Chernobyl podría convertirse en huerto solar que brinde energía renovable a Ucrania

Ahora, tras 30 años del accidente, el gobierno ucraniano anunció un plan para convertir este desastre ambiental en un huerto solar al construir una serie de páneles solares dentro de la zona de alienación.

Imagen principal: www.mcclatchydc.com

Chernobyl, uno de los mayores desastres medioambientales en la historia del planeta, fue el accidente nuclear más grave en la Escala Internacional de Accidentes Nucleares –sobre 7–. La explosión de hidrógeno, dióxido de uranio, carburo de boro, óxido de europio, erbio, aleaciones de circonio y grafito, provocada por el sobrecalentamiento del núcleo del reactor nuclear, liberó  500 veces más materiales radiactivos que la de la bomba atómica en Hiroshima en 1945. Esto provocó no sólo la muerte de 31 personas, también forzó al gobierno soviético a evacuar repentinamente a 116 000 personas y a emitir una alarma internacional de radiactividad en al menos 13 países de Europa central y oriental. 

Este accidente aisló la zona con 30 km de radio alrededor de la central nuclear y se le conoció como zona de alienación, la cual, por cierto, sigue aún vigente. De hecho, inmediatamente después del accidente, se construyó un “sarcófago” que aislara el interior del exterior con el fin de evitar la contaminación de radioactividad que continúe afectando el medio ambiente y la mortalidad poblacional. 

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Ahora, tras 30 años del accidente, el gobierno ucraniano anunció un plan para convertir este desastre ambiental en un huerto solar al construir una serie de páneles solares dentro de la zona de alienación. De acuerdo con Ostap Semerak, el ministro de Medio Ambiente de Ucrania, Chernobyl es un sitio potencial para energía renovable: “Ya tenemos actualmente unas líneas de transmisión de alto voltaje, las cuales fueron usadas previamente para las estaciones nucleares, y la tierra es muy barata y tenemos gente entrenada para trabajar en plantas de energía.

El objetivo no es sólo aprovechar una zona inhabitable por el humano, también conseguir, de manera económica y asequible, fuentes de energía renovable, que permitan reducir la dependencia energética hacia Rusia. De modo que se planea construir una serie de páneles solares que, una vez terminados, proveerán 4 megawatts de energía a todos los ciudadanos del país. 

Esto, de acuerdo con California Energy Commission, tan sólo 1 megawatt es suficiente para casi 1 000 casas; por lo 4 megawatts podría hacer la diferencia para los locales ucranianos. Para Semerak, pretenden establecer la zona con los estándares ecológicos que permitan el cuidado del medio ambiente y el uso ecosustentable de energía renovable para sus ciudadanos. 

Actualmente los oficiales ucranianos están tratando de conseguir los fondos económicos para elaborar este proyecto, pidiendo un préstamo al gobierno de EE.UU. y Canadá. Por lo que, en caso de conseguir la inversión, el proyecto tendrá cuidado en cuidar la vida salvaje que se encuentra al interior de Chernobyl, la cual ha regresado a florecer apenas el año pasado –2015–. 

 



Escocia ya genera mucho más energía limpia de lo que todos sus hogares necesitan

Escocia ha adoptado una actitud ejemplar en la generación de energía verde. La pregunta es: y el resto, ¿cuándo?

Mientras muchos países siguen apostando por los hidrocarburos (y ello a costa del planeta), otros como Escocia se han volcado a las energías limpias. Durante la primera mitad de 2019, los escoceses generaron suficiente energía como para abastecer las necesidades de casi 4.5 millones de hogares por 6 meses. Esto es el doble de los que hay en el país. 

Casi 10 millones de “horas megawatt” se generaron aquí en el primer semestre de 2019, la mayoría a través de molinos de viento. Recordemos que las condiciones meteorológicas de esta isla son ideales para cosechar el viento, por eso la apuesta eólica de Escocia. Así, cada país debería considerar las mejores alternativas para generar energía de acuerdo a sus particularidades geográficas.

