Estas son las consecuencias del abuso de argoquímicos en regiones de Argentina

En Argentina, por alguna extraña razón, no se ha considerado a la forestación como una forma de agricultura.

Imagen: naturalezadederechos.org

En este trabajo expondré acerca de la evolución de un caso ambiental, que tiene también por sus características conexiones con otras cuestiones de derechos humanos, e incluso con el concepto mismo de democracia. En Argentina ha sido conocido recientemente, en febrero de 2016, un fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Provincia de Buenos Aires que impide la prosecución de una explotación por parte de una papelera de controvertida historia y presente llamada Papel Prensa SA (PPSA) (www.papelprensa.com ) de un bosque de salicáceas implantado, desde 1980, en un predio de 1.800 hectáreas en zona agro-ganadera de la llanura pampeana argentina.

En la plantación forestal se usaban agroquímicos, no existió plan de gestión de los envases de esos productos y la administración provincial tampoco adoptó ninguna medida tendiente a controlar el uso de esos elementos ni la disposición final de los residuos tóxicos. Todo ello reflejaba una situación de amenaza ambiental según determinó el fallo de la máxima instancia provincial, y se ordenó el cese de la actividad forestal que desarrolla PPSA hasta tanto obtenga la Declaración de Impacto Ambiental, acto administrativo consecuencia de la previa aprobación del EIA a presentar por la empresa por estar desarrollando tal actividad.

En Argentina, por alguna extraña razón, no se ha considerado a la forestación como una forma de agricultura. Se puede pensar que las implicancias ambientales de la actividad foresto-celulósica vio la luz como consecuencia del conflicto con Uruguay por el caso Botnia. Una interesante nota periodística del año 2006 invitaba a reflexionar por casa cómo andábamos (1), haciendo referencia a si lo que se le criticaba a Uruguay no se estaba padeciendo en el mismo territorio argentino. Lo cierto es que escasa gente cuestionaba consideraciones elementales y básicas a plantearse ante la presencia de un monocultivo forestal. En tal sentido, siguiendo los lineamientos expuestos en Reboratti Carlos (2013) pp9-32, vemos que se pueden plantear dos dimensiones que determinan la sustentabilidad de un megaproyecto forestal: por un lado la dimensión ecológica-ambiental, en la cual se plantea la relación con deforestaciones de otras especies, efectos sobre la biodiversidad, efectos sobre los recursos hídricos, efectos por la utilización de agroquímicos y sus consecuencias sobre personas, animales y plantas. Por otro, la dimensión socioeconómica obliga a evaluar la distribución de la riqueza generada, la concentración de la propiedad, la expulsión de colonos, como es tratada la mano de obra, la relación entre el proyecto y la desocupación, la relación con la sanidad regional, entre otros aspectos.

Quiero introducir algunas consideraciones respecto a la parte demandada y condenada en este caso, es decir, a la empresa PPSA. Su mera existencia ya es un asunto delicado, dado que esta empresa tiene el alarmante monopolio exclusivo para la fabricación del papel para periódicos, y además, como agravante de la situación, cabe citar que la propiedad de la misma pertenece a los dos diarios de mayor tirada del país (Clarín y La Nación) junto a una participación minoritaria del propio Estado argentino. Esta situación ha sido considerada siempre como una amenaza a la libertad de prensa. Además, la historia de PPSA ha ofrecido controversias respecto a posibles violaciones a derechos humanos al momento de conformar la participación accionaria en su arranque productivo en 1978 (2).

