¿México no cumple con objetivos de energía y ambiente de la Alianza Norteamericana?

Es indispensable que muchos de los compromisos contenidos en el Plan de Acción en proyectos energéticos y ambientales cuenten con metas temporales señaladas y se creen rutas de implementación alineadas con los compromisos nacionales

El pasado 29 de junio, en el marco de la Cumbre de Líderes de América del Norte, México, Canadá y Estados Unidos suscribieron el Plan de Acción de la Alianza Norteamericana sobre Clima, Energía y Ambiente. Éste suma esfuerzos a los objetivos de acuerdos bilaterales previos en la materia y posiciona a la acción climática y la transición energética como prioridades en la agenda de la región. No obstante que ello fortalece la alianza de los tres países y abre un área de oportunidad en la lucha conjunta contra el cambio climático, también representa gran reto debido al rezago de nuestro país en el cumplimiento de sus metas en la materia.

Específicamente, las acciones del Plan están dirigidas a cinco objetivos. El primero tiene como fin fomentar la energía limpia y segura, por lo que establece la meta regional de generar el 50% de la electricidad por fuentes limpias para 2025, lo que representa un 37% adicional con relación a la situación actual. La Ley General de Cambio Climático (LGCC), así como la Ley de Transición Energética (LTE), señalan que México deberá generar el 35% de su electricidad por medio de energías limpias para 2024. Al respecto, la definición de energías limpias incluida en la Ley de la Industria Eléctrica permite la participación de otras tecnologías con posibles impactos negativos en el medio ambiente, la salud y la seguridad.

En este tema resulta preocupante que, de acuerdo con el comunicado, cumplir con la meta dependa de figuras como la energía nuclear o la captura y secuestro de carbono, cuando previo a la publicación de la reforma energética y sus leyes secundarias, el país estaba obligado a cumplir sus compromisos nacionales mediante energías renovables. Así, a pesar de que el recién publicado Programa de Desarrollo del Sistema Eléctrico Nacional (PRODESEN) 2016-2030 indica que el 20% de la electricidad en México ya se produce con energías limpias, ello incluye el uso de energía nuclear, grandes hidroeléctricas y cogeneración eficiente, mientras que la suma de la generación eólica y solar no supera los cinco puntos porcentuales. Por ello, frente a la incertidumbre generada por el uso de estas tecnologías debe aplicarse el principio precautorio, resultando más urgente que México aproveche su gran riqueza natural y el amplio potencial que tiene de generar electricidad por medio de fuentes de energía verdaderamente limpias, que ya se encuentran disponibles a bajo costo y son actualmente más competitivas que los combustibles fósiles.

Lo anterior, sumado a que Canadá se encuentre frente a la dependencia de sus ingresos públicos al petróleo y gas, aunado a fuertes cabildeos internos a favor de los combustibles fósiles, resulta en que el cumplimiento de esta meta regional sea respaldado principalmente por los esfuerzos estadounidenses.

Al tiempo que se crea un piso parejo de oportunidades para las energías renovables en el país y se atienden los principales retos para su expansión, tales como su intermitencia, su almacenamiento y la interconexión de las redes, de la mano deben ampliarse los esfuerzos por promover la eficiencia energética y reducir la demanda de energía. Entre otras medidas, debe acelerase la reducción de los subsidios a combustibles fósiles, procurando siempre la protección de los grupos más vulnerables y en cumplimiento de los acuerdos en el marco del G20.

Es de resaltar que el Plan promueve la colaboración con comunidades locales, indígenas y líderes en la toma de decisiones, especialmente en el despliegue de alternativas energéticas en comunidades remotas. En este sentido, nuestro país debe avanzar hacia una transición energética sustentable y a largo plazo, que a su vez promueva la inclusión social y la erradicación de la pobreza, todo ello en un marco de respeto a los derechos humanos que garantice el acceso a información, la participación y la consulta de las comunidades involucradas, con el fin de construir políticas públicas informadas, consensadas e incluyentes con mayores beneficios a la sociedad.

Destaca en el Plan la inclusión de un segundo objetivo referente a la reducción de las emisiones de contaminantes climáticos de vida corta, incluido el carbono negro, que van desde la creación y actualización de inventarios hasta el desarrollo de planes de acción en la materia. Al respecto, México fue el primer país en incluir compromisos de mitigación de carbono negro en su contribución determinada a nivel nacional (NDC, por sus siglas en inglés). No obstante, es necesario que el gobierno haga públicas las medidas por medio de las cuales dará cumplimiento a dichas metas, así como su ruta de implementación, atendiendo principalmente los sectores que más contribuyen a sus emisiones, como el transporte.

