21 maneras de describir a la naturaleza en diferentes culturas (INFOGRÁFICO)

¿Sabías que en japonés se dice “kachou Fuugetsu” para describir el momento en que la belleza y maravilla de la naturaleza facilita el autodescubrimiento?

El earthinggrounding ha sido un movimiento enfocado en reconciliar al humano con la naturaleza. Se trata de caminar descalzo y “hacer tierra” para permitir que el cuerpo reciba la energía –mediante electrones libres– del campo magnético de la Tierra, y así reducir los daños que provocan las cargas eléctricas de los aparatos electrónicos y que llevan a la oxidación del cuerpo. 

Esta práctica, de alguna manera, brinda numerosos beneficios a la salud tanto física como psíquica. Dale click aquí para saber qué hace la energía de la naturaleza en tu cuerpo, principalmente desde que la negatividad energética de la tierra fomenta un ambiente bioeléctrico interno que establece un funcionamiento normal en todos los sistemas del cuerpo, regularizando el reloj biológico a ritmos diurnos corporales y facilitando nuevas experiencias características de la meditación mindfulness y la trascendencia psicoespiritual. 

Hay ocasiones que esta conexión con la naturaleza libera una serie de experiencias difíciles de describir en tan sólo una palabra. Empoderamiento, admiración, terror, son sólo algunas de los sentimientos y emociones que la madre naturaleza es capaz de provocar; sin embargo, hay otros efectos psicoemocionales que nos son imposibles de encapsular en una sola palabra, un idioma o una cultura. Por ello te compartimos a continuación un infográfico que reúne expresiones que engloban fenómenos psicoemocionales a través de la presencia de la naturaleza: 

Waldeinsamkeit (en alemán): la sensación de estar solo en el bosque.

Ammil (en dialecto devon, inglés occidental): la delicada laca de hielo que encierra a las hojas, leñas y hierba después de un periodo de congelamiento seguido de un deshielo parcial en la mañana, todo el paisaje es deslumbrante y brilloso.

Psithurisma (en griego): el susurro de las hojas con el viento.

Gökotta (en sueco): despertarse temprano en la mañana simplemente para ir afuera y escuchar los primeros cantos de los pájaros.

Komorebi (en japonés): destellos de la luz que danzan entre las hojas de los árboles.

Tuil-Bheum (en gaélico escocés): un torrente causado por una tormenta.

Hanyauku (en kwangali): el acto de caminar en puntas por la arena caliente.

Zawn (en córnico): una ensenada profunda y estrecha que está labrada por un acantilado cerca del océano.

Mangata (sueco): un camino luminoso y brillante creado por el reflejo de la luna sobre el mar.

Poronkusema (en finlandés): un término obsoleto que describe la distancia que un reno puede viajar sin necesidad de un descanso.

Kalpa (en sánscrito): el paso del tiempo en una escala vasta, cosmológica.

Turadh (en gaélico escocés): la desaparición momentánea de las nubes entre lluvias.

Utepils (en noruego): disfrutar de una cerveza fuera de casa en un día soleado.

Rudenèja (en lituano): la manera en que la naturaleza comienza a sentir la llegada de otoño.

Shemesh Khola (en hebreo): “sol enfermo” o cuando hay sol pero se siente frío.

Plimpplampplettere (en holandés): cuando las piedras saltan a lo largo del agua.

Uitwaaien (en holandés): la traducción literal es “caminar en el viento” o caminar mientras hay viento en el campo para aclarar la mente.

Wabi-Sabi (en japonés): encontrar la belleza en la imperfección o transitoriedad, aprehendiendo el ciclo natural del nacimiento y la muerte.

Hanibaram (en coreano): los vientos secos y fríos que corren del oeste en un día sereno.

Petrichor (en inglés): la totalidad, el olor de la tierra que emerge después de la lluvia.

Kachou Fuugetsu (en japonés): cuando la maravilla y belleza de la naturaleza permite el autodescubrimiento.

formas de llamar a la naturaleza



México quiere avanzar al futuro, pero invierte 300% menos en sus estudiantes de lo que recomienda la OCDE

A su vez, es el país que más invierte en educación respecto a su presupuesto…. ¿qué está pasando?

La educación es un arma contra la incertidumbre. Es la herramienta más importante con vistas a un futuro incierto, el cual necesita de que dotemos a las nuevas generaciones con una nueva conciencia acorde a los tiempos –y a los retos.

En ese sentido, no hay nada más importante para las naciones que la educación de sus niños y jóvenes; pero en México parece que esto no ha hecho suficiente eco. Lo que se invierte para educar a las nuevas generaciones en este país está muy por debajo del promedio, según dio a conocer la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en su último informe Panorama de la Educación 2018.

Misael Valtierra

Según el estudio, México invierte sólo 29 mil dólares por estudiante a lo largo de casi 10 años de educación –es decir, entre la primaria y el bachillerato–, mientras que el promedio de los países miembro de la OCDE es de 90 mil 500 dólares, un 300% más.

México es el país que menos invierte por estudiante.

Paradójicamente es el que más invierte en educación de acuerdo a su presupuesto.

México es de los países que más invierte en la educación: 17% de su presupuesto total, mientras que el promedio en la OCDE es de 11%. Pero esta cantidad no se invierte en los alumnos, sino en gasto corriente.

85% del presupuesto se invierte en nóminas, mientras que sólo el 4% se invierte en becas.

