Pájaros utilizan a cocodrilos como guardaespaldas

Para muchas especies de pájaros, la manera más efectiva de proteger a sus crías es colocándolas por encima de una camada de cocodrilos y lagartos.

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El mundo animal, cuando se encuentra lejos de la lupa humana, posee características que pueden sorprendernos por su creatividad e ingenio tan similar a la cognitividad del ser humano. Y es que al compartir el instinto básico de la supervivencia, tanto animales como seres humanos requieren de actitudes y conductas que puedan asegurar el bienestar de un individuo y de la especie. 

Entre las conductas más sorprendentes de la biodiversidad, está la de los pájaros que usan a los cocodrilos como guardaespaldas para proteger sus nidos de mapaches y zarigüeyas. El costo: las crías que se caen al agua.  

Para muchas especies de pájaros, tales como cigüeñas, garzas, garcetas, ibis y espátulas, la manera más efectiva de proteger a sus crías es colocándolas por encima de una camada de cocodrilos y lagartos. De acuerdo con diversos estudios, los pájaros tienden a empollar más crías de las que realmente pueden cuidar, para ajustar la comida disponible al aventar uno o dos polluelos del nido (vivos o muertos). Estos polluelos son una fuente sustancial de carne para los carnívoros guardaespaldas

En una investigación, los científicos compararon a 20 lagartos que vivían cerca de colonias de nidos con 19 que no vivían cerca de ellos, enfocándose principalmente en las hembras, pues son más pequeñas y poseen un mejor reflejo para conseguir comida. En el estudio, a cargo de Lucas Nell, ecologista de la Universidad de Georgia en Atenas, se midieron masa corporal y tamaño, así como el tipo de sangre y niveles de los nutrientes en el flujo sanguíneo, lo cual permitió comprobar que los pájaros y los reptiles tienen una relación en la que ambos salen beneficiados

Para Nell, es evidente el impacto de esta relación: “particularmente en la diferencia de la condición corporal –es decir, entre gordura o salud–”. Un cocodrilo promedio, de 2m y 3kg, posee un cuerpo más saludable si se encuentra cerca de una colonia de pájaros. Parece ser que tanto lagartos como pájaros se buscan mutuamente, con el fin de crear un equilibrio entre ambas especies

 

 



Hipnotizantes minerales que podrían decorar tu hogar (FOTOS)

Hay quienes dicen que guardar este tipo de químicos solidificados cerca de sí, proveen numerosos beneficios energéticos para equilibrar la estructura atómica tanto del cuerpo como del medio ambiente.

Entre las maravillas de la naturaleza encontramos las hipnotizantes figuras de los minerales. Son estructuras cristalinas que poseen una complejidad química que influye desde su origen abiogenético –es decir, que no resulta de la actividad de organismos vivos– hasta en su orden atómico. Y es que, a diferencia de las rocas, los minerales poseen una composición química muy específica, resultando en más de 4 900 tipos de minerales en el mundo. 

Hay quienes dicen que guardar este tipo de químicos solidificados cerca de sí, proveen numerosos beneficios energéticos para equilibrar la estructura atómica tanto del cuerpo como del medio ambiente. Pues la base de los componentes minerales son ocho elementos básicos en la Tierra: oxígeno, aluminio, hierro, magnesio, calcio, sodio, potasio y silicio. Cada uno de ellos, en medidas adecuadas, ejerce el óptimo funcionamiento biopsicosocial del flujo energético de la civilización. 

A continuación te compartimos algunas de los minerales que seguramente te fascinarán tener cerca de ti: 

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Rupert Sheldrake y los campos de información que unen a todos los seres vivos

El excepcional trabajo de este científico sugiere que para acceder a la gran memoria colectiva es necesario volver a sentir la naturaleza en toda su envergadura.

El biólogo británico Rupert Sheldrake (1942) ha rebasado las fronteras convencionales de la ciencia para investigar fenómenos que van más allá de lo ordinario, pero siempre con gran rigor. Después de estudiar en Cambridge viajó a la India, donde la tradición espiritual influenció de manera contundente su forma de pensar. A principios de los años 80 del siglo XX, Sheldrake desarrolló una de las más novedosas y posiblemente revolucionarias teorías científicas de los últimos 50 años: la teoría de la resonancia mórfica.

Sheldrake describe la capacidad de autoorganización de los sistemas biológicos y esboza un mecanismo, la resonancia mórfica, a través del cual es posible que los miembros de una especie compartan información a distancia (esto, en la teoría de campos, es una causación formativa).

La aportación fundamental de Sheldrake es llevar la noción de campo (en este caso, compuesto de información), un concepto de la física, a la biología. Este campo es una especie de memoria colectiva bidireccional entre un individuo y su especie: cada conducta alimenta a este campo que a su vez alimenta los patrones conductuales de un individuo, tejiendo una memoria dinámica en la naturaleza. De esta forma, todos los hombres o todas las medusas, por mencionar sólo dos especies, están siendo afectados por los actos de todos los hombres y todas las medusas que nunca han existido.

La resonancia mórfica es un principio de memoria en la naturaleza. Todo lo similar dentro de un sistema autoorganizado será influido por todo lo que ha sucedido en el pasado, y todo lo que suceda en el futuro en un sistema similar será influido por lo que sucede en el presente. Es una memoria en la naturaleza basada en la similitud, y se aplica a átomos, moléculas, cristales, organismos vivos, animales, plantas, cerebros, sociedades y, también, planetas y galaxias. Así que es un principio de memoria y hábito en la naturaleza.

La teoría de Sheldrake implica que, en la naturaleza, todos los siglos son un solo presente (el tiempo, en su instancia actual, es un cúmulo resonante de todos los instantes pasados que confluyen para in-formarlo). De esta manera, no sólo no nos podemos separar de la historia, sino que tampoco podemos separarnos de nuestra especie y, en última instancia, no nos podemos separar de todos los seres que han existido en el planeta, ya que cada uno es parte de nosotros: su información sigue ocurriendo y programa, en menor o mayor medida, nuestros hábitos. De aquí surge una responsabilidad insoslayable (no sólo en lo que hacemos sino en lo que pensamos, ya que todo, según Sheldrake, contribuye al campo morfogenético colectivo).

Un aspecto importante de la resonancia mórfica es que estamos interconectados con otros miembros de un grupo social. Los grupos sociales también tienen campos mórficos (por ejemplo, una parvada de aves, un cardumen de peces o una colonia de hormigas). Los individuos dentro de un grupo social más grande y los mismos grupos sociales más grandes tienen su propio campo mórfico, sus patrones de organización. Lo mismo aplica para los humanos.

Lo que haces, lo que dices y lo que piensas puede influir en otra persona por resonancia mórfica. Según esta perspectiva, somos más responsables de nuestras acciones, palabras y pensamientos de lo que que habitualmente pensamos. No hay un filtro moral en la resonancia mórfica, lo que significa que debemos ser más cuidadosos con lo que estamos pensando, si es que nos importa el efecto que tenemos en los demás.

Sheldrake, además, es uno de los pocos científicos que se han atrevido a estudiar fenómenos considerados como paranormales, generalmente deslegitimados por la academia, como ocurre con la telepatía. Sus estudios de telepatía animal, telepatía telefónica y “la sensación de ser observado”, sugieren que estos fenómenos ocurren comúnmente y deben ser reevaluados dentro del canon científico.