Hipnotizantes capturas de la naturaleza desde un drone (FOTOS)

Pocos artistas son capaces de transmitir este poderoso mensaje de la naturaleza. Y todavía menos, aquellos que lo logran hacer desde los cielos.

 La naturaleza enamora; se expande en cada milímetro de la piel hasta erizarla, impacta con su majestuosidad y brinda una sensación de plenitud y bienestar. Sin importar el ecosistema, la naturaleza se encarga de colarse hasta la raíz provocando una especie de sensación de unidad con el universo –en que todo está donde debe estar–. 

Pocos artistas son capaces de transmitir este poderoso mensaje de la naturaleza. Y todavía menos, aquellos que lo logran hacer desde los cielos. Quizá por esta razón, valga la pena reconocer a aquellos personajes que han logrado cautivar al espectador capturando la invaluable belleza de la naturaleza; como lo hizo National Geographic y Dronestagram. 

 NG y Dronestagram convocaron por tercer año consecutivo al concurso de International Drone Photography Contest, en donde fotógrafos profesionales del mundo capturaron alrededor de 6 000 imágenes de la naturaleza. El concurso contaba con tres categorías: Viajes, Naturaleza / Vida Salvaje y Deportes/Aventura. Para ello, Guillaume Jarret, cofundador de Dronestagram, dio un sólo criterio para las fotografías aéreas en drones: 

Una buena fotografía en drones es una imagen que inmediatamente la identificas como una foto desde un drone. Está tomada a baja altitud, muy cerca del punto objetivo, pero lo suficientemente alto para que el espectador vea que fue imposible sacarla con otro artefacto. Los drones pueden capturar imágenes en lugares que parecen imposibles de alcanzar con otros instrumentos de vuelo.

A continuación te compartimos algunas de las imágenes que formaron parte de este concurso y obtuvieron premios de primeros lugares: 



Fotografía del día: así brilla una preciosa cueva en Islandia

Esta cueva en Islandia brilla con un misterioso fulgor.

Islandia es una tierra de paisajes oníricos. En esta isla helada, la naturaleza adquiere una visión realmente mágica. Las fotografías que retratan su descomunal belleza son un recordatorio de los misterios que un territorio virgen puede revelar a la mirada. Un ejemplo es esta cueva, que esconde un fulgor portentoso en sus adentros.

Su brillo pareciera provenir de otro planeta o ser fruto de una manipulación digital, pero no es así. Esta imponente imagen es el fruto de los viajes de Sarah Bethea, una fotógrafa que se dedica a aventurarse por los gélidos panoramas de Islandia. La curiosidad la llevó a entrar a una cueva para descubrir que había elegido el instante exacto para hacerlo.

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Sarah Bethea

En su visita a la cueva, Bethea notó que los rayos de sol se colaron repentinamente por la entrada. Las paredes heladas se iluminaron con un fulgor que ella describe como “mágico”. El efecto duró aproximadamente 5 minutos, en los que el hielo brilló con un poderoso color ámbar. El resultado es impactante: pareciera que un río de lava late debajo de los glaciares de esta cueva.

Este espectáculo sin igual es una muestra patente del esplendor que Islandia ha conservado desde tiempos ancestrales. Un evento de esta rareza se revela sólo ante quien tiene la curiosidad para encontrarlo, pero no es necesario ir tan lejos. La naturaleza es igual de imponente en cualquier lugar del mundo que aún le guarde respeto. Sólo es necesario estar en el momento y el tiempo exactos para contemplarla. 

Por más que se fotografíen, los glaciares de este país siempre tienen una manera de sorprender. Parece ser que nunca encontraremos suficientes palabras para describir su imponente presencia. Solo las imágenes que artistas como Sarah Bethea se dedican a captar parecen hacerle justicia a estos titanes congelados en el tiempo. 

¿Qué otros misterios ocultará este paisaje?

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Sarah Bethea

 

* Fotografías: Sarah Bethea



La naturaleza y sus cicatrices de guerra (📷✨)

Pasado y presente se funden en estas imágenes del fotógrafo Jonathan Beamish.

Algunos parajes de esta Tierra están repletos de fantasmas. Estos espectros se manifiestan en las cicatrices que las guerras han dejado plasmadas en la naturaleza. Algunas marcas son prácticamente invisibles a la vista humana, pero no a la luz infrarroja. Jonathan Beamish utiliza esta técnica para fotografiar los rastros de la primera guerra mundial en los mayores campos de batalla. 

En las fotografías, la belleza de los paisajes franceses y belgas cobra un matiz lúgubre. A través de la oscura luz, las fisuras del conflicto se aprecian todavía en varios sitios después de 200 años. Dice Beamish: 

La fotografía infrarroja siempre me ha interesado, pues te permite ir más allá de la visión común, apreciar colores normalmente invisibles, e incluso te da la habilidad de ver en la oscuridad.

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¿Por qué asomarse a este vacío? ¿Para qué ver a los ojos las heridas de la guerra? 

Hay algo de sanación en estos paisajes arrasados, un poco de la tranquilidad que llega únicamente tras enfrentarse a los recuerdos más dolorosos. Los tonos grises, cruzados de súbito por trazos de rojo profundo, traen los eventos del pasado al presente de forma vívida. 

Pasado y presente se funden en estas imágenes. Los miles de soldados heridos, los caídos y las aldeas derruidas queman su huella para siempre en la historia. Por encima de todo, la naturaleza queda invicta: su resiliencia trasciende todos los conflictos. 

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