¿Por qué la Cofepris lanza alerta sanitaria en contra de la copa menstrual?

Su importancia para la salud y el medio ambiente es tal que organizaciones como Femme International, distribuyen copas menstruales a estudiantes de África Occidental a través de programas como Manejo de Salud Femenina.

Durante décadas, las compañías de las toallas sanitarias y los tampones se han encargado de monopolizar –y inclusive, satanizar– medidas de control de la menstruación, usando productos fabricados con plástico, sustancias tóxicas y componentes no biodegradables que ponen en riesgo tanto la salud como el medio ambiente.  A continuación te compartimos el impacto que generan estos productos sobre el cuerpo humano y el planeta:  

Salud del planeta

  • Cada tampón o compresa tarda en desintegrarse entre 500 y 800 años.
  • Cada mujer utiliza y desecha entre 10 mil y 16 mil tampones o compresas en su vida, en promedio.
  • Multiplícalo por la población femenina mundial y comprenderás el impacto en el medio ambiente, debido a esta mentalidad de usar-desechar.
  • También piensa en todo lo que requiere la industria para fabricar estos productos plásticos: la utilización de químicos, energía y otros recursos, además de los desechos que dejan en el medio ambiente.

 Salud propia

  • Muchos de los materiales de las toallas y tampones causan infecciones e irritaciones a la piel.
  • Por ejemplo, los componentes que se utilizan para blanquear el algodón y las fibras, es tóxico y puede ser cancerígeno.
  • Los tampones absorben el flujo natural de la vagina, lo que provoca resequedad en sus paredes. También desequilibra su flora natural, lo que predispone a infecciones vaginales y al síndrome de choque tóxico (SST).

Por estas razones, se han desarrollado alternativas ecológicas para la menstruación; como por ejemplo, la copa menstrual. Se trata de un recipiente que se inserta en la vagina, y que una vez que se llena –entre cuatro y doce horas de uso–, se retira, se vacía, se enjuaga y se vuelve a colocar. Tienen una vida de entre cinco y diez años, por lo que rompe la costumbre de comprar-usar-tirar. 

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Su importancia para la salud y el medio ambiente es tal que organizaciones como Femme International, distribuyen copas menstruales a estudiantes de África Occidental a través de programas como Manejo de Salud Femenina: “junto con educación sexual que ayuda a las poblaciones de niñas a asistir a la escuela ininterrumpidamente durante sus menstruaciones. La copa también permite que las familias ahorren al no tener que gastar en toallas sanitarias.”

La cofundadora de Femme International, Sabrina Rubli, explica que la copa menstrual en países desarrollados es una opción más ecológica, sencilla, económica y dinámica, mientras que en los países de desarrollo, es una solución que alivia cargas económicas y abre la puerta a una mejor educación sexual y una mayor calidad de vida. 

Sin embargo, el pasado 3 de febrero, la COFEPRIS –Comisión Federal para la protección contra riesgos sanitarios–, en México, emitió una alerta sanitaria en contra de la copa menstrual. La razón principal de este ataque es que este dispositivo, no desechable, pone en riesgo el mercado de grandes empresas como Kimberly Clark. 

La Cofepris emitió una alerta sanitaria en la que argumenta que la copa menstrual no cuenta con un registro sanitario en México que avale la calidad de los materiales empleados en su fabricación. Según el comunicado la copa menstrual “carece de evidencia científica avalada por la Cofepris”. Sin embargo, este dispositivo hecho regularmente de silicón quirúrgico o elastómero termoplástico, no posee ningún factor de riesgo relacionado con infecciones vaginales.

En palabras de la educadora sexual mexicana, Ileana Cruz, esta alerta sanitaria de la Cofepris es un intento por causar miedo y desprestigio hacia un producto que atenta contra el uso indiscriminado y constante de desechables: “La alerta por sí misma no especifica cuál es el riesgo a la salud que constituye la copa”. Te compartimos el comunicado de la Cofepris:  

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[Regeneración]



Organizar tu día según la jornada de 8 horas te hace improductivo (y lo contrario te llena de energía)

Está demostrado que debemos tener muchos breaks durante la jornada.

La jornada de ocho horas de trabajo, por increíble que parezca, es el esquema en el que descansa el sentido que le damos al tiempo cada día. Pero, ¿por qué? Básicamente porque durante la Revolución Industrial, el galés Robert Owen concluyó que la fórmula “ocho horas de trabajo, ocho horas de recreo, ocho horas de descanso” era la mejor para fomentar tanto la calidad en el trabajo como la calidad de vida de los trabajadores.

Pero, ¿es esta división en tres todavía funcional? Algunas empresas contemporáneas creen que no…

En un estudio conducido por la compañía tech, Draugeim Group, un grupo de investigadores rastrearon los hábitos de trabajo de empleados de la oficina mediante una aplicación. Ésta midió cuánto tiempo pasaron las personas en varias tareas y lo comparó con sus niveles de productividad.

Descubrieron algo que servirá en el futuro para desmontar la idea anacrónica de que la jornada debe durar estrictamente ocho horas, y que ésta debe llevarse de a cabo de manera consecutiva. Y es que los investigadores pudieron observar que la duración de la jornada no importaba tanto como la manera como los empleados estructuraban su día.

Al parecer, lo mejor es trabajar 1 hora y descansar 15 minutos.

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Esta estructuración del tiempo dio mayor energía y enfoque a los empleados. Y ella implicaba que estuvieran totalmente concentrados en su tarea durante la hora de trabajo, así como totalmente desconectados durante los 15 minutos de descanso. Siguiendo este ciclo, cada hora de trabajo fue mucho más eficaz.

Así que las nuevas dinámicas de trabajo requerirán que esto se tome en cuenta, dejando de ser tan rígidas si lo que quieren las empresas es una mayor productividad, una mayor calidad y cuidar la psique de sus empleados. Se trata de no condenar la procrastinación, pues otros estudios han demostrado que cuando “perdemos el tiempo” en internet –buscando información sobre productos, leyendo o viendo videos– es porque nuestra mente lo necesita. Y es que, en promedio, nuestra concentración no puede durar más de 20 minutos a su máxima potencia.

Eso sí: no podemos disolvernos en el internet y en las nocivas formas que tiene para acaparar nuestra atención. Se trata de estructurar nuestro tiempo y de hacer las cosas cuando debemos hacerlas –y no hacerlas cuando no debemos hacerlas, es decir: saber tomar verdaderos descansos–.

¿Qué hacer en los breaks?

Lo más importante es que te relajes. Si tu trabajo no te permite navegar mucho en internet, y crees que ahí encontraras sosiego, ¡adelante! Pero recuerda no todo son las redes sociales, y que éstas te pueden ocasionar ansiedad. ¿Y si mejor observas la foto del universo del día, cortesía de la NASA? ¿O qué tal si escuchas sonidos naturales de todo el mundo en este mapa interactivo. O descubre más música de los artistas que más te gustan. El punto es que pierdas el tiempo con sentido.

Pero si quieres estar offline, puedes simplemente salir al parque más cercano y sentarte a observar lo que pasa a tu alrededor. O aprovechar para respirar profundo por cinco minutos y oxigenar tu cerebro. Incluso puedes ponerte metas: como aprender origami, o aprender a tejer, pues las manualidades tienen la capacidad de relajar la mente. Verás que esos 15 minutos son mucho más tiempo del que parece.

*Imágenes: Max Löffler