El tercer objetivo promueve un transporte más limpio y eficiente, por lo que el Plan subraya la necesidad del uso de combustibles más limpios y estándares de emisiones vehiculares más estrictos, áreas en las que el país tiene un retraso significativo. Por ello, entre las medidas urgentes para cumplir con este compromiso en México resalta la distribución de diesel de ultra bajo azufre (UBA), que debió darse desde 2009. Al respecto, se requiere un proyecto de Norma sobre calidad de combustibles (NOM-0016-CRE) más ambicioso, que genere las condiciones necesarias para contar con la infraestructura y el marco legal adecuados para el abastecimiento de Diésel UBA en todo el país a partir de enero del 2017. Al mismo tiempo, la introducción de mejores tecnologías en el transporte homologadas con Estados Unidos y Canadá, depende de la actualización de la NOM-044 que regula las emisiones de contaminantes de los vehículos pesados, actualmente detenida y sin aprobación del Comité correspondiente. Dicha homologación también resulta necesaria en cuanto a los estándares de vehículos ligeros, lo que reduciría los impactos negativos en calidad del aire y la salud.

En cuanto a su último objetivo que busca un liderazgo regional y global en la lucha contra el cambio climático, se celebra la reafirmación del compromiso de ratificar el Acuerdo de París, aprobado en la vigésima primera Conferencia de las Partes (COP21) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, procurando su más pronta entrada en vigor, así como la implementación y el aumento de la ambición de las NDC, promoviendo la completa implementación del marco de transparencia creado en París. De ahí la importancia de que México construya de manera participativa una cartera de acciones y proyectos por medio de los cuales dé cumplimiento a las metas contenidas en su contribución nacional, alineadas con compromisos de mitigación y adaptación a largo plazo, incluyendo los contenidos en la LGCC. Al respecto, hay dos temas ausentes en el Plan que deben promoverse: por un lado, una mayor transparencia y rendición de cuentas en el flujo, uso e impacto del financiamiento climático internacional en la región; y otro es la promoción de los gobiernos subnacionales y el amplio potencial que tienen en la consecución de las metas del Plan.

Alineado con el primer objetivo del Plan, se busca aumentar la participación en la Misión Innovación, diseñada durante la COP21 para aumentar el presupuesto destinado a energías limpias en todo el mundo, duplicándolo en los siguientes cinco años. En ese sentido, México debe orientar sus recursos públicos, incluyendo los obtenidos por medio del impuesto al carbono, hacia una transición energética sustentable y a largo plazo por medio de medidas efectivas de mitigación con la inversión en energías renovables y el impulso a la eficiencia energética, todo ello en un marco de transparencia y rendición de cuentas.

En materia de adaptación, el Plan plantea fortalecer la seguridad y resiliencia de las redes eléctricas. Al respecto, México debe alinear sus acciones con los compromisos de adaptación señalados en su NDC en cuanto al fortalecimiento de infraestructura estratégica. Al respecto, las acciones del país deben ser de carácter preventivo y no reactivo, lo que necesariamente requiere de una mayor inversión de recursos públicos en la adaptación, por ejemplo, en el Fondo de Prevención de Desastres Naturales y en otras acciones de prevención como sistemas de alerta temprana y reducción de riesgos.

Al respecto, es indispensable que muchos de los compromisos contenidos en el Plan de Acción cuenten con metas temporales señaladas y se creen rutas de implementación alineadas con los compromisos nacionales y la NDC, con el fin de cumplir con el objetivo general del Acuerdo de París. En conclusión, sin la atención a estos retos, la contribución real de México para alcanzar el fin de Plan de Acción será limitada y el país no podrá cumplir con las metas de mitigación y adaptación comprometidas para el 2030.

Ana Mendívil, Centro Mexicano de Derecho Ambiental, A.C. (CEMDA).

Autor: Red Ambiental Mexicana


Una metáfora cuántica para entender el amor de nuestros tiempos

Amar a alguien es un acto tan violento como lo fue la creación del cosmos.

El Universo emergió cuando el vacío fue perturbado.

Según las teorías de la cuántica de campos, el “falso vacío” es una zona en el espacio que está “vacía” y cuyo estado de energía está en el punto cero, es decir: el nivel de energía más bajo que puede existir.  No obstante, el vacío nunca puede estar del todo desprovisto de materia. Según la cuántica, en su interior contiene formas de energía; fluctuaciones cuánticas.

Podría decirse, entonces, que un vacío es al Universo lo que el corazón al cuerpo humano. El corazón nunca puede estar del todo desprovisto de fluctuaciones emocionales.

El “falso vacío” cuántico contiene energía cuántica: ondas electromagnéticas que fluctúan de manera permanente, así como partículas que saltan dentro y fuera de él. Se trata de un estado peculiar en el espacio cargado positivamente y sumamente inestable. Cuando es perturbado por un desbalance, el vacío se desintegra, dando lugar a la creación del cosmos.

El vacío deja de ser vacío y da paso a la expansión de la materia.

De esta forma, para la física cuántica la creación es producto de un desbalance cósmico: del azar y las circunstancias cuánticas. ¿Acaso no lo es también el amor? Por lo menos eso es lo que plantea Slavoj Žižek.

Quizá no hemos entendido lo que el filósofo esloveno quiere decir –no sería raro–. Pero probablemente su punto sea este: que lo primordial surge del azar y del caos. De las grandes explosiones.

