Estudio muestra que las chinches desarrollan resistencia a los insecticidas

Es el primero en probar que es verdadera esta tendencia que hace obsoletos a algunos químicos que resultan además altamente contaminantes.

Así como ocurre con los virus que han probado desarrollar una mayor resistencia cada vez a los antibióticos,  las plantas conocidas como plagas son también cada vez más resistentes a los fertilizantes; lo mismo ocurre con los insectos.

Un reciente estudio publicado en el Journal of Medical Entomology ha encontrado cómo las chinches son cada vez más resistentes a un común químico fertilizante conocido como neonicotinoid.

El experimento que hicieron el entomólogo Troy Anderson y su equipo lo realizaron separando dos grupos de chinches, unas que desde hace 30 años han sido reproducidas en cautiverio y otro que no.

Tomó solo 2.3 nanogramos de neonicotinoid para exterminar al 50% del grupo de chiches que habían vivido aisladas. Por su parte tomó 1,064 nanogramos para matar al 50% de un grupo de chinches de Michigan.

Este estudio es importante por ser la primera vez que muestra esta resistencia en las chinches. El científico Troy Anderson ha declarado que se trata de un buen comienzo para repensar la manera en que controlamos las plagas, pues pareciera un uróboros, un círculo vicioso, pues los químicos no solucionan el problema y además contaminan.

Mientras todos queremos una herramienta poderosa para combatir las plagas, las que estamos usando con químicos no están funcionando efectivamente, y por lo contrario, las personas están gastando dinero en algo que no está funcionando.

[sciencealert]



¿Por qué te conviene usar fertilizantes orgánicos? (sus sorprendentes ventajas)

Si prefieres el bienestar de tu tierra a largo plazo, no dudarás en dejar a un lado los fertilizantes artificiales

La inmediatez es quizá la cualidad más apreciada de la era industrial, después de las ganancias financieras. Vamos pensando continuamente en ganar tiempo; queremos lo inmediato, eficiente, que nos implique el menor esfuerzo, para proseguir con la frenética misión que pareciéramos tener: producir. 

En algún momento, luego de la Revolución Industrial, los países se abocaron en crecer sus economías a costa de lo que fuese, incluso del deterioro del propio hogar, la Tierra. La inmediatez, su premura y la insensata mentalidad de producir siempre más, llegaron a todos los tipos de vocaciones de trabajo; por supuesto, entre ellos, a la milenaria agricultura.

Con ello, para maximizar la producción y reducir costos, se crearon los fertilizantes artificiales como un modo de devolver a la tierra su vivacidad y nutrientes, que suelen perderse luego de una incesante siembra de la tierra. Aunque milenariamente residuos orgánicos han servido para hacer fertilizantes naturales como el estiércol de decenas de especies y residuos vegetales o animales, estos tienen un inconveniente para el paradigma de la época en la que vivimos: sus efectos son de lenta absorción y, por lo tanto, la inmediatez no es un atributo notable en ellos.

Por su parte los fertilizantes artificiales, que son hechos a base de procesos industriales con químicos como el ácido nítrico, el ácido sulfúrico y el amoníaco liberan nutrientes en el suelo como el nitrógeno, el fósforo y el potasio. Los fertilizantes artificiales (muchos de ellos contienen insecticidas y herbicidas), a diferencia de los naturales, son absorbidos inmediatamente por el suelo, lo que hace que los cultivos puedan acelerarse.

Sin embargo, el hecho de que los fertilizantes inorgánicos sean absorbidos tan rápidamente por el suelo tiene también sus costos negativos. Entre sus efectos nocivos están la contaminación del agua circundante y subterránea, un aumento de las sales tóxicas del suelo cuando son aplicados en grandes cantidades, y su peor riesgo es a largo plazo: degradan la vida del suelo y matan a microorganismos útiles para la nutrición de las plantas. Es decir, con el tiempo no sólo no se nutre realmente la tierra, sino que se le vuelve obsoleta rápidamente. 

