¿Cuáles son los 5 alimentos que previenen el Alzheimer?

Aunque los científicos no están completamente seguros de las causas del Alzheimer, la muerte de las células y la pérdida de tejido cerebral, se intuyen acciones preventivas como una dieta saludable.

El Alzheimer es una de las enfermedades neurodegenerativas más temidas y misteriosas para los casos de demencia. Sus principales síntomas son problemas con la memoria, alteraciones en la forma de pensar y comportarse, pérdida de una identidad de sí mismo, entre otras. 

Actualmente más de 3,4 millones de personas en América Latina y el Caribe sufren hoy de alzheimer; y se espera que para el 2030 haya 7.1 millones de personas con esta demencia –y 16 millones en el 2050–. 

María Carrillo, neuróloga geriátrica, Jefa de Investigación Científica de ALZ y organizadora del encuentro, explicó a Scientific American sobre el impacto de esta enfermedad neurodegenerativa en la población latina

Las sociedades de los países latinoamericanos deben prepararse para la cantidad de personas con demencia que tendremos de aquí a 15 ó 30 años. Hay que construir infraestructura, informar a las personas, educar cuidadores. No se trata solo de construir asilos para ancianos, sino asilos para personas con trastornos de demencia, porque ellos tienen necesidades médicas y sociales distintas. Y hay que empezar ahora.

Esto quiere decir la enfermedad de Alzheimer podría convertirse en una crisis que amenazará a esta región del planeta, y no se ha reconocido como debería ser. Principalmente ante los numerosos factores de riesgo en la comunidad latina; tales como las enfermedades vasculares, diabetes, obesidad, colesterol alto, presión alta, etcétera. 

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De acuerdo con Alzheimer Association, el Alzheimer interrumpe no sólo la manera en que las cargas eléctricas viajan entre las células, también la actividad de los neurorreguladores. Es decir que además de causar la muerte de las neuronas y la pérdida de tejido en todo el cerebro, éste también se va encogiendo al grado de tener una serie de afectaciones graves; como por ejemplo: 

  • Dado que la corteza se encoge, se dañan las áreas del cerebro usadas para pensar, planear y recordar;
  • y una vez que los ventrículos –espacios llenos de líquido dentro del cerebro– se vuelven más grandes, hay una pausa en la regeneración de neuronas y realización de sinapsis. 

Aunque los científicos no están completamente seguros de las causas del Alzheimer, la muerte de las células y la pérdida de tejido cerebral, se intuyen acciones preventivas. Como por ejemplo, una actividad física regular y constante, salud física y emocional plena, el consumo regular de ciertos alimentos saludables, entre otras. A continuación te compartimos cinco alimentos que ayudarán reducir el riesgo de esta enfermedad neurodegenerativa: 

Grasas insaturadas. Como por ejemplo, el aceite de oliva, aguacate o nueces. Estos alimentos apoyan al corazón y al cerebro, aumentando los niveles de colesterol bueno –siempre y cuando se consuman con moderación–;

Frutas y vegetales. Principalmente los que poseen una alta concentración de polifenoles y flavonoides. Una fruta diaria o un vaso de jugo de frutas cada dos días ayuda a prevenir la aparición de Alzheimer; 

Cúrcuma. Disminuye la inflamación en el cerebro y la inhibición de compuestos dañinos en las células nerviosas; 

– Espinaca, col, nabo y espárragos. Las hojas verdes o los tallos leñosos son ricas en ácido fólico así como en otros nutrientes, los cuales mejoran la función cognitiva; 

Vino tinto. Esta bebida es rica en resveratrol, una sustancia que reduce la producción de las placas beta-amiloide en el cerebro, las cuales se asocian con las marañas que provocan la muerte cerebral durante el desarrollo de este tipo de demencia. una copa de vino al día es suficiente. 

 



El ejercicio puede ser un momento mindfulness (tips para vaciar la mente)

¿Todas tus rutinas son intensas y están repletas de distractores? Mira esta propuesta.

Hacer ejercicio es la excusa perfecta para desconectarnos del mundo. Pero, ¿en verdad nos desconectamos?

