Los ecologistas en América Latina y Asia pueden ser asesinados con impunidad

En el último mes, las violentas muertes de los activistas Berta Cáceres, en Honduras el pasado 3 de marzo, y Walter Campos, en México el pasado 18 de marzo, han provocado una ola de temor frente al incumplimiento de los derechos.

Deadly Environment, boletín informativo de la organización no-gubernamental Global Witness, reveló que entre 2002 y 2013 el mundo sufrió la muerte de 908 activistas ambientales. Ahora, con tres años de diferencia, la tasa de asesinatos se duplicó; principalmente en América Latina y Asia, en donde la corrupción y las tensiones sobre la demanda de recursos naturales ha ido en aumento.

En el último mes, las violentas muertes de los activistas Berta Cáceres, en Honduras el pasado 3 de marzo, y Walter Campos,  en México el pasado 18 de marzo, han provocado una ola de temor frente al incumplimiento de los derechos a la libertad de pensamiento, opinión y expresión, a participar en la participar en la vida pública y política, y por último –aunque no por eso menos importante– al acceso a la justicia y a la retribución y la indemnización.

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Estas dos muertes son sólo la punta del iceberg de otras, abrumadoramente silenciadas, que han intensificado la competencia por los recursos primarios. Chut Wutty, uno de los pocos activistas en Camboya; Nisio Gomes, jefe de una tribu brasileña que lucha por proteger su tierra de los ganaderos; Ismael Solorio Urrutia y su esposa Manuela Solís Contreras, dirigentes del Barzón Chihuahua en México, son sólo algunos ejemplos de los riesgos que implica el defender al planeta, el rebelarse en contra de un sistema egoísta que busca beneficiarse a costa de cualquier sacrificio –aún si eso es una vida humana, una especie animal o la vegetación del planeta–.

Dar la cara por el planeta es un acto mortal, y es una tendencia que va en aumento. Expertos en el tema consideran que esto se debe a la mayor accesibilidad de mejores métodos de búsqueda de información, como el internet, y la intensificación de la lucha por los disminuidos suministros de recursos naturales en América Latina y Asia.

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Imaginemos una comunidad local, sin recursos de información sobre sus derechos a la tierra, se encuentra luchando contra poderosas industrias de negocios mineros y explotación forestal. El sustento diario de las comunidades rurales que dependen de la tierra, está en riesgo por empresas poderosas y reconocidas mundialmente. Y frente a esta injusticia, los defensores tanto de las comunidades rurales como del medio ambiente ahora son amenazados, “quitados del blanco”, borrados del tiempo; y no hay quien logre defenderlos a ellos para cumplir sus derechos humanos.

Will Potter escribió en Foreing Policy, “Sólo 34 personas en el mundo enfrentan actualmente cargos de violencia contra luchadores medio-ambientales, y sólo 10 asesinos fueron condenados entre 2002 y 2013 […] La ausencia de enjuiciamiento envía el mensaje de que los ecologistas pueden ser asesinados con impunidad”.



Luto en Wirikuta por el asesinato de Margarito Díaz González, guía espiritual y defensor wixárika

Es el tercer defensor wixárika asesinado desde el 2017, y la décima persona defensora de los derechos humanos víctima de homicidio en lo que va del año.

El Marakame Margarito Díaz González, defensor indígena de los derechos humanos, fue asesinado por hombres armados el sábado 8 de septiembre en su domicilio en la comunidad de Aguamilpa, municipio de El Nayar, estado de Nayarit.

La Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ONU-DH) condenó el hecho, a la par que reconoció la labor de Margarito Díaz como líder espiritual e integrante de la Unión Wixárika (huichol) de Centros Ceremoniales de los estados de Jalisco, Durango y Nayarit, e instó a las autoridades competentes a esclarecer el crimen. La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) se manifestó en el mismo sentido.

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Wirikuta/Venado Mestizo

El representante en México de la ONU-DH, Jan Jarab, afirmó que “en lo que va de 2018 ya registramos más asesinatos de personas defensoras que en todo el año pasado. Las y los defensores en México viven una situación crítica y como señaló Michel Forst, Relator Especial de la ONU, es urgente detener y revertir la tendencia según la cual México podría acabar siendo el lugar más peligroso del mundo para las y los defensores de los derechos humanos”.

