Estas cucharas comestibles (y biodegradables) sustituirían a las de plástico

En la India se creó una cuchara comestible que pretende sustituir a las cucharas de plástico.

Con una combinación de cereales (arroz, trigo y mijo) en la India se creó una cuchara comestible que pretende sustituir a las cucharas de plástico. Se trata de una alternativa ecológica que pretende reducir la producción de residuos desechables.

El proyecto estuvo bajo el desarrollo de Narayana Peesapaty, quien creó una línea de cubiertos comestibles con ocho sabores que mejor se adaptan al plato: canela con jengibre, zanahorias con remolacha, apio y jengibre con ajo, entre otros.

En caso de que no se coman, las partes comestibles son biodegradables. Se descomponen en tan sólo diez días en la naturaleza cuando no se consumen (a diferencia de los 450 años que tardan los productos hechos con plástico en descomponerse).

Te compartimos un video con mayor información de este delicioso y ecológico invento:

 



Podríamos tener un sexto sentido magnético (nuestro cuerpo como una especie de brújula)

Ya existe la primera prueba neurocientífica de que podemos sentir los campos magnéticos.

Mucho antes de que se inventaran las brújulas, es probable que los primeros humanos se orientaran a partir de una especie de sexto sentido magnético. Por lo menos a eso apuntan algunas investigaciones; la más reciente de ellas con evidencia neurocientífica. Más aún: es probable que aún tengamos vestigios de un sentido que antes quizá estuvo más desarrollado, como también lo estuvieron otros primigenios sentidos ligados a la intuición que aún poseemos. 

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Podría sonar a ciencia ficción, pero este poder podría no ser sino parte de nuestra evolución como seres vivos. Ello no nos haría únicos: más de 50 animales, desde abejas hasta perros, tienen este “súper poder” llamado magnetorrecepción. De hecho, las aves no sólo tienen esta capacidad alojada en el cuerpo, sino en sus ojos, ya que, al parecer, una proteína en su retina les permite detectar campos magnéticos con la mirada.

¿Por qué y cómo nosotros tendríamos este poder?

El primer experimento que se realizó para saber si los seres humanos también somos una brújula andante lo hizo el geofísico Joe Kirschvink. Éste hizo pasar campos magnéticos rotativos a través de algunos voluntarios mientras medía su actividad cerebral. Para sorpresa de Kirschvink, cuando el campo magnético giraba en sentido contrario a las agujas del reloj, ciertas neuronas actuaban de manera irregular, generando un aumento en la actividad eléctrica del cerebro.

No obstante, aún no se sabía si esta actividad era nada más que una reacción. Para que nuestro cuerpo fuese una brújula, tendría que procesarse cierta información que sirviera para la navegación, aunque fuese de manera intuitiva. Además necesitaríamos de células que funcionaran como magnetorreceptores, como en el caso de la proteína Cry4 que se aloja en la retina de las aves.

La cuestión es, ¿tenemos magnetorreceptores?

Las hipótesis de Kirschvink han sido lo suficientemente sólidas como para atribuírseles un campo de estudio propio. Y es que, de encontrarse que tenemos un sentido magnético, podríamos saber más sobre cómo la superficie de la Tierra influenció nuestra evolución. Asimismo, podríamos hacer más y mejores hipótesis sobre las condiciones geológicas de hace millones de años.

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Muestra 3D de la cámara de pruebas de magnetorrecepción el Caltech

Por eso, Kirschvink formó un grupo de investigación conformado por él mismo, así como un neurocientífico y un neuroingeniero. Este equipo colocó a más de 30 voluntario al interior de una cámara especial en la cual pueden manipular los campos magnéticos a voluntad. Ahí llevaron a cabo diversas pruebas para registrar la actividad del cerebro a través de electroenefalografía. Los investigadores encontraron que los campos magnéticos en cierto ángulo promovían una respuesta fuerte en el mismo ángulo del cerebro, lo que sugiere un mecanismo biológico estimulable, según escribió el propio Kirschvink para The Conversation.

Esto es ni más ni menos que la primera evidencia neurocientífica de que tenemos un sentido magnético. Si éste no se encuentra alojado en una zona en específico, sino que varía según las condiciones, quiere decir que tiene una función, y que de alguna forma debe traducirse en información orgánica útil para la navegación. 

Quizá este sexto sentido magnético fue más fuerte en el pasado, pero quizá lo podamos estimular e incluso evolucionar. Las preguntas –y las posibilidades– siguen abiertas.

 

*Imágenes: 1 y 2) Public Domain Review