Estos son los países que más (y menos) invierten en energía limpias en Latinoamérica

El Informe sobre Tendencias de Inversión en Energías Renovables ha dado la sorpresa de presentar a países en desarrollo, por primera vez, como los principales inversionistas.

Foto:feminte.com

En la última década los países que habían llevado la batuta en la inversión de energías limpias habían sido las naciones desarrolladas. Sin embargo el año pasado, por primera vez, esta estafeta ha pasado a manos de países en desarrollo.

Según el décimo Informe sobre Tendencias de Inversión en Energías Renovables, realizado por el Centro de Colaboración para la Financiación de Clima y Energía Sostenible de UNEP (el programa de Medio Ambiente de Naciones Unidas) y dado a conocer mediante publicación especializada Bloomberg, este año los grandes inversionistas han sido China, India y Brasil.

Si excluyes a Brasil, que es el líder indiscutible de América Latina, hace 10 años la inversión regional era de US$1.000 millones al año, o quizás un poco más. Mientras que en los últimos tres años ha aumentado a US$6.000, US$7.1000 y US$9.3000 millones, así que definitivamente hay una curva de crecimiento en Latinoamérica”. Advierte Angus McCrone para BBC Mundo.

 

Los siguientes países, excluyendo a Brasil fueron los países que más invirtieron en 2015 en energías limpias:

México US$3.900 millones

Chile US$3.400 millones

Uruguay US$1.100 millones

Honduras US$567 millones

Perú US$155 millones

 

Por su parte, los países que menos invirtieron:

Argentina

Colombia

Venezuela

 

Cabe apuntar que lo anterior no significa que las inversiones sean hechas directamente por los gobiernos, sino en su mayoría por corporaciones. Sin embargo, se reconoce que estas inversiones pudieron hacerse gracias a las políticas públicas orquestadas por el Estado.

En el caso de México, por ejemplo, la apertura al sector energético por medio de la Reforma Energética ha permitido la entrada de capitales para la inversión en energías limpias, aunque la reforma refuerza, paradójica y mayormente, la explotación de hidrocarburos. También, el hecho de que sean energías limpias, no significa que no generen conflictos ambientales y sociales en las comunidades...



Concebir la energía eléctrica como derecho humano: una lección indígena

En Bolivia la energía eléctrica ya no es un servicio, sino un bien común al que todos podrán acceder.

Para los aymaras ­–la principal comunidad indígena de Bolivia– existe una relación profunda entre el mundo invisible y el mundo visible. Al primero le llaman ukhu pacha y al segundo kay pacha. La energía pertenece al mundo invisible e intangible, al ukhu pacha, y es el alimento del espíritu, o ayju. Este mundo invisible, donde se mueven las fuerzas energéticas, está lleno de poderosos simbolismos, y es el que provee de un equilibrio a las relaciones entre las comunidades y la naturaleza, propias del mundo visible o kay pacha.

Esta rica cosmovisión ancestral es la que está moldeando toda una nación. Porque Bolivia es hoy un país dirigido en su mayoría por indígenas, los cuales se han adaptado de maneras muy resilientes y originales a las dinámicas de la vida contemporánea, sin dejarse absorber por nociones incompatibles con sus creencias.

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Así, las concepciones religiosas, éticas y productivas de los indígenas bolivianos están transformando muchas nociones. Incluso están redefiniendo la manera como nos relacionamos con “servicios” como la energía eléctrica.

Porque los pueblos indígenas en Bolivia han hablado: la energía eléctrica debe ser un derecho humano y formar parte del buen vivir.

Desde 2009 existe una nueva constitución en el país andino, la cual fue el resultado de un largo proceso constituyente en el que la sociedad se vio realmente representada. En la nueva constitución del Estado Plurinacional se estableció a la energía eléctrica, junto con otros servicios básicos, como un derecho humano.

Pero esto ha pasado de la tinta a ser una realidad concreta: los costos del bien común energético han bajado tanto que la tarifa eléctrica en Bolivia es la más baja de Sudamérica.

Y es que desde 2006 –y tras algunas dificultades técnicas– se implementó la Tarifa Dignidad: un decreto que logró que sectores marginados –sobre todo rurales– pudiesen acceder a un consumo eléctrico de 70 kWh por casi la mitad de la tarifa que se había mantenido hasta entonces. Es decir: más energía a menor precio. Desde entonces la cobertura ha crecido un 20%, pues en 2005 ésta alcanzaba sólo al 70% de la población.

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Ahora, 90% de los bolivianos cuentan con energía eléctrica.

Y se prevé que para 2025, el 100% de la población cuente con el bien común eléctrico.

Aún hace falta incrementar la producción de megavatios sin que eso implique subir los costos, así como fomentar que la energía eléctrica no dependa de ninguna fuerza económica, de manera tal que su abasto no se vea afectado por ninguna crisis. Por eso, otro objetivo será diversificar la matriz energética, pasando de la producción de energías subterráneas –a base de carbón– y de termoeléctricas, a energías sustentables como las eólicas y solares; esto como parte de una agenda que priorizará también el combate a la crisis climática.

