Costa Rica prohibe la cacería ilegal con una multa de 3 000 dólares

Por votación unánime, el Congreso costarricense aprobó la Ley de Conservación de Vida Silvestre pensada para proteger la biodiversidad del país.

Imagen: http://www.fanpop.com/

Costa Rica es el primer país latinoamericano en prohibir la cacería recreativa clandestina, principalmente desde que la aprobación legislativa impuso multas de hasta 3 000 dólares y prisión de hasta cuatro meses a los culpables de cacería deportiva.  

Por votación unánime, el Congreso costarricense aprobó la Ley de Conservación de Vida Silvestre pensada para proteger la biodiversidad del país, particularmente las especies como jaguares, pumas y guacamayas; y así reducir la cacería ilegal por deporte o por venta de mascotas. Esta iniciativa fue impulsada por la Asociación Preservacionista de Flora y Fauna Silvestre –Apreflotas–, organización no estatal costarricense, la cual comentó a EL PAÍS

Se prohíbe que los animales sean mascotas en circos y sean alimentados con comida chatarra. Y aunque no hay datos de cuánto dinero genera la caza en el país, hay cacería clandestina por la que cobran hasta 5 000 dólares a turistas extranjeros. Por eso hay muchas armerías en el país que venden armas a más de 3 000 dólares. Esperamos que en menos de un mes sea promulgada la ley por la presidenta de Costa Rica. 

Costa Rica es uno de los países con mayor biodiversidad del mundo, pues de hecho el 25 por ciento del territorio del país está protegido por reservas y parques naturales. Sin embargo, existe la vieja costumbre de que miles de hogares costarricenses tienen como mascotas a loros, pericos, ardillas, monos y otras especies.

En palabras de la presidenta de la República de Costa Rica, Laura Chichilla, la ley castigará la tenencia y el comercio de especies silvestres –flora y fauna–. Se trata de un paso muy grande e importante que pretende cuidar la fauna y flora silvestre del país. Incluso el Freddy Pacheco, excatedrático jubilado de la Escuela de Ciencias Biológicas de la estatal Universidad Nacional de Costa Rica, explicó que “aunque algunos van a catalogar como exagerada esta propuesta de Costa Rica, lo cierto es que estamos muy contentos y es hora de que la flora y fauna silvestre sean valorados y no utilizadas como mecanismo para hacer dinero. La fauna silvestre merece todo respeto y protección de la humanidad.

Al evitar la caza ilegal y clandestina, se podrá regular con facilidad la caza dentro de las áreas silvestres. Si bien todas las grandes iniciativas tendrán retos, pero se espera que poco a poco la gente se irá acostumbrando a evitarlo. Para Pacheco, “No podemos eliminar del todo la caza ilegal, como tampoco se puede eliminar el consumo de drogas ilegales. Pero luchamos contra eso”; inclusive agregó:  

Eso no lo podemos evitar, pero el mensaje, la disposición de los costarricenses en su gran mayoría a favor de la fauna silvestre, debe honrar a Costa Rica a nivel mundial y ser un ejemplo de lo que se debe hacer para darle mayor importancia a la fauna silvestre, que no tiene quien la defienda. 



Amarnos a nosotros mismos en tiempos ensimismados

¿Será posible reinventar al amor propio y llevarlo más allá del culto al individuo?

Amar es desgarrarnos para cosernos; rompernos para pegarnos. Amar es alejarnos para volver, dañarnos para curar. Amar es el más extravagante de los hábitos: un acto efímero en su eternidad. Un péndulo de Foucault oscilando infinitamente.

De entre estas ambivalencias e incertidumbres que constituyen la esencia de esta pasión humana, se alza un aparente antagonismo entre el amor al otro, por un lado, y el de aquel que guardamos para nosotros mismos, por otro.

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Ilustración: Henn Kim

Ambos pasan en nuestros tiempos por una crisis que los hace parecer irrealizables y, en ocasiones, también irreconciliables: no hay tiempo de amar a otros porque estamos muy ocupados procurándonos a nosotros mismos. O no nos amamos porque estamos muy ocupados salvando el mundo.

No obstante, amarnos a nosotros parece ser, verdaderamente, el principio desde el cual se desdobla el resto de nuestros actos. Por eso Ron Padgett, nuestro Paterson de carne y hueso, escribe:

Take care of things close to home first. Straighten up your room before you save the world. Then save the world.

