Monsanto patenta una flor que nunca pueda marchitarse

Al bloquear la hormona, dopando el agua de jarrón con ARN, Monsanto está alterando el flujo de la naturaleza.

Foto: http://21tubaroes.blogspot.mx/

Monsanto, esta compañía asociada con una serie de problemas ecológicos, económicos y de salud, ha lanzado la propuesta de crear unas flores que, una vez cortadas, puedan mantenerse por más tiempo. Para evitar que las flores se marchiten, la empresa de agroquímicos ha desarrollado un método que consiste en modificar temporalmente la función de ciertos genes vinculados con el envejecimiento de las plantas –moléculas ARN– y así bloquear la capacidad de las flores frescas de producir gas etileno. 

La multinacional explica que el gas etileno, la hormona de crecimiento natural, hace que las manzanas se pudran y los pétalos de las rosas se caigan,y  acelera la maduración de la fruta recolectada en un estado inmaduro, como de jitomates y plátanos. De manera que al bloquear la hormona, dopando el agua de jarrón con ARN, Monsanto está alterando el flujo de la naturaleza.

Con este descubrimiento, Monsanto piensa embotellar moléculas que consigan que las plantas florezcan, y, a su vez, utilizar aerosoles génicos que sean capaces de matar insectos como las hormigas coloradas y los alticinos. Para la empresa multinacional, “el esfuerzo floral representa un trabajo de detección temprana por equipos que han intentado identificar nuevas aplicaciones agrícolas para el ARN.”

Para el fotógrafo Mathieu Asselin, cuyo proyecto Monsanto: A PhotographicInvestigation podrás verlo dándole click aquí, explica cómo los lugares en los que Monsanto ha aplicado sus productos, han sido destrozados por su toxicidad: 

La parte más escalofriante es que, aún en la actualidad, no tenemos todavía una idea clara acerca de cómo los problemas de salud de la población van a evolucionar, y mucho menos se conocen los efectos que tendrán en las generaciones del futuro. Y este es un patrón que en las etapas tempranas se han repetido con los OGM. Es simplemente que no sabemos cuáles serán las consecuencias de la manipulación genética a largo plazo o a mediano plazo. […] Pero Monsanto va un paso antes al modificar genéticamente las semillas como el maíz, el algodón, la caña, alfalfa, soya, para que sean resistentes al Roundup (cultivos tolerantes al glifosato) llamado Roundup Ready Seeds. Las consecuencias en humanos se han mostrado en lugares como Argentina, donde gran parte de la población que vive cerca de estos cultivos rociados con estos herbicidas han desarrollado diferentes tipos de problemas de salud, entre ellos malformaciones de los recién nacidos similares a los niños en Vietnam contaminados con Dioxin (el químico más poderoso que ha sido creado por el hombre, y el componente principal del Agent Orange). […] Como pueden ver, muchos de los productos de Monsanto se construyeron en lo que llamé una cascada de fracasos exitosos. La comercialización de estas fallas ha tenido una estrategia exitosa de trabajo para esta empresa estadounidense. 



Así manipula Monsanto a los medios de comunicación para limpiar su imagen

La multinacional ha recurrido incluso al acoso a periodistas para evitar que se conozcan sus secretos.

Monsanto –ahora propiedad de Bayer– es una empresa francamente siniestra. No contenta con haber fabricado el mortífero agente naranja durante la guerra de Vietnam, ni con jugar al semidios al atreverse a modificar las bases primigenias de la naturaleza, ahora se sabe que Monsanto también se ha encargado de crear una red de periodistas impostores, así como de académicos y hasta de científicos, para intentar limpiar su percudida imagen.

Y es que últimamente Monsanto ha estado en muchos problemas.

La multinacional ha tenido que pagar millonarias sumas de dinero a algunas de las personas que la han demandado. Esto a raíz de que el uso prolongado del herbicida RoundUp le ha generado cáncer a miles de personas. Tan sólo por el caso del jardinero Dewayne Johnson, Monsanto tuvo que pagar una multa de 289 millones de dólares, mientras que en el último caso, ganado por la pareja Alva y Alberta Pilliod, Monsanto pagó 2,000 millones de dólares.

Tomando en cuenta que la transacción realizada para la compra de Monsanto por parte de la alemana Bayer fue de 63,000 millones de dólares –y fue, de hecho, considerada la más costosa de la historia, según Forbes–, no cabe duda de que la mala fama le está costando muy caro a la multinacional.

