“¿Qué necesitas para ser feliz y saludable?”, Harvard sorprende con la respuesta

Para Robert Waldinger, psiquiatra y profesor en la Universidad de Harvard, para ser feliz y tener una buena vida no es necesaria la fama, el dinero ni el éxito, sino unos buenos vínculos afectivos.

La experiencia de la felicidad es difícil de definir. Desde la Antigüedad, tanto Occidente como Oriente, han tratado de encapsularla como dos tipos de experiencias: una, en el mundo occidental, como una experiencia pasajera –similar a la alegría y al placer–; otra, en el mundo oriental, como una cualidad que resulta de un estado de armonía interna, y la cual se manifiesta como un sentimiento de bienestar que perdura a lo largo del tiempo

Podría decirse que ambas nociones ayudan a perfilar la noción de la felicidad. Desgraciadamente, éstas no son capaces de decir qué es lo que causa la felicidad absoluta. En la actualidad, hay quienes aseguran que la felicidad es la fama, el dinero y el éxito; sin embargo, personas exitosas, famosas y ricas han llegado a cuestionar esta lógica. Para Robert Waldinger, psiquiatra y profesor en la Universidad de Harvard, en EE.UU., para ser feliz y tener una buena vida no es necesaria la fama, el dinero ni el éxito, sino unos buenos vínculos afectivos

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felicidad es…

Waldinger es el cuarto director del estudio más longevo en la historia de las ciencias, conocido como The Harvard Study of Adult Development. Desde 1938, numerosos grupos de psiquiatras y psicólogos se han encargado de observar la vida de 724 hombres. Es decir que año tras año, han ido conociendo la evolución de su trabajo, sus vidas hogañeras, su salud y sus historias. Y gracias a la persistencia de diferentes generaciones de investigadores, este estudio ha sobrevivido así como el 60 por ciento de los 724 hombres que siguen vivos y participando en el estudio; inclusive, se ha comenzado a analizar a más de 2 000 niños de estos hombres. 

De los 724 hombres originales, un grupo pertenecía a la Universidad de Harvard; el otro, a los vecindarios más pobres de Boston. Algunos de ellos fueron a la guerra; otros vivían en condiciones difíciles –sin acceso de agua inclusive–. Explica Waldinger, “a la hora de entrar a este estudio, estos adolescentes se convirtieron en adultos; fueron trabajadores de fábrica, abogados, albañiles, doctores y un presidente de Estados Unidos. Algunos desarrollaron alcoholismo. Otros pocos, esquizofrenia. Unos subieron los peldaños sociales desde el fondo hasta la cima, otros hicieron ese mismo viaje en una dirección opuesta.” 

A través de este estudio, los efectos del paso del tiempo marcaron un patrón interesante: sin importar la condición social ni económica, la calidad de vínculos afectivos cambiaba la percepción de la vida –e incluso de la salud–.  Waldinger continúa: “¿Cuáles son las lecciones que hemos conseguido de estas miles de páginas de información que hemos generado sobre estas vidas? Bueno, las lecciones no son acerca de dinero ni fama ni trabajar duro y duro. El mensaje más claro que hemos conseguido de este estudio de 75 años es: Buenos vínculos afectivos nos hacen más felices y saludables. Punto.”

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Concluye: 

Hemos aprendido tres grandes lecciones sobre vínculos afectivos. El primero es que las conexiones sociales son muy buenas para nosotros, y que la soledad mata. Las personas que están socialmente más conectadas con la familia, amigos y comunidad, son más felices, y físicamente más saludables, y viven más tiempo que las personas que están menos conectadas. Y la experiencia de soledad parece ser tóxica. Las personas que están más aisladas de lo que desean, tienden a ser menos felices, su salud declina de manera más rápida así como el funcionamiento de su cerebro, y viven menos tiempo que las personas que no viven solas.

[…] 

La segunda lección es que no se trata sólo del número de amigos que tengas, si se está comprometido en una relación, pero en la calidad de los vínculos afectivos más cercanos. Parece ser que vivir entre conflictos es realmente muy malo para nuestra salud. Conflictos constantes en el matrimonio, por ejemplo, sin mucha dosis de afecto, afecta mucho a la salud, quizá más que el divorcio. Y vivir en una relación cálida y buena es protectora.

[…] 

La tercera gran lección que aprendimos acerca de las relaciones y nuestra salud es que las buenas relaciones no sólo protegen nuestro cuerpo, también nuestro cerebro. Parece ser que estar vinculado con apego seguro con otra persona en nuestros 80 años, es protector, que las personas que están en relaciones donde se sienten inseguros, que no pueden confiar en otra persona, tienden a tener problemas de memoria más pronto. Y aquellos que tienen buenas relaciones, que sientan que pueden confiar en alguien, tienen menores afecciones en la memoria.

 



El cerebro también envejece (pero puedes mantenerlo joven con estos hacks de la neurociencia)

Adoptando algunos hábitos podemos mantener joven a nuestro cerebro.

Envejecer es un proceso natural al que no hay que temerle. Pero lo cierto es que, aunque el promedio de vida es mucho mayor ahora que hace un par de siglos, los estilos de vida contemporáneos están logrando envejecernos prematuramente. Y esto no es algo muy grato.

