¿Sabes qué tienes que hacer frente a un incendio forestal?

Los incendios forestales generan contaminación de diversas formas

En los pasados días, la zona ecológica de Tepoztlán se vio sumida en un incendio en el que se salió de control por la noche. Durante 40 horas, las brigadas han trabajado para sofocar el incendio originado por una quema agrícola entre los pueblos de Santo Domingo y San Juan Tlacotenco.

El impacto ecológico de este incendio es superior a lo que se ve a simple vista, pues sobrepasa incluso las áreas afectadas. La recuperación de los bosques afectados puede llevar décadas frente a la destrucción de la biodiversidad, el aumento de la desertificación o la disminución de la calidad de las aguas y las consecuencias negativas en la atmósfera. Sin mencionar que los costes económicos de un incendio forestal son considerables desde que la madera y sus productos derivados –como el papel y el combustibles– así como los productos alimenticios de la zona, ya no pueden aprovecharse. Es decir que las labores de regeneración de las zonas afectadas suponen un desembolso económico significativo en el país.

Los bosques fragmentados por los incendios generan problemas de conectividad, en donde los seres vivos peligran su reserva genética viable y su supervivencia a largo plazo. Esto se debe a que la biodiversidad de la zona incendiada sufre cambios en su estructura y composición. Además, los incendios forestales generan contaminación de diversas formas; como por ejemplo, durante los primeros momentos después del fuego, la mineralización de la materia orgánica vegetal provoca una momentánea infertilidad del suelo:

Pero la gran mayoría de estos nutrientes es muy volátil y pasan a la atmósfera o disueltos en corrientes de agua. Y como efecto derivado de la combustión de las masas forestales, diversas partículas y gases, incluidos los de tipo invernadero, como el dióxido de carbono –CO2–, acaban también en la atmósfera.

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Además de las consecuencias ambientales, se detectó un aumento del consumo de medicamentos antiasmáticos y para las vías respiratorias obstruidas, así como de fármacos ansiolíticos e hipnóticos. Principalmente en la vulnerable población de las personas mayores, quienes se sienten más alteradas, débiles y con dificultades para respirar: “Los incendios no solo suponen una pérdida importante de masa forestal y de pérdidas ligadas al ecosistema boscoso, sino un importante problema de salud poblacional.”

Para acabar con los incendios, es importante tomar consciencia que se trata de una tarea de todos. De acuerdo con Greenpeace –WWF–, los planes de gestión posee carencias en la asignación y distribución de presupuestos durante el proceso de restauración y en sus fases posteriores. Sin embargo, no sólo las instituciones son las únicas responsables, la educación y la concientización ciudadana son esenciales para cuidar al patrimonio mundial.

La destrucción de biodiversidad, el aumento de la desertificación o la disminución de la calidad de las aguas y la atmósfera son sólo algunos ejemplos de las consecuencias negativas, las cuales acumulan “una inercia de décadas de abandono del medio rural”. Por esta razón, es imprescindible la colaboración ciudadana para prevenir los incendios forestales.

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A continuación te compartimos recomendaciones sobre cómo actuar ante un incendio:

– Evita hacer fogatas en épocas de riesgo –entre mayo y septiembre–. Existen lugares acondicionados para hacerlo el resto del año. Recuerda no abandonarlos hasta que no estén totalmente apagados.

– No arrojes colillas ni basuras al suelo.

– En caso que se origine un incendio, llame a los servicios de extinción. A continuación te compartimos la lista de los teléfonos de emergencia.

– No participes en la extinción si no posees el conocimiento para realizarlo; sin embargo, puedes apoyar en las labores de evacuación, abastecimiento y vigilancia de zonas ya extinguidas.

– Si el incendio es incipiente, intenta apagarla con agua, tierra arrojada en la base de las llamas o eliminar la vegetación de alrededor para que no se propague. Procura hacerlo siempre con mucho cuidado.

