Receta de fresas cristalizadas, un postre delicioso y saludable

Las fresas cristalizadas son un postre típico de México, que además de delicioso, también es saludable

Imagen: Mariya Prokopyuk

Las fresas cristalizadas son un postre típico de México, que implica una preparación similar al nixtamal del maíz. La peculiaridad de este postre es que para conseguir su cristalización –un proceso de secado y endurecimiento–, las frutas se sumergen durante un día en una solución de cal y agua, y otro, en almíbar de azúcar o pilloncillo para que se conserven en un buen estado. 

Además de ser deliciosas, las fresas cristalizadas poseen los beneficios de la fruta; por lo que son ricas en vitamina C y otros antioxidantes como vitamina E y flavonoides que retrasan el envejecimiento y combaten los radicales libres, infecciones, etcétera; en polifenoles que protegen de enfermedades cardiovasculares; en potasio que favorece a la eliminación de líquidos; en ácido fólico, el cual es muy recomendado durante el embarazo para evitar malformaciones. 

Te compartimos esta receta receta tradicional

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Ingredientes: 1 Kg de fresas,  1 1/2 litros de agua hervida o clorada,  4 1/2 tazas de azúcar morena (1 kg),  1/4 taza de azúcar refinada (60g)

Utensilios: Cacerola con capacidad de 3.5 L y tapa, cuchillo filoso, tabla de picar, taza medidora, cuchara de cocina, escurridor de plástico (como el que se usa para las pastas), molde de vidrio refractario. 

Rendimiento: 1.35 kg • Tiempo de preparación: 4 días • Caducidad: 1 año

Instrucciones: Lava y desinfecta las fresas. Con ayuda del cuchillo corta el rabillo. Vierte el agua en la cacerola (reserve 1/2 taza) y 3 tazas de azúcar morena. Pon la mezcla al fuego y agita hasta disolverla por completo. Cuando el jarabe suelte el hervor, baja la flama al mínimo, añade las fresas moviendo suavemente y deja que hiervan por 10 minutos. Retira la cacerola del fuego y déjala enfriar. Tápala y déjala reposar por el resto del día en refrigeración.

Al día siguiente, retira las fresas del jarabe y añádele media taza de azúcar más, pónlo a fuego medio y mueve con cuidado hasta disolver. Agrega las fresas nuevamente y deja que hiervan por 10 minutos. Transcurrido este tiempo, retira de la estufa, deja enfriar y nuevamente deja reposar en refrigeración el resto del día. Repita este paso dos veces más, dejando reposar la última vez dos días. Escurre las fresas y enjuágalas con agua potable para retirar el exceso de jarabe. Colócalas en el bastidor (ver recomendaciones), procurando no encimarlas, para facilitar el secado y exponlas al sol hasta que se sequen.

Pon a calentar la 1/2 taza de agua que se reservó y agrega el azúcar refinado. Pon a fuego medio y agita ocasionalmente. Cuando se comiencen a observar las burbujas grandes y la superficie del caramelo se note opaca, agrega de inmediato las fresas y agita constantemente. Mantenlas por medio minuto y retíralas. Deja que se enfríen para que se cristalice el azúcar que quedó en la superficie. Conservación: Las fresas cristalizadas se pueden almacenar en la alacena.



Sólo existe una falla con la que tienes que aprender a lidiar, según el zen

Nada más que una falla podría estar provocando que no logres encontrar por dónde fluir.

Hay muchas razones por las cuales nos paralizamos ante la simple idea de fracasar y no poder lidiar con nuestras fallas. La ansiedad nos domina con sólo pensarlo. ¿Y si no se vuelve a presentar la oportunidad? ¿Qué tal que hago el ridículo? ¿Y si decepciono a alguien?

Los pensamientos persisten y se vuelven obsesivos cuando no sabemos cómo lidiar con ellos ni, por tanto, con las fallas. No podemos evitar intentar vislumbrar el futuro ―lo cual no es malo―, pero no lo hacemos de una manera previsora, más intuitiva, sino dando por hecho que sólo nos aguardan equivocaciones. Vamos a fallar, nos aseguramos. Nada volverá a ser igual.

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Y entonces fallamos, porque la mente ―e incluso las posturas de nuestro cuerpo― pueden precondicionarnos a ello: liberar hormonas y neurotransmisores cuyo influjo en nuestro comportamiento es realmente poderoso.

¿Por qué no podemos fluir sin las ataduras del fracaso?

El maestro zen más importante de Occidente, Taisen Deshimaru, pensaba que el problema reside en que buscamos la libertad en el lugar equivocad. La libertad es la meta a la que todos aspiramos, pero para el maestro Deshimaru era claro que la ambición y el deseo llevan a los individuos, en la sociedad moderna, a fetichizar la libertad: a confundirla con cuestiones como el éxito personal.

Como es imposible alcanzar la libertad a la que refiere el zen mediante ambiciones materiales, es recurrente que nos encontremos frente al fracaso.

La verdadera libertad está en la mente [… ] Incluso cuando mis proyectos fallaran, incluso si toda mi misión fracasara, todavía tendría mi kolomo (ropaje) y mi cabeza rasurada, y podría dormir a un lado del camino.

Buscar la libertad más allá de la propia psique, la cual nos conecta con los otros y con el cosmos, es lo que nos conduce a un irracional miedo al fracaso. No quiere decir que debamos aislarnos para no fallar, sino que debemos construir lo que somos en el mundo material sobre un sólido trabajo subjetivo. 

Sólo así nos podemos dar cuenta de que la única falla importante que podemos cometer es creer que podemos fallar.

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Porque en realidad fallar es algo tan relativo como el tiempo. Lo que percibimos como una falla tenemos que retomarlo como una oportunidad para reflexionar. Fallar debe servirnos para fortalecer la psique, y como un momento para redireccionar nuestras intenciones.

Ray Bradbury lo sintetizó lucidamente en su libro Zen in the Arts of Writing:

No deberías ver hacia atrás para concebir el trabajo que has hecho como una falla. Fallar es rendirse. Pero estás en el medio de un proceso en movimiento. Nada falla entonces. Todo sigue. El trabajo está hecho. Si es bueno, aprenderás de él. Si es malo, aprenderás aún mas. El trabajo hecho es una lección para ser estudiada. No hay falla a menos que uno se detenga.

Las fallas no existen: son sólo una ilusión que nos sirve de barómetro, que pueden ayudarnos a sobrevivir. Pero que sobre todo tienen que impulsarnos a seguir: a fluir.

*Imágenes: Anna Sudit



¿Antojo de algo dulce? Prueba estos deliciosos y saludables postres caseros

Si bien es verdad que existe una vasta carta de postres, a la hora de escoger es indispensable considerar sus propiedades nutricionales y así evitar el consumo desmesurado de toxinas que se encuentran en alimentos procesados.

Los postres siempre son bienvenidos después de un delicioso platillo que se sirvió a la hora de la comida. Podríamos decir que se trata de “la cereza del pastel”, de ese bono que mejora la experiencia de la gastronomía.

Si bien es verdad que existe una vasta carta de postres, a la hora de escoger es indispensable considerar sus propiedades nutricionales y así evitar el consumo desmesurado de toxinas que se encuentran en alimentos procesados. Por ello te compartimos postres con ingredientes naturales que seguramente disfrutarás: 

Helado de plátano y chispas de chocolate

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Bites congelados de moras y yogurt griego –y azúcar–

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Helado de matcha

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Dátiles rellenos de mantequilla de cacahuate

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Pie de fresas y crunchy

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