Así que, para aprovechar ese plus de vida con el que la evolución nos ha dotado, debemos buscar la longevidad para nuestro organismo ―incluido nuestro cerebro―. Y sólo podremos encontrarla en un lugar: nuestros hábitos. Uno de ellos, quizá el más importante, es la dieta. Como han comprobado quienes viven en la costa ―y más concretamente, en las llamadas “zonas azules”―, la longevidad reside esencialmente en aquello de lo que nos alimentamos.

Aunque existen muchos métodos
para mantener joven nuestro cerebro…

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NPR

No se trata de vivir más por el mero hecho de vivir más. Se trata de vivir bien. En el caso de nuestro cerebro, eso se traduce en fuerza, agilidad, capacidad de razonamiento, habilidades cognitivas agudas, buena memoria y, ¿quién sabe? quizá también habilidades predictivas. Y mantener estas capacidades es posible aunque pasemos de los 45 años de edad.

Y es que muchos estudios lo comprueban: a los 45 años el cerebro comienza a envejecer, y regiones cruciales de este órgano dejan de poder comunicarse como antes.

Pero no todo está perdido. ¿O no te preguntas por qué hay personas de 70 u 80 años tanto o más lúcidas que jóvenes de 17? El envejecimiento tal vez no sea infalible. Nosotros podemos cambiar el flujo de la evolución, también en lo que respecta al envejecimiento del cerebro.

Así que aquí te mostramos cómo mantener tu cerebro joven
con algunos hacks de la neurociencia:

Antes que nada, ejercita tu cerebro (¡es como un músculo!)

El cerebro es un músculo. O eso dicen, ¿cierto? Bueno, la comparación viene de que, al igual que un músculo, se le puede entrenar con algunos ejercicios para mantenerlo fuerte.

Pero no hablamos de aplicaciones de entrenamiento mental o juegos para que mejores tu capacidad cognitiva. Éstos han sido desacreditados por muchos neurocientíficos de distintas disciplinas.

De lo que se trata es de realizar algunas actividades más “mundanas” de forma cotidiana, como leer. Leer modifica nuestro cerebro de maneras muy positivas, pues promueve la empatía y mejora la atención. Actividades como esta estimulan lo que se conoce como “reserva cognitiva”, misma que nos protege de las lesiones, el deterioro y el envejecimiento. Leer hace que el cerebro crezca y desarrolle más neuronas y sinapsis, lo que a su vez nos provee de una mayor reserva cognitiva.

 

Ah, pero no te escapas de la actividad física…

La reserva cognitiva también se ve estimulada por el ejercicio, sobre todo el aeróbico. Si quieres una buena salud mental ―y también hacer que tu corazón evolucione― puedes hacer un poco de spinning.

 

Mantente oxigenado

Al oxigenarlo, estamos activando y estimulando áreas muy profundas del cerebro, que tienen que ver con la atención pero también con la regulación de las emociones, un aspecto que solemos olvidar pero que es clave mantener saludable.

Te recomendamos respirar profundo durante 5 minutos una vez al día, en cualquier momento. Pero será mejor aún si a tus actividades aeróbicas les sumas un poco de yoga, una práctica que relaja la mente y nos enseña cómo respirar, y que incluso puede ayudar a prevenir el Alzheimer.

 

Y no dejes de hacer ejercicios de razonamiento (aunque no sean lo tuyo)

Las matemáticas también mantienen joven a nuestro cerebro, sobre todo a la zona del hipocampo, que es la que tiene mayores implicaciones para la memoria. Además te pueden ayudar a llevar tus pensamientos a otro lado, promover la concentración y ayudarte a dejar de pensar en aquello que te estrese. También puedes probar jugando ajedrez.

 

También puedes procrastinar (con sentido)

El ocio ha estado siempre en disputa. Grandes pensadores lo detestan y lo alaban por igual. Pero, como bien dijo Bertrand Russell:

El sabio uso del ocio es un producto de la civilización y de la educación.

Siguiendo esta idea, es indudable que procrastinar es necesario, entre otras cosas, para ahuyentar la demencia. En un estudio se comprobó que las personas mayores que realizan actividades de ocio reducen en un 38% la probabilidad de desarrollar demencia. Y lo cierto es que hay muchas formas de procrastinar con sentido, y éstas te ayudarán asimismo a ser más productivo.

 

Y por supuesto: alimenta a tu cerebro

Algunos alimentos hacen estragos en nuestro cerebro, llegando incluso a interrumpir nuestras capacidades cognitivas. Es el caso de las grasas saturadas, por ejemplo. Otros, en cambio, pueden potenciar su salud, y más si se comen de ciertas formas, como recomienda el doctor Daniel Amen, miembro de la Asociación Americana de Psiquiatría. Este experto tiene muchos hacks y hasta un menú especial que hará las delicias de nuestro cerebro. 

Pero en el día a día puedes probar con algunos superalimentos infalibles, sobre todo con proteínas de origen vegetal como los garbanzos y las nueces.

Con estos simples hábitos podrás mantener joven a tu cerebro y tener una mente lúcida toda tu vida.

 

* Imagen principal: Ecoosfera