Enlistamos algunas de las ventajas de usar los fertilizantes orgánicos, que puedes hacer tú mismo a partir de sencillas compostas. Por ejemplo:

  • Hay de muchísimos tipos. Los abonos de estiércol pueden ser de vaca, oveja, ave y caballo. También hay composta o abonos verdes. 
  • Hay menos peligro de sobrefertilización si se agrega material orgánico descompuesto a un jardín.
  • El proceso de absorción de un fertilizante inorgánico es el siguiente: los mismos microorganismos de la tierra son los que degradan el fertilizante hasta formar compuestos solubles en agua (es decir, no contaminantes), que son los que las plantas aprovechan. 
  • Los fertilizantes orgánicos aumentan la acción de los hongos y bacterias que benefician al suelo. 
  • Hacen que los hongos responsables de que las plantas aprovechen los nutrientes se multipliquen significativamente.
  • La materia orgánica crea un ambiente que facilita el desarrollo de organismos como las lombrices.
  • Los abonos orgánicos son muy ricos en micronutrientes, ademas de poseer macronutrientes.
  • Los fertilizantes orgánicos mejoran la estructura del suelo enormemente.
  • El uso de fertilizantes orgánicos ayuda a retener los nutrientes del suelo.
  • Permiten aprovechar residuos orgánicos.
  • Permiten la fijación de carbono en el suelo y mejoran la capacidad de absorber agua.
  • Suelen necesitar menos energía para su elaboración.
  • Mantienen la humedad necesaria en el suelo para cada tipo de plantaciones.

Los fertilizantes orgánicos preparan tu tierra para una larga vida. Crean las condiciones necesarias para que el suelo sane: como un micromundo donde crece una regeneración sólida y a largo plazo. No existe comparación con la vida que inyectarás al suelo a futuro usando fertilizantes orgánicos, en comparación con los fertilizantes artificiales (aparentemente cómodos).



La razón más bella y noble para plantar algodoncillo

¿Quieres contribuir a salvar de la extinción a una de las especies más hermosas del planeta? Aquí te decimos cómo puedes hacerlo.

Las mariposas monarca son una de las especies más innegablemente bellas del planeta, y sin embargo, se encuentran a punto de desaparecer. En Ecoosfera hemos publicado varias notas en las que explicamos cómo el cambio climático, la pérdida de hábitat y el uso de insecticidas y pesticidas afectan los ritmos naturales de estos bellos ejemplares.

Ahora te compartimos una sencilla manera para que las salves, o bien, te unas a un movimiento que busca regresarles un pedacito esencial de su hábitat: el algodoncillo.

Las monarca dependen enormemente del algodoncillo, del genus Asclepias, para sobrevivir. Estas ponen sus huevecillos en estas flores y cuando la oruga sale del huevo, se alimenta de la flor.monarch-butterfly-larvae-on-milkweed

Puedes comprar semillas de algodoncillo y cultivarlas adentro de tu casa en un espacio soleado y bien ventilado o puedes comprar una planta (o todas las que quieras) y sembrarla en tu jardín. Existen varios tipos de algodoncillo, lo mejor sería preguntar en tu invernadero local qué tipo crece mejor en la región, y asegurarte que donde sea que lo plantes reciba mucho sol y agua. De esta sencilla manera puedes contribuir a fortalecer una de las migraciones más imponentes del mundo natural.

Este tipo de acción tendrá un mayor impacto si vives en una zona que las mariposas visitan durante su migración, que cubre más de 4 mil kilometros durante el recorrido primaveral desde el centro de México y hasta las áreas de reproducción en E.U.A y Canadá.

Monarch Watch, un grupo que busca proteger a las mariposas desde E.U.A acepta donaciones de semillas de algodoncillo y las planta en todo tipo de espacios, desde jardínes personales hasta escuelas y hospitales, en un esfuerzo que busca devolver a estos frágiles especímenes uno de los elementos más básicos que necesita para sobrevivir.

Si bien tu hogar no se encuentra en el recorrido de las mariposas, puedes plantar algodoncillo de cualquier manera, y darle un hábitat seguro a alguna de las especies de mariposa de tu región, o apoyar a las abejas, que también se encuentran en peligro de extinción.

Ya lo sabes, