3 deliciosas maneras para gozar de los beneficios del coco

Son alimentos que no sólo son deliciosos snacks, también proveen una increíble cantidad de nutrientes al cuerpo.

En lugares tropicales es común encontrar productos derivados del coco: agua de coco, leche de coco, coco en trozos con limón y chile piquín, etcétera. Son alimentos que no sólo son deliciosos snacks, también proveen una increíble cantidad de nutrientes al cuerpo.

Por ejemplo, la leche de coco es recomendada para pacientes con problemas serios de asma pues sus propiedades mejoran el funcionamiento del sistema respiratorio; mientras que la pulpa ayuda a regular la psique humana, la debilidad, pérdida de memoria, cólicos, afecciones pulmonares, enfermedades de la vejiga, intestinos y piel. Asimismo, su aceite y grasa tiene múltiples usos para la belleza, higiene y cuidados del organismo, pues fortifica piel, uñas, dientes y tejidos nerviosos. Inclusive, en caso de buscar alternativas vegetarianas, el coco resulta ser un buen sustituto de los huevos y la leche.

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Por lo que, en caso que estés buscando una manera de introducir el coco a tu dieta diaria, te compartimos algunas recetas sencillas y sabrosas:

 

Yogurt de coco casero

Ingredientes: Leche de coco, leche de almendras, cápsulas de probiótico, maicena y miel.

Instrucciones: En un bowl agrega 3/4 leche de coco y 1/4 leche de almendras; y por cada taza de leche de coco, añadirás una cápsula de probiótico. Deja reposar hasta que la mezcla forme el yogurt –alrededor de unas seis a diez horas–. Puedes dejarlo reposando en la cocina, en un lugar cálido con luz sin que le de directamente el sol. Si lo quieres tapar, hazlo con una tela de algodón –no lo tapes herméticamente–. En caso que el yogurt quede muy líquido, lo ideal es ponerle una cucharadita de maicena para espesarlo. Y finalmente, añadir la miel como endulzante natural.

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Smoothie de coco y fresas.

Ingredientes: 1 taza de fresas, 1 plátano en trozos, 1 taza de leche de coco, 2 cucharadas de coco y hielo. 

Instrucciones: Añadir todos los ingredientes en la licuadora.

Smoothie de coco y moras.

Ingredientes: 2 tazas de leche de coco, 1/2 cucharadita de extracto de vainilla, 125 gr de moras y hielo.

Instrucciones:  Añadir todos los ingredientes en la licuadora. En caso que quieras añadirle un extra de proteína, agrega dos yemas de huevo.

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Snack de avena y coco

Ingredientes:

Para la masa de avena: 1 taza de harina, 1 cucharadita de bicarbonato de sodio, 1/2 cucharadita de sal, 1/2 cucharadita de canela, 1/4 cucharadita de nuez moscada, 1/2 taza de mantequilla sin sal derretida, 1 taza de azúcar morena, 1/4 taza de azúcar, 2 huevos ligeramente batidos, 1 cucharadita de esencia de vainilla, 1/2 tazas de avena.

Para la masa de coco: 3 tazas de coco rallado, 1 lata de leche condensada, 1 cucharadita de esencia de almendras, 1/2 cucharadita de sal.

Instrucciones: Precaliente el horno a 180ºC, preparando una asadera con papel manteca encima. Para hacer la masa de avena, coloca en un tazón la harina, bicarbonato de sodio, sal canela y nuez moscada; en otro, la mantequilla, azúcar, huevos y vainilla. Cuando los ingredientes del segundo tazón se vuelvan una mezcla homogénea, agrega los otros ingredientes secos. Mezcla de nuevo y agrega la avena para que se incorpore por completo. En cuanto a la masa de coco, coloca todos los ingredientes en un tazón y mezcla hasta que estén combinados por completo. A continuación, presiona la masa de la avena en el fondo de la asadera, luego vierte la mezcla de coco sobre la masa de avena y extiéndela. Mete la bandeja al horno durante 35 minutos, déjalo enfriar y luego corta la masa en barras.

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Puedes aplicar para viajar gratis a Finlandia en verano y aprender a ser feliz

Al grito de “Encuentra tu calma, conecta con la naturaleza” los finlandeses recibirán a visitantes de todo el mundo para compartirles sus secretos a la felicidad.

Otra vez Finlandia ha ocupado el primer lugar en el ranking del World Happiness Report. Así, se corona en 2019 por vez consecutiva con la distinción “el país más feliz del mundo”, por arriba de otros 156 países. En este índice, que toma en cuenta variables como ingreso, expectativa de vida y “libertad”, el segundo y tercer puestos también fueron para países escandinavos, Dinamarca y Noruega. 

Para celebrar la noticia, Finlandia lanzó un curioso programa que se llama Rent a Finn (renta un finlandés). Consiste en ofrecer viajes gratis a visitantes de otros países para hospedarse con habitantes locales que se han ofrecido a compartir sus respectivas llaves a la felicidad.

