Apoya a Huatulco para impedir la construcción de delfinario

Con este delfinario, DD tendría ya presencia en cinco estados de la República Mexicana, y por tanto se consolidaría como la empresa más grande de México en relación con el nado con delfines.

Imagen: http://cdn2.upsocl.com/

Una iniciativa de Change.org ha solicitado detener a la compañía Dolphin Discovery, un delfinario que pretende expanderse de Cancún a las Bahías de Huatulco. De acuerdo con El Economista, DD solicitó la autorización de impacto ambiental para construir un nuevo delfinario en un terreno de más de 3 300 m2, así como una plataforma perimetral, playa de acceso, una alberca recreativa, restaurante, boutique, palapas, andadores y áreas verdes.

Con este delfinario, DD tendría ya presencia en cinco estados de la República Mexicana, y por tanto se consolidaría como la empresa más grande de México en relación con el nado con delfines. Incluso, se autocataloga como la firma de nado con delfines más grande del mundo. Y desde su apertura hasta la fecha, alrededor de 6 millones de personas han pagado para nada en los delfinarios de DD, actualmente ubicados en tres continentes y ocho países: México, Anguilla, Tortola, Grand Cayman, St. Kitts, República Dominicana, Estados Unidos y hace poco en Italia.

En 2014, esta empresa inició “un agresivo plan de expansión”, pasando de 15 a 20 delfinarios. Su primera incursión en Europa fue la compra de Zoomarine Roma, uno de los parques de diversiones más visitados de Italia. Y desde entonces, la empresa se ha fijado la meta de que en 2020, el 50 por ciento de los nados con delfín en el mundo se realicen en alguno de los delfinarios con el sello de DD. 

La razón por la que Huatulco se posiciona en contra del delfinario es que se trata de una región internacionalmente reconocida con una economía dinámica en el turismo, “siempre acompañada de responsabilidad ambiental que ha llevado al destino a conocerse como ‘una de las playas más sustentables de México'”. Si bien Huatulco “recibirá siempre felizmente proyectos de inversión que generen beneficio a la población, ya que todos buscamos el desarrollo de la comunidad”, la educación y amor por la naturaleza de la población obliga a rechazar la construcción del delfinario. La razón es que la comunidad considera que “los delfines no deben, por ningún motivo, ser mantenidos en cautiverio para realizar actos que van en contra de sus instintos, con el único fin de ‘divertir’ al público […] en Huatulco respetamos y aprendemos de estos hermosos mamíferos observándolos en su hábitat natural, sin obligarlos a vivir encerrados.”

Según los datos de la firma, a nivel nacional hay más de 320 delfines, focas y lobos marinos que están en cautiverio o son explotados en una industria del entretenimiento, la cual se refugia bajo el argumento de querer educar y conservar a la especie. Por ello, se propuso “dar la espalda a esta empresa multimillonaria para ser referente nacional e internacional en lo que respecta la conciencia ambiental y social.”

El objetivo es no sólo eliminar por completo los delfinarios, también la creación de santuarios donde los animales tengan una vida en función de sus necesidades naturales: “Buscamos que se actúe de manera coherente, siendo un maravilloso destino que respeta a la naturaleza. Un destino de playa diferente, donde se demuestra que el desarrollo económico y el respeto al medio ambiente sí pueden ir de la mano.”

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El delfinario de Six Flags México tiene los días contados

Gracias a la toma de decisión de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal –ALDF–, el pasado martes se liberó una reforma que prohibe la celebración de espectáculos con cualquier tipo de mamíferos marinos.

Six Flags México, anteriormente conocido como Reino Aventura, es un parque de diversiones con una serie de polémicas en relación con maltrato animal por parte de sus cuidadores. Hace años se llevó el caso de la ballena Keiko; ahora, casi veinte años después, el cierre del delfinario. 

Gracias a la toma de decisión de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal –ALDF–, el pasado martes se liberó una reforma que prohibe la celebración de espectáculos con cualquier tipo de mamíferos marinos. La reforma, afiliada a las leyes de Celebración de Espectáculos del Distrito Federal y Protección a los Animales en la Ciudad de México, obligará al cierre del único delfinario de la capital del país. Se trata, en otras palabras, de impedir la presencia de cualquier delfinario en la ciudad. 

De acuerdo con el diputado del Partido Verde, Xavier López Adame, el delfinario de Six Flags México es considerado como uno de los seis peores en América del Norte, debido a su espacio reducido y las pésimas condiciones en las que habitan los animales. Por ello, y ahora que la ALDF oficializó la reforma, “Se tienen de tres a seis meses para el cierre definitivo del delfinario. Se tiene que discutir con Profepa –Procuraduría Federal de Protección al Ambiente– su reubicación, ya sea en un santuario o a otro delfinario con mejores condiciones, los cuales están fundamentalmente en Quintana Roo.” Además, menciona López Adame, dado que “la CDMX está a 2 500 metros sobre el nivel del mar, tiene espacios mucho más reducidos, están en agua clorada y no es agua salada como en los delfinarios que están cerca del mar, como sucede en Baja California y Quintana Roo.”

