Interpreta el lenguaje corporal de tus perros con estos sencillos consejos

Estos son algunos consejos que pueden ayudarte a entenderlo mejor, empezando con observarlo bien y saber qué está tratando de expresar.

Imagen: http://fondosdemascotas.com/

Los perros, estos animales que se han encargado de acompañar a sus dueños hasta por el camino del inframundo, son seres con una sorprendente expresividad. Sus miradas, movimientos de orejas y cola, e inclusive hasta jugueteos, son vías en que expresan las emociones rebosantes del momento.

No obstante, como dueños recientes de mascotas, hay ocasiones en que es difícil comprender qué quiere decirte. Por ello hemos reunido algunos consejos que pueden ayudarte a entenderlo mejor, empezando con observarlo bien y saber qué está tratando de expresar:

1.Los movimientos de sus orejas. Hacia atrás, hacia adelante o al centro; rígidas o relajadas. Dependiendo de la combinación de ambos factores, el mensaje que tu perro está comunicando puede variar.  Observa el siguiente infográfico para conocer más al respecto.

Instituto del Perro
Instituto del Perro

2.Sus patas. Cuando toca tu mano con su pata mientras sostienes un objeto o comida, él está tratando de decirte “quiero eso”; cuando está constantemente tocándote tras un tiempo considerable de no haberle prestado atención, él o ella está esperando que le digas cuánto lo quieres con una caricia o jugueteo; cuando se coloca en posición de alerta y empieza a patear el piso con emoción, está tratando de decirte que quiere jugar; cuando las coloca en los hombros de otro perro, está dejando en claro que él está a cargo; cuando aprende a tocar la manija y abre la puerta, intenta decirte que quiere salir.

http://www.connectmydog.com/
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3. Su cola. Los perros tienden a mover la cola de un lado a otro o en círculos, cuando están contentos; mientras que el movimiento suave puede indicar que está inspeccionando a una persona o un lugar. Ahora, un perro que tiene la cola rígida apuntando hacia arriba –y la mueve rápido–, puede indicar que está molesto y que, incluso, reaccionar agresivamente. Mientras que un perro con la cola que apunta hacia abajo puede indicar que está relajado; pero si la tiene entre las patas traseras, expresa inseguridad o miedo.

http://www.lapatilla.com/
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4. La posición de su hocico, dientes y lengua. Si el perro tiene el hocico relajado y muestra la lengua, está diciendo que está tranquilo; si está observando algo y mantiene el hocico cerrado, está alerta; si muestra las encías y los dientes, está mostrándose agresivo dominante; si jadea constantemente, está muy estresado; si lame a una persona o incluso da lengüetazos al aire, está preocupado y se está mostrando sumiso.

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Afecto, soledad o suplencia: ¿qué es lo que te une a tu mascota?

En prevenir esa “humanización” del animal, reside la importancia de estar al tanto de lo que implica nuestra milenaria relación con estos entrañables seres.

Los animales salvajes han sido domesticados desde tiempos inmemoriales, sirviendo a la agricultura, a la caza y a otras actividades. En este sentido, algunos animales como el perro y el gato han sido venerados e incluso amados con fervor. Pero, ¿cuál es el origen de esta relación?

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Keith Moon

Se sabe que en el antiguo Egipto los perros eran tan respetados que matarlos era un delito, y el el maltrato animal se penaba con castigos corporales. Además han sido hallados perros momificados que, al morir, acompañaron a sus fallecidos dueños al más allá. De la misma forma, es bien sabido que los gatos fueron también adorados en esta cultura, siendo sus efigies símbolo perenne de la misma.

Aunque en el mundo científico sigue siendo un debate el origen de nuestros sentimientos afectivos hacia los animales domésticos, lo cierto es que éstos no sólo son amados en la cotidianidad de miles de personas, sino que también han sido fuente de inspiración en la cultura. 

Las implicaciones de “humanizar” a las mascotas

Morrisey

Por otro lado, también existe el riesgo de humanizar a nuestras mascotas, lo cual es un peligro latente desde que nuestra relación afectiva es tan fuerte con ellos. Y es que dicho vinculo existe desde la Grecia antigua, donde no sólo se retrató al perro como un ser monstruoso (el caso de Cerbero), sino como un amigo fiel, tal cual lo demuestra la relación de Ulises con su perro Argos en la obra de Homero. Esto sigue ocurriendo en la actualidad, cuando se mantiene un vínculo con el animal que algunos investigadores definen como algo que podría no ser positivo, ni para el humano ni para la mascota en cuestión.