Los ocho habitantes voluntarios, que radican en diversos pueblos o ciudades de Finlandia, mostrarán por ejemplo “la simplicidad de la vida en el Arquipiélago”, llevando a su huésped a acampar y navegar en un pequeño velero, o también podrás visitar un pueblo de Laponia donde acompañarás a Esko a recoger moras en el bosque o jugar juegos tradicionales finlandeses.

Por cierto, llama la atención de que las llaves que aparentemente llevan a la felicidad a los habitantes de Finlandia, todas tienen algo en común: la simplicidad y la naturaleza (y esta podría ser una buena pista). 

¿Quieres aplicar para visitar Finlandia?  

Si tras leer esto has sentido el llamado a buscar la felicidad en las latitudes del norte, regocijándote en la generosidad finlandesa, esto es lo que debes hacer:

1. Llena una forma en línea aquí

2. Grábate en video y explica por qué te gustaría ir y cómo te conectas tu con la naturaleza (agrega el video a tu forma).

3. Espera la lista de los elegidos.

 



Nuestro futuro, ¿sensibilizar la máquina o tecnificar el cuerpo?

El auge de los dispositivos tecnológicos en nuestra vida plantea preguntas de urgente relevancia.

Al menos hasta el siglo pasado, la categoría de lo humano era lo suficientemente amplia como para albergar toda la variedad de intereses, procedencias e ideas que pudieran surgir del homo sapiens, este homínido que seguimos siendo; sin embargo, con el avance mismo de la tecnología, la especie se dividió en dos grandes grupos: aquellos que tienen acceso a los gadgets de la economía de consumo y aquellos que no.

 
 
 
 
 
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Esta diferencia es importante no sólo desde un punto de vista económico sino desde un punto de vista ético: ¿es más humano aquel que puede comunicarse en tiempo real de un lado a otro del mundo, y por lo tanto decidir los destinos de las personas que no pueden hacerlo, o bien se trata simplemente de una sociedad de fetiches, donde los objetos (y el poseerlos) se vuelven más importantes que las relaciones sociales que tenemos con otras personas?

Por ejemplo: una persona de clase media o media-alta se encuentra asediado en nuestros días por gran cantidad de información que apela y exige su atención: notificaciones del smartphone, actualizaciones de la tablet, toneladas de correo electrónico (basura o de trabajo, lo mismo da), con lo cual el tiempo destinados a interrelacionarse con otras personas en el universo 1.0 (offline, o en “el mundo real”) se reduce considerablemente. Probablemente esa persona no quiera pasar demasiado tiempo en el universo 1.0 debido a que cree que tiene mayor control sobre su tiempo y su atención mientras está conectado. Pero la realidad es que el universo 2.0, con todas las ventajas y fascinantes vías de desarrollo y aprendizaje que ofrece, no es sino una interfaz de comunicación, una vía o un medio, si se quiere, para conseguir un fin: comunicarse, informar o estar informado; pero esto no es un fin en sí mismo.

 
 
 
 
 
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Hoy en día tenemos más herramientas que nunca para estar comunicados, pero hemos dejado de tener algo que comunicar. Las computadoras son nodos que integran información, pero que hasta hace poco eran incapaces de producirla; ellas eran la heramienta y nosotros la fuente. ¿Seguirá siendo así durante el presente siglo?

Puede ser que los seres humanos en las sociedades desarrolladas o en vías de desarrollo nos vayamos pareciendo cada vez más a nuestras preciadas máquinas: siempre despiertas, siempre conectadas, siempre listas para responder con más información de salida a la información de entrada que recibimos sin parar. Estamos programándonos inconscientemente para reaccionar a la información en lugar de para pensar: para discernir qué tanto de la información que recibimos es valiosa y cuánta es sólo basura. 

Al decir esto no nos consideramos dentro de la tendencia “apocalíptica” que Umberto Eco señaló en su famoso libro, Apocalípticos e integrados, sino que nos proponemos pensar hasta qué punto ya no somos capaces de ubicarnos espontáneamente en ninguno de los dos parámetros señalados por el escritor italiano. El humano de hoy en día se parece más a una interfaz autónoma que recibe y procesa información, en lugar de una mente capaz de crearla y darle forma: somos cada vez más una máquina sensible respondiendo a impulsos del entorno, una computadora humana que aprende a resolver problemas, a contestar correos, a tuitear a velocidades vertiginosas sin detenerse un momento a pensar sobre dónde está parado, o hacia dónde desemboca este tren del progreso.

La impronta de nuestro tiempo parece ser, como bien apunta Douglas Rushkoff, “programa o prepárate para ser programado”: ¿en qué lugar de la balanza nos colocaremos? ¿Dónde te situarás tú?

 

*Fotografías: Nirav Patel