¿LSD, un tratamiento efectivo para la depresión?

El Dietilamida del ácido lisérgico –LSD– posee ciertas propiedades para inhibir temporalmente la conectividad las regiones en el cerebro responsables en mantener la atención en el pasado.

Imagen: www.alltreatment.com

En la depresión, este estado letárgico de tristeza y desasosiego, es común estar constantemente reviviendo el pasado con oleadas de lamento, arrepentimiento, decepción y penitencia. Por ello, las terapias para la depresión pretenden lograr que el paciente esté en el aquí y ahora, con un mayor y mejor entendimiento de su pasado. 

De acuerdo con Daniel Siegel, gracias a que la mente del humano está dotada de resiliencia, las terapias enfocadas en el aquí y ahora permiten liberar al cuerpo –y cerebro– de creencias irracionales asociadas con la depresión. Esto permite comprender cómo, en caso de un trauma psicológico, la persona no pueda liberarse de sus experiencias displacenteras y sentimientos negativos asociados con ellas; sin embargo, con el tratamiento adecuado, la mente desensibiliza los patrones neuronales para crear unos más funcionales y saludables. 

Para la formación de este tipo de patrones existen terapias neurosecuenciales; aunque, según un estudio publicado en Journal of Psychopharmacology y realizado por el departamento de fisiología de la University of Dundee, el centro de neuropsicofarmacología del Imperial College y el Beckley Foundation, en Reino Unido, el Dietilamida del ácido lisérgico –LSD– posee ciertas propiedades para inhibir temporalmente la conectividad las regiones en el cerebro responsables en mantener la atención en el pasado. 

En este estudio, los investigadores consideraron que el efecto del LSD, el de hacer viajar temporalmente a la mente, es una habilidad que permite al humano proyectarse mentalmente en diferentes momentos de la vida, recolectando episodios autobiográficos e imaginando experiencias en el futuro.  Para los estudiantes encargados de la investigación, esta habilidad de acceder e involuntariamente reproducir eventos del pasado juega un papel significativo en el sentido del self y de la identidad  –ego– de una persona; de manera que tener el control de esos eventos permite empoderar a la persona, mejorando su autoconcepto. 

Durante la investigación se descubrió que las personas con una mayor conectividad la default-mode network –DMN–, la cual resulta ser un componente clave para el viaje en el tiempo como un proceso mental, tienden poseer una mayor cantidad de creencias irracionales sobre su autoconcepto, sufriendo de depresión y un estado de ánimo bajo. Sin embargo, de acuerdo con las imágenes de resonancia magnética –fMRI–, el cerebro de las personas bajo los efectos de la sustancia psicodélica, disminuye la actividad de la DMN y, por tanto, disuelve la distorsión del ego y el autoconcepto. Y gracias a ello, se facilita la experiencia de una reestructuración saludable y funcional del self. 



¿Por que la vida contemporánea está deprimiendo a tantas personas?

Atravesamos una crisis existencial colectiva que exige reconectar con el inconsciente…

Es curiosa la paradoja contemporánea. Jamás la humanidad había tenido tantos potenciales y capacidades para experimentar la realidad placenteramente, pero quizá nunca la depresión se había hecho tan epidémica, desatando una especie de crisis existencial colectiva.

Contrario a otras cuestiones sociales, es imposible hacer un índice sobre los niveles de depresión en la historia y compararlos con los de hoy. Pero lo cierto es que no es muy arriesgado postular lo anterior, ya que cuando uno piensa en las condiciones de vida de hace 100 o 200 años –o ni se diga 500 años–, es realmente sorprendente lo que podemos hacer: desde alumbrar un cuarto para leer hasta viajar al otro lado del mundo en pocas horas y conectarnos online para acceder un acervo sin límites del conocimiento humano.

Podríamos entender que antes el espíritu fuera más susceptible a la depresión –o a la melancolía, como se conocía a la depresión hasta el siglo XX–. Esto debido a las precarias condiciones de vida, a que las enfermedades eran más mortíferas, a que casi nadie podía acceder al conocimiento o al arte. Pero la verdad es que, al parecer, la depresión es un mal moderno a pesar de que contamos, relativamente, con mejores condiciones de existencia.

Quizá  Freud tenía razón: la depresión ocurre en un individuo cuando el consciente es… demasiado consciente.

O en lenguaje freudiano, cuando el superyó es dominante.

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El superyó es la instancia encargada de reprimir los placeres de nuestro yo y del ello, la parte más primitiva en nosotros. Al parecer, el superyó no es capaz de hacer frente a todos los estímulos que se nos presentan en la actualidad, ni a toda la conciencia que nos otorga esta era de hiperconectividad tecnológica.