Sin embargo, esto no significa que el sueldo de los docentes sea alto. En la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), más del 80% de maestros son de asignatura, es decir que no se les paga un salario fijo, sino que se les paga un aproximado de 90 pesos por hora trabajada, un salario francamente paupérrimo.

Así que, ¿a dónde se va el presupuesto en educación?

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Como lo ha señalado el portal SinEmbargo, de los 34 programas dirigidos a la educación, muchos no ejercieron su presupuesto, lo que significa que casi toda la inversión que debiera permear a la educación termina por diluirse en la corrupción.

Las soluciones a las paradojas de la educación en México no están en cuánto se invierta, sino en cómo y en qué se invierta, así como en asegurar la transparencia de los recursos ya asignados.

De hacerse así, podría haber un aumento significativo en la inversión por estudiante sin tener que incrementar el presupuesto, y se podría combatir el rezago de México en cuanto a calidad y promoción de la educación –ya que el egreso de secundaria representa apenas un 22% respecto al total de la población adulta.

A la par hará falta ampliar la visión de la educación en México: necesitamos un modelo educativo alternativo, construido sobre nuevas bases tanto materiales como espirituales. Dotar la educación de nuevos contenidos, de una mayor conciencia humanista, de mayor participación de los propios alumnos y, en síntesis, de una visión futurista a partir de las herramientas tecnológicas que están revolucionando el presente.

Esta nueva educación debe tomar en cuenta los problemas medioambientales –pues una educación sin conciencia ecológica tiene ya poco sentido–, y permear a las nuevas generaciones con una nueva sensibilidad. Incluso, ¿por qué no?, deberíamos proponernos como meta enseñar sobre felicidad antes que nada, como ya se hace en la India.

Alternativas hay muchas, y la inversión ya existe. Lo que se necesita, entonces, es voluntad.

 

 

 



“¡La naturaleza no nos necesita, nosotros necesitamos a la naturaleza!” El apasionado discurso de Harrison Ford sobre el cambio climático

El actor dio un memorable discurso durante la Global Climate Action Summit sobre las consecuencias de seguir negando el cambio climático.

El veterano actor de Hollywood y activista medioambiental, Harrison Ford, habló hace unos días en el Global Climate Action Summit en San Francisco, California. El papel de Ford como activista y conservacionista tal vez sea menos conocido que sus roles fílmicos como Han Solo en Star Wars o como el rostro de Indiana Jones. Sin embargo, Ford es vicepresidente de Conservation Internacional, una asociación no lucrativa con el objetivo de proteger a la naturaleza.

En otras ocasiones, Ford ha utilizado su plataforma y visibilidad pública para advertir a la gente sobre el riesgo de darle poder a individuos que, como Donald Trump y sus seguidores, se consideran “escépticos” del cambio climático, y que mediante acciones y omisiones propagan la idea de que el cambio climático es una teoría de conspiración (mientras los científicos llevan un cuarto de siglo advirtiéndonos sobre sus terribles consecuencias). En este discurso, Ford no se refiere claramente a Donald Trump, pero sin duda que, si leemos entre líneas, figuras tan ominosas como él aparecen como el verdadero peligro para la supervivencia de la especie humana en el planeta.

¡Por el amor de Dios, dejen de denigrar a la ciencia! ¡Dejen de darle poder a la gente que no cree en la ciencia, o aún peor, que pretende no creer en la ciencia por su propio interés personal! Ellos saben quiénes son, nosotros sabemos quiénes son.

Todos nosotros, ricos o pobres, poderosos o indefensos, todos sufriremos los efectos del cambio climático y la destrucción de los ecosistemas. Y nos estamos enfrentando a lo que rápidamente está convirtiéndose en la mayor crisis moral de nuestra época: que aquellos con menos responsabilidad tendrán que cargar con las mayores consecuencias.

Así que nunca olviden por quién estamos peleando. Es por los pescadores de Colombia, los pescadores de Somalia, que se preguntan de dónde vendrá su próxima pesca y se preguntan por qué el gobierno no puede protegerlos. Es la madre de las Filipinas, preocupada de que la próxima gran tormenta vaya a arrebatarle a su hijo de los brazos. Es la gente de aquí mismo, en California, la gente de la Costa Este, la gente de California que está escapando de incendios sin precedentes. La gente de la Costa Este está enfrentándose a las peores tormentas registradas en la historia. Es nuestro propio país, nuestra propia comunidad, nuestras propias familias.

Les ruego, no se olviden de la naturaleza, porque hoy, la destrucción de la naturaleza es mayor que la de todas las emisiones de autos y camiones del mundo. Podemos colocar paneles solares en cada casa, podemos hacer que todos los vehículos sean eléctricos, pero mientras Sumatra siga ardiendo, habremos fallado. Mientras que las selvas del Amazonas sean cortadas y quemadas, mientras permitamos que las tierras protegidas de los pueblos originarios, de los pueblos indígenas, sigan siendo usurpadas, nuestros objetivos climáticos seguirán siendo inalcanzables, y nosotros seremos cagados fuera del tiempo.

Esta es la única verdad de fondo: si hemos de sobrevivir en este planeta, el único hogar que cualquiera de nosotros habrá de conocer, por nuestro clima, por nuestra seguridad, por nuestro futuro, necesitamos a la naturaleza, hoy más que nunca. La naturaleza no necesita a la gente, la gente necesita a la naturaleza. Así que apaguemos nuestros teléfonos celulares, vamos a subirnos las mangas y vamos a patearle el trasero a este monstruo.

Imagen principal: Global Climate Action Summit