Páramos de Santurban: ecosistema estratégico amenazado

El ecosistema de páramo más significativo se encuentra ubicado en el flanco occidental de la Cordillera Oriental Colombiana, el cual recibe el nombre de Páramo de Santurbán.

La importancia por mantener un medio ambiente acorde con las necesidades humanas y los beneficios positivos generales que produce la conservación de flora y fauna ha obligado que cada día las políticas públicas, entre la cual se encuentra la gestión ambiental; fijen planes, programas y proyectos los cuales apuntan a objetivos claros de la preservación de los ecosistemas.

Entre las acciones que se han impulsado en los últimos años en la política pública nacional, en pro de la conservación de los ecosistemas naturales y en especial aquellos considerados estratégicos, son aquellos enfocados al ecosistema de páramo. Para el específico en el departamento Santander, el ecosistema de páramo más significativo se encuentra ubicado en el flanco occidental de la Cordillera Oriental Colombiana, el cual recibe el nombre de Páramo de Santurbán.

Su importancia ecosistémica

De su posición geográfica se derivan algunas singularidades, entre ellas, el hecho de presentar un extraordinario panorama de belleza natural, áreas para la preservación de la biodiversidad y del recurso hídrico de especial relevancia desde el punto de vista económico y social. Sin embargo, debido a sus riquezas económicas y ambientales, éstas han sido fuente de constante conflicto. En muchos casos, se superponen el territorio perteneciente a los pobladores locales, los cuales realizan actividades productivas económicas, y la normatividad vigente de usos del suelo que busca una adecuada utilización del ecosistema; normatividad que afecta los derechos de los propietarios de  éstos sin obtener, en la mayoría de los casos, ninguna compensación[1].

Estos paramos, como el de Santurbán, se constituyen en lugares biogeográficos de singular importancia, los cuáles debido a las características particulares de su aislamiento y de su diversidad de escenarios microclimáticos integran desde ecosistemas secos hasta húmedos con presencias de paisajes heredados del periodo glacial hasta las zonas Altoandinos con presencia de bosques achaparrados que están dando paso a la invasión de pajonales y otras especies que indican procesos de paramización[2].

A partir de lo anterior, se reconoce que las oportunidades a la conservación de la biodiversidad son de dos tipos, una física, representada por la pendiente e inaccesibilidad de las áreas que se pretenden conservar sin sistemas productivos convencionales ni actividades humanas, que impliquen la transformación del paisaje y de los procesos ecológicos. Otra social, proveniente de los avances que en materia ecológica y ambiental posee el país y específicamente la región del Páramo de Santurbán, que identifican la imperiosa necesidad de conservar los recursos naturales y profundizar en su identificación, procesos y servicios ambientales que realizan.

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Conflictos presentes

El desconocimiento de las características ecológicas del páramo y de los limites naturales de estos ecosistemas es uno de los factores más incidentes en la problemática que los afecta. Desde épocas remotas de la colonización vienen sufriendo diversos cambios, procesos de transformación y deterioro basados especialmente en una dinámica de poblamiento humano insostenible en el afán de construir socioespacialmente el país asumiendo modelos de desarrollo de las grandes potencias sin medir efectos sobre los ecosistemas y la biodiversidad en general, creando así una crisis ambiental producto de una carencia de visión integral y por ello, la necesidad de establecer mecanismos que permitan su recuperación, conservación y manejo[3]

Así mismo, la heterogeneidad ambiental que genera condiciones y respuestas diferentes, los páramos están expuestos a la influencia de grupos humanos diversos que utilizan o se relacionan con el ecosistema, a través de actividades que cambian frecuentemente regidas por las condiciones culturales, socio-económicas y ambientales a las que esos grupos se hallan expuestos.  

De esta manera, los efectos del deterioro de los páramos podrían extenderse a sectores mucho más amplios de la sociedad en forma de reducciones (por ejemplo) en la vida útil de represas por incrementos en el transporte de sedimentos, conflictos por el uso del agua para irrigación y consumo, y la economía ambiental de las poblaciones locales[4].

De igual manera, a estos factores de tipo social, económico y cultural, se identifican fracasos institucionales como agentes que han contribuido a la destrucción del páramo. Desde las dinámicas de gestión, el principal limitante para el manejo racional del Páramo de Santurbán es el desconocimiento acerca de cómo varía la respuesta de este ecosistema a las transformaciones humanas, bajo la influencia de la marcada variación socio-económica, cultural y biofísica en la que ocurren esas transformaciones.