(Encárgate de las cosas cercanas a casa primero. Arregla tu cuarto antes de salvar el mundo
Luego salva el mundo)

Parece urgente amarnos si queremos ser capaces de amar a otros en algún momento. Porque si no nos amamos, ¿cómo amar a otros? Tal parece la aritmética de las relaciones humanas: su lógica intrínseca.

Pero el amor no es reductible a operaciones matemáticas. Recuperar el amor propio en estos tiempos es más difícil, quizá, que nunca en la historia. Somos presa fácil de los vacuos discursos sobre el amor, cuya retórica cínica invita a amarnos desde el narcisismo y la mezquindad. Existen también los sustitutos inverosímiles: en lugar de amar, nos sumimos en nuestra psique depresiva y cultivamos un odio que poco a poco nos carcome.

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Ante esas condiciones decadentes, es urgente plantear hipótesis radicales. ¿Qué tal si la única forma de recuperar el amor propio fuera admitiendo que no hay una hoja de ruta que nos marque cómo hacerlo? Suena desolador: si algo buscamos son respuestas tangibles, concretas y que nos den soluciones inmediatas.

Pero amar es precisamente lo contrario a todo ello. Amar –afortunadamente– no es una ciencia, y por ello no existen métodos para aprender a amarnos ni para amar a otros. Por eso, aún en nuestros tiempos ensimismados, el amor sigue siendo un resquicio de libertad para quien se atreve a mirar desde ahí.

Aunque quizá una de las pocas cosas que se pueda afirmar sobre esa cosa contradictoria que es el amor (cuya semántica, por cierto, es el mayor reto de los lingüistas) es que, tanto aquel amor que nos profesamos a nosotros mismos, como el que profesamos a los demás, son indisociables. Ambos tienen una autonomía relativa, tanto como nosotros la tenemos de los demás. Pero su aparente antagonismo o dualidad es producto de nuestra época, y no es sino una ilusión, como muchas de las que sustentan nuestras creencias.

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El amor es una totalidad que sólo puede sobrevivir como tal, retroalimentandose cada una de sus partes de lo uno y lo otro. Hay necesidad mutua, incluso cósmica, entre los tipos de amor, tal y como la hay en el individuo para con los otros, a quienes necesita para poder ser y desdoblarse en sus infinitas posibilidades.

Si algo resume esta idea en una cotidianidad sólo aparentemente sencilla, pero en realidad sumamente compleja, es esta otra metáfora de Padgett en su poema Love:

That is what you gave me

I become the cigarette and you the match

Or I the match and you the cigarette

Blazing with kisses that smoulder towards heaven

(Eso fue lo que me diste: yo me convertí
en cigarrillo y tú en fósforo
o yo en fósforo y tú en cigarrillo
brillando con besos ardiendo hacia el cielo)

El amor propio sólo puede cultivarse cuando aprendemos a ser ya sea el cigarrillo o el fósforo. Es una relación dinámica que ocurre todo el tiempo, todos los días. No hay principios ni finales. No hay identidades definidas permanentemente. Sólo fósforos, cigarrillos y las chispas que simbolizan la valentía que implica amarnos y amar en un mismo tiempo.  

 

*Ilustración principal: Sivan Karim 

 



La caza ilegal amenaza a los jaguares en Quintana Roo

Bajo la excusa del autosustento, los pobladores atacan a las especies de la Reserva de la Biosfera de Sian Ka’an, en Felipe Carrillo Puerto.

La cacería ilegal ha provocado una serie de consecuencias en numerosas especies y sus ecosistemas. Un ejemplo de este hecho es la amenaza de extinción de los jaguares que se encuentran en Quintana Roo, en México.

De acuerdo con el director ejecutivo de la reserva ecológica de El Edén, la cacería deportiva ilegal ha disminuido significativamente la población de los jaguares. Inclusive se han dado casos en donde se han monitoreado a ejemplares desde la zona norte del estado que terminan en las manos de cazadores, quienes los matan por puro entretenimiento: “A pesar de que dentro de la legislación ambiental se contempla la posibilidad de la caza deportiva, esta se debe de realizar en zonas delimitadas y con especies autorizadas; en Quintana Roo no hay ninguna área destinada a la caza deportiva y aún así hemos tenido reportes de que se efectúa”. 

Bajo la excusa del autosustento, los pobladores atacan a las especies de la Reserva de la Biosfera de Sian Ka’an, en Felipe Carrillo Puerto. Se internan en áreas de selva, junto con personas que no son de la zona, y cazan diversos animales. Y entre ellos, el jaguar. 

[Periodistas Quintana Roo]