¡No más contaminación minera! Apoyemos a esta comunidad indígena en Oaxaca

La minería en su conjunto produce toda una serie de contaminantes gaseosos, líquidos y sólidos, que de una forma u otra van a parar al suelo.

Fotografía: http://juliamarcelamendez.blogspot.mx/

La actividad minera se ha considerado como uno de los principales contaminantes del medio ambiente. Esto debido a que, según la data de la Universidad de Castilla-La Mancha –UCLM–, esta actividad ha afectado negativamente la composición de los suelos y campos acuíferos de regiones cercanas. 

El suelo de las regiones mineras no sólo recibe los desechos sólidos y líquidos derivados del uso humano, también aguas ácidas que contienen metales pesados de mineralizaciones sulfuradas aflorantes; lo cual ha resultado en daños agresivos y devastadores en el medio ambiente. ¿De qué otra manera el suelo podría recibir el uso intensivo de nitratos, fosfatos y metales pesados como el plomo, y la exposición recurrente a cenizas de carbón, hidrocarburos –procedentes del transporte–, radionucleidos artificiales, y gases derivados de la combustión de carbón? 

Para la UCLM, la actividad minera produce los siguientes efectos: 

La minería en su conjunto produce toda una serie de contaminantes gaseosos, líquidos y sólidos, que de una forma u otra van a parar al suelo. Esto sucede ya sea por depósito a partir de la atmósfera como partículas sedimentadas o traídas por las aguas de lluvia, por el vertido directo de los productos líquidos de la actividad minera y metalúrgica, o por la infiltración de productos de lixiviación del entorno minero: aguas provenientes de minas a cielo abierto, escombreras (mineral dumps), etc., o por la disposición de elementos mineros sobre el suelo: escombreras, talleres de la mina u otras edificaciones más o menos contaminantes en cada caso.

En otras palabras, los gases contaminantes de origen minero resultan en lluvia ácida –cargada en ácidos fuertes como el sulfúrico o el sulfuroso–, la cual, a su vez, produce un efecto devastador sobre la vegetación, el suelo, aguas continentales, muerte de peces y otras especies animales. De hecho, la lluvia ácida produce efectos significativos de la alcalinidad del suelo

 

Cuando el suelo contiene abundantes carbonatos tiene una alta capacidad de neutralizar estos efectos, mediante la formación de sulfato cálcico y liberación de CO2. A su vez, el CO2 liberado en el proceso puede combinarse con el agua del suelo produciendo ácido carbónico y bicarbonatos, que en todo caso son menos fuertes que los ácidos derivados del azufre. Así pues, en ausencia de agentes neutralizadores (carbonatos) la lluvia ácida acaba produciendo una acidificación del suelo, que degrada y oxida la materia orgánica que contiene, reduciendo considerablemente su productividad agronómica y forestal. Además, puede producir tanto la movilización de algunos componentes a través de la formación de sales solubles, como la inmovilización agronómica de otros, que pueden pasar a formar compuestos insolubles, no biodisponibles.

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http://constructoraindustrialyminas.com/

¿Mineras en México? El caso de la ciudad Ixtepec, en Oaxaca

Actualmente existen alrededor de 300 proyectos mineros en el país, concentrándose principalmente en Durango, Chihuahua, Guanajuato, Saltillo, San Luis Potosí, Zatatecas, Taxco, la Cuenca del Río balsas, la Sierra de Querétaro, Oaxaca y Chiapas. La mayoría de estos proyectos son de empresas internacionales, lo cual ha causado precios bajos de los metales en el mercado, la aplicación de nuevas tecnologías que evitan el uso de metales tradicionales y el cuidado de las tierras nacionales. 

 

Frente a esta situación crítica, numerosas comunidades indígenas buscan frenar proyectos mineros en sus tierras. Como por ejemplo, los habitantes de la ciudad Ixtepec, en la región del Istmo de Tehuantepec –Oaxaca, México– se ha rebelado en contra de la actividad minera. Con la consigna “No a la mina. Sí a la vida y territorio”, esta región “no permitirá que sus recursos naturales, medio ambiente y sociedad sean contaminados por los trabajos de explotación a cielo abierto que pretende realizar el consorcio Plata Real, filial de la canadiense Linear Gold Corporation.