La debilidad de las instituciones y de las políticas públicas ha contribuido enormemente a dicha situación de deterioro. En general, las políticas públicas son buenas en el sector ambiental pero no existe control por parte de las autoridades encargadas, ni existe forma de hacer cumplir las normas y leyes establecidas.

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Deficiencias normativas

A pesar de existir políticas y legislación adecuada enfocada a la preservación del páramo, la debilidad de las autoridades competentes para aplicar la ley, la resistencia de las presiones políticas, de actores económicos y sociedad civil; han generado que la gestión ambiental pública y el ordenamiento territorial, como herramienta para un adecuado aprovechamiento de los recursos, en algunos casos se encuentre atada de manos.

Ejemplo de ello, se manifiesta en que parte de la Constitución Política de Colombia hace referencia a la protección del ambiente en general (artículos 8, 58, 79, 80, 333 y 334). La Ley del Sistema Nacional Ambiental (99 de 1993) dice que las zonas de páramos son objeto de protección especial y que el uso del agua para consumo humano es prevalente. La normatividad internacional y convenios ratificados y vinculantes para Colombia ofrecen argumentos importantes para la protección de los páramos. Sin embargo, el plan de desarrollo 2014-2018 presentado por el Gobierno Nacional, deja en el aire la protección de páramos y ecosistemas estratégicos que cumplen una función vital de abastecimiento del 70 % de agua que se consume en al país. El actual PND pretende mantener la minería en páramos. Justifica unos supuestos derechos adquiridos por parte de los explotadores mineros, derechos adquiridos que no tienen aplicación en materia ambiental, donde debe primar el derecho constitucional a un ambiente sano y el derecho fundamental al agua y a la vida en condiciones dignas de las personas que habitan esos territorios.[5]

En general, las instituciones encargadas de controlar el uso sostenible de los recursos naturales se ven incapacitadas en hacer valer las acciones, leyes y normas que velan por la conservación del estado natural del páramo. 

Todas estas limitaciones y contradicciones normativas se reflejan en la existencia de múltiples instrumentos de planificación del territorio, vinculados a distintos ámbitos entre los cuales no hay una integración jerárquica clara y que plantean, en muchos casos, contradicciones sobre el uso del territorio[6].

 

Conclusiones

La desarticulación de los organismos encargados de la gestión ambiental y la falta de continuidad en algunos programas que nacen con buena intención, así como la existencia de vacíos legales, termina dificultando el alcance de objetivos para la conservación del páramo.

En el ámbito de la legislación se presentan limitaciones como la duplicación de funciones y acciones en torno a la planificación, la ordenación y la gestión del medio ambiente y los vacíos jurídicos que originan conflictos y desacuerdos en materia de gestión, coordinación, jurisdicción y presupuesto.



Qué es la dismorfia snapchat y por qué está invadiendo la psique juvenil

Editar “selfies” nos puede llevar a una psicosis dismórfica sin retorno.

El reflejo es la génesis de la dismorfia, un trastorno quizá tan antiguo como los espejos, pero que apenas en 1987 fue catalogado como un auténtico trastorno psiquiátrico. En la actualidad saber cuántos padecen Trastorno Dismórfico Corporal (TDC) es imposible, ya que la mayoría de los afectados no busca ayuda.

Es indudable, no obstante, que cada vez más jóvenes tienen una percepción negativa de sus cuerpos.

Resulta paradójico que, en la modernidad, las obsesiones corporales invadan tantas psiques, y que sean los espejos donde sucede esa especie de catarsis negativa.

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Porque históricamente los espejos han cargado otro simbolismo. En el mundo místico, los espejos reflejaban el espíritu; en la literatura son puertas a mundos inversos o superficies en las cuales adivinar el futuro. Pero sólo ahora se han vuelto espacio de repudio, obsesión y autoexclusión, entre otras cosas de talante negativo.

La era digital ha exacerbado las peores patologías, y el TDC es ejemplo de ello. Ahora no es sólo el reflejo, sino la fotografía la que desata obsesiones.

Cada vez más jóvenes se realizan cirugías estéticas para lucir como lucen en sus fotografías y selfies, editadas con aplicaciones como Facetune.

Estos jóvenes acuden con cirujanos plásticos con una inquietud: la de si es posible lucir tan perfecto en la realidad como en las selfies repletas de filtros. Son los rostros digitalmente alterados los que están provocando un inédito tipo de TDC, ahora llamado “dismorfia snapchat”.

55% de los pacientes en EUA se operan para verse mejor en las selfies

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Para los especialistas se trata de un inquietante fenómeno psicológico, donde la línea entre la fantasía digital y la realidad concreta se desvanecen. Lo más grave es que ahora no son sólo los estándares de belleza de las celebridades lo que detona mayores obsesiones corporales, sino la aparente perfección de nuestros conocidos, tal como señala un artículo en JAMA Facial Plastic Surgery.

