Dormir poco aumenta el riesgo de sobrepeso y obesidad

Por cada cuatro horas de sueño perdido, el cuerpo pedirá unas 70 calorías más, aunque se puede consumir hasta 300 calorías extras.

¿Duermes poco? ¿Has notado que comes más de lo normal? De acuerdo con un artículo publicado en la revista Sleep, la falta de sueño eleva los niveles de endocannabinoide en el cerebro, provocando que paralelamente aumente el deseo de comer –particularmente, aperitivos dulces o salados con altos contenidos de grasa–.

Erin Hanlon, endocrinóloga de la Universidad de Chicago, y autora de la investigación, explica que hay una incidencia entre dormir poco y el aumento de peso, pues el primer factor estimula la necesidad de placer y satisfacción para relajar al cuerpo: aún si se trata a través de la comida.

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El estudio señala que este efecto es aún más poderoso a última hora de la tarde y primera de la noche, justo en los momentos en los que se facilita “picar” aperitivos entre horas. Esto sucede pues los niveles de endocabinnoides aumenta más y durante más tiempo a lo largo de la noche –y en consecuencia, se experimenta una sensación de tener hambre pese haber comido recientemente–.

Inclusive parece ser que al tener acceso a pequeños aperitivos, se come el doble y con mayor cantidad de grasa. De modo que, “a cada hora extra de vigilia, supone el consumo de unas 17 calorías extras”; es decir, por cada cuatro horas de sueño perdido, el cuerpo pedirá unas 70 calorías más, aunque se puede consumir hasta 300 calorías extras.

[Stuff.co.nz]



Las abejas usan los hongos como medicina (y esto podría evitar su extinción)

Este instinto en las abejas ha sido estudiado por un experto en hongos, que cree poder salvar a estos nobles polinizadores.

Los seres humanos hemos desarrollado una fijación con el futuro. Pero para salvar el presente deberíamos voltear hacia atrás y volver a la naturaleza; o por lo menos a sus principios. Porque si retomáramos su inherente sabiduría y resiliencia podríamos resolver muchos de los problemas actuales que nos están acercando peligrosamente a la catástrofe mundial.

El más contundente ejemplo de lo anterior está en las abejas, que no sólo son seres con una serie de comportamientos fascinantes, sino que incluso podrían haber encontrado la manera de eludir la extinción a la cual las estamos conduciendo desde principios de este siglo.

Las abejas han encontrado una cura a todos estos males en los hongos.

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Pero, ¿que está extinguiendo a las abejas?

Las colonias de abeja están experimentando lo que los expertos han llamado un “colapso”, es decir: las abejas están muriendo de manera masiva, causando el colapso de sus complejas comunidades. Esto tiene que ver con una docena de razones que investigadores como el mexicano Ernesto Guzmán-Novoa se han dedicado a develar.

El uso masivo de pesticidas tóxicos –por ejemplo, los de Monsanto– es la principal causa detrás del colapso de las colonias de abejas. Pero no solamente: la contaminación del aire les dificulta localizar las flores, y el cambio climático está trastocando los ciclos naturales. No obstante, ahora lo fundamental es curar a las abejas de los virus que las invaden, mientras se pone en marcha el uso de pesticidas alternativos.

Por qué un extracto en los hongos cura a las abejas

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En un estudio reciente publicado en la revista Nature se probó a dos grupos de abejas. El primer grupo  se alimentó de jarabe de azúcar mezclado con un extracto del micelio fúngico –una serie de filamentos presentes en los cuerpos del hongo. Este grupo desarrolló defensas contra dos virus comunes que están causando el colapso. Al segundo grupo, que sólo se les alimentó del jarabe de azúcar, resultó ser mucho más propenó a contraer ambos virus.

Lo más curioso es que el estudio se llevó a cabo… porque las propias abejas condujeron a él.

En 1984, el micólogo, escritor y activista Paul Stamets notó que las abejas en su patio se alimentaban de los hongos que usaba para sus investigaciones, creyendo que lo hacían por las azúcares naturales presentes en los hongos. Pero sabiendo sobre las propiedades mágicas del micelio fúngico –que entre otras cosas es un gran antiviral–, Stamets pronto se preguntó si las abejas no estarían más bien medicándose con los hongos.