“¡Ixtepec sin minas!” y “Si amas la vida, ¡di no a la mina!”, son los principales mensajes que esta comunidad oaxaqueña manda para defender los territorios de ganaderos y agricultores. De hecho, a bordo de tractores y a pie, puntualizaron que “sus tierras no serán destinadas a ‘proyectos de muerte'” –refiriéndose a los proyectos que se pretenden instalar en su comunidad, uno minero y otro hidroeléctrico–. 

Este proyecto minero fue concensionado durante el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa, cuando la empresa Plata Real obtuvo el permiso para extraer oro y plata a cielo abierto en un área de 8 150 hectáreas del lote Niza. 

Para prevenir estos proyectos, desde hace ocho años “se ha concientizado de barrio en barrio, de casa en casa, para que la gente, la sociedad, los hombres y mujeres de Ixtepec sean los que defiendan su tierra y territorio.” De hecho, se les ha advertido sobre cómo operan las empresas mineras: ‘‘Causan divisionismo social. Además, pagan 30 centavos la tonelada de extracción; los mineros ganan 5 mil pesos y dentro de 10 años seguramente padecerán de cáncer; no habrá un solo beneficio para nadie’’. Pues, inclusive, se les ha comentado que  tanto los operarios y personal capacitado de la compañía minera son extranjeros, y los ciudadanos mexicanos serán solamente obreros con un salario sumamente bajo. 

Para ello, Félix Serrano, presidente municipal de ciudad Ixtepec, exhortó a los campesinos a no vender sus tierras a los programas mineros, denominándolos como “proyectos de muerte” que “contaminan los mantos freáticos, ríos y mares” y las “afectaciones serán para todos.” El objetivo es prevenir abusos contra el medio ambiente y los mismos pobladores. 

Apoya a esta comunidad firmando la petición en Change.org



La incansable lucha por la defensa del territorio en Guatemala (o sobre morir defendiendo la vida en la naturaleza)

Latinoamérica disfruta de una amplia riqueza natural, pero sus pueblos resienten la explotación de recursos y deben defender su territorio.

Latinoamérica es un territorio que no siempre permite ser entendido como unidad. Y no es para menos: es muy grande, socialmente diverso, de culturas riquísimas que se ensamblan haciendo uso de símbolos de todo el mundo; su geografía es igualmente variada y, por lo tanto, también su flora y fauna. Pero si hay algo que parece hermanarnos —aunque sea una verdad desafortunada— es la constante lucha que nuestros pueblos indígenas tienen que realizar para defender su territorio.

La riqueza natural que bendice a muchos países de Latinoamérica se ha convertido en arma de doble filo, pues ya no son sus legítimos propietarios los que aprovechan los recursos que la tierra ofrece, sino compañías privadas que, a pesar de que sus actos son injustos y muy perjudiciales, están explotando el ambiente, para su propio beneficio y sin consideración alguna de los habitantes. Lo más grave es que los gobiernos no han puesto límites a la explotación; en algunos casos han solapado acciones terribles, incluso criminales.

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El caso de los habitantes originarios de las colinas del Sur de Guatemala es sólo un ejemplo de este problema social. Esta zona alberga la Mina de Escobal, el tercer mayor depósito de plata en el mundo. Como en otros países Latinoamérica, es una minera canadiense la responsable del despojo de recursos naturales. La actividad minera ha demostrado articular dinámicas sociales muy específicas, sin importar en qué país se está ejecutando. Encima, las consecuencias negativas sobre el ambiente tampoco varían. La minería contamina el agua; daña al suelo, dejándolo infértil y contaminado, y está ligada con la tala. En este sentido las tierras —que originalmente eran bosques, mantos acuíferos, tierras de cultivo o ganadería, viviendas y patrimonio local— se convierten en capital para enriquecer a la industria, y los pueblos indígenas no se benefician de la tremenda derrama económica que reciben los dueños de la minera.

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Alrededor de las mineras en Latinoamérica, muchos de los habitantes que solían ser agricultores y ganaderos, se convierten en activistas ambientales. Pero ese camino es muy arriesgado. Guatemala, por ejemplo, es uno de los países más peligrosos para los ecologistas.

Tahoe Resources, la empresa canadiense que extrae plata de la Mina de Escobal, está ligada con acciones violentas para tratar de frenar al activismo, entre ellas algunas muertes. La extraña colusión de la minera con el gobierno de ese país, sólo ha dejado muy decepcionados a los guatemaltecos. La misma empresa financió la construcción de una comisaría de policía muy cerca de la mina. La justicia no está del lado de los habitantes —rasgo que Guatemala comparte con otras regiones del continente—. Los guatemaltecos han temido el crecimiento de la actividad minera. Afortunadamente, la minera de Tahoe ha sido suspendida recientemente. Pero es imposible saber hacia dónde desarrollará un problema, que se replica en diversos entornos. La lucha activista, que ha encontrado el camino para ser pacífica, puede desembocar en una resistencia armada, si los pueblos indígenas no encuentran opciones.

