento dentro del contexto de las etnias.

Fotografía principal: porttada.com

Sequías e inundaciones son sólo algunas de las afectaciones más populares del cambio climático. Estas han conllevado a pobreza extrema de las poblaciones rurales, migración de etnias o trabajadores del campo hacia zonas urbanas para sobrevivir, expropiación de terrenos rurales por parte de grandes empresas que buscan recursos básicos como agua, madera, fosas petroleras, etcétera. Y parece relacionarse también con el incremento de guerras en el mundo.

En su investigación por parte del Potsdam Institute for Climate Impact Research, el Dr. Carl Schleussner explica que a lo largo de 30 años ha analizado estadísticamente la relación entre los conflictos armados y los desastres naturales causados por el cambio climático. Descubrió que al menos uno de cuatro conflictos en países divididos por etnias, coincidía con calamidades climáticas. Para él, las guerras deberían también agregarse en la lista de las consecuencias asociadas con el cambio climático: “Los desastres naturales asociados con el devastador cambio climático tienen un potencial disyuntivo que parece jugar un rol importante en sociedades étnicamente fraccionadas, en una manera particularmente trágica.”

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Los desastres climáticos no son los detonadores directos del conflicto, sino facilitadores que aumentan el riesgo de un conflicto  violento dentro del contexto de las etnias. La idea de asociar la violencia con desastres naturales es controversial. Pero se ha comenzado a considerar la diversidad étnica de un país como un factor indispensable en el surgimiento de guerras; principalmente con un bagaje de conflictos históricos, pobreza y desigualdades comunitarias. 

Globalmente hay un 9 por ciento de coincidencia entre un conflicto armado y un desastre natural como sequías y olas de calor; pero en los países con diversidad étnica, como en África, Asia Central y América Latina, aumenta hasta un 23 por ciento. Los países con mayor diversidad étnica son los más “fraccionados” y los “focos rojos” de conflictos violentos. 

En las proyecciones del cambio climático se ignoran las efectos sobre estas regiones que están necesitando apoyo para contener no sólo los efectos inmediatos de los desastres naturales, también prevenir la incidencia de eventos violentos. Por ello, el autor invita a considerar el efecto del cambio climático sobre la alta incidencia de guerras en el mundo y así reforzar una educación ecosustentable. 



Sobre el carbono azul o cómo los océanos combaten el cambio climático

Detener la degradación de los sumideros de carbono marinos y frenar la deforestación de los bosques tropicales, podría mitigar hasta un 25% las emisiones de CO2 en toda la Tierra.

Los océanos son expresiones de la naturaleza que albergan una gran belleza y diversidad biológica. Sus profundidades han inspirado a poetas, escritores y aventureros. Además, de acuerdo con especialistas, el cuidado de los ecosistemas también podrían ser clave para mitigar la crisis ambiental.

Se llama carbono azul al dióxido de carbono (CO2) almacenado en diferentes ecosistemas marinos y costeros como arrecifes de coral, bosques de manglar, fitoplancton, fanerógamas, macro algas fotosintéticas y otros humedales.

Esta captura de carbono corresponde a un proceso natural en el cual las plantas de los océanos capturan las emisiones de carbono de la atmósfera y lo almacenan durante milenios en el sedimento.

El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) afirma que los ecosistemas marinos capturan 5 veces más carbono que los bosques tropicales. Ante ello, el organismo internacional y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) consideran al carbono azul esencial para combatir el cambio climático.

PNUMA asegura que los ecosistemas oceánicos con cubierta vegetal, en particular los manglares y las marismas, cubren menos del 0.5% del fondo del mar. Sin embargo, su eficiencia como sumideros de carbono logra capturar entre el 50% y 70% del total del carbono en el planeta.

Es así que resulta necesaria la protección y conservación de los ecosistemas marinos, debido a que la mayoría de las políticas internacionales asumen el cuidado de los bosques como medida para el equilibrio ambiental, restando importancia a la gran capacidad de los mares y océanos.16-01-27 ecoosfera (1)

El ritmo de pérdida de los ecosistemas marinos es mayor que el de cualquier otro ecosistema. De acuerdo con PNUMA en algunos casos es hasta 4 veces superior al de los bosques pluviales. En promedio se pierde entre el 2% y el 7% de los sumideros de carbono azul por año, es decir siete veces más rápido que hace 50 años.

Detener la degradación de los sumideros de carbono marinos y frenar la deforestación de los bosques tropicales, podría mitigar hasta un 25% las emisiones de CO2 en toda la Tierra.

Promover la conservación de los ecosistemas marinos es la mejor estrategia para apoyar al planeta ya que los océanos son el hogar de especies emblemáticas como las ballenas, corales, tiburones, entre otros. Además, gracias a los mares y zonas costeras, muchas personas obtienen una remuneración económica por actividades sustentables. Sin duda, las profundidades del mar no dejan de sorprendernos.

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