Carlos Slim y su proyecto minero en San Felipe, Baja California

En un lugar donde el mar y el desierto se unen, en San Felipe, en Baja California, comienzan a surgir los impactos negativos de la explotación minera por el grupo de Carlos Slim.

La explotación minera se ha asociado con una serie de afectaciones ambientales y sociales; principalmente con una serie de extracciones de recursos naturales, violaciones a los derechos de las comunidades indígenas y sus garantías laborales, daños irreversibles a la biodiversidad que afectan a todo el país, etcétera.

De hecho, y de acuerdo con una investigación realizada en 2015 y publicada en SinEmbargo, existen al menos 36 conflictos mineros en México. Esta cifra fue brindada por el Observatorio de Conflictos Mineros de América Latina, y la cual se relaciona con numerosos accidentes como la explosión en 2006 de la mina Pasta de Conchos, en Coahuila, el derrame de ácido sulfúrico por una mina de Grupo México en Sonora, el caso de La Sierrita en Durango por la empresa canadiense Excellon Resources.

Ahora, en un lugar donde el mar y el desierto se unen, en San Felipe, en Baja California, comienzan a surgir los impactos negativos de la explotación minera por el grupo de Carlos Slim. Pese a ser una área natural protegida, gracias a que mamíferos marinos llegan al Golfo de California para reproducirse y numerosas especies endémicas que proliferan en tierra y agua, hay nubarrones de polvo que emanan de entre montañas, oficinas móviles, cintas transportadoras de materiales y camiones.

En palabras de Jeanneht Armendáriz, doctora en ciencias por el Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste y autora de esta investigación, se trata de “uno de los más importantes proyectos megamineros en México, cuyo propietario es el hombre más rico del país.”

Arméndariz realizó su investigación: desde 1994 la Compañía San Felipe S.A. de C.V.,  subsidiaria de Minera Frisco –cuyo presidente es Carlos Slim–, comenzó sus operaciones en Baja California. El objetivo era extraer minerales de oro y plata en la región Sierra Pinta –actualmente considerada como uno de los principales desarrollos mineros en el país–. Y probablemente su proyecto minero pudo haber continuado siendo exitoso, “sino fuera porque la mina se encuentra peligrosamente cerca del Área Nacional Protegida (ANP) Alto Golfo de California y Delta del Río Colorado.”

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Fuente: Animal Politico

De hecho, Arméndariz agrega: “en un inicio este proyecto no llamó la atención, a pesar de encontrarse a un lado de una zona natural protegida, porque se presentó por partes. Lo que hicieron fue una trampa para bajar el perfil”. Es decir que, cuando inició el proyecto, entre 1993 y 1995, la Compañía San Felipe no sólo recibió las autorizaciones correspondientes por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales –Semarnat–, también usaba tanto el minado subterráneo como la técnica de minería a cielo abierto. En 2001, la empresa suspendió sus actividades sin hacer públicas sus razones, aunque en el reporte anual de 2000, Frisco puntualizó que las condiciones del mercado minero eran poco favorables debido al estancamiento del precio de los metales. En 2009, otra empresa subsidiaria de Frisco, Minera Real de Ángeles, rentó y ocupó las instalaciones de la mina, cambiando “radicalmente las operaciones”: se trataba de una mina a cielo abierto.

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Este tipo de minería, a cielo abierto, está prohibido en EE.UU., y otros lugares como Grecia, Turquía, República Checa, Australia, Alemania y Costa Rica. ¿Las razones de su prohibición? Sus efectos tóxicos tanto para el medio ambiente como para la salud de las sociedades.

La doctora e investigadora agrega:

El nuevo desarrollo fue presentado ante Semarnat por partes. Primero, en marzo de 2010,  como un proyecto de alrededor de 60 hectáreas que incluyó la incorporación de un tajo (explotación de la montaña mediante minado); un circuito de trituración de minerales; patios de lixiviación (depósitos para separar el oro y la plata); tanques de almacenamiento de reactivos (cianuro); tepetatera (pila de material estéril); áreas de servicio (talleres y almacenes de diesel y explosivos); tres subestaciones, un canal de desvío de agua pluviales y dos caminos.

[…] Seis meses después, en septiembre de 2010, Semarnat autorizó una segunda parte. Esta nueva autorización de 360 hectáreas incluyó la planta de Merril-Crowe y fundición (en donde se precipitan los metales y funden en lingotes). Y en agosto de 2011, se autorizó una planta desalinizadora que ocupó otras 60 hectáreas.

[…] Al final, Minera Real de Ángeles absorbió a Compañía San Felipe y se convirtió en la empresa encargada del proyecto minero. La mina San Felipe procesó en 2013 –de acuerdo con el reporte anual de Frisco– 37 mil toneladas diarias de material. Cinco veces más que el año anterior.

