¿Cómo vivir más tiempo? Tener genes latinos, confirma estudio

“Los latinos viven más tiempo que los caucásicos, a pesar que se enfrentan a mayores niveles de diabetes y otras enfermedades. Esto se le conoce como ‘la paradoja hispánica’.”

Dietas saludables, ejercicio, vínculos afectivos, sexo, earthing, son algunas de las prácticas más recomendadas para prolongar los años de vida. De hecho, hay numerosos estudios de diversos científicos que confirman la efectividad de estas actividades. Por ejemplo Robert Waldinger, decano de la Universidad de Harvard, insiste que vínculos afectivos de calidad no sólo dan más años de vida, también reducen la incidencia de enfermedades en la tercera edad; mientras que Nicholas Spitzer, de la Universidad de California, considera que el earthing, sexo y una dieta equilibrada son suficientes para una vida larga y saludable.

Pero para Steve Horvath, genetista la Universidad de California, Los Angeles –UCLA–, se necesitan genes latinos. De acuerdo con su investigación con bases epigenéticas, el ADN de la población latina tiende a envejecer más lento y, por tanto, gozan de una mayor longevidad que los caucásicos. En palabras de Horvath: “Los latinos viven más tiempo que los caucásicos, a pesar que se enfrentan a mayores niveles de diabetes y otras enfermedades. Esto se le conoce como ‘la paradoja hispánica’.

Actualmente la esperanza de vida de los latinos es de 82 años –en comparación con la de los caucásicos, de 79 años–, lo cual confirma que pese a que la población hispánica sufre de un mayor número de enfermedades cardiovasculares, obesidad y diabetes, tienen un 30 por ciento menor de morir en comparación con otros grupos étnicos.  

Horvath reunió 5 000 muestras de ADN de siete diferentes etnicidades, entre los cuales se encontraban latinos, caucásicos, africanos, afroamericanos, asiáticos del este e indígenas de tsimania –estos últimos se encuentran relacionados genéticamente con los latinos–. Después de los análisis pertinentes mediante un sistema de predicción epigenética de los años que el mismo autor desarrolló, se descubrió que los cuerpos de los latinos son biológicamente más “jóvenes” que los no-latinos de la misma edad. 

Lo realmente sorprendente es que su genética parece no verse afectada por el estilo de vida, tales como la dieta, estado socioeconómico y nivel educativo. Horvath menciona el ejemplo de las mujeres después de la menopausia, quienes resultan ser biológicamente 2.4 años más jóvenes que las mujeres no latinas de la misma edad. Para los autores, esta paradoja hispánica es curiosa: “Creemos que el ritmo de envejecimiento de los latinos ayuda a neutralizar el alto riesgo de enfermedades, particularmente el de la obesidad e inflamación. Nuestras observaciones sugieren fuertemente que los factores genéticos y ambientales relacionados con la etnicidad, pueden influir en la velocidad en que una persona envejece y cuánto tiempo va a vivir.”

De acuerdo con sus cálculos, la sangre latina vive dos años más que los caucásicos de la misma edad, pero la sangre tsimania es dos veces más joven que la latina. Los científicos atribuyen este fenómeno a que ambos poseen orígenes genéticos similares. 

 

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*Fotografía principal: Dorian Ulises López



¿Quieres inculcar el amor por la lectura? Háblale a los niños de tus libros favoritos (y otros 4 consejos)

Además de libros interesantes, los niños necesitan un ambiente libre de distracciones, además de involucrarse activamente en el proceso.

A menudo decimos que los niños y niñas “tienen integrado el chip digital“, o frases similares. Intentamos explicarnos el hecho de que, por primera vez en la historia, la educación de toda una nueva generación ocurriese en un mundo transformado por la revolución digital.

Pero el libro de papel, ese dispositivo analógico de lectura utilizado durante cientos de años, no desapareción con esa revolución: incluso parece que su importancia se ha fortalecido.

La frase “nativo digital” fue acuñada por Marc Prensky en el año 2001. Prensky, un educador reconocido, sugirió esa etiqueta para caracterizar a los individuos con alta eficiencia en la práctica de una serie nueva de habilidades, inéditas hasta entonces, que involucraban el uso de pantallas y dispositivos electrónicos.

Por extensión, poco a poco se asumió que los niños eran “nativos digitales”, mientras que Prensky se refería más bien a un proceso de aprendizaje que podía darse también en adultos.

El error se volvió vox populi, a pesar de que no existen estudios que respalden esa creencia. 

Sin embargo, sí existen estudios que sugieren maneras de acercar a los niños a la lectura.

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Buscar lugares donde los niños se sientan cómodos y no se distraigan es tan importante como encontrar libros adecuados.

 

La investigadora Margaret Merga ha notado que los niños en edad escolar responden muy bien a programas de lectura guiada. Su trabajo de los últimos años ha sido preguntarle a miles de estudiantes qué es lo que necesitan para leer con más frecuencia. Asombrosamente, no se trata de más tablets. Estas son sus sugerencias para hacer que los niños y jóvenes lean con más frecuencia.

1. Encontrar libros que los atrapen 

Probablemente puedes encontrar cientos de páginas web y bibliotecas digitales con libros para niños y jóvenes, ¿pero por dónde empezar? Una forma de evitar que la tecnología nos ponga el pie, es visitar directamente los lugares donde están los libros. Muchas librerías tienen áreas infantiles, y las bibliotecas públicas suelen ofrecer programas dirigidos a esta población, por lo que encontrar orientación será más sencillo.

