Psicobióticos: bacterias que ayudan al tratamiento para desórdenes mentales

Gracias al avance de la tecnología médica, los científicos están empezando a ver variaciones en el microbioma humana y sus afectaciones emocionales.

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Desde hace casi dos siglos, la ciencia estableció la relación entre las infecciones por microorganismos y numerosas enfermedades físicas. Sin embargo, poco se conocía el impacto de estos seres microscópicos en diversos desórdenes psiquiátricos; como por ejemplo, la demencia causada por a bacteria de la sífilis Treponema Pallidum.

Gracias al avance de la tecnología médica, los científicos están empezando a ver variaciones en el microbioma humana y sus afectaciones emocionales, resultando en casos de depresión, ansiedad y síndrome de fatiga crónica. Y con ello, descubrieron que manipulando el microbioma con compuestos semejantes a los probióticos, se producen mejorías en las personas con algún trastorno psicológico.

A estos compuestos se les nombró “psicobióticos”, término acuñado por Ted Dinan del departamento de psiquiatría de la Universidad de Cork en la República de Irlanda. Se trata de un “organismo vivo que al ser ingerido en cantidades adecuadas produce un beneficio en la salud de pacientes que sufren enfermedades psiquiátricas”.

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El microbioma, diversas especies de bacterias, determina cómo funciona nuestro cuerpo, influyendo en alergias como el asma, problemas de metabolismo, el óptimo desarrollo del sistema inmune y hasta en la expresión de los estados de ánimo. Por ello, Lita Proctor, coordinadora del Human Microbiome Project de EE.UU., intuyó que “[e]xiste la noción de que los microbios producen complejos que pueden alterar el comportamiento; se ha sugerido que parte del rol de nuestros microbios es moderar nuestro comportamiento”.

Esto quiere decir que si no se tienen microbios intestinales durante la juventud, el sistema serotoninérgico no se desarrolla correctamente y, por tanto, hay alteraciones en las expresiones emocionales. Este descubrimiento permite creer que el psicobiótico, como el Bifidobacterium infantis, permite el desarrollo óptimo del sistema serotoninérgico. Inclusive, se ha demostrado que el probiótico Lactobacillus rhamnosus es capaz de reducir significativamente la ansiedad. 

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Dinan observó que estos psicobióticos “secretan altas cantidades de GABA” –ácido gama-aminobutírico, un aminoácido que actúa como principal neurotransmisor inhibitorio del cerebro–. De hecho, este especialista cree que el desarrollo de psicobióticos efectivos puede identificarse en los químicos que liberan las bacterias y que, a su vez, producen serotonina; como por ejemplo la Candida, los Estreptococos, la Escherichia y los Enterococos.

Como probióticos, explica Dinan, poseen limitaciones regulatorias mucho menores que las drogas convencionales; por lo que podrían ser recetados para pacientes que no responden bien al tratamiento con antidepresivos tradicionales: “Se ha demostrado que ciertas condiciones asociadas a la microbioma y que se adquieren en la niñez sólo pueden modificarse si ésta se equilibra en una edad temprana, y que una intervención en la adultez puede no dar resultado.”



2 semanas en la selva afectan positivamente el sistema digestivo de los niños (Estudio)

Según este estudio, una alimentación natural (sin grasas ni harinas) tiene efectos positivos a corto plazo.

En un estudio se encontró que una breve temporada en la selva puede cambiar positivamente el microbioma estomacal de los niños. En las ciudades, la alimentación de los niños produce una diversidad reducida de las “bacterias buenas” del intestino; pero en los niños que viven en zonas selváticas, y por lo tanto tienen una alimentación sin añadidos artificiales, el microbioma tiene una mayor diversidad, lo que beneficia su desarrollo y salud en la adultez.

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La investigadora María Gloria Domínguez-Bello, del Departamento de Bioquímica y Microbiología de la Universidad Rutgers en New Brunswick, llevó a un grupo de siete turistas de diversas edades a pasar 16 días con la comunidad yekuana, habitantes de las selvas de Bolívar, en Venezuela.

Antes, durante y después de su inmersión, los investigadores tomaron muestras de la piel, la mucosa nasal y bucal y las heces de los siete niños y adultos que participaron en el estudio. También tomaron muestras de miembros de los yekuana que coincidían en edad.

