¿Qué pasa si expones una Big Mac a metal hirviendo? Te sorprenderás (VIDEO)

En el video se muestra cómo la hamburguesa entra en contacto con cobre hirviendo y, a pesar de las expectativas, no logró ni siquiera que comenzara a derretirse.

La toxicidad de la hamburguesa Big Mac de McDonald’s es un hecho científico, una verdad que se ha esparcido a lo largo del mundo con el objetivo de prevenir su consumo. Sin embargo, la presencia tanto de sus aditivos como de su grasa la vuelven una asquerosa delicia durante un antojo de junk food.

Consideremos que tan sólo una Big Mac provoca una cascada de reacciones fisiológicas similares al consumo de la cocaína. De modo que aumenta el deseo de seguir comiendo, pues sus niveles de sodio desencadenan una deshidratación con síntomas similares al hambre –obligándote a creer que tienes hambre de nuevo–. Esto, en una persona saludable, no generaría tantos problemas pues convertiría la glucosa en carbohidratos digeridos, sin embargo estaría recibiendo 540 calorías –que aumentan el azúcar a niveles anormales– y un alimento que tarda más de 50 días en digerirse por la cantidad de grasas trans.

Quizá esta información no sea lo suficientemente impactante para resistir a la tentación, pero, ¿qué pasa si se expone una Big Mac a un metal caliente? En teoría, un elemento que entra en contacto con un metal, terminaría con graves quemaduras o, incluso, desapareciendo por completo por el fuego.

El YouTuber Tito4re realizó este experimento para demostrar lo indestructible –y por tanto, indigerible– de una Big Mac. En el video se muestra cómo la hamburguesa entra en contacto con cobre hirviendo y, a pesar de las expectativas, no logró ni siquiera que comenzara a derretirse. Cabe mencionar que el cobre estaba a una temperatura promedio de 1 093ºC.

Si bien el objetivo era demostrar el efecto de Leidenfrost, y así comprender cómo un cuerpo, al contacto de un metal hirviendo, libera una atmósfera de vapor –por tanto, de agua– como medida de protección y liberarse del fuego. Sea como sea, la realidad es que es un hecho desagradablemente impactante:

 

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Caminar para estimular la creatividad: el secreto de estos escritores

La ciencia ha comprobado que este viejo método es infalible.

Desde el furtivo paso de nuestros ancestros nómadas hace milenios hasta el día de hoy, que cada individuo realizó una caminata para llegar hasta donde se encuentra en este preciso momento… No cabe duda que caminar es un acto más poderoso de lo que solemos imaginar. Caminar es arte.

Las mentes más lúcidas de la historia lo han sabido. La sabiduría antigua está repleta de registros sobre las veleidades de caminar, que algunas de las plumas más insólitas del siglo XX supieron recoger y adaptar. Más aún, caminar ha sido el habito favorito de escritores y filósofos por igual: una forma de explorar la mente y desatar la creatividad, sin leyes establecidas. Porque Ernest Hemingway podía relatar que, en un momento dado:

Era más fácil pensar si estaba caminando.

Simplemente porque caminar es una tarea sencilla, cotidiana y casi imperceptible que nos sumerge en una especie de trance –que la psicología llama flujo­–. Es como meditar en movimiento. Sin embargo, cada uno tiene su ritmo; por eso, alguna vez Charles Dickens dijo:

Si no pudiese caminar lejos y rápido, creo que sólo debería explotar y perecer.

A su vez, no podríamos olvidar lo que dijo Henry Thoreau:

Cada caminata es una suerte de cruzada.

Y es que uno se encuentra consigo mismo en esos momentos. Más si caminamos rodeados de naturaleza –sin duda un templo de bienestar–. Una actividad que, por cierto, baja el estrés: sobre todo si caminamos bajo los árboles. Aunque habrá a quien le funcione hacerlo en una ciudad.

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Ferdinand Hodler

Pero el escritor escocés, Kenneth Grahame, también intuía que lo mejor es hacerlo en parajes naturales. En su ensayo The Fellow that Goes Alone se encuentra quizá la prosa más bella dedicada al acto de caminar.

El regalo particular de la naturaleza para el caminante, a través del semi-mecánico acto de caminar ­–un regalo que, por cierto, ningún otro tipo de ejercicio puede transmitir al mismo nivel– es poner a la mente a correr, hacerla locuaz, exaltada, quizás un poco chiflada, ciertamente creativa y suprasensible.

¿Te suena familiar? Quizá tú también has experimentado al caminar lo que estos escritores mencionan. Pero si te queda duda…

La ciencia lo ha confirmado

Varios experimentos hechos por los investigadores Marily Oppezzo y Daniel Schwartz han concluido que caminar desata la creatividad. Luego de estudiar a 200 estudiantes mientras caminaban, pudieron observar que estos mostraban una marcada tendencia al aumento de habilidades creativas.

La investigación de Oppezzo y Schwartz comprendió cuatro experimentos con 176 estudiantes universitarios que completaron tareas utilizadas para evaluar el pensamiento creativo. Tres de los experimentos se basaron en una prueba de creatividad de “pensamiento divergente”.

El pensamiento divergente es un proceso de pensamiento o método utilizado para generar ideas creativas al explorar muchas soluciones posibles. En estos experimentos, los participantes tenían que pensar en usos alternativos para un objeto dado. Se les dieron varios conjuntos de tres objetos y tuvieron cuatro minutos para obtener la mayor cantidad de respuestas posible para cada conjunto. Una respuesta se consideró novedosa si ningún otro participante del grupo la usó.

El estudio encontró que la gran mayoría de los participantes en estos tres experimentos fueron más creativos al caminar que al sentarse. De acuerdo con el estudio, la producción creativa aumentó en un promedio del 60 por ciento cuando la persona caminaba.

Además, también se ha comprobado que caminar nos hace más inteligentes… Así que razones sobran para salir a dar un paseo ya.

*Imagen principal: Ernest Hemingway practicando su caminata “lambeth”, popularizada por el musical Me and My Girl