Esto es expresión, una vez más, de una cosmovisión milenaria: porque para los aymaras la tecnología tiene que ser más orgánica, siguiendo los ritmos de la naturaleza y no de la eficiencia económica

La ONU reconoció a Bolivia como país líder en inversión en energía eólica.

Se espera que para 2030, el 80% de la energía provenga de fuentes renovables.

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La radical lección de los indígenas bolivianos es que la energía no puede ser una mercancía, y ni siquiera sólo un subsidio, como se ha insistido en las economías neoliberales. Se ha comprobado que algo tan fundamental como la energía eléctrica no puede dejarse en manos del azar –o en términos técnicos, de los flujos del precio y la demanda–, sino que debe ser gestionado por el Estado y la sociedad.

Es así que la energía tiene que considerarse un bien común y un derecho al que todos deben tener acceso. Porque la nuestra es una cultura de la energía desde tiempos inmemoriales. Y en la actualidad, es gracias a su forma eléctrica que hemos podido reproducir nuestra existencia con una facilidad extraordinaria, cambiando nuestra forma de trabajar, de alimentarnos e incluso acelerando el aprendizaje colectivo a través de la tecnología.

Y a algo así no se le puede poner precio. No se puede comerciar con la energía eléctrica, pues al hacerlo estamos comerciando con la necesidad de la gente. Porque hoy, quien no cuenta con acceso a la energía eléctrica se vuelve una especie de exiliado de la sociedad: a quien se le niega la energía eléctrica se le está marginando e incluso violentando, colocándosele en desventaja frente a otros.

Por eso, y una vez más con su ejemplo vivo, los pueblos indígenas están iluminando el camino hacia la sociedad del futuro.

Sandra Vanina Greenham Celis
Autor: Sandra Vanina Greenham Celis
Colaboradora del proyecto político Colectivo Ratio. Le gusta potenciar la depresión en su psique consumiendo productos culturales de las postrimerías del siglo XX. Cree teleologicamente en el arribo de la humanidad al comunismo.


Chernobyl podría convertirse en huerto solar que brinde energía renovable a Ucrania

Ahora, tras 30 años del accidente, el gobierno ucraniano anunció un plan para convertir este desastre ambiental en un huerto solar al construir una serie de páneles solares dentro de la zona de alienación.

Imagen principal: www.mcclatchydc.com

Chernobyl, uno de los mayores desastres medioambientales en la historia del planeta, fue el accidente nuclear más grave en la Escala Internacional de Accidentes Nucleares –sobre 7–. La explosión de hidrógeno, dióxido de uranio, carburo de boro, óxido de europio, erbio, aleaciones de circonio y grafito, provocada por el sobrecalentamiento del núcleo del reactor nuclear, liberó  500 veces más materiales radiactivos que la de la bomba atómica en Hiroshima en 1945. Esto provocó no sólo la muerte de 31 personas, también forzó al gobierno soviético a evacuar repentinamente a 116 000 personas y a emitir una alarma internacional de radiactividad en al menos 13 países de Europa central y oriental. 

Este accidente aisló la zona con 30 km de radio alrededor de la central nuclear y se le conoció como zona de alienación, la cual, por cierto, sigue aún vigente. De hecho, inmediatamente después del accidente, se construyó un “sarcófago” que aislara el interior del exterior con el fin de evitar la contaminación de radioactividad que continúe afectando el medio ambiente y la mortalidad poblacional. 

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globalnews.ca

Ahora, tras 30 años del accidente, el gobierno ucraniano anunció un plan para convertir este desastre ambiental en un huerto solar al construir una serie de páneles solares dentro de la zona de alienación. De acuerdo con Ostap Semerak, el ministro de Medio Ambiente de Ucrania, Chernobyl es un sitio potencial para energía renovable: “Ya tenemos actualmente unas líneas de transmisión de alto voltaje, las cuales fueron usadas previamente para las estaciones nucleares, y la tierra es muy barata y tenemos gente entrenada para trabajar en plantas de energía.

El objetivo no es sólo aprovechar una zona inhabitable por el humano, también conseguir, de manera económica y asequible, fuentes de energía renovable, que permitan reducir la dependencia energética hacia Rusia. De modo que se planea construir una serie de páneles solares que, una vez terminados, proveerán 4 megawatts de energía a todos los ciudadanos del país. 

Esto, de acuerdo con California Energy Commission, tan sólo 1 megawatt es suficiente para casi 1 000 casas; por lo 4 megawatts podría hacer la diferencia para los locales ucranianos. Para Semerak, pretenden establecer la zona con los estándares ecológicos que permitan el cuidado del medio ambiente y el uso ecosustentable de energía renovable para sus ciudadanos. 

Actualmente los oficiales ucranianos están tratando de conseguir los fondos económicos para elaborar este proyecto, pidiendo un préstamo al gobierno de EE.UU. y Canadá. Por lo que, en caso de conseguir la inversión, el proyecto tendrá cuidado en cuidar la vida salvaje que se encuentra al interior de Chernobyl, la cual ha regresado a florecer apenas el año pasado –2015–.