 

El profesor en Literatura de la Universidad de Chile, Bernardo Subercaseaux, define esta situación como “una ósmosis que paradojicamente revela la humanidad de los animales y la insociabilidad y soledad espiritual del ser humano“. A partir de esta idea, Subercaseaux rastrea la relación entre la condición humana y la condición animal en la literatura. Y recuerda fugazmente este autor a Diógenes de Sinope, a quien se atribuye la frase “cuanto más conozco a los hombres más quiero a mi perro”. 

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En prevenir esa “humanización” del animal, reside la importancia de estar al tanto de lo que implica nuestra milenaria relación con los animales, así como de las maneras responsables —incluso medioambientales— de mantener nuestro vínculo con ellos, nunca olvidando su condición animal misma que, aunque domesticada, sigue manejándose por instintos.

De esta forma evitaremos su cosificación y tendremos una relación más sana, que no sea, por ejemplo, el reemplazo de nuestras relaciones afectivas humanas, pues sin duda ambas son muy importantes, pero no iguales. Así, reforzaremos ese vínculo mágico que incluso nos ayuda emocionalmente, y que ha sido tan trascendental incluso para artistas, poetas y escritores, como el mismo Richard Wagner, quien componía sus dramas melódicos acompañado por su guacamaya azul, llamada Papo, y basado en las reacciones de uno de sus muchos perros, Peps.

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*Referencia: Perros en la literatura: Condición humana y condición animal



La tristeza de perder un perro se equipara a la de perder a un ser querido, estudio

Los humanos y perros se han adaptado a la convivencia en los últimos 10 000 años, evolucionando en conjunto del uno y del otro.

Para Frank McAndrew, psicólogo y profesor del Knox College, en EE.UU., los perros dejan de ser, en ocasiones, mascotas para convertirse en algo más cercano a su dueño: un ser querido. Por esta razón, cuando el can se pierde o fallece, el proceso de duelo en su duelo es largo y difícil de pasar. Es decir que al ser personajes importantes de la vida cotidiana, perderlos resulta en un proceso doloroso equiparable a perder a un pariente. 

A lo largo de la investigación de McAndrew, el experto mencionó que “aquellos que quieren a su can saben la verdad: su mascota no es ‘solo un perro’. […] Tal vez si la gente se diera cuenta de lo fuerte e intenso que es el vínculo entre las personas y sus perros, el dolor [que causa su muerte] sería más ampliamente aceptado.” Y esto podría ayudar, en gran medida, a los dueños de los perros a aceptar el deceso y elaborar el proceso de duelo. 

Esto se debe a que los humanos y perros se han adaptado a la convivencia en los últimos 10 000 años, evolucionando en conjunto del uno y del otro. Esta teoría se ve apoyada con las propuestas por el antropólogo Brian Hare, quien sugirió que la domesticación de los canes comenzó con la socialización del lobo gris haciendo las interacciones más satisfactorias y estrechas. En especial al ser retroalimentada de manera positiva e incondicional: “Los perros han sido criados selectivamente durante generaciones para prestar atención a los seres humanos.” 

De hecho, los científicos han demostrado que los cerebros de los perros responden positivamente a los elogios de sus dueños tanto como lo hacen ante la comida; e incluso son capaces de reconocer a las personas para aprender a interpretar los estados emocionales de los humanos mediante la expresión facial, a entender las intenciones humanas para ayudar a sus propietarios y a evitar a la gente que trata mal a sus dueños. Mientras que los seres humanos responden al afecto y la lealtad de los perros con altas dosis de dopamina, serotonina y oxitocina, generando una serie de bienestar a los dueños. 

Por esta razón, la pérdida de un perro altera gravemente la rutina diaria así como la neurofisiología de su dueño. Esto provoca que el proceso de duelo en torno a un can implique una elaboración igual de compleja que con seres queridos; cuyo tratamiento psicoemocional más funcional es el tiempo y la aceptación de las emociones negativas.