Vivimos demasiado conscientes de todo lo que nos rodea, y de lo que no nos rodea también.

Nos enteramos de todo, desde injusticias mediáticas hasta desastres naturales al otro lado del mundo o el ascenso de la ultraderecha en Brasil –no por nada ver noticias se ha vuelto motivo de estrés–. Somos más conscientes, también, de las enfermedades: de lo que produce en el organismo dormir o comer mal. Y sabemos del mal que le ocasionamos al mundo con nuestra cultura del plástico, cuya omnipresencia hace nuestras vidas más fáciles al tiempo que más desechables.

Además, estamos perpetuamente sobreestimulados, lo que está haciendo nuestras expectativas cada vez más difíciles de satisfacer. Los efectos especiales nunca dejan de mejorar, hay un infinito catálogo de nuevas series en Netflix y podemos llenar nuestro iPhone de música que jamás escucharemos.

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Por si fuera poco, nos encontramos brutalmente alejados de la naturaleza, escindidos por completo del contacto con ella. Nos hemos dejado absorber por un estilo de vida cada vez más urbano y artificial, alejado de los rituales y lo sagrado que es esencial en la naturaleza, lo que sin duda se resiente en nuestra psique como un estado de permanente duelo. Y los duelos, según Freud, también promueven la depresión, sean reales –por la pérdida de un ser querido– o simbólicos –por la pérdida de la naturaleza–. Pero, ¿cuál es la solución a todo esto?

 

Conectarnos menos a Internet y reconectar con la naturaleza y el inconsciente

Si es un exceso de conciencia lo que nos tiene así, habría que aprender a dejar de estar siempre hiperconectados y tan conscientes de todo. Porque la conciencia no es mala: nosotros creemos que es vital expandir una nueva conciencia contemporánea. Pero ésta implica valorar el inconsciente: dejarse guiar por instintos como la intuición, darle un poco de espacio a la espontaneidad, y regresar a la naturaleza: a sus rituales y sacralidad.

Por eso en estos tiempos se debe buscar quietud, silencio y espacios naturales donde pasar el tiempo. De hecho, reconectarnos con la naturaleza es, según Carl Jung, volver a nuestro inconsciente. Y eso es lo que necesitamos hoy, más que nunca, para aquietar al superyó.

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Esto significa que debemos saber combinar la rutina con el ritual, y el ritual con lo inesperado. Aprender a meditar, usar menos redes sociales, salir a caminar, y nunca subestimar el poder del contacto real con otra persona. Y también aprender a observar y no sólo mirar, a escuchar y no sólo a oír.

Estas son algunas dosis justas de placer, gozo y felicidad que, creemos, pueden contrarrestar los nocivos efectos de la tecnología sobre nuestra psique. Y es urgente ponerlas en práctica para combatir la crisis existencial colectiva por la que atravesamos.

 

* Imágenes: 1) Pinterest; 2, 3 y 4) David Schermann



¿Cuánto tiempo permanecen las drogas en tu sistema? A veces más de 90 días

Diversas pruebas para detectar sustancias legales e ilegales en el cuerpo arrojan estos datos (algo escalofriantes).

Muchas empresas y agencias de seguridad en el mundo (no siempre con transparencia legal) realizan pruebas para detectar la presencia de ciertas sustancias ilícitas en el cuerpo.

Pero sin importar la vía de entrada al cuerpo, ya sea como humo, por las fosas nasales, ingeridas o a través de las venas, las drogas legales o ilegales dejan un rastro en tu sistema.

En el momento en que alguien consume cannabis, cocaína, MDMA, cuando toma LSD, barbitúricos o una simple cerveza, su cuerpo comienza a metabolizarlo. En ese proceso, el sistema produce metabolitos, subproductos que pueden leerse como huellas o rastros y se almacenan en la sangre, la orina o el cabello.

Estos metabolitos son lo que buscan las pruebas de detección de drogas, pero no todas las sustancias permanecen el mismo tiempo en el cuerpo.

Aquí te compartimos algunas gráficas sobre cuánto tiempo permanecen los metabolitos en diferentes zonas de tu cuerpo:

 

En tu sangre

Muchas drogas son expulsadas del cuerpo en cuestión de horas a través de la sangre. Con la excepción de la marihuana, la mayoría son indetectables en pruebas de sangre después de 2 días.

 

En tu orina

La orina tampoco es un buen vehículo para detectar drogas, pues tras unas 6 horas la mayoría de las sustancias ya son indetectables (nuevamente, con excepción de la cannabis).

 

En tu cabello

El método más efectivo para detectar los metabolitos que dejan las drogas es el cabello, donde pueden permanecer más de 90 días.

 

* Imágenes: Dragan Radovanovic/Business Insider