Curiosamente, Donald Trump, quien es dueño de campos de golf en suelo escocés, criticó fuertemente la presencia de los molinos en el paisaje. Incluso presentó una demanda contra la apertura de una granja eólica. Por suerte, el gobierno local no escuchó al ahora presidente de Estados Unidos, y siguió su plan. Pocos años después, estos son los resultados.

Evidentemente aún faltaría toda la energía que requiere la actividad industrial y comercial, entre otras. Pero de acuerdo con su plan, para 2030 Escocia estará generando la mitad de toda la energía necesita. Es decir, con un plan sensato, y bien diseñado, de migración a energías limpias, realmente es posible (a corto o mediano plazo) que un país transforme su relación con este recurso.

De hecho, según una investigación, para 2050 casi todo el planeta podría estar funcionando con energía renovable. Casos como el de Escocia sin duda resultan inspiradores e, idealmente, ponen presión en otros gobiernos. A fin de cuentas, está claro que para alcanzar cualquier meta razonable a favor del planeta se necesita voluntad política, privada y social. 



El bosque de Chernóbil se ha convertido en una increíble reserva radioecológica

Más de 30 años después del accidente nuclear, el ecosistema inhóspito para la vida humana es refugio de especies amenazadas.

A raíz de la aceptación que ha tenido la serie Chernobyl de HBO, la pregunta latente por el papel de la vida humana sobre la Tierra se pone nuevamente sobre la mesa. Frente al reto del calentamiento global, ¿la naturaleza nos necesita o, más bien, somos nosotros quienes la necesitamos?

Pero mientras los humanos debatimos acerca de cómo preferimos extinguirnos, la vida se abre paso como si ya lo estuviéramos.

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Perímetro de la zona de exclusión en Bielorrusia

La Reserva Radioecológica Estatal de Palieski, en Bielorrusia, también tiene una historia que contar sobre los efectos del accidente nuclear del reactor número 4 de la planta Vladimir I. Lenin, en la Ucrania soviética, que dejó como saldo una zona de exclusión de 30 kilómetros alrededor del reactor y cuyo sarcófago es otra zona de peregrinaje necroturístico bastante visitado.

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Casi la mitad de la zona de exclusión está del lado de Bielorrusia

Esa zona de exclusión de 2,600 kilómetros cuadrados fue evacuada y sus 120,000 habitantes se convirtieron en los primeros exiliados nucleares de nuestra era. Pero a los pocos años, la naturaleza siguió su cauce. Investigadores británicos han constatado que las poblaciones de mamíferos han aumentado a pesar de la alta radiación desde 1988, 2 años después del accidente.

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Este lince, cuya especie se creía extinta en la zona, fue captado en 2017 (APB-Birdlife Belarus)

Especies que no aparecían en los registros de vida salvaje hace más de 1 siglo, de repente surgen como fantasmas en medio de la zona de exclusión. El oso europeo, el lince, el lobo (que se creían extintos en la zona) y numerosas especies de aves carroñeras mantienen en equilibrio a las poblaciones de tejón, alce, ciervo rojo, comadreja y castor.

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Tu nuevo caballo favorito: el caballo de Przewalski (APB-Birdlife Belarus)

Manadas de caballos de Przewalski y bisontes europeos pastan libremente entre aldeas abandonadas.

Este incremento en la flora y fauna fue notado en Bielorrusia desde 1988, cuando se instituyó la zona como reserva protegida. Lo llaman “ejemplo clásico de parque involuntario”,  una manera, tal vez poética, de aprender voluntariamente una lección científica a partir de la catástrofe.

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Se estima que en la zona viven unos 100 lobos europeos (APB-Birdlife Belarus)

La asociación de conservación APB-Birdlife Wetland Centre, con sede en Bielorrusia, ofrece auténticos safaris radioactivos en la zona. Las medidas de seguridad son estrictas en cuanto al tiempo de permanencia y tránsito, pero ni siquiera se necesita visa si se aterriza en el aeropuerto de Minsk.

Lo recaudado se reinvierte en conservación natural de la zona, por lo que el turismo radioactivo se vuelve una inusitada manera de hacer un viaje en el tiempo: cómo sería un mundo dentro de un mundo sin nosotros.