Aunque todas las personas somos genéticamente similares, existen algunas variaciones genéticas –polimorfismo– que provocan que el metabolismo reaccione de  manera diferente frente a los alimentos. 

Por ello, según nuestros genes, la dieta que consumamos afectará más o menos nuestra salud, facilitando el riesgo de contraer enfermedades como gastritis, colitis, dolores de cabeza, dermatitis, flujo nasal excesivo, inhabilidad para bajar de peso, cansancio, etcétera. Inclusive se puede alterar la manera en que se metaboliza o se elimina un nutriente en concreto. 

La nutrigenética es una rama de la genómica nutricional que permite comprender cómo responde una persona a los diferentes nutrientes en función de sus variaciones genéticas. De acuerdo con diversos estudios, el cuerpo comienza a sufrir algunos síntomas en caso de que haya una alergia genética ante algunos alimentos. Te los compartimos: 

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Acné. Este tipo de reacciones se deben a que el cuerpo está expulsando toxinas que el hígado ya no puede soportar. 

Ganar peso. Debido a la acumulación de toxinas en el cuerpo, el mismo incrementa la producción de células grasas y retención de agua para así diluir las toxinas de los órganos internos. El estrés emocional también puede desencadenar este efecto. 

Celulitis. Es una acumulación de toxinas en las células grasas, provocada por un estilo de vida sedentaria durante muchos años. 

Dolor de cabeza. La mayoría de los dolores de cabeza son realmente reflejos de síndromes asociados con la inflamación intestinal a causa de comida tóxica, alcohol, medicamentos, estrés y alergias alimenticias. El intestino y el cerebro están conectados, por lo que si el sistema digestivo está bajo mucho estrés, el dolor de cabeza suele ser una consecuencia segura. 

Reflujo o ardor en el pecho. Cuando el cuerpo no recibe un alimento óptimo para su digestión, tiende a expulsarlo de alguna manera, incluso regresándolo por el esófago, lo que provoca gastritis, reflujo o ardor. 

Diarrea. Cuando el cuerpo está envenenado por alguna toxina, se defiende mediante la diarrea –para remover más rápido aquello que le hace daño–. 

Constipación. Cuando la comida es tóxica, el cuerpo activa el sistema de defensa que incluye la interrupción de la digestión por toxicidad. Esto puede provocar que la comida se quede acumulada en el tracto digestivo, liberándose en diarrea. 

Fatiga. El cuerpo no puede conseguir energía de las toxinas, pues éstas no proveen energía. 

Adicciones. Ante la ausencia de energía, las personas suelen consumir alimentos o bebidas adictivos que aumenten un poco la vitalidad: café, cigarros, azúcar, narcóticos, alcohol, etcétera.