Por su lado, el presidente de la Comisión de Medio Ambiente de la ALDF, comentó que “a diferencia de lo que pasó con la prohibición del uso de animales en circos, que llevó al abandono y a la muerte de miles especímenes, los delfines de Six Flags tendrán un buen destino pues están plenamente identificados para su monitoreo.”



Delfines en cautiverio: la ilusión de una sonrisa

La desesperación de los delfines en cautiverio es tanta, que incluso algunos deciden brincar hacia las rocas, lo que termina en una muerte segura.

En algún lugar del mundo, es un día soleado y una familia visita un parque acuático para aprovechar el buen clima. Allí, se ofrece un espectáculo. Delfines de varias especies están actuando para el gusto de los visitantes. Desde las gradas, muchos ríen y aplauden al ver a esas magníficas criaturas sonreír mientras realizan acrobacias impresionantes. Pero la sonrisa del delfín es sólo una ilusión. Una ilusión de que todo está bien, de que no tiene nada de malo disfrutar de un espectáculo y de que la naturaleza está para servir al ser humano. Todavía tenemos la esperanza de que, si las personas entienden todo el sufrimiento que hay detrás de estos circos acuáticos, estos espectáculos terminen para siempre.

En las bahías de Taiji, Japón, acaba de iniciar la temporada anual de captura y matanza de delfines. Desde temprano, varios botes acarrean a grupos completos de delfines y otros cetáceos. Utilizan fuertes ruidos para obligar a los animales a entrar a las bahías, y una vez adentro son acorralados con redes. Por supuesto que los animales entienden que algo está mal, muy mal. Los delfines empiezan a comunicarse con chillidos y a entrar en pánico. La desesperación es tanta, que incluso algunos deciden brincar hacia las rocas, lo que termina en una muerte segura. Los botes continúan acorralando a los delfines hacía la zona más baja de la bahía. Una vez ahí, el acto es tan impactante que los pescadores cubren con lonas la zona para evitar ser fotografiados.

Bajo el cobijo del anonimato, los pescadores empiezan a seleccionar a los individuos más aptos para su venta. Aquellos que son jóvenes y visualmente más atractivos son los preferidos por los compradores (representantes de parques y acuarios), pues es más fácil someterlos a la voluntad de los entrenadores.

– “Estos dos son una madre y su bebé ¿Cuál quieres? ¿Quieres a los dos?”

– “Me llevo al bebé.”

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Tras esas palabras, la cría es arrebatada de su madre. Son tales los chillidos y aleteos, que resulta imposible describirlo. Estos animales crean fuertes vínculos familiares, que al romperlos se crea un trauma tan profundo como lo sería para cualquiera de nosotros. Cada delfín alcanza un precio aproximado de 150,000 dólares. La demanda es tal, que antes de que empezara esta temporada, 150 delfines ya estaban vendidos. Hasta la fecha, 42 ya han sido capturados.

Aquellos animales que no son comprados sufren el peor y más violento destino. La forma en la que los asesinan es perturbadora. Los pescadores insertan una estaca metálica en la espina dorsal del animal. Los delfines no mueren de manera inmediata sino que agonizan durante varios minutos antes de morir. Las lonas y redes no evitan que la bahía se tiña de rojo con la sangre de estos indefensos animales.

La carne de estos animales se vende en los mercados y restaurantes. Sin embargo, la carne de delfín, además de contener altos niveles de mercurio, es considerada de baja calidad por los consumidores. Por ello, esta carne se etiqueta y se introduce al mercado como si fuera carne de ballena. Pero la venta de carne no es el objetivo principal de esta actividad, pues sólo representa un ingreso extra a las altas ganancias del comercio de animales vivos. Al final del día, sólo algunos cuantos son liberados y vuelven al mar.

Esta industria produce miles de millones de dólares en ganancias alrededor del mundo. Como en muchos otros casos, en donde hay dinero y falta de ética, están los problemas. ¿Cómo se puede detener esto? Para detener la oferta se necesita erradicar la demanda. Es importante que entendamos que estos animales no pertenecen al cautiverio, que no merecen estar confinados en tanques artificiales, que no nacieron para entretener a las personas por un par de minutos, que la única solución es nunca asistir a estos espectáculos y que la naturaleza no está para servir a los humanos.

– Si quieres conocer más sobre el tema, te recomendamos visitar Dolphin Project y ver el documental The Cove.

– Autores: Daniel Manzur (@DanManzT) y Fernando Córdova Tapia (@FerCordovaTapia)