¿Quieres adoptar un bonsai? Quizá primero necesitas saber esto

Se estima que el arte del bonsái llegó a México cuando el presidente Porfirio Díaz contrató al maestro bonsayista, Tsasugoro Matsumoto, para que arreglará los jardines del Castillo de Chapultepec.

Su tamaño no limita su belleza, por cada rama o raíz que parezca pequeña existe un legado de cultura y tradición oriental, en la cual convergen el arte y la naturaleza. Los bonsáis se caracterizan por poseer una altura muy pequeña, que al combinarse con los conocimientos necesarios sobre la jardinería adoptan hermosas formas.

La palabra japonesa bonsái significa “plantar en bandeja”, por lo que se refiere a una técnica de cultivo que planta árboles con fines ornamentales. Existe el mito que los bonsáis son árboles enanos que no crecen mucho, sin embargo, la realidad es que cualquier especie forestal leñosa puede convertirse en uno de estos ejemplares siempre que se le aplique la milenaria sabiduría de jardinería.

Estos árboles son tratados y alimentados de tal manera que su cuidado es considerado todo un arte, por lo que en la antigüedad era una actividad destinada a las clases nobles. De acuerdo con el Sistema de Información Científica Redalyc, el mantenimiento de un árbol bonsái implica para los japoneses una serie de valores que incluyen disciplina, constancia, compromiso, honor, paciencia y humildad.

Bonsai 1

El origen de los bonsáis tiene precedentes en la antigua China, en donde se conocía a estos árboles como penjing, punsai o penzai. Todo inicio cuando los monjes taoístas, quienes vivían aislados, comenzaron a cultivar árboles medicinales en macetas para su uso personal, pero con el paso del tiempo su técnica de cuidado inició el objetivo de brindarles belleza imitando las figuras de la naturaleza, como leopardos y aves.

Cuando el budismo llegó a Japón, se abrieron las puertas a diferentes expresiones artísticas que incluían la pintura, la poesía y por supuesto, el cuidado a la naturaleza a través de la jardinería. La cultura nipona aprendió de las técnicas chinas, no obstante, se apropió tanto de esta actividad que la perfeccionó hasta exponerla al mundo de forma artística.

Se estima que el arte del bonsái llegó a México cuando el presidente Porfirio Díaz contrató al maestro bonsayista, Tsasugoro Matsumoto, para que arreglará los jardines del Castillo de Chapultepec.

Hoy en día, cuidar un árbol bonsái implica un compromiso directo con la flora, ya que se trata de esculpir una obra viviente como tal, por ello, es necesaria la responsabilidad, porque como cualquier otro árbol, los bonsáis no están exentos de problemas ambientales, como deshidratación, plagas y cambios de clima. No obstante, participar en esta corriente artística llena de satisfacción a cualquier amante de la Tierra.

COLABORACIÓN DE EARTHGONOMIC MÉXICO, A.C. Nuestra misión es fomentar el desarrollo de la sociedad en armonía con el entorno natural y el respeto a los seres vivos. Para más información visita: www.earthgonomic.org @Earthgonomic y /Earthgonomic



Lecciones de resiliencia orgánica: las hormigas inventaron la agricultura (y encontraron un antibiótico natural)

Hasta tres distintas especies de hormigas llevan millones de años creciendo hongos y protegiéndose con simbiontes de Actinobacteria, sin crear resistencia.

Los seres humanos nos jactamos de haber inventado la agricultura hace nada menos que 12 mil años, lo que nos supuso una ventaja evolutiva fundamental, sin la cual el mundo que hemos construido hasta ahora no existiría. También nos gusta presumir del uso de antibióticos a partir del siglo pasado, los cuales nos alivian de enfermedades que hace 100 años diezmaban poblaciones enteras. Pero nuestros logros como especie parecen modestos comparados con los de las hormigas.

Según un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, las hormigas llevan cultivando hongos desde hace unos 60 millones de años. El riesgo que conllevan estos cultivos es el de desarrollar parásitos que podrían diezmar las colonias de hormigas; por ello, algunas especies llevan un “traje” hecho de Actinobacteria, un simbionte que funciona como antibiótico natural, y que las protege de los parásitos.