Es cierto que la actividad física nos pone en un cierto ritmo, que suele ser muy parecido a eso que la psicología llama “fluir”: cuando nuestra mente se enfoca tanto en lo que estamos haciendo que se “desconecta”, y el tiempo pasa de otra manera.

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Pero para lograr ese estado psíquico –que raya en lo psicodélico– mientras hacemos algo tan complejo como es llevar nuestro cuerpo a su límite, la mayoría optamos por escuchar alguna playlist que sintonice con la potencia que queremos dar al ejercicio. Y eso es excelente: la ciencia ha comprobado que la música realmente provoca mayor energía y gozo durante las rutinas.

No obstante, también debemos recordar que la vida se compone de equilibrios. ¿Qué tal te sonaría intercambiar esas deliciosas rutinas intensas, por algunas donde lo más importante sea vaciar tu mente de distracciones? Es decir: introducir la practica mindfulness a tus rutinas.

¿Qué es el mindfulness?

Brock Armstrong, un coach, lo define así:

Me gusta pensar en el mindfulness como una centralización calmada
que te mantiene enfocado y en “alerta media”
mientras estás por completo presente y en el momento.

Quizá pienses que la tranquilidad del mindfulness va a interferir con tus resultados, sobre todo si lo que buscas es tonificar o fortalecer tu cuerpo. Pero, ¡para nada! Y Armstrong sabe por qué. Según dijo este coach para Scientific American, un estudio que analizó la correlación entre salud cardiovascular y prácticas mindfulness concluyó que:

La práctica mindfulness está positivamente asociada a una mejor salud cardiovascular.

El mismo estudio no dejó de lado otros factores, como el índice de masa corporal, los niveles estables de glucosa, si los pacientes fumaban o su tipo de actividad física. Pero en general comprobó que cualquiera fuese su situación, el mindfulness les aportaba mayor salud cardiovascular. Otros estudios han demostrado que existe una relación entre la constancia en el ejercicio y el mindfulness. Uno realizado sobre 62 pacientes mujeres comprobó que quienes practicaban meditación de forma continua durante la semana tenían un nivel mucho mayor de movimiento a lo largo de sus días.

Otro estudio concluyó que quienes se enfocan a través del mindfluness no renuncian a sus rutinas y se mantienen por mayor tiempo ejercitándose.

Los deportistas que tienen mayor atención son menos reactivos. Sus respuestas a las amenazas a su régimen de ejercicio son más enfocadas, lo que promueve una mayor constancia.

Los beneficios del mindfulness para hacer más eficientes las rutinas de ejercicio son muchos, y te permitirán ampliar los efectos anti-estrés que la actividad física provee.

Acá 3 propuestas para que empieces a aplicar el mindfulness a tu rutina

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Encuentra tu enfoque

Antes de cada entrenamiento, como si se tratara de un ritual pre-rutina, concéntrate en ti mismo y piensa en tus intenciones. ¿Qué quieres lograr con la rutina? Puedes ponerte objetivos tangibles: ser más fuerte, verte mejor, bajar de peso. Pero también puedes elaborar objetivos estimulantes: imagínate que quieres ser capaz de competir en unas olimpiadas, que te quieres preparar para ser astronauta o cruzar un océano entero. La imaginación será el límite, y esto te enfocará durante toda la rutina.

Fíjate en tu postura

El cuerpo, naturalmente o debido a nuestros hábitos, adopta ciertas posturas de manera inconsciente. Así que, cuando nos fijamos en la alineación del cuerpo, estamos viviendo corporalmente el presente de manera consciente. Antes, durante y después de tu rutina deber lograr que tu cuerpo este firme y recto, que tus hombros no suban hacia las orejas, que tu cuello se estire y nunca debes dejar de estar firmemente asentado al piso.

Respira profundo y con ritmo

No respirar correctamente es lo peor que podemos hacer. Afecta nuestro rendimiento, pero además afecta el funcionamiento de nuestro cerebro, que ve a su suministro de oxígeno volverse irracional. Esto también afecta nuestro estado psíquico, por lo cual debes cuidar de mantener una respiración con ritmo y lo más profunda que puedas, dependiendo el ejercicio que realices.

