DIY: Cómo hacer mantequilla clarificada o ghee

Estas alternativas son sabrosas a la hora de cocinar pescado, hamburguesas, huevos, boniatos o cualquier turbérculo, raíces, etcétera.

Imagen: http://foreverconscious.com/

A diferencia de la mantequilla clarificada, el ghee es un producto natural que al calentarse durante más tiempo para que sus ingredientes se tuesten, tiende a poseer un sabor más ahumado y dulzón. Sin embargo, ambos, son una alternativa deliciosa y saludable de la mantequilla, pues se les han retirado proteínas, azúcares y gua. Por decirlo de algún modo, es una grasa ideal para las personas que no puedan consumir lactosa ni caseína. 

 

Estas alternativas son sabrosas a la hora de cocinar pescado, hamburguesas, huevos, boniatos o cualquier turbérculo, raíces, etcétera. Y dado que  la mantequilla clarificada o ghee son lácteos tradicionales, ricos en vitaminas liposolubles –A,D, E y K2– y CLA –Ácido Linoléico Conjugado–, a diferencia de los modernos lácteos pasteurizados, desnatados, homogeneizados y creados con cereales. Además, estimula al sistema digestivo, pues permite que la secreción de ácidos estomacales aligeren el proceso de digestión –en vez de hacerlo sentir los alimentos muy pesados–. Además de ser una fuente natural anticancerígeno, el ghee contiene ácidos grasos que combaten el cáncer, ayudan a reducir la grasa en el cuerpo y a prevenir enfermedades del corazón. 

 

Si bien es posible comprar ya hecha la mantequilla clarificada o el ghee, estos son productos fáciles de hacer en casa. Pues inclusive de esa manera se tiene la posibilidad de elegir mantequilla sin sal, de categoría y con un valor nutricional que beneficiará al cuerpo en su totalidad. A continuación te compartimos la receta para hacer ghee casero o mantequilla clarificada casera: 

Ingredientes para 500g: 

  • 750 gramos de mantequilla sin sal
  • Una cazuela de fondo grueso
  • Una cuchara de madera
  • Un bote de cristal para el ghee
  • Un colador fino
  • Un trozo de tela o gasa de quesero de algodón

Instrucciones: 

Pon la mantequilla en la cazuela a fuego medio, sin calentar previamente la cazuela. Una vez que empiece a fundirse, empezarás a ver cómo se va combinando con el agua evaporada que va flotando hacia la superficie.

En caso que quieras obtener mantequilla clarificada, deberás apagar el fuego para así retirar la capa blanquecina y espumosa que se formó; filtrando la grasa con un colador forrado con tela. Deja que se enfríe antes de tapar el bote y conserva la mantequilla clarificada en la nevera. 

En caso que quieras obtener ghee, continúa en el proceso de someterlo a fuego medio, de manera que la mantequilla derretida comience a hervir. Mientras hierve la mantequilla y se evapora el agua, los sólidos lácteos comenzarán a desintegrarse y se volverá a ver la grasa amarilla. Ahí, con las burbujas grandes y transparentes, notarás que empezará a hervir con fuerza. Reduce un poco el fuego y remueve de vez en cuando para que los sólidos no se peguen al fondo ni a los bordes de la cazuela. Ahora, la capa espumosa y cada vez más densa se formará en la superficie, la cual deberás bajar aún más la temperatura y dejar que hierva a fuego lento. A partir de ese momento, los cambios serán rápidos. Apaga el fuego pero deja la cazuela en su sitio: el calor de la placa terminará la cocción del ghee hasta que esté listo. En la superficie ahora se tendrá una capa de espuma muy fina y los sólidos se volverán marrones. Nuestra señal es el líquido de color ámbar, con un poco de espuma flotando por encima, para saber que casi hemos acabado. Ten cuidado para que no se quemen los sólidos en el fondo, lo cual estropearía el aroma del ghee. Deja que se enfríe un poco y filtra el ghee usando el colador forrado con tela. Y antes de que tapar el bote, enfríalo por completo. Puedes guardarlo sin problemas a temperatura ambiente. 

[Eva muerde la manzana]



Puedes aplicar para viajar gratis a Finlandia en verano y aprender a ser feliz

Al grito de “Encuentra tu calma, conecta con la naturaleza” los finlandeses recibirán a visitantes de todo el mundo para compartirles sus secretos a la felicidad.

Otra vez Finlandia ha ocupado el primer lugar en el ranking del World Happiness Report. Así, se corona en 2019 por vez consecutiva con la distinción “el país más feliz del mundo”, por arriba de otros 156 países. En este índice, que toma en cuenta variables como ingreso, expectativa de vida y “libertad”, el segundo y tercer puestos también fueron para países escandinavos, Dinamarca y Noruega. 