Pero, ¿tiene cura la dismorfia snapchat?

El fenómeno de la generación selfiey sus malas aproximaciones a lo que debiera ser la autoestima–, así como el TDC y la nueva dismorfia snapchat, no son sino el correlato de algo mucho más grande: el desarrollo del individualismo como culto al yo que en el capitalismo se ha exacerbado.

Por ello, tanto el TDC como la dismorfia snapchat y muchos otros trastornos asociados, como la depresión, sólo pueden curarse si cambiamos los paradigmas que rigen el entendimiento de lo que es bello y deseable, y sólo si extirpamos el individualismo de raíz egocéntrica –que, dicho sea de paso, no es una actitud inherente en el ser humano–.

Debemos aprender a ser entendiendo que somos parte de un todo, lo que conlleva cambios sociales, espirituales y psíquicos de gran envergadura. De otra manera, trastornos como la dismorfia snapchat sólo podrán tratarse, más no curarse.

 

*Imágenes: 1 y 3) Arvida Bystrom; 2) Mike Campau



Al parecer el óvulo sí decide qué espermatozoide lo fecundará (nuevo estudio)

El estereotipo de pasividad en la mujer parece estar desmoronándose incluso en la biología.

Es sin duda tan reduccionista como innecesario para las mujeres partir de que todo lo producido por el hombre es malo o inútil per se. El desarrollo del ser humano, y el del conocimiento con él, es sin duda más complejo que eso.

Lo que sí puede decirse de las disciplinas del conocimiento es que han sido dominadas por hombres durante siglos, y que ideológicamente han estado sesgadas por ello. Así, todo relato científico corre el riesgo de perder de vista algunas posibilidades, sobre todo si estas implican que el sujeto femenino tenga cierto protagonismo.

Esto no sólo excluye a las mujeres de la narrativa universal, dejándolas en un segundo plano, sino que ha provocado el estancamiento del conocimiento en detrimento de toda la humanidad. Un paradigmático ejemplo es el último hallazgo de la biología: la no-docilidad del óvulo durante la fertilización.

O en otras palabras: que el óvulo decide qué espermatozoide lo fecundará.

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La teoría biológica ha sostenido durante más de un siglo que, en la fertilización, el óvulo es un sujeto pasivo, mientras que los espermas son quienes emprenden una carrera activa para fecundarlo. Pero un estudio reciente parece estar por desmentir esto.

Joe Nadeau, científico del Pacific Northwest Research Institute, es quien está desmontando los mitos de la pasividad femenina reproductiva, o por lo menos ha abierto la vía a una nueva y más profunda comprensión de los procesos de selección sexual.

Nadeau estudió ratones de laboratorio para descubrir si las leyes de Mendel son todavía menos infalibles de lo que ya se venía suponiendo (según algunas investigaciones recientes). Para ello, Nadeau juntó a un grupo de ratones macho con genes normales y a dos grupos de hembras, uno con genes normales y otro con genes proclives al cáncer testicular.

En las primeras camadas, las crías tuvieron genes aleatorios: algunas eran proclives a desarrollar cáncer y otras no, en concordancia con las leyes de Mendel.

Luego Nadeau invirtió la distribución, haciendo a hembras sanas cruzarse con machos portadores del gen cancerígeno.

Sólo 27% de las crías presentaron el gen cancerígeno del padre, cuando la estimación, según las leyes de Mendel, debió superar el 70%.

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Esto apunta no sólo a que la fecundación no es un proceso azaroso, sino que la hembra tiene un papel muy importante en la conservación de la especie que la ciencia androcéntrica desconocía. Con esta actividad, el óvulo podría estar evitando escoger espermas con daños congénitos, optando más bien por aquellos en buen estado.

Aún se desconoce qué podría implicar esto en términos evolutivos, así como qué procesos podrían activar el óvulo. Una hipótesis de Nadeau sugiere que podría deberse a la metabolización del ácido fólico, que forma importantes moléculas de señalización en el esperma y el ovario.

Quedarán, no obstante, muchas investigaciones que hacer a futuro. Pero no cabe duda que Nadeau, junto con biólogos y evolucionistas, están desmontando los mitos de la pasividad femenina con estos hallazgos, pues el relato androcéntrico sobre la “inherente” sumisión del género femenino se sustenta en todo lo que puede, la biología incluida.

A esto llamamos una ciencia del feminismo: aquella que no es androcéntrica, pero tampoco ginocéntrica. Una ciencia, sin duda, para la evolución de la humanidad en su conjunto.