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Los turistas se sometieron a la misma alimentación que los yekuana, basada en fibra dietética con altos niveles de carbohidratos vegetales, así como bajos niveles de azúcares solubles y grasa. Según investigaciones previas en zonas rurales, este tipo de alimentación favorece una mayor diversidad del microbioma, lo cual contribuye positivamente a mantener la salud del colon y el tracto digestivo en general.

Al término del estudio se compararon las muestras de los turistas con las de los pobladores yekuana, y se llegó a la conclusión de que el microbioma de los niños mostró una mayor diversidad de bacterias positivas; sin embargo, el microbioma de los adultos no mostró cambios sustanciales.

 

Diferencias de alimentación en la selva y la ciudad

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Los científicos creen que la mayor estabilidad del microbioma adulto es una “ventana etaria” que ocurre en etapas tempranas del desarrollo. Una alimentación sana y variada en los niños los volvería más resilientes a infecciones y enfermedades, pues si alguna de las 300-500 especies de bacterias del estómago es eliminada por alguna razón, puede que la mayor diversidad permita que otra tome su lugar.

¿Esto quiere decir que debemos mudarnos a la selva para adquirir mayor diversidad de bacterias buenas? No necesariamente. Según Rodríguez-Bello, “en las sociedades urbanas tenemos la ilusión de una alimentación altamente diversa, porque tenemos diversidad sensorial. Por ejemplo, el pan, la pasta, el pastel, etc., se perciben como diversos, pero son variaciones de lo mismo, harinas y aceites procesados”. Pero, por otra parte, “los vegetales y frutas no procesados tienen una alta diversidad química, y una alta diversidad de sustratos que llegan al colon [y] sirven como alimento a gran variedad de bacterias”. Aquí hay algunas sugerencias para tener un microbioma más sano.

Posteriores estudios pretenden demostrar que una mayor diversidad de bacterias en el organismo puede prevenir enfermedades como la diabetes, la obesidad, e incluso la depresión.



¿Las bacterias podrían fungir como un poderoso antidepresivo?

La bacteria “mejoró significativamente la calidad de vida del paciente”: sus pacientes estaban más felices, expresaban mayor vitalidad y gozaban de un mejor funcionamiento cognitivo.

En Ecoosfera hemos hablado acerca de los poderosos beneficios de la microbioma, el conjunto de bacterias que habitan en nuestro sistema digestivo y son capaces de regular el funcionamiento mental de un individuo. Existen alimentos que promueven la salud de la microbioma, como los probióticos; sin embargo, poco se sabía del injerto de microbios del suelo en los cuerpos humanos. 

De acuerdo con un estudio realizado por Mary O’Brien –oncóloga del Royal Marsden Hospital, en Londres– en 2004, la inyección de microbios en el cuerpo es capaz de reestablecer la relación ancestral entre bacteria y humanos. En su investigación O’Brien inyectó una bacteria de suelo llamada Mycobacterium vaccae en pacientes con cáncer de pulmón, y los resultados fueron inesperados: el microbio no sólo ayudó a luchar contra una tuberculosos pulmonar resistente a fármacos, también a potenciar la reacción del sistema inmunológico. Es decir que si bien no redujo los síntomas del cáncer, la bacteria “mejoró significativamente la calidad de vida del paciente”: sus pacientes estaban más felices, expresaban mayor vitalidad y gozaban de un mejor funcionamiento cognitivo. 

Ahora, unos años después, Christopher Lowry, un neurocientífico de la Universidad de Bristol, inyectó M. vaccae en ratones con niveles altos de estrés. A lo largo de su investigación, Lowry encontró que los ratones con la bacteria mostraban una conducta más resistente y tolerante al estrés. El investigador comparó el efecto de la bacteria con un antidepresivo, pues incluso los cerebros de los ratones con la inyección producían mayor cantidad de serotonina así como una mayor fortaleza en el sistema inmunológico. Esto ayudó a relacionar inclusive el sistema inmunológico y la salud emocional. 

Si esta evidencia es comprobada con estudios más específicos, esto ayudaría a reducir la incidencia de enfermedades como asma y alergias. Pues curiosamente, niños que se encuentran en granjas –que pasan su tiempo en establos animales y beben leche de granja– cuentan con una mayor resistencia a este tipo de enfermedades, que niños que habitan en ciudades, lejos de este tipo de bacterias que fortalecen al sistema en general. 

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