Un documental sobre el visionario ecológico y arquitecto Buckminster Fuller

Este filme construye un domo geodésico de la visión del gran Bucky Fuller y cómo resuena hoy en el mundo.

Foto:Bill Ingraham

En el presente vivo en la Tierra y no sé lo que soy. Sé que no soy una categoría. No soy una cosa; un sustantivo. Podría ser un verbo, un proceso evolutivo; una función integral del universo.

Buckminster Fuller

Buckminster Fuller (1895-1982) tuvo, ante todo, una excepcional visión: “hacer que el mundo funcione para el 100% de la humanidad, en el menor tiempo posible, a través de la cooperación espontánea sin ofender a la naturaleza o poner a nadie en desventaja”. Se dedicó a probar que si un hombre planta un semilla que resuene universalmente, puede cambiar el mecanismo del mundo.

Su premisa sigue desenvolviéndose… Pero al margen de que la crítica moderna lo reconozca solamente, o principalmente, por sus domos geodésicos, Fuller ha llegado a convertirse en un mito: una eficiente leyenda que provoca que cuestionemos cómo pensamos el futuro y la humanidad. “Ya no tiene que ser acerca de ti o de mí”, escribió alguna vez. “El solipsismo es innecesario y por ende irracionalizable”. 

Como un homenaje a este gran hombre, el Museo de Arte Moderno de San Francisco comisionó al cineasta Sam Green a realizar un documental en vivo sobre Bucky. La pieza, titulada The Love Song of R. Buckminster Fuller (título que alude a la frustrada voz poética del poema de T.S. Eliot) es en sí un domo geodésico que integra su filosofía, su obra y vida, ambientada por un soundtrack en vivo de la banda estadounidense Yo la tengo, que anteriormente participó en la musicalización de hermosos filmes submarinos de Jean Painlevé.

Green pasó meses en los archivos de la Universidad de Stanford revisando fotos y videos inéditos para formar su pieza multimedia.

Primero estuve cautivado por él como personaje. Era una fascinante mezcla de intensa ambición, impulso, energía, idealismo, pero también era profundamente inseguro y sensible. Lleno de contradicciones y arrugas. Trabajó increíblemente duro: dio clases y viajó y trabajó en proyectos dentro de un inmenso proyecto de 50 años para averiguar si una sola persona podría cambiar el mundo. Fue realmente infatigable. […] Todo de lo que Fuller estaba hablando hace 40 años está completamente vigente ahora. Es impresionante. El mundo realmente lo alcanzó.

The Love Song of R. Buckminster Fuller fue un performance que, además de retomar la envolvente visión de Fuller, animó el formato del cine documental. Unió la espontaneidad de un concierto con la proyección de una película narrada en tiempo real. Algo que aconteció en el presente de los afortunados que estuvieron allí como audiencia y que queda para la posteridad en formato de video.

Puedes conocer más de este documental acá. 



3 claves de Buckminster Fuller para inventar el futuro y transformar el mundo

El genio y humanista Bucky Fuller y su legado cósmico: “Cada vida y experiencia personal es un microuniverso”.

Pocas veces se ha visto, en un mismo hombre, el uso de la rigidez científica y la audacia de un soñador para favorecer a la humanidad. Ese fue Buckminster Fuller, inventor, humanista y hombre prodigio heredero de una clarividencia extraordinaria.

Fuller creía en la posibilidad de hacer funcionar al mundo para el 100% de la humanidad, a partir de una tecnología resiliente que no representara un riesgo para la naturaleza. La idea, que ya era una iniciativa desde el momento en que deslumbró su mente, dio a luz uno de los archivos más completos y avanzados de su época: el Inventario de recursos mundiales, tendencias y necesidades humanas, nada más que un catálogo global de predicciones importantes y precisas sobre el futuro de nuestra sociedad.

Fuller quería inventar el futuro creando nuevas formas de habitar el cosmos, pues creía que “Cada vida y experiencia personal es un microuniverso“, y agregaba:

En la visión general del hombre-universo como la suma total de toda la experiencia agregada y registrada del hombre, cada faceta de esta “experiencia” es entonces una modificación del universo. 

Para Bucky Fuller, todo hombre y mujer de este planeta es capaz de intervenir en los cambios de la naturaleza a nivel macro y microcósmico, dado que cada uno de nosotros es también un pequeño universo, con relaciones interactivas, procesos de energía y movimiento. De manera que el hombre, como integrante del universo, no está lejos de una sintonía con el mismo (un “patrón”), y para llegar a entenderlo la única limitante es su conocimiento. 

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Por eso desarrolló –entre otro sinfín de inventos futuristas– los revolucionarios domos geodésicos: estructuras sustentables que podrían ser las casas del futuro, de los cuales existen 300 mil en la actualidad. La geodésica representa ese otro significado de universo que Fuller atribuyó a la palabra, donde a través de un sistema sinérgico todos y todas estamos interconectados. 