– Mantén la calma y avisa por cualquier medio de radio, teléfono móvil, mensajes, etcétera. Para alejarte del incendio, es preferible ir pendiente abajo a zonas ya quemadas, contra el viento y sin correr. Evita la vegetación espesa y seca y las vaguadas, cubriendo las vías respiratorias con una tela húmeda en caso de estar rodeado de humo.

 



Podríamos tener un sexto sentido magnético (nuestro cuerpo como una especie de brújula)

Ya existe la primera prueba neurocientífica de que podemos sentir los campos magnéticos.

Mucho antes de que se inventaran las brújulas, es probable que los primeros humanos se orientaran a partir de una especie de sexto sentido magnético. Por lo menos a eso apuntan algunas investigaciones; la más reciente de ellas con evidencia neurocientífica. Más aún: es probable que aún tengamos vestigios de un sentido que antes quizá estuvo más desarrollado, como también lo estuvieron otros primigenios sentidos ligados a la intuición que aún poseemos. 

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Podría sonar a ciencia ficción, pero este poder podría no ser sino parte de nuestra evolución como seres vivos. Ello no nos haría únicos: más de 50 animales, desde abejas hasta perros, tienen este “súper poder” llamado magnetorrecepción. De hecho, las aves no sólo tienen esta capacidad alojada en el cuerpo, sino en sus ojos, ya que, al parecer, una proteína en su retina les permite detectar campos magnéticos con la mirada.

¿Por qué y cómo nosotros tendríamos este poder?

El primer experimento que se realizó para saber si los seres humanos también somos una brújula andante lo hizo el geofísico Joe Kirschvink. Éste hizo pasar campos magnéticos rotativos a través de algunos voluntarios mientras medía su actividad cerebral. Para sorpresa de Kirschvink, cuando el campo magnético giraba en sentido contrario a las agujas del reloj, ciertas neuronas actuaban de manera irregular, generando un aumento en la actividad eléctrica del cerebro.

No obstante, aún no se sabía si esta actividad era nada más que una reacción. Para que nuestro cuerpo fuese una brújula, tendría que procesarse cierta información que sirviera para la navegación, aunque fuese de manera intuitiva. Además necesitaríamos de células que funcionaran como magnetorreceptores, como en el caso de la proteína Cry4 que se aloja en la retina de las aves.

La cuestión es, ¿tenemos magnetorreceptores?

Las hipótesis de Kirschvink han sido lo suficientemente sólidas como para atribuírseles un campo de estudio propio. Y es que, de encontrarse que tenemos un sentido magnético, podríamos saber más sobre cómo la superficie de la Tierra influenció nuestra evolución. Asimismo, podríamos hacer más y mejores hipótesis sobre las condiciones geológicas de hace millones de años.

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Muestra 3D de la cámara de pruebas de magnetorrecepción el Caltech

Por eso, Kirschvink formó un grupo de investigación conformado por él mismo, así como un neurocientífico y un neuroingeniero. Este equipo colocó a más de 30 voluntario al interior de una cámara especial en la cual pueden manipular los campos magnéticos a voluntad. Ahí llevaron a cabo diversas pruebas para registrar la actividad del cerebro a través de electroenefalografía. Los investigadores encontraron que los campos magnéticos en cierto ángulo promovían una respuesta fuerte en el mismo ángulo del cerebro, lo que sugiere un mecanismo biológico estimulable, según escribió el propio Kirschvink para The Conversation.

Esto es ni más ni menos que la primera evidencia neurocientífica de que tenemos un sentido magnético. Si éste no se encuentra alojado en una zona en específico, sino que varía según las condiciones, quiere decir que tiene una función, y que de alguna forma debe traducirse en información orgánica útil para la navegación. 

Quizá este sexto sentido magnético fue más fuerte en el pasado, pero quizá lo podamos estimular e incluso evolucionar. Las preguntas –y las posibilidades– siguen abiertas.

 

*Imágenes: 1 y 2) Public Domain Review