7 maneras naturales de elevar los niveles de dopamina en tu cuerpo

Pese a la perfección del cuerpo humano, la dopamina no es inmune a los estilos de vida.

Después de un orgasmo, el cuerpo se siente liberado de estrés, ansiedad e incluso dolores físicos. Más allá de la magia de las conexiones nerviosas, esto se debe a la cascada de dopamina que la estructura neural libera en el momento en el que se produce un orgasmo. Es una liberación de la tensión, gracias a este pequeño y poderoso neurotransmisor.  

La dopamina es realmente indispensable para el cuerpo: regula funciones como la memoria, las respuestas emocionales, el placer y la compensación, la conducta y cognición, la atención, el sueño, el estado de ánimo, el reprocesamiento del dolor y el aprendizaje. En otras palabras, la dopamina nos ayuda no sólo a sentir placer y felicidad sino también a mantenernos motivados en función de nuestros deseos. De hecho, algunos científicos la tildan de ser la “molécula de la motivación”, pues favorece la capacidad de mantener la atención durante una tarea. 

No obstante, pese a la perfección del cuerpo humano, la dopamina no es inmune a los estilos de vida. Los niveles altos de estrés, la poca actividad física y mental, el abuso de sustancias o incluso el uso de gadgets electrónicos, pueden afectar la secreción natural de la dopamina en nuestro cuerpo. Para prevenir esto, aquí hay algunos consejos –además de tener sexo seguro y protegido–: 

Cambia la dieta. Los alimentos influyen directamente en nuestro sistema nervioso, así que una dieta saludable y bien balanceada tiene efectos positivos en el estado psíquico. Consume plátanos, sandías, aguacates, manzanas, sésamo –o ajonjolí–, semillas de calabaza, almendras, avena, vegetales verdes, té verde, germinado de alfalfa, cúrcuma, ginkgo biloba, L-teanina, yogur, kéfir o chucrut. 

Desintoxica tu cuerpo. El alcohol, el tabaco y las grandes cantidades de azúcar y otros estimulantes –como el café– reducen los niveles de dopamina en el cerebro. Haz planes detox de fines de semana. Consume más frutas y verduras, y bebe infusiones con frutas para alcalinizar el cuerpo. 

Practica ejercicio regularmente. La actividad física realmente es una de las cosas más vitales para el cuerpo, pues no sólo ayuda a mantener una figura esbelta sino también a activar la mente. Hacer ejercicio libera una gran cantidad de dopamina, lo cual ayuda a la producción de células nuevas, disminuye el envejecimiento de las mismas y mejora el flujo de sangre y nutrientes. 

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Medita. La mente tiene una tendencia a dejarse llevar por loops que nos causan estrés y ansiedad. A través de la meditación y el mindfulness, podemos entrenar a la mente para reducir esas experiencias obsesivo-compulsivas. En diversos estudios científicos se ha demostrado que la meditación es una herramienta que no sólo calma la mente; también mejora y regula los niveles de dopamina del cerebro. 

Escucha música. Sí, escuchar música activa los mismos centros de placer que durante el sexo o cuando se come un manjar de los dioses. Escuchar música que realmente nos gusta, provoca que el cerebro segregue dopamina y tengamos una sensación de bienestar, motivación e inspiración, es decir, nos brinda una sensación de rush of upliftment

Nutre tu lado creativo. Explorar ese lado experimental, curioso y creativo, produce una increíble sensación de placer. Desde inventar un platillo en la cocina hasta recorrer los pasillos de un museo, el acto de crear nos da un sentido de satisfacción por haber cumplido algo, aumenta nuestra motivación y nos recuerda la importancia de la vida. 

Cumple objetivos a pequeño y mediano plazo. Tener objetivos a largo plazo puede provocar mucha ansiedad. Los psicoterapeutas invitan a dividir en pequeños pasos esos objetivos, y así convertirlos en objetivos a pequeño y mediano plazo que puedan irse cumpliendo con el transcurso del tiempo. Esto libera una enorme cantidad de dopamina. 



Las abejas usan los hongos como medicina (y esto podría evitar su extinción)

Este instinto en las abejas ha sido estudiado por un experto en hongos, que cree poder salvar a estos nobles polinizadores.

Los seres humanos hemos desarrollado una fijación con el futuro. Pero para salvar el presente deberíamos voltear hacia atrás y volver a la naturaleza; o por lo menos a sus principios. Porque si retomáramos su inherente sabiduría y resiliencia podríamos resolver muchos de los problemas actuales que nos están acercando peligrosamente a la catástrofe mundial.

El más contundente ejemplo de lo anterior está en las abejas, que no sólo son seres con una serie de comportamientos fascinantes, sino que incluso podrían haber encontrado la manera de eludir la extinción a la cual las estamos conduciendo desde principios de este siglo.

Las abejas han encontrado una cura a todos estos males en los hongos.

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Pero, ¿que está extinguiendo a las abejas?

Las colonias de abeja están experimentando lo que los expertos han llamado un “colapso”, es decir: las abejas están muriendo de manera masiva, causando el colapso de sus complejas comunidades. Esto tiene que ver con una docena de razones que investigadores como el mexicano Ernesto Guzmán-Novoa se han dedicado a develar.

El uso masivo de pesticidas tóxicos –por ejemplo, los de Monsanto– es la principal causa detrás del colapso de las colonias de abejas. Pero no solamente: la contaminación del aire les dificulta localizar las flores, y el cambio climático está trastocando los ciclos naturales. No obstante, ahora lo fundamental es curar a las abejas de los virus que las invaden, mientras se pone en marcha el uso de pesticidas alternativos.