Este y muchos otros inventos definen a Buckminster Fuller como un hombre pragmático y al mismo tiempo visionario. 

Fuller nos invita a pensar en cómo actuar en el presente para transformar el futuro. Quizá, para él, uno de los ingredientes más importantes en el camino a fabricar un mejor mundo fue la idea de que los individuos se sepan parte de un todo, pues de otra manera no sería posible crear la sinergética que cambie para bien al planeta. La sinergética es un concepto acuñado por el propio Fuller para la investigación empírica de sistemas de transformación; en otras palabras, requiere que nos veamos como parte de un sistema complejo del cual somos tanto participantes como observadores, algo que sin duda nos hace potenciales agentes de cambio.

De este concepto de “sinergética” se desprende el resto de la filosofía y práctica que caracterizó a este futurista, quien hasta hoy sigue asumiendo su papel de inspirador para numerosos observadores de tendencias contemporáneos. A continuación

3 claves de Bucky Fuller para actuar en el presente e inventar el futuro:

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Todo conocimiento debe ser procreativo

No debemos pretender hacernos de conocimiento sólo para mantener una identidad, y menos aún para mantener cierta superioridad sobre otros. El conocimiento es producto del desarrollo humano y, como tal, pertenece a todos. Quien por ciertas determinaciones disponga de mayor conocimiento que otros, debe actuar en consonancia con la responsabilidad social que ello significa. Para Bucky Fuller, eso significaba utilizar el conocimiento para hacer evolucionar a la humanidad.

 

Debemos tener la capacidad de soñar

El conocimiento no basta. Si no tenemos la capacidad de soñar e imaginar otras realidades posibles, lo más probable es que nos frustremos en nuestros intentos por transformar el mundo. Bucky Fuller, por ejemplo, tuvo muchos inventos fallidos; el propio domo geodésico fue, en un principio, una estructura inestable y no apta para ser más que una maqueta. No obstante, Fuller no se rindió: no paró de inventar y de ser procreativo durante toda su vida, porque era un soñador empedernido.

 

No leamos manifiestos: seamos el manifiesto

Todos sabemos, en mayor o menor medida, que las cosas no marchan muy bien en el mundo. Por eso no basta con señalar lo que está mal (pues todos podemos hacernos una idea al respecto), sino que debemos buscar soluciones de manera pragmática. En una entrevista de 1974, Bucky Fuller asegura que él es sólo “un manifiesto de lo que la evolución está buscando”. Así, más allá de leer manifiestos o elaborarlos, Buckminster Fuller propone que nosotros seamos esos manifiestos, a través de nuestras propias acciones.



Todo indica que SeaWorld está próximo a desaparecer

De acuerdo con un análisis en la revista digital “The Dodo”, tanto las finanzas como la reputación de esta institución están en picada

En varias ocasiones Ecoosfera ha alzado la voz en contra del maltrato animal, en especial aquel que se lleva a cabo dentro de instituciones que buscan lucrar a través de espectáculos cuyos actores principales son los animales en cautiverio. Uno de estos casos, que se ha hecho de una pésima reputación en los últimos años, es el de SeaWorld, cuyo show de orcas “domesticadas” fue expuesto en el documental Black Fish (2013).

De acuerdo a un análisis en la revista digital The Dodo, tanto las finanzas como la reputación de esta institución están en picada en gran parte porque estos parques acuáticos, y en especial su espectáculo más famoso —el de orcas—, se han convertido en un sinónimo de crueldad animal. Este maltrato se refleja en el estado emocional de las orcas, que presentan síntomas de depresión y un comportamiento agresivo que ha derivado en la muerte de varios entrenadores (como muestra, el documental de Gabriela Cowperthwaite).

De acuerdo con la revista digital el valor de las acciones del parque se ha visto reducido al 50% de su valor en relación al año pasado y sus acciones bajaron 34% en sólo un día. La cantidad de visitantes también ha disminuido; aparentemente, en lo que va del año, el parque ha recibido menos visitantes que durante el mismo periodo el año pasado, prueba de que la publicidad negativa causada por el documental logró impactar al menos a un porcentaje de la audiencia de SeaWorld.

En general, para el reino animal esto representa excelentes noticias. Significa que, aunque sea poco a poco, estos hechos —el maltrato animal como consecuencia del entretenimiento— están siendo revelados y que muchos ya no están dispuestos a tolerar la explotación animal a cambio de risas. Hay mejores maneras de exponer a nuestros hijos a la naturaleza; mantener a los animales apresados en espacios mínimos no es una buena alternativa. Todos somos parte del ecosistema y está en nuestras manos garantizar un trato justo para las demás especies.