Una hormiga cubierta con un “traje” de Actinobacteria

 

El profesor Christian Rabeling de la Universidad del Estado de Arizona, afirma que:

Los humanos aprendieron a emplear antibióticos con propósitos médicos hace menos de un siglo, mientras las hormigas han estado utilizando las secreciones antibióticas de bacterias desde hace millones de años para controlar sus jardines de hongos.

Antibióticos naturales

Los investigadores lograron este impresionante descubrimiento al observar las “criptas” que una especie de hormigas desarrolló en República Dominicana. Estas criptas parecen bolsillos similares a las de las hormigas actuales, para llevar consigo las benéficas Actinobacterias. El descubrimiento fue posible gracias a que encontraron algunos ejemplares de entre 15 y 20 millones de años conservados en ámbar.

Los investigadores combinaron información genética de 69 especies de hormigas actuales para reconstruir su árbol evolutivo a través del genoma, lo que los llevó a la conclusión de que el uso de Actinobacteria data de hace al menos 50 o 60 millones de años. Además, no se trata de la particularidad de una sola especie, sino que se trata de un caso de evolución convergente, donde el rasgo aparece en al menos tres especies.

Este descubrimiento podría tener gran relevancia en el futuro de los humanos (quienes, al parecer, tomamos todas las buenas ideas de la naturaleza), pues en tantos millones de años no se encontraron signos de resistencia a los antibióticos en las especies analizadas. El traje bacteriano de hormigas que vivieron hace millones de años podría ser la clave para superar la grave crisis de resistencia a los antibióticos que se vive en el mundo, la cual cobra 700 mil vidas humanas cada año



6 consejos efectivos para curar a los bonsáis de plagas y enfermedades

Al ser una planta delicada y con necesidades específicas, requiere de atenciones constantes.

Los bonsáis son una especie de pequeños árboles cuyos métodos de cuidado provienen de tiempos inmemoriales. Al ser una planta delicada y con necesidades específicas, requiere de atenciones constantes; pueden sufrir de anomalías por exceso o defecto de riego, falta de luz o humedad ambiental. En especial si se trata de una plaga o enfermedades. 

Para cuidar a un bonsái es importante considerar, desde un principio, sus características; por ejemplo, en el caso que sea del exterior, necesitas saber si requiere protección de las heladas, realizar las podas en las fechas señaladas, etcétera. De modo que si empiezas a notar que hay una plaga afectando al bonsái, es importante tomar en consideración la siguiente información: 

– El pulgón, los ácaros, la mosca blanca o cochinillas, son las plagas más comunes en los bonsáis. 

– Cuando el bonsái se enferma por hongos, la base del tronco posee podredumbre, las hojas se vuelven amarillas y no hay síntomas de ningún otra plaga. Hay hongos que atacan la base del tronco, el cuello y las raíces de las plantas y árboles produciendo podredumbre en sus tejidos. 

– Los fungicidas sistémicos ayudan a controlar este tipo de enfermedades; sin embargo, cuando los hongos se encuentran bajo el suelo, es indispensable hacer uso de sustratos sanos y aireados. En el caso de que la enfermedad sea por un exceso de riego, su sanación se realiza con fungicidas a base de oxicloruro de cobre, pues además funge como tratamiento preventivo a principios de primavera y a mediados de otoño. El fosfito potásico también es un buen inhibidor y fertilizante, el cual puede usarse como parte del riego para el bonsái. 

– El bonsái necesita un tiempo para adaptarse y desarrollar su belleza como parte del reflejo de su sabiduría.  

– El riego de los bonsáis es ideal cuando la tierra se encuentra ligeramente seca. Para controlar el grado de humedad de la superficie –y del interior– de la tierra se puede usar los dedos. No es recomendable regarlos con una rutina diaria. 

– Encuentra la mezcla del suelo adecuada. La mayor parte de los bonsáis requiere una mezcla de akadama, pomice y roca volcánica en una proporción de 1/2 – 1/4 y 1/4. También se puede usar una mezcla que retenga más agua, usando una mayor proporción de akadama.