Imágenes 1 y 3) Bethan Mooney; 2) Eva Jauss



Puedes morir simplemente por renunciar a la voluntad de vivir, según nueva investigación

Se llama muerte psicogénica: no es lo mismo que la depresión y saberlo puede salvar vidas.

Aunque nuestro organismo es una especie de maquina de funcionamiento milimétrico, no es infalible. Depende, por supuesto, de nuestros hábitos: una vida sedentaria atrofia los músculos y debilita al corazón y la mente, pero una vida activa y una dieta equilibrada son los secretos de la longevidad. No obstante, la voluntad es una energía vital que, de faltar, puede ocasionar graves averías en nuestra máquina orgánica, y más todavía: puede conllevar a la muerte.

Morir por apatía o por una completa falta de voluntad es algo que sucede realmente. Se trata de una extraña condición llamada muerte psicogénica, que según el doctor John Leach, de la University of Portsmouth, puede ocurrir a partir de un trauma intenso. Bastan tres días para que este estado psíquico provoque la muerte.

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Laura Makabresku

Para Leach, esta condición debe diferenciarse del suicidio o la depresión extrema. Puede considerarse muy ligada a ésta última, pero la depresión no es capaz de provocar la muerte de la misma fulminante manera.

Y es que la muerte psicogenética consiste de cinco etapas

Cada una es parte de un proceso de desconexión de la realidad: una escisión entre cuerpo, mente y ambiente que podría ser ocasionado por un cambio en el funcionamiento del circuito cingulado anterior, una zona que media procesos de control ejecutivo y emocional, y que está ligada a la motivación.

Según investigaciones previas, la muerte psicogénica podría ser también una reacción a la sobreabundancia de ciertas hormonas en el organismo, liberadas por alguna vivencia traumática. En especial se ha comprobado que hormonas de adrenalina y del estrés son las más secretadas, y en exceso pueden ocasionar la muerte psicogénica.

Las 5 etapas de la muerte psicogénica

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Aislamiento

Un trauma capaz de arraigarse tanto como para causar estrés postraumático es el detonante de la muerte psicogénica. Lo primero que hacen los pacientes es aislarse y evitar toda interacción social, siendo indiferentes y sumiéndose en sí mismos.

Apatía

No obstante, un trauma no necesariamente trae consigo apatía. Pero sentirla es parte de la segunda fase, cuando la persona deja de tener energía y no hace esfuerzos en torno a casi nada y sobre todo descuida su aseo personal.

Abulia

En este punto la apatía se ha transformado en una respuesta emocional casi nula, al grado de que la persona no quiere hablar. Según Leach, este estado puede considerarse como “una mente vacía o una conciencia falta de contenido”

Acinesia

La acinesia es un estado de inmovilidad provocada por una reacción de protección. Pero en esta fase, la acinesia provoca incapacidad de movimiento debido principalmente al estado en el cual se encuentra la mente del paciente. Llega a ser tan contundente que la persona es incapaz de sentir dolor.

Muerte psicogénica

La etapa final es la completa rendición de la persona. La voluntad los ha abandonado por completo y quizá ni siquiera esperen morir. Sólo yacen tendidos sin mostrar emoción alguna ni miedo a la muerte.

Pero no debemos temer…

Según Leach,

Distintas intervenciones, como la actividad física, pueden darle a la persona un sentido renovado de elección y de control que puede llegar a romper el terrible ciclo a través de la liberación de dopamina

Así que sobrellevar la ola siempre es posible. Y aún porque una experiencia devastadora no significa encallar en la isla de la apatía sin retorno. Por eso, siempre debemos trabajar en nuestra salud psíquica y espiritual para evitar cualquier posibilidad de que se pierda una de las energías más valiosas que nos mueve: la voluntad.

Lo más importante es que mantengamos a la mente y al cuerpo conectados. Rélajate, reconectate y ubica en el mapa de tu cuerpo al estrés. No dejes de propiciar el diálogo entre estas dos entidades maravillosas, y reactualiza tu capacidad de ser empático con toda la periodicidad que te sea posible.

 

*Fotografías: Laura Makabresku