La cuestión ambiental en torno al accionar productivo de PPSA toma estado público en 2008, en los comienzos del segundo gobierno kirchnerista, cuando el gobierno nacional choca políticamente con estos grupos de prensa socios en la propiedad de PPSA, especialmente con el grupo Clarín, desatándose, entre otras consecuencias, el ataque del gobierno nacional a la participación accionaria misma de Clarín dentro de PP SA. En este sentido hay que entender los primeros cuestionamientos de distintos órganos de contralor del Estado argentino a la posición monopólica que curiosamente antes, desde 2003, no les había molestado, como tampoco a ningún gobierno anterior desde el retorno de la democracia en 1983 (3). Y fue desde 2008 cuando comienza el señalamiento de posibles violaciones a la legislación medioambiental vigente por parte de PPSA en ocasión de sus procesos productivos. El mismo Estado nacional argentino, aun siendo socio de PPSA, a través del Instituto Nacional del Agua denunció posible contaminación por el vertido de líquidos al río Baradero, sobre el cual se encuentra la planta de producción de papel. Esta embestida fue resistida en los tribunales con todo éxito por parte de PPSA, y al presente aún no está resuelta la causa (4).

Fotonatura.org
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La difusión pública de estas denuncias ambientales contra PPSA, en el marco del conflicto gobierno nacional versus principales medios de prensa, parece entonces haber animado al señor Fernando Cabaleiro, vinculado a una ONG llamada “Derechos de Naturaleza”, quien en 2010 presentó el amparo ambiental del caso que nos ocupa, ante la justicia ordinaria de la provincia de Buenos Aires, por posibles violaciones a la normativa medioambiental en dicha jurisdicción en el proceso de plantación, manejo y aprovechamiento de los recursos forestales que PPSA explota en el partido de Alberti de la mencionada provincia, como se señalara al inicio. Dicho recurso de amparo ambiental fue desestimado por la justicia provincial tanto en primera como en segunda instancia. En septiembre de 2012 la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial del Departamento Judicial de Mercedes, Provincia de Buenos Aires, concedió el recurso extraordinario ante la Suprema Corte de Justicia bonaerense. Finalmente, en febrero de 2016, la Corte Suprema bonaerense falló haciendo lugar parcialmente al recurso extraordinario articulado por la parte actora y ordenando en consecuencia “el cese (art. 23, ley 11.723) de la actividad forestal que desarrolla la demandada ‘Papel Prensa S.A. en el predio denominado ‘María Dolores, ubicado en el paraje de Palentelén del Partido de Alberti, hasta tanto acredite en autos haber obtenido la pertinente Declaración de Impacto Ambiental por parte de la autoridad competente (arts. 10 a 24, ley 11.723)”, y de esta manera dando vigencia efectiva al principio de precautoriedad, esto es el principio consagrado internacionalmente y recogido por la Ley General del Ambiente N° 25.675 que exige que en caso de amenaza para el medio ambiente o la salud y en una situación de incertidumbre científica se tomen las medidas apropiadas para prevenir el daño, que se había desconocido en las instancias anteriores (5).

La gran importancia de este fallo es que trasciende e involucraría también al modelo de agronegocios típico de Argentina, en especial el que se practica en suelo bonaerense, caracterizado por uso masivo de paquetes tecnológicos de transgénicos y agroquímicos, cuya aplicación ahora debería estar alcanzada por la obligación de presentar EIA. A pesar de este desenlace feliz, al menos en el aspecto señalado de la sentencia final, a manera de conclusión quedan interrogantes más que respuestas:

-A pesar de los innegables efectos positivos respecto al Cambio Climático, ¿se tienen en cuenta debidamente los demás aspectos que hacen a la sostenibilidad de proyectos de biomasa forestal de envergadura?

-Recursos de amparo ambiental que tardan seis años en resolverse. Aún cuando sea a favor, ¿la justicia lenta es justicia? Cuándo interviene el poder político y económico en una causa judicial, ¿la justicia es imparcial o se trata de un mero arbitrio hacia el poderoso? En estos casos de exigencia de aplicación del principio de precautoriedad por parte de la autoridad, ¿cómo podría evitarse efectivamente un daño ambiental si la amenaza denunciada resultara real, y esto se constatara luego de nada menos que seis años después de la interposición de la denuncia?