Para celebrar la noticia, Finlandia lanzó un curioso programa que se llama Rent a Finn (renta un finlandés). Consiste en ofrecer viajes gratis a visitantes de otros países para hospedarse con habitantes locales que se han ofrecido a compartir sus respectivas llaves a la felicidad.

Los ocho habitantes voluntarios, que radican en diversos pueblos o ciudades de Finlandia, mostrarán por ejemplo “la simplicidad de la vida en el Arquipiélago”, llevando a su huésped a acampar y navegar en un pequeño velero, o también podrás visitar un pueblo de Laponia donde acompañarás a Esko a recoger moras en el bosque o jugar juegos tradicionales finlandeses.

Por cierto, llama la atención de que las llaves que aparentemente llevan a la felicidad a los habitantes de Finlandia, todas tienen algo en común: la simplicidad y la naturaleza (y esta podría ser una buena pista). 

¿Quieres aplicar para visitar Finlandia?  

Si tras leer esto has sentido el llamado a buscar la felicidad en las latitudes del norte, regocijándote en la generosidad finlandesa, esto es lo que debes hacer:

1. Llena una forma en línea aquí

2. Grábate en video y explica por qué te gustaría ir y cómo te conectas tu con la naturaleza (agrega el video a tu forma).

3. Espera la lista de los elegidos.

 



Nuestro futuro, ¿sensibilizar la máquina o tecnificar el cuerpo?

El auge de los dispositivos tecnológicos en nuestra vida plantea preguntas de urgente relevancia.

Al menos hasta el siglo pasado, la categoría de lo humano era lo suficientemente amplia como para albergar toda la variedad de intereses, procedencias e ideas que pudieran surgir del homo sapiens, este homínido que seguimos siendo; sin embargo, con el avance mismo de la tecnología, la especie se dividió en dos grandes grupos: aquellos que tienen acceso a los gadgets de la economía de consumo y aquellos que no.

 
 
 
 
 
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Esta diferencia es importante no sólo desde un punto de vista económico sino desde un punto de vista ético: ¿es más humano aquel que puede comunicarse en tiempo real de un lado a otro del mundo, y por lo tanto decidir los destinos de las personas que no pueden hacerlo, o bien se trata simplemente de una sociedad de fetiches, donde los objetos (y el poseerlos) se vuelven más importantes que las relaciones sociales que tenemos con otras personas?

Por ejemplo: una persona de clase media o media-alta se encuentra asediado en nuestros días por gran cantidad de información que apela y exige su atención: notificaciones del smartphone, actualizaciones de la tablet, toneladas de correo electrónico (basura o de trabajo, lo mismo da), con lo cual el tiempo destinados a interrelacionarse con otras personas en el universo 1.0 (offline, o en “el mundo real”) se reduce considerablemente. Probablemente esa persona no quiera pasar demasiado tiempo en el universo 1.0 debido a que cree que tiene mayor control sobre su tiempo y su atención mientras está conectado. Pero la realidad es que el universo 2.0, con todas las ventajas y fascinantes vías de desarrollo y aprendizaje que ofrece, no es sino una interfaz de comunicación, una vía o un medio, si se quiere, para conseguir un fin: comunicarse, informar o estar informado; pero esto no es un fin en sí mismo.

 
 
 
 
 
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Hoy en día tenemos más herramientas que nunca para estar comunicados, pero hemos dejado de tener algo que comunicar. Las computadoras son nodos que integran información, pero que hasta hace poco eran incapaces de producirla; ellas eran la heramienta y nosotros la fuente. ¿Seguirá siendo así durante el presente siglo?

Puede ser que los seres humanos en las sociedades desarrolladas o en vías de desarrollo nos vayamos pareciendo cada vez más a nuestras preciadas máquinas: siempre despiertas, siempre conectadas, siempre listas para responder con más información de salida a la información de entrada que recibimos sin parar. Estamos programándonos inconscientemente para reaccionar a la información en lugar de para pensar: para discernir qué tanto de la información que recibimos es valiosa y cuánta es sólo basura. 

Al decir esto no nos consideramos dentro de la tendencia “apocalíptica” que Umberto Eco señaló en su famoso libro, Apocalípticos e integrados, sino que nos proponemos pensar hasta qué punto ya no somos capaces de ubicarnos espontáneamente en ninguno de los dos parámetros señalados por el escritor italiano. El humano de hoy en día se parece más a una interfaz autónoma que recibe y procesa información, en lugar de una mente capaz de crearla y darle forma: somos cada vez más una máquina sensible respondiendo a impulsos del entorno, una computadora humana que aprende a resolver problemas, a contestar correos, a tuitear a velocidades vertiginosas sin detenerse un momento a pensar sobre dónde está parado, o hacia dónde desemboca este tren del progreso.

La impronta de nuestro tiempo parece ser, como bien apunta Douglas Rushkoff, “programa o prepárate para ser programado”: ¿en qué lugar de la balanza nos colocaremos? ¿Dónde te situarás tú?

 

*Fotografías: Nirav Patel