2. Buscar libros de la misma serie/personaje/saga

La lectura “serializada” potencia que los niños sepan qué buscar cuando se encuentran en una biblioteca o librería. Por un lado, esto crea un mercado de lectores; por otro, fomenta en los niños la habilidad de buscar información por sí mismos.

3. Sensación de reto 

Si una actividad es muy sencilla, nos aburre; si es muy difícil, nos frustra. Con los libros ocurre igual. Cada lector necesita su propia motivación: ¿es curiosidad, necesidad de aprender, placer? Pero sea cual sea, recordemos que Borges recomendaba jamás leer un libro por obligación.

4. Un cuarto propio (o al menos un buen rincón de lectura)

Más importante que el soporte de lectura (sea digital o analógico) parece ser un espacio adecuado, ya sea en casa o en la escuela. Una habitación con demasiadas distracciones o una iluminación inadecuada puede ser suficiente para inhibir una sesión de lectura. Proveer estos espacios para los chicos, involucrándolos en su conservación, es tan importante como acercarlos a los libros. 

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Si la lectura estrecha vínculos es porque se le otorga tiempo y espacio.

 

5. Hablar de libros

Tal vez esto sea lo más difícil de lograr, pero también el primer paso lógico: si queremos que los niños y adolescentes lean, debemos ser lectores nosotros. Según esta hipótesis (que parece de sentido común), si los niños ven a los adultos leer, ellos desarrollarán interés en un rango más amplio de libros conforme crezcan.

No se trata solamente de los padres o los maestros: todos tenemos sobrinos, primos o niños a nuestro alrededor, ávidos de escuchar historias. 

Cabe señalar que los estudios se centran únicamente en los dispositivos como soporte de lectura, sin tomar en consideración otro tipo de usos (educativos o de entretenimiento). Es decir, no toman en cuenta que, en la práctica, los niños (especialmente los de familias de ingresos bajos y medios) pasan entre 4 y 8 horas conectados.

Si en este artículo insistimos en los libros de papel como soporte de lectura no es por nostalgia del formato ni mucho menos: existen buenas razones para creer que los dispositivos digitales ofrecen demasiadas oportunidades para distraerse de la lectura. Esto no quiere decir que los chicos no necesiten aprender a buscar archivos o bibliotecas enteras en Internet, sino de entender que la lectura es una forma de utilizar nuestra atención que, en estos días, es de por sí escasa. La lectura en formatos electrónicos y analógicos no debe ser excluyente.

Pero incluso cuando los niños y adolescentes ya pueden leer por sí solos, cuando necesitan leer para realizar tareas escolares o por gusto, la mayoría elige libros de papel. Algunas investigaciones indican que leer de esta forma incrementa la retención y la comprensión de lectura. 



Cada semana comes el equivalente de plástico a una tarjeta de crédito

¿Cómo sucede esto?

Si algo nos distingue como sociedad en la actualidad es la cultura del “usa y tira”. Y el material que más ha incentivado dicho estilo de vida consumista quizá sea el plástico, del cual nos hemos vuelto dependientes crónicos. Esto lo ha vuelto un material omnipresente, al grado de que se encuentra incluso en nuestras heces.

Te preguntarás, ¿cómo es que llega ahí? Bueno, eso es porque estamos comiendo plástico. Literalmente.

En todo el mundo, la persona promedio está ingiriendo aproximadamente 5 gramos de plástico cada semana, lo que equivale al peso de una tarjeta de crédito, según investigadores australianos de la University of Newcastle, comisionados por el World Wildlife Fund para estudiar las repercusiones actuales del plástico en el organismo humano.

El plástico está contaminando el aire que respiramos, el agua que bebemos y la comida que comemos.

Según el estudio Assessing Plastic Ingestion from Nature to People, cada semana comemos todo ese plástico a causa de los llamados “microplásticos”, los cuáles, se ha demostrado, contaminan el agua que bebemos, pues se desprenden de las botellas desechables. Pero en general, los microplásticos se encuentran ya en todo el ambiente –incluso llega a las montañas–. Esto quiere decir que también lo estamos ingiriendo por vía de la respiración.

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Bernd Wüstneck

Cada semana, una persona puede consumir
hasta 1769 partículas de plástico…
sólo del agua que bebe.

Aunque el estudio no es concluyente, abre una veta de investigación importante. Lo que es un hecho es que estamos ingiriendo plástico. ¿Cuánto? Esto, como el estudio sugiere, depende de cada estilo de vida, del lugar que habitamos y del tipo de actividades que realizamos, entre otras cosas. No obstante, cualquier cantidad ingerida de plástico ya es alarmante, pues este material es tóxico y puede llegar a interferir con procesos del organismo tales como la respiración o la digestión.

El verdadero problema es que ni siquiera el reciclaje nos salva de las consecuencias de los microplásticos ya que, como se ha comprobado, todos los procesos para reciclar los plásticos –incluso aquellos biodegradables– dejan una estela de microplásticos a su paso. Por eso, lo más importante es dejar nuestra adicción a los plásticos y cambiar nuestro chip del “usa y tira” por uno de “usar y reutilizar”. Eso, por supuesto, si queremos evitar todos los males que provoca el plástico, tanto a los organismos más grandes –como la Tierra– como a los más pequeños –nuestros cuerpos–.