El Marakame Margarito Díaz es la décima víctima de homicidio contra personas defensoras de derechos humanos en lo que va del 2018, seis de los cuales eran indígenas. Otros dos defensores del pueblo wixárika fueron asesinados en mayo del año pasado: los hermanos Miguel Vázquez y Agustín Vázquez Torres, en el poblado de Kuruxi Manuwe, en Tuxpan de Bolaños, Jalisco, lo cual sentó un precedente de violencia y persecución contra los defensores wixárika.

Desde el 2009, los wixárika enfrentan activamente los diversos intereses políticos y económicos que se disputan el territorio de Wirikuta, luego de que el expresidente Felipe Calderón autorizara 78 concesiones mineras a empresas canadienses.

La nación wixárika exigió al gobernador de Nayarit, Antonio Echevarría García, el pronto esclarecimiento del asesinato y el respeto a los derechos indígenas. 

Más allá de su activa defensa en pro de los derechos humanos y el territorio wixárika, Margarito Díaz González detentaba el título de Marakame, el cual conjunta funciones de sanador tradicional, guía espiritual y conocedor de la tradición oral.



¿Por qué están muriendo tantos defensores ambientales en el mundo?

Proteger al medio ambiente y luchar por la tierra es vital; sin embargo, los ambientalistas se enfrentan, paradójicamente, a la posibilidad de morir por ello.

En los últimos años, la violencia contra los defensores del medio ambiente ha escalado considerablemente. El periódico The Guardian, en un intento por hacer visible esta terrible situación, ha generado un registro en línea en donde da cuenta de todas las muertes ligadas a la defensa del planeta y sus recursos naturales. Según sus estadísticas, es probable que en una sola semana mueran alrededor de cuatro defensores de la tierra.

Diversos países en América Latina se encuentran entre los más peligrosos para los defensores ambientales. La causa principal son las industrias que invierten en megaproyectos de explotación de la tierra. Buscando la conservación ambiental, activistas locales e internacionales realizan acciones pacíficas para llamar la atención de gobiernos y otras instituciones. Además de la protesta, se dedican a documentar lo que ocurre en cada localidad o a intervenir físicamente los espacios, para cerrar el paso a las empresas frecuentemente extranjeras que invaden el territorio.

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Como resultado, reciben amenazas, son víctimas de violencia física e incluso son asesinados. Los gobiernos de muchos de los países afectados no han efectuado acciones concretas para frenar esta situación. En su lugar, las concesiones otorgadas para la explotación desmedida de la tierra se siguen sumando.

La minería es la industria más letal en este sentido (y también de las más dañinas para el medio ambiente), seguida de la explotación forestal, la agricultura comercial, las hidroeléctricas y la caza furtiva. Los países más peligrosos, según The Guardian, son Brasil, Colombia, Filipinas y Honduras. Este último tiene la mayor cantidad de muertes por número total de habitantes. En México, en los últimos tres años, se ha registrado la muerte de más de 20 defensores de la tierra.

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Berta Cáceres, ambientalista hondureña asesinada.

Entre ellos se cuenta a Gabriel Ramos Olivera, un guardabosque del parque nacional de Chacahua en Oaxaca. Él fue presuntamente asesinado por cazadores furtivos. Ramos Olivera, era un biólogo dedicado a la protección y conservación de las lagunas encontradas en el parque, en donde habitan tortugas y cocodrilos, ambos en peligro de extinción. También relata The Guardian, el asesinato de Isidro Baldenegro López, campesino tarahumara y protector del bosque. Ganó el premio Goldman por sus campañas pacíficas en contra de la deforestación. La historia de Baldenegro siempre ha estado ligada al activismo medioambiental, pues su padre también fue asesinado por luchar en contra de la explotación forestal de la Sierra Madre de Oaxaca.

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Hacer visibles estas devastadoras historias es mucho más que un homenaje a la vida de los defensores de la tierra: es un llamado a la acción. Este llamado apela a las autoridades, responsables de aplicar estrategias para terminar con la violencia y  parar la impunidad con la que operan las industrias que explotan los recursos naturales; pero también nos habla a todos. La conciencia sobre lo que está ocurriendo en nuestros ecosistemas, nos invita a pensar en los recursos que estamos consumiendo. Cada uno de nosotros puede elegir productos fabricados con materias primas sustentables, extraídas de forma legal y socialmente responsable. Son muchos los que están defendiendo a la tierra, pero desafortunadamente son más los que continúan financiando la violencia que conlleva la explotación desmedida de nuestro entorno.

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También en Ecoosfera: 

Un recuento de activistas ambientales asesinados en América Latina

 

*Imagen principal:  Luis Cortés