Por qué un extracto en los hongos cura a las abejas

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En un estudio reciente publicado en la revista Nature se probó a dos grupos de abejas. El primer grupo  se alimentó de jarabe de azúcar mezclado con un extracto del micelio fúngico –una serie de filamentos presentes en los cuerpos del hongo. Este grupo desarrolló defensas contra dos virus comunes que están causando el colapso. Al segundo grupo, que sólo se les alimentó del jarabe de azúcar, resultó ser mucho más propenó a contraer ambos virus.

Lo más curioso es que el estudio se llevó a cabo… porque las propias abejas condujeron a él.

En 1984, el micólogo, escritor y activista Paul Stamets notó que las abejas en su patio se alimentaban de los hongos que usaba para sus investigaciones, creyendo que lo hacían por las azúcares naturales presentes en los hongos. Pero sabiendo sobre las propiedades mágicas del micelio fúngico –que entre otras cosas es un gran antiviral–, Stamets pronto se preguntó si las abejas no estarían más bien medicándose con los hongos.

Entonces Staments comenzó a colaborar con Walter Sheppard, jefe del departamento de entomología de la Washington State University. Ambos analizaron los efectos del micelio, y sus estudios los llevaron hasta el más reciente estudio citado, publicado en Nature este año, y que es la conclusión de sus investigaciones a lo largo de 12 años.

Las abejas condujeron al descubrimiento del primer antiviral para insectos.
Con un poco de nuestra ayuda, esto podría evitar su extinción.

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Staments y su equipo seguirán probando esta insospechada cura en las colonias de abejas, esperando encontrar la solución al colapso de éstas. Pero en lo que esto sucede, este caso ya puede –y debe– servir como una pista para la humanidad, la cual nos está urgiendo a ver cómo la naturaleza es capaz de sobrellevar, incluso, el daño que le estamos causando. Sobre todo debemos concentrarnos en lo que podemos aprender de esto para poder ayudarle a resarcir nuestros errores.

Porque aún estamos a tiempo, no sólo de salvar a las abejas, sino a la casa que compartimos con ellas. Y parece que el precioso y virtuoso reino del fungi será en esto un gran aliado.



Cuando la dopamina obliga a la naturaleza humana a trascender

¿Cómo lograr que los niveles de dopamina se regularicen en nuestro cuerpo?

Naomi Wolf, escritora y sexóloga, explica que la dopamina es responsable no sólo de las sensaciones placenteras sino también de una serie de funciones corporales, tales como los movimientos musculares, la toma de decisiones y la regulación del aprendizaje y la memoria. La autora señala que la dopamina activa incluso el riego sanguíneo, actuando como un factor antidepresivo y estimulando tanto la motivación como la toma de decisiones.

Una vez que la dopamina es segregada por la amígdala cerebral, liberará sensaciones de bienestar y satisfacción: “se actuará con determinación y perseverancia en la consecución del trabajo; los sentimientos hacia los demás serán intensos; se tomarán decisiones acertadas y las expectativas serán realistas”. En otras palabras, las personas con niveles estables de dopamina experimentan frecuentemente sentimientos que les permiten crear, explorar, comunicarse, conquistar y trascender.

¿Cómo lograr que los niveles de dopamina se regularicen en nuestro cuerpo? Si bien hay métodos naturales para elevar los niveles de dopamina, como los orgasmos, existen alternativas enfocadas en la desensibilización y el reprocesamiento de creencias disfuncionales que afectan nuestra actitud frente al trabajo, la escuela o algún evento obligatorio.

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De acuerdo con la premisa budista, una creencia negativa o irracional es una carga de energía que afecta en nuestra esencia. Por lo tanto, transformar la energía del sentimiento de obligación en placer es un acto liberador y autosanador; es decir, aprender a enfocar la atención en el objetivo a lograr mediante actividades que se disfrutan o se desean realizar (en vez de lo que no se quiere hacer). Cada vez que “se aparean” la idea de un objetivo y la de una acción placentera, cambia la perspectiva de nuestra motivación. Un ejemplo es cuando alguien detesta hacer ejercicio, pero disfruta de escuchar música: es posible asociar ambas actividades, para comenzar a disfrutar del ejercicio mientras la atención está puesta en las canciones.

La regularización de la dopamina, así como de la energía que fluye a lo largo de nuestra psique, también puede verse potenciada a través del cambio del vocabulario. En lugar de afirmar “Tengo que…”, hay que pensar “Disfruto hacer…”; esto es, cambiar frases como “Tengo que perder peso”, “Tengo que dejar de fumar” o “Tengo que arreglar y lavar la casa” por “Me gustará ser capaz de comprar nueva ropa porque la que tengo ya no me queda”, “Me gusta la persona que soy cuando no estoy fumando” y “Me gusta cómo se ve la casa después de haber hecho la limpieza”. A partir de ello, el inconsciente comenzará a asociar estas actividades con sensaciones placenteras y actos fáciles de poner en práctica.

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Y finalmente, ama a tu ser sin importar lo que hagas, pienses o suceda. Si los niveles de dopamina están regulados, difícilmente una persona actuará contra sí misma: “Será difícil llevarla hacia su propia destrucción, manipularla y controlarla”. Habrá días en los que no se tendrán ganas de comer saludable, ejercitarse o limpiar la casa, y realmente no hay problema con ello. La regularización de la energía positiva –y la dopamina– en el cuerpo requiere de la liberación de juicios acerca de “lo que se debería hacer y no se realiza”. Si nos tratamos a nosotros mismos con mayor compasión y amor, habrá una ecología emocional en nuestra energía psíquica que estaremos expandiendo sobre nuestro medioambiente. Mientras nuestras vibraciones y los niveles de dopamina se eleven, nuestras acciones serán energéticamente más extensas.

 

* Con información de Fractal Enlightment