Enfermedades psicosomáticas: ¿qué emoción ocultas detrás del dolor?

Sobre las enfermedades físicas causadas por una emoción oculta…

Desde la Antigüedad, los grandes filósofos y eruditos –como Hipócrates– de la época comprendieron no sólo la importante unión entre la mente y el cuerpo, también cómo uno influía en la salud plena del otro. Es decir que no sólo la psique era un espejo de la salud del cuerpo, también el cuerpo en relación con el estado de la psique. Sin embargo, aún no se descubría del todo cómo era posible o qué cosa era lo que los hacía tan unidos. 

Con el paso del tiempo, médicos y psiquiatras lograron denominarlo como “histéricas” a aquellas personas que, sin causas orgánicas, se habían quedado ciegas, en parálisis de alguna parte del cuerpo o mudas; hasta que llegó Sigmund Freud a estudiar a profundidad la causa psíquica de ese estado, logrando concretar su teoría del Inconsciente y su influencia sobre la vida consciente de las personas. 

Después llegaron muchos otros psicólogos, médicos y psiquiatras a contrariar, reinvindicar y añadir elementos a la teoría freudiana. Entre ellos, se encuentra Louise L. Hay, quien se apasionó sobre la medicina psicosomática –o los estudios de las enfermedades físicas causadas por una emoción oculta– y realizó numerosas investigaciones al respecto. 

Para ella, las “causas metafísicas” explican…

“el poder que hay en las palabras y en los pensamientos; poder que crea experiencias. Este nuevo conocimiento me hizo comprender la conexión existente entre los pensamientos y las diferentes partes del cuerpo y los trastornos físicos. Me enteré de cómo, sin saberlo, había creado mal esta en mí misma, y esto tuvo gran importancia en mi vida. Podía dejar de culpar a la vida y a otras personas por lo que iba mal en mi vida y en mi cuerpo. Ahora podía responsabilizarme totalmente de mi propia salud. Sin reprocharme ni sentirme culpable, comencé a descubrir la forma de evitar las pautas de pensamientos de mal-estar en el futuro.”

De esta manera, los mal-estares físicos se les nombró “somatizaciones” cuando se presenta uno o más síntomas físicos y que tras un examen médico, no pueden ser explicados por una enfermedad médica. Y las causantes o pautas mentales principales que causan la mayoría de los malestares en el cuerpo pueden llegar a ser: 

– La crítica, 

– La rabia,

– El resentimiento 

– La culpa.

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A lo largo de sus estudios, ella descubrió que estas cuatro emociones se veían reflejados de manera “curiosa” en el cuerpo. Por ejemplo:

la crítica: si uno se entrega a ella durante un tiempo suficiente, suele conducir a enfermedades como la artritis. La rabia se transforma en cosas que hacen hervir, queman e infectan el cuerpo. El resentimiento que se alberga durante mucho tiempo se encona y corroe el yo conduciendo finalmente a la formación de tumores y cánceres. La culpa siempre busca castigo y conduce al dolor. Es mucho más fácil liberar estas pautas de pensamiento negativo cuando estamos sanos que tratar de erradicarlas bajo la influencia del miedo y ante la amenaza del bisturí.

A continuación te compartimos el siguiente infográfico que muestra una parte de la teoría de Louise L. Hay.

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Para más información, dale click aquí para leer Sana tu cuerpo. Las causas mentales de la enfermedad física y la forma metafísica de curarlas de Louise L. Hay

 

*Fotografías: Laura Makabresku



Luna llena del 29 de mayo: un presagio de florecimiento que no te puedes perder

Será un plenilunio cargado de simbolismo, que traerá consigo el renacer de las flores (y hasta puede que de ti mismo).

La luna es el astro del tiempo. A partir de sus ciclos se han definido civilizaciones enteras y, junto con ellas, sus costumbres y tradiciones. La luna llena en especial ha sido un acontecimiento importante, que hoy nos sigue haciendo testigos de lo grandioso e inabarcable del cosmos pero que, además, solía marcar en las culturas antiguas el cambio de las estaciones.

luna-llena-flores-mayo-29-2018-dondePor eso, cada luna llena tiene su nombre, partiendo de su influencia sobre alguna cuestión terrenal. Este 29 de mayo presenciaremos lo que los nativos americanos llamaban “luna florida o “luna llena de las flores”, un plenilunio vinculado al florecimiento de las flores salvajes en el hemisferio norte, que ocurre durante mayo y junio.

A esta luna llena se le conoce también como “luna de la plantación de maíz” y “luna de leche”; esto último proviene del inglés antiguo rimilcemona, que significa “el mes de los tres ordenamientos”, refiriéndose a que las vacas se ordeñan tres veces al día.

