¿Sufres del Síndrome de fatiga crónica? Quizá sea por lo que comes

Los investigadores de Cornell University descubrieron que sensación de fatiga –crónica– está estrechamente vinculada con el microbioma –los microorganismos que habitan en nuestro sistema digestivo y que se enriquecen a través de nuestra dieta–.

La relación que existe entre mente y cuerpo es un hecho que ha sido comprobado científicamente durante los últimos años, aunque en la praxis se viva en el día a día. ¿Es que acaso uno no se siente emocionalmente más estable o satisfecho después de dormir las horas suficientes que el cuerpo necesita, realizar una actividad física que nos gusta o inclusive consumir alimentos deliciosos? A través de todas estas actividades, que se experimentan desde las sensaciones, tanto cuerpo como  mente se nutren. No obstante, si tuviéramos que cuantificar esta influencia corporal en lo emocional, ¿cómo sería dicho impacto?

Los investigadores de Cornell University descubrieron que sensación de fatiga –crónica– está estrechamente vinculada con el microbioma –los microorganismos que habitan en nuestro sistema digestivo y que se enriquecen a través de nuestra dieta–. El grupo identificó que ante la presencia de dos marcadores biológicos en la bacteria intestinal, los  lipopolisacáridos y proteína C reactiva, existía una incidencia del 80 por ciento –de 87 pacientes– con el Síndrome de fatiga crónica –también conocido como encefalomielitis miálgica, o ME/CFS, por sus siglas en inglés–. 

Del grupo de 87 pacientes, 48 estaban diagnosticados con ME/CFS y 39 formaban parte del grupo control. Los investigadores observaron los marcadores biológicos para predecir quiénes sufrían –o no– de ME/CFS. Sus diagnósticos tuvieron un 83 por ciento de precisión. Esto, para Maureen Hanson, autora de la investigación, permitió comprender que el impacto del microbioma en trastornos como el ME/CFS, así como síntomas de enfermedades inflamatorias y gastrointestinales; y así conseguir argumentos a favor del origen orgánico de este tipo de trastornos –en vez de ser sólo psicológicos–: “Esto es importante porque la mayoría de los doctores todavía creen que la fatiga crónica se debe nada más al cansancio extremo”, y no a disparadores inmunológicos y microbióticos. 

 

 

Si bien el descubrimiento requiere de estudios más profundos, esto permite reforzar la idea que la alimentación es una base de nuestra salud emocional. En caso que te interese conocer más acerca de la influencia del microbioma en nuestras emociones, dale click aquí. ¿Sabías que los probióticos son alimentos indispensables para la salud de las bacterias buenas en el sistema digestivo? A continuación te compartimos una lista de aquellos alimentos ideales para eso: 

 



Organizar tu día según la jornada de 8 horas te hace improductivo (y lo contrario te llena de energía)

Está demostrado que debemos tener muchos breaks durante la jornada.

La jornada de ocho horas de trabajo, por increíble que parezca, es el esquema en el que descansa el sentido que le damos al tiempo cada día. Pero, ¿por qué? Básicamente porque durante la Revolución Industrial, el galés Robert Owen concluyó que la fórmula “ocho horas de trabajo, ocho horas de recreo, ocho horas de descanso” era la mejor para fomentar tanto la calidad en el trabajo como la calidad de vida de los trabajadores.

Pero, ¿es esta división en tres todavía funcional? Algunas empresas contemporáneas creen que no…

En un estudio conducido por la compañía tech, Draugeim Group, un grupo de investigadores rastrearon los hábitos de trabajo de empleados de la oficina mediante una aplicación. Ésta midió cuánto tiempo pasaron las personas en varias tareas y lo comparó con sus niveles de productividad.

Descubrieron algo que servirá en el futuro para desmontar la idea anacrónica de que la jornada debe durar estrictamente ocho horas, y que ésta debe llevarse de a cabo de manera consecutiva. Y es que los investigadores pudieron observar que la duración de la jornada no importaba tanto como la manera como los empleados estructuraban su día.

Al parecer, lo mejor es trabajar 1 hora y descansar 15 minutos.

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Esta estructuración del tiempo dio mayor energía y enfoque a los empleados. Y ella implicaba que estuvieran totalmente concentrados en su tarea durante la hora de trabajo, así como totalmente desconectados durante los 15 minutos de descanso. Siguiendo este ciclo, cada hora de trabajo fue mucho más eficaz.

Así que las nuevas dinámicas de trabajo requerirán que esto se tome en cuenta, dejando de ser tan rígidas si lo que quieren las empresas es una mayor productividad, una mayor calidad y cuidar la psique de sus empleados. Se trata de no condenar la procrastinación, pues otros estudios han demostrado que cuando “perdemos el tiempo” en internet –buscando información sobre productos, leyendo o viendo videos– es porque nuestra mente lo necesita. Y es que, en promedio, nuestra concentración no puede durar más de 20 minutos a su máxima potencia.

Eso sí: no podemos disolvernos en el internet y en las nocivas formas que tiene para acaparar nuestra atención. Se trata de estructurar nuestro tiempo y de hacer las cosas cuando debemos hacerlas –y no hacerlas cuando no debemos hacerlas, es decir: saber tomar verdaderos descansos–.

¿Qué hacer en los breaks?

Lo más importante es que te relajes. Si tu trabajo no te permite navegar mucho en internet, y crees que ahí encontraras sosiego, ¡adelante! Pero recuerda no todo son las redes sociales, y que éstas te pueden ocasionar ansiedad. ¿Y si mejor observas la foto del universo del día, cortesía de la NASA? ¿O qué tal si escuchas sonidos naturales de todo el mundo en este mapa interactivo. O descubre más música de los artistas que más te gustan. El punto es que pierdas el tiempo con sentido.

Pero si quieres estar offline, puedes simplemente salir al parque más cercano y sentarte a observar lo que pasa a tu alrededor. O aprovechar para respirar profundo por cinco minutos y oxigenar tu cerebro. Incluso puedes ponerte metas: como aprender origami, o aprender a tejer, pues las manualidades tienen la capacidad de relajar la mente. Verás que esos 15 minutos son mucho más tiempo del que parece.

*Imágenes: Max Löffler