Entonces Staments comenzó a colaborar con Walter Sheppard, jefe del departamento de entomología de la Washington State University. Ambos analizaron los efectos del micelio, y sus estudios los llevaron hasta el más reciente estudio citado, publicado en Nature este año, y que es la conclusión de sus investigaciones a lo largo de 12 años.

Las abejas condujeron al descubrimiento del primer antiviral para insectos.
Con un poco de nuestra ayuda, esto podría evitar su extinción.

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Staments y su equipo seguirán probando esta insospechada cura en las colonias de abejas, esperando encontrar la solución al colapso de éstas. Pero en lo que esto sucede, este caso ya puede –y debe– servir como una pista para la humanidad, la cual nos está urgiendo a ver cómo la naturaleza es capaz de sobrellevar, incluso, el daño que le estamos causando. Sobre todo debemos concentrarnos en lo que podemos aprender de esto para poder ayudarle a resarcir nuestros errores.

Porque aún estamos a tiempo, no sólo de salvar a las abejas, sino a la casa que compartimos con ellas. Y parece que el precioso y virtuoso reino del fungi será en esto un gran aliado.



¿Las personas con sobrepeso viven más tiempo?

Un nuevo estudio longitudinal y masivo de Dinamarca, encontró que las personas con sobrepeso tienden a vivir más tiempo que las “saludables”, “bajo de peso” y “obesas”.

La Organización Mundial de la Salud –OMS– utiliza el índice de masa corporal –IMC– como indicador entre peso y talla para identificar el sobrepeso y obesidad en adultos. Para determinar si una persona sufre de sobrepeso, su IMC debe ser igual o superior a 25; mientras que de obesidad, igual o superior a 30. Calcula el IMC se divide el peso de una persona en kilos por el cuadrado de su talla en metros –kg/m2–.

Un IMC elevado puede ser un factor de riesgo de enfermedades, tales como diabetes, trastornos del aparato locomotor –osteoartritis, enfermedades degenerativas de articulaciones muy discapacitante–, enfermedades cardiovasculares y algunas cánceres del endometrio, mama y colon. 

Y pese a las advertencias de la OMS para reducir la pandemia del sobrepeso y obesidad, un nuevo estudio longitudinal y masivo de Dinamarca, encontró que las personas con sobrepeso tienden a vivir más tiempo que las “saludables”, “bajo de peso” y “obesas”. 

El estudio, a cargo de Børge Nordestgaard de Copenhagen University Hospital, analizó la data médica de más de 100 000 adultos daneses durante 15 años. Esto permitió cuestionar una de las asunciones fundamentales acerca de que lo “saludable” prolonga la vida, y por tanto abrir la posibilidad de refinir el término de “sobrepeso”. 

Desde 1976 hasta 2013, los investigadores asociaron un bajo riesgo de muerte con un IMC entre 23.7 y 27. Mientras que las categorías de “obeso” y “normal” poseen los mismos niveles de riesgo de muerte pese a los factores de edad, sexo, historia familiar de enfermedades, estado socioeconómico y tabaco. Esto significa que en los últimos 40 años, las categorías de peso se asociaron con una vida más larga en sobrepeso, sugiriendo que la clasificación de “peso normal” está mal o la relación entre nuestro peso y nuestra salud es más complicado de lo pensado. 

Este estudio necesita verse en un contexto según las necesidades y estilo de vida de cada persona, pues “las personas que se encuentran en la categoría de sobrepeso, 47 por ciento son perfectamente saludable”. Por lo que usar una etiqueta de IMC saludable es simplemente incorrecta, al no considerar los otros factores que influyen en el estilo de vida de las personas.

Eso no significa que tener un IMC igual o superior a 25, la vida sigue siendo saludable, sino es necesario mantener una alimentación equilibrada y saludable, ejercicio constante y un balance psicoemocional. Esto, sin olvidar, hacerse revisiones médicas.