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El sistema violento que rige este terrible problema social, económico y ambiental es tan arbitrario como el valor de plata. Es decir: la plata no tiene valor por sí misma, somos las personas las que le otorgamos esa fuerza simbólica, anclada a su materialidad, pero que la sobrepasa. Somos nosotros los que hemos dicho que la plata vale tanto como para destruir a una sociedad y al entorno natural que habita. Está en nosotros empezar a desmantelar la corrupción que legitima prácticas como la minería que no es sustentable. Podemos empezar, por ejemplo, haciéndonos responsables de lo que consumimos. Si dejamos de financiar a estas industrias mortales, tal vez se pueda, eventualmente, terminar con ellas.

 

*Imágenes: 1) Carlos Sebastián; 2) Dominio Púbico; 3) Servindi; 4)Giles Clarke



Mineras en Colombia están provocando trastornos mentales y enfermedades graves en habitantes

Segovia es “el municipio con más casos de intoxicación por mercurio en Colombia, […] que es a su vez la tercera nación que más mercurio libera al medio ambiente en el mundo (75 toneladas al año), detrás de China e Indonesia”.

La contaminación de recursos naturales como el agua, el suelo y el aire, es sólo una de las consecuencias más comunes de la actividad minera; otra es el abuso, acoso y violencia ejercidas por las empresas hacia las comunidades indígenas que no pueden defender sus tierras. Sin embargo, muy poco se habla acerca del impacto mortal que conlleva la liberación de vapores y líquidos en las minas en Colombia, China, Indonesia, México y más, como es el caso de la población de Segovia, en Colombia, respecto de la intoxicación por mercurio. 

Para Natalio Cosoy, de BBC Latinoamerica, Segovia es “el municipio con más casos de intoxicación por mercurio en Colombia, […] que es a su vez la tercera nación que más mercurio libera al medioambiente en el mundo (75 toneladas al año), detrás de China e Indonesia”. Este fenómeno, que pone en riesgo la salud física y mental de los habitantes, se debe a décadas de explotación aurífera y de uso del mercurio para extraer oro de las piedras. 

La intoxicación por mercurio comienza con náuseas y mareos, continúa destruyendo a los sistemas nervioso, digestivo e inmunológico, los pulmones, los riñones, la piel, los ojos, y termina con la muerte. Si bien en Segovia nadie ha fallecido por mercurio, alrededor de 45,000 personas están sufriendo los efectos de la intoxicación. 

Ahí, en donde se quema el mercurio en una especie de horno con una puerta abierta y los extractores empujan los vapores hacia los caños de la máquina, cada miembro de la población sigue estando en riesgo. Para Carlos Federico Molina Castaño, médico toxicólogo y especialista tanto en salud ocupacional como epidemiología:

el riesgo sigue presente siempre que se manipule mercurio, un metal que se evapora, por otra parte, a bastante baja temperatura, en torno a los 40 grados. Si en la orina hay más de 20 microgramos por gramo de creatinina, la persona se considera intoxicada. Es difícil encontrar a algún minero segoviano por debajo de 20. Uno me contó que llegó a tener 500. […] El máximo que me ha tocado ver a mí fue uno de 3,000.

Inclusive, hay bebés lactantes que se encuentran bajo los efectos de la intoxicación: “Aunque en bajas cantidades, las mujeres pasan el tóxico a sus hijos a través de la leche materna. Ninguna de mis madres trabajaba con mercurio en el momento, llevaban 1 año sin exponerse en forma directa al mercurio, o sea que es una exposición ambiental”.

Más que la muerte, explica Molina Castaño, el mercurio “genera más discapacidad que mortalidad”, es decir, afectaciones que implican el aspecto mental, las cuales pueden ir desde la psicosis hasta la bipolaridad. Los trastornos mentales son una consecuencia de la exposición a largo plazo al mercurio: “Es como cuando a usted le dice el nutricionista que si come mucha carne le va a producir enfermedades, o si come mucha harina; es igual, digo que si una persona está evaporando el mercurio, lo está aspirando, más adelante le puede traer efectos, pero eso no es muy común aquí”.