El corazón humano –como eufemismo de amor– es inestable, pero jamás puede estar vacío. Cuando sucede un choque circunstancial y azaroso con otro ser, cuando un encuentro inesperado se convierte en una relación amorosa que transforma la vida de las dos personas implicadas, es cuando podemos decir que el amor es como un fenómeno cuántico.

El amor surge de un desbalance cósmico: de una perturbación.

En ese sentido, el amor tiene siempre algo de violento, como el propio cosmos. Amar es un riesgo latente, un miedo constante. La extinción de la pasión es inminente, como la de un astro, y cuando muere se produce una masiva supernova que deja restos estelares.

Pero tal y como, pese a todo, el Universo se empecinó en existir… nosotros insistimos en amar.

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Quizá el problema del amor en nuestros tiempos es que vemos esto como un problema. Ya no nos atrevemos a aceptar que el amor es entregarse, afirmarse, comprometerse, al tiempo que implica aceptar que todo lo que conocemos pueda desaparecer de un momento a otro. Tememos tanto a que algo perturbe nuestro sagrado vacío –en realidad inexistente–, que ya no dejamos fluir en él la energía ni a las azarosas partículas cuánticas.

Estamos deteniendo el proceso de creación caótica que desata el verdadero amor. Y eso puede tener graves consecuencias para la existencia, a niveles cósmicos.

Pero el propio Universo y la física cuántica nos demuestran que el vacío no está en realidad vacío, y que el amor no es sólo amar, en abstracto. En ese sentido, debemos volver a atrevernos a amar, pese –e incluso debido a– los riesgos y la violencia implícita. Como dice Žižek, el amor es malvado.

 

 

*Imágenes: 1) imgur; 3) plástica graphic artist / øjeRum

Sandra Vanina Greenham Celis
Autor: Sandra Vanina Greenham Celis
Colaboradora del proyecto político Colectivo Ratio. Le gusta potenciar la depresión en su psique consumiendo productos culturales de las postrimerías del siglo XX. Cree teleologicamente en el arribo de la humanidad al comunismo.


El planeta es nuestro hogar, cuidemos de él

La Organización Mundial de la Salud informó en 2012 que tan sólo 7 millones de personas murieron a causa de los efectos nocivos a la salud que provoca la contaminación.

De acuerdo con datos del INEGI, hasta el 2010 el país estaba ocupado por 112,336,538 habitantes. Este dato es relevante ya que cada 11 de julio, desde 1989, se celebra el Día Mundial de la Población, fecha en la que se estima la población alcanzó los cinco billones de habitantes. Se sabe que ahora esa cifra ha superado los siete billones. También con el aumento de la población se han aumentado los niveles de contaminación a lo largo del planeta, además de todas las consecuencias que ello acarrea.

La Organización Mundial de la Salud informó en 2012 que tan sólo 7 millones de personas murieron a causa de los efectos nocivos a la salud que provoca la contaminación. Y si hablamos de las consecuencias en el medio ambiente, el panorama no luce mejor. Cada año desaparecen más ecosistemas y especies naturales, debido a la caza indebida, la urbanización, la destrucción de sus hábitats o la misma contaminación.

Entonces ¿qué debemos tener presente y qué debemos hacer? El aumento exponencial de la población, en parte gracias a los avances en diversas áreas que han permitido que la esperanza de vida sea mayor; además las generaciones más jóvenes ahora están más informadas acerca de esos temas como tecnología, cultura, entre otros; sin embargo, existen áreas en las que aún hay huecos que se deben tratar, como el cuidado del medio ambiente o una cultura de desarrollo sostenible.

La importancia de recalcar que el aumento de la población repercute en el medio ambiente es la de puntualizar que si permitimos que la población aumente sin responsabilidad, en el futuro podríamos enfrentarnos a la escasez de agua, alimento, u oxígeno generado por la vegetación, además de que se perderían impresionantes y bellos lugares, que generaciones futuras no conocerían, si no fuera sólo a través de libros o fotos.

Podemos acercarnos o investigar acerca de cómo podemos contribuir con el desarrollo en armonía con el medio ambiente; implementar diversas estrategias, por pequeñas que parezcan pues todo puede ser útil a mediano y largo plazo. Separar los desechos, reciclar lo que tengamos en casa, o buscar alternativas amigables que consuman responsablemente los recursos naturales. Incluso existen organizaciones y fundaciones que nos pueden orientar. Más aún, podemos formar parte de sus diversos programas ya que mucha de esas organizaciones cuentan con ellos, y nos pueden capacitar sobre estos temas. Asimismo, a través de diversas estrategias, podemos restaurar hábitats destruidos o en peligro de desaparecer, que a su vez garantizarán la supervivencia de toda la flora y fauna que dependen de ellos.

Que el aumento de la población no signifique la destrucción del mundo en que vivimos, aprendamos a coexistir con la naturaleza; seamos responsables.

COLABORACIÓN DE EARTHGONOMIC MÉXICO, A.C. Nuestra misión es fomentar el desarrollo de la sociedad en armonía con el entorno natural y el respeto a los seres vivos. Para más información visita: www.earthgonomic.org @Earthgonomic y /Earthgonomic

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Autor: Earthgonomic