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En otras palabras, Frisco adquirió concesiones mineras en el área de Sierra Las Pintas desde 1994, a través de tres subsidiarias: Compañía San Felipe, Minera María y Minera Real de Ángeles. Esto, para Arméndariz, es la prueba de que “el proyecto minero San Felipe nunca se detuvo, incluso durante la suspensión de trabajos de 2001 y 2009, está en la adquisición de las concesiones.”

En 2010, cuando la mina reinicio sus trabajos comprando terrenos de alrededor, un grupo de ejidatarios reclamó un paso más justo –hasta esa fecha, Frisco había extraído del lugar unos 36 millones de dólares en oro–. Cada ejidatario debía recibir un millón de dólares, después de que el lugar permanecería contaminado durante décadas y sin ninguna actividad económica. Frente a esto, se rompieron las negociaciones un año más tarde, y algunos ejidatarios iniciaron juicios contra de la empresa en el Tribunal Agrario, en la Secretaría de Desarrollo, Territorial y Urbano –Sedatu– y la Comisión Nacional del Agua –Conagua–, bajo la defensa de que Frisco ocupó sus terrenos de forma irregular, adueñándose del agua y contaminando los mantos acuíferos. Las demandas, sin embargo, no han logrado que el proyecto minero, del tamaño de la ciudad de México, se detenga.

Mientras tanto, las afectaciones continúan:

Durante el proceso se libera mercurio, metal que acompaña al oro y la plata y que aún en pequeñas cantidades es tóxico (la Organización Mundial de la Salud lo considera uno de los 10 productos químicos que plantean “especiales problemas de salud pública”). […] Los pescadores de la Cooperativa de Producción Pesquera Ribereña del Puerto de San Felipe hicieron público un estudio de la calidad del agua del Golfo de Baja California en el cual, dos análisis distintos (uno del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo y la empresa Asesoría Integral Ambiental), detectaron una alta concentración de mercurio en el agua.

[…] Desde hace varias décadas, organizaciones ecologistas han realizado campañas para proteger a la vaquita marina, una especie de mamífero marino endémica de Golfo californiano, en peligro de extinción. La Procuraduría Federal de Protección al Medio Ambiente (Profepa) dice que las muertes de la vaquita son causadas principalmente por la redes de pesca, por lo que en 2015 se decretó una veda pesquera en el golfo. […]  Más de un año después, Sunshine Rodríguez, presidente de la cooperativa de pescadores, se queja de que la vaquita sigue apareciendo muerta, a pesar de la veda, y ni las autoridades responsables ni las organizaciones ambientales indagan la relación con la mina.

[…]  Otros opositores de la mina hablan también sobre la afectación al borrego cimarrón, una especie protegida en la sierra Las Pintas, e incluso a los pobladores de la zona que sufren de malformaciones, asma  y alergias.

 

Pese a esto, la Fundación Carlos Slim invirtió 2 200 millones de pesos en 2010 en el convenio con el Fondo Mundial para la Naturaleza –WWF– y la Secretaría de Medio Ambiente para la conservación de la biodiversidad en seis regiones de México, incluyendo el Alto Golfo de Baja California. Y las autoridades ambientales concluyen que: “el complejo minero que diariamente extrae 37 mil toneladas de materiales tiene solo un impacto local y no hay evidencias de impacto en la Reserva”.



Este es el último sobreviviente de una tribu amazónica (VIDEO)

En 22 años no se había podido captar así a un habitante primitivo de esta selva.

La amazonía sigue siendo un territorio indómito y repleto de misterios, pero cada vez está sufriendo más invasiones. Su riqueza como selva no está sólo en su asombrosa biodiversidad –que ha sido la razón de que la invadan–, sino también en las narrativas –muchas de ellas ya perdidas­– de las grandes culturas que ahí se han asentado.

De estas tribus aún quedan ecos. Así lo demuestran las primeras imágenes captadas en 22 años de un hombre amazónico. Según la agencia indígena Funai, que se encarga de monitorear y salvaguardar a los pueblos indígenas, el hombre debió pertenecer a alguna comunidad que se presume extinta, debido al exterminio paulatino de sus miembros a manos de granjeros, leñadores y otros invasores de esta selva.

Según Funai, existen aún 113 tribus aisladas en el Amazonas brasileño

Lamentablemente son cada vez menos los habitantes originarios en el Amazonas. Las actividades productivas y de extracción han depredado esta selva –la deforestación incrementó un 88% desde 2012–, y desaparecido a sus habitantes –animales y humanos– a un ritmo acelerado.

Lo último demuestra que no existe selva lo suficientemente basta o frondosa que el hombre no pueda invadir, llevando el exterminio que caracteriza a estas invasiones consigo: una situación alarmante que destaca, además, cómo la rapacidad que ha caracterizado a nuestra sociedad está llegando demasiado lejos, implicando la desaparición de tribus que, todavía a principios del siglo XX, se hallaban intactas.