 

La narrativa de Monsanto

No es de extrañar que Monsanto se haya dedicado a manipular los medios de comunicación, no sólo a partir de la publicación de falsas investigaciones científicas, sino mandando a sus consultores, disfrazados de reporteros, a los juicios contra RoundUp.

Según un reportaje publicado en The Guardian, una directora de la consultora FTI, de quien Monsanto es cliente, se presentó a uno de estos juicios en San Francisco. Ahí dijo ser reportera freelance de la BBC. Su objetivo era poder hablar con los verdaderos reporteros e intentar convencerlos de ciertas narrativas en la historia que favorecieran a la multinacional.

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Monsanto ha recurrido, incluso, al acoso a periodistas.

La periodista Carey Gillam habló con Timothy Litzenburg, quien representa a varios agricultores que han demandado a Monsanto. Este abogado ha rastreado lo que llama el “proyecto de dinero oscuro” que esconde la multinacional y con lo cual busca legitimarse ante la opinión pública. Tal proyecto no implica sólo tener cómplices en algunos importantes noticieros, periódicos y medios digitales, sino incluso se vale del intento de desacreditar a los reporteros comprometidos a través del soborno, y desmovilizarlos mediante el acoso.

Según le contó Litzenburg a Gillam:

Ahora sabemos que tenían periodistas cómplices que influyeron con la propaganda de Monsanto bajo el disfraz de que era “información objetiva”. Al mismo tiempo, la compañía química trató de acumular informes para desacreditar a los periodistas que fueron lo suficientemente valientes como para hablar en contra de ellos.

Es así que Monsanto busca escribir narrativas alternas sobre su oscuro pasado y presente, para poder seguir engañando a la opinión pública mientras sigue haciendo de nuestra salud y de la naturaleza su negocio privado. No obstante, mientras periodistas valientes como Carey Gillam sigan diciendo la verdad –y mientras nosotros sigamos denunciando todos sus crímenes… es indudable que Monsanto tiene sus días contados.

 

* Imágenes: 1) Reuters; 2) Luke Runyon



Monsanto pierde otra demanda: ahora deberá pagar 81 millones de dólares

Esta es la segunda vez en poco tiempo que Monsanto pierde en la corte (y que todos en el mundo ganamos).

El miércoles 27 de marzo, Monsanto fue declarada culpable por negligencia. Por producir y comercializar RoundUp, un herbicida con químicos tóxicos, la multinacional –que fue recientemente adquirida por Bayer– deberá pagar 81 millones de dólares a Edwin Hademan, un jubilado estadounidense que usó el herbicida por más de 20 años y fue diagnosticado con cáncer.

Esta es la segunda vez que Monsanto debe pagar una cifra tan grande por producir y comercializar RoundUp. Quien ganó un juicio semejante por primera vez fue el jardinero Dewayne Johnson en agosto de 2018, por lo cual la multinacional pagó más de 200 millones de dólares.

Actualmente hay más de 11,000 demandas contra Monsanto
tan sólo en Estados Unidos.

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La decisión y sentencia fue realizada por un jurado en California. Éste determinó como negligente el hecho de que RoundUp no cuente con advertencias sobre los riesgos de usarlo prolongadamente. La decisión fue saludada por la ONG Environmental Working Group, la cual aseguró que Monsanto sabía del riesgo del glifosato desde hace mucho y que, no obstante, ha hecho todo lo posible por ocultarlo.

 

¿Qué es RoundUp?

Todos sabemos –y seguramente pocos pueden argumentar lo contrario– que Monsanto es la peor compañía sobre la faz de la tierra. O por lo menos, es la que más daños ha provocado directamente sobre la salud global y del planeta.

Uno de los peores crímenes de Monsanto es haber insistido en el uso del glifosato, el químico presente en RoundUp, y de cuya toxicidad extrema se sabía desde hace más de 3 décadas. Sin embargo, la multinacional siguió vendiendo el herbicida, causando miles de casos de cáncer de manera directa en aquellos que lo usaban y envenenando indirectamente a quienes consumimos cultivos como la avena, en la cual se han encontrado peligrosos restos de glifosato.

Así que estas justas condenas son buenas noticias para todos nosotros y para las generaciones por venir.