Simbólicamente, la luna llena también es importante, pues los plenilunios son momentos de contraposición (suceden porque nuestro planeta se encuentra entre el sol y la luna). Además, en la astrología occidental la luna determina las emociones, y según la neurociencia hay un vínculo entre los neurotransmisores y las fases de la luna.

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Así que esta luna llena de mayo traerá consigo un florecimiento interno tan simbólico como real, que incluso puedes aprovechar haciendo algún pequeño ritual. Escaparte de la ciudad esa noche, tomar un baño caliente con flores o sahumar tu casa con hierbas, son algunas opciones sencillas y que te harán florecer internamente bajo la fuerte influencia de la luna.

Oficialmente esta fase ocurrirá a partir de las 14:19 UTC del 29 de mayo. En México la lunación completa ocurrirá a las 9:19am, hora de la Ciudad de México, y la luna entrará entonces a la constelación de Sagitario. Puedes saber horarios de otras localidades con convertidores digitales de huso horario.

 

Imágenes: 1) Guideposts; 2) Areolia Glück; 3) Steam



¿Y si el sistema inmunológico controlara nuestra conducta?

Es como si la constante lucha entre patógenos y el sistema inmune tuviera la fuerza para dictar nuestra personalidad.

La unión entre mente y cuerpo no es una idea tan descabellada, principalmente desde que los últimos estudios han demostrado que inclusive el microbioma es capaz de influencia el estado de ánimo –y por tanto, la conducta– o que la mente tiene el poder de producir o curar enfermedades psicosomáticas.

Sin embargo, el mundo científico y médico aún se encuentra renuente a creer, del todo, en este fenómeno que numerosas personas han identificado desde sus propias experiencias. Quizá por esta razón se han dedicado a realizar con mayor frecuencia estudios al respecto. Como lo fue el equipo de investigación de la Universidad de Virginia School of Medicine, en EE.UU., quien encontró que al suprimir una molécula del sistema inmunológico en ratones, cambian tanto la conducta  como la interacción social de los animales. 

¿Es posible que el sistema inmunológico pueda jugar un rol importante en condiciones como el autismo o la esquizofrenia?  Esta fue una pregunta base de los investigadores de este estudio, quienes encontraron una respuesta afirmativa. Bastaría, según ellos, cambiar la manera en que el sistema inmune reacciona ante ciertos patógenos para cambiar la conducta antisocial. 

Jonathan Kipnis, líder de la investigación, explica que aunque suene loco, quizá sólo se necesite “controlar” la molécula  interferón gamma en el sistema inmune para que la personalidad sea “normal”. Es como si la constante lucha entre patógenos y el sistema inmune tuviera la fuerza para dictar nuestra personalidad.

mindfulness

Interferón gamma comienza a activarse cuando el cuerpo entra en contacto con un patógeno, como un virus o una bacteria, provocando una respuesta adaptativa para combatir el germen que está impactando negativamente. Esto se logra gracias a que los vasos meníngeos crean un puente directo entre el cerebro y el sistema linfático –y así con el sistema inmunológico–: “Se pensaba que el cerebro y el sistema inmunológico trabajaban de manera independiente, y que cualquier actividad inmune en el cerebro era un signo de alguna patología. Pero ahora, que se sabe que interactúan cercanamente, podemos creer que algunos rasgos comportamentales puedan evolucionar por la reacción del sistema inmunológico ante los patógenos.”

 Esto podría ayudar a comprender los factores biológicos de la depresión, autismo y esquizofrenia: 

La relación entre las personas y los patógenos, sugieren los investigadores, podría afectar el desarrollo de nuestra conducta social, considerando que las interacciones sociales son necesarias para la supervivencia de la especie y necesitamos desarrollar maneras para que nuestro sistema inmunológico nos proteja de enfermedades que acompañan estas interacciones. 

 Para llegar a esta conclusión, los investigadores suprimieron el interferón gama en ratones, moscas, ratas y pez-cebra. En todas las especies hubo evidencia que esta molécula era esencial para la interacción social normal. Encontraron que al bloquear la molécula en los ratones, causaban una sobreactivación cerebral y, en consecuencia, un menor deseo de interactuar con otros. Pero al restaurar la molécula, también regresaba el cerebro a sus actividades sociales regulares, lo cual demostró la inevitable relación entre el sistema inmunológico y la conducta –al menos en ratones–. 

Kipnis concluyó que las moléculas inmunes están realmente definiendo el funcionamiento cerebral; pero quizá, la siguiente pregunta sea el impacto del sistema inmunológico en el desarrollo y funcionamiento del cerebro: “Pienso que los aspectos filosóficos en este trabajo son interesantes, pero también que el sistema inmunológico puede tener implicaciones clínicas.”