Fiona Watson, directora de Survival international, expresó para The Guardian que encontrar a hombres como el del video tiene algo de irónico:

La ironía de esto es que estamos encontrando más tribus o hombres aislados de lo que pensamos. Pero también es preocupante que estamos mostrando al mundo dónde se esconden.

https://www.theguardian.com/world/2018/jul/19/footage-sole-survivor-amazon-tribe-emerges-brazil

No cabe duda que, por ello, la cuestión está en cómo la selva amazónica puede ser resguardada, con la cooperación de todos los países que comparten su territorio y de la mano de las propias tribus que ahí habitan. De ello dependen culturas enteras, cientos de especies animales y el pulmón más importante del planeta: tres elementos que son más importantes que cualquier “tesoro” que pueda extraerse de este ecosistema.

También dependerá de que nosotros, como consumidores, cuidemos de no comprar ningún producto que contenga materiales extraídos del Amazonas, como puede ser madera o cuero. Estas y otras acciones son urgentes si queremos detener el exterminio en esta preciosa región latinoamericana.



Parece que se está acabando la cerveza en Europa (y la causa podría afectar a todo el mundo)

Este milenario elixir está escaseando. ¿Por qué?

El proceso de producción de la cerveza incluye el uso de germinados y otros cereales, así como de levadura. Por eso es tan deliciosa y nutritiva, ayudando incluso a contrarrestar procesos neurodegenerativos. Pero hay otro ingrediente fundamental: el CO2, el cual le da su cuerpo burbujeante a la cerveza.

Si bien podríamos imaginarnos que el cambio climático es lo que estaría poniendo en peligro la existencia de la cerveza –al afectar las cosechas de los granos que utiliza en su elaboración–, lo cierto es que esta bebida está en riesgo (por ahora solo en Europa) debido a lo que han llamado una crisis en el suministro de CO2, lo cual afecta también a otras bebidas, como los refrescos o la sidra.

¿Cómo puede haber escasez de CO2, un gas que se encuentra en la atmósfera?

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La industria alimenticia no saca este gas de la atmósfera, sino que existen plantas manufactureras –por ejemplo, de amoniaco– donde el CO2 es un subproducto, el cual es disuelto en líquido para ser vendido a las refresqueras y cerveceras.

Así que ahora mismo la cerveza escasea en el viejo mundo porque los mayores productores de gas en el norte del continente han cerrado, debido a problemas de mantenimiento, lo que coincidió –en una especie de complot contra los amantes de la cerveza– con el cierre temporal de otras plantas productoras de bioetanol y otros químicos que también producen CO2. No obstante, se trata de una crisis que pronto verá su final, y ante la cual ya se han tomado medidas para que la escasez de cerveza y otros productos no afecte a los consumidores europeos.

Pero, ¿y si vuelve a pasar?

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Lo interesante, como sea, es pensar que una bebida tan cotidiana como la cerveza depende de plantas químicas de todo tipo para existir, pues sin los debidos suministros de CO2 que éstas proveen a la industria, la cerveza no tendría el cuerpo burbujeante que nos deleita, ya que dependiendo el método de fermentación puede perder todo el gas después del proceso de producción.

Pero, en un futuro, ¿seguirá siendo necesario que la cerveza dependa de plantas donde se producen sustancias tan nocivas como el amoniaco? Lo ideal sería que no, pues aunque hay un gran debate acerca del amoniaco, lo cierto es que es malo a nivel medioambiental, sobre todo para los ecosistemas marinos, pero también para los suelos vegetales, (mismos que, aunque lo contienen de manera natural, no soportan un exceso de esta sustancia).

Es por eso que el amoniaco ha sido incluido en

la lista de contaminantes que es preciso restringir al máximo de la Agencia Europea de Medio Ambiente

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Así que podríamos pensar que en algún momento no existirán las plantas que hacen el subproducto del CO2 para la industria cervecera. Habrá que aprender entonces de otras formas de elaboración, como por ejemplo, el de la cerveza artesanal. La fabricación casera o artesanal de la cerveza tiene varios métodos para conseguir CO2 no industrial; uno de ellos es el de usar fermentadores isobáricos que hacen posible conservar el CO2 que se produce naturalmente antes y durante la fermentación, para que se mantenga hasta que sea embotellada la bebida.

No hay que esperar a que haya escasez de cerveza por falta de CO2 industrial, sino ir pensando en otras formas de elaborar y consumir la cerveza que hagan innecesario el uso de este recurso. Por eso aquí la cuestión es si brindamos con cervezas artesanales o con cervezas industriales: las primeras son de gran calidad, mejores para nuestra salud y para el planeta, mientras que las segundas utilizan un subproducto de plantas nocivas y poco ecológicas, así como monstruosas cantidades de agua y, algunas –sobre todo las más “famosas”– usan cultivos transgénicos.

Nuestra recomendación es que no esperemos a la crisis: comencemos a cambiar la manera en la que nos relacionamos con la cerveza, la cual debe ser consumida de manera responsable no sólo por su cantidad de alcohol, sino por su impacto en el planeta. En México ya hay muchas marcas comprometidas tanto con el medio ambiente como con nuestra salud que puedes consumir con tranquilidad.