– Tratándose de empresas con grandes vinculaciones con los poderes políticos y económicos ¿podemos estar seguros que no contaminan en sus procesos, o simplemente estas corporaciones no contaminan porque están blindados sus procesos respecto de los órganos de contralor, y en consecuencia las denuncias no se hacen, o no se conocen, o no prosperan administrativa o judicialmente?

 

Autor: Renato Berrino, colaborador del Centro Latinoamericano de Estudios Ambientales

Autor: Centro Latinoamericano de Estudios Ambientales


Pionero de la realidad virtual ofrece 10 argumentos para borrar tus redes sociales hoy mismo

Puede parecer extremo, pero desconectarte (al menos por un tiempo) de las redes sociales puede traerte importantes beneficios.

Jaron Lanier es conocido por ser uno de los padres de la realidad virtual: en 1985 fundó VPL, la primera compañía del mundo en vender gafas y guantes de RV para videojuegos Pero entre sus múltiples actividades también destacan las artes visuales, la composición musical y la filosofía informática. Ha escrito varios libros en una amplia variedad de temas, casi todos ellos enfocados en la tecnología desde puntos vista sociales, filosóficos y espirituales.

En su más reciente libro, Ten Arguments for Deleting Your Social Media Accounts Right Now (Diez argumentos para borrar tus redes sociales ahora mismo), Lanier sostiene que las redes sociales son tóxicas, nos están volviendo más tristes y nos están aislando de los demás.

Si bien las redes sociales pueden ser una buena fuente de información y conexión con personas interesantes, cada uno de nosotros debe valorar si participar de Facebook, Twitter, Instagram, Snapchat, etc., realmente le da valor a nuestra vida o solamente a las compañías que se benefician con nuestra información.

Estos son los 10 argumentos de Lanier para borrar tus redes sociales hoy mismo:

Nada sutil…

1. Estamos perdiendo nuestro libre albedrío. Los feeds y los anuncios son máquinas de modificación continua del comportamiento que nos afectan de maneras que no percibimos.

2. Dejar nuestras cuentas de redes sociales es la mejor forma de resistir esta tendencia. Esto lastima su modelo de negocios, la causa raíz del problema.

3. Las redes sociales nos están volviendo idiotas.

4. Las redes sociales están destruyendo la verdad. Las noticias falsas, las cuentas bot y los feeds algorítmicos están destruyendo la idea de que existe tal cosa como “la verdad”.

5. Las redes sociales le quitan sentido a lo que decimos, porque le quitan el contexto

También en Ecoosfera: Conoce estas redes sociales alternativas para seguir navegando sin riesgos

6. Las redes sociales destruyen nuestra capacidad de empatía. Debido a que vemos a las demás personas y lo que dicen fuera de su contexto, no es posible para nosotros entenderlas o empatizar con ellas.

7. Las redes sociales nos están haciendo infelices.

8. Las redes sociales no quieren que tengamos dignidad económica. No es económicamente sustentable que millones de personas regalen sus datos y su atención a cambio de ser manipulados al tiempo que las compañías proveedoras de estos servicios ganan miles de millones de dólares.

9. Las redes sociales están haciendo que la política sea imposible al normalizar las noticias falsas y los insultos (una consecuencia directa del argumento número tres).

10. Las redes sociales odian nuestras almas.

Lanier dedica un capítulo de su libro a desarrollar ampliamente cada uno de estos puntos. Por ejemplo, ¿qué tiene que ver el alma (un concepto que puede parecer antiguo para la mentalidad digital) con el acceso a redes sociales? ¿Cómo se mide la infelicidad que supuestamente nos provocan? 

Existe un creciente cuerpo de evidencia que indica que las redes sociales provocan y agudizan casos de ansiedad y depresión, y que a su vez, alejarse (al menos por un tiempo) puede disminuir los síntomas de la depresión.

Si aún necesitas un empujón, aquí te dejamos 5 hacks para revertir tu adicción a las redes sociales. 

 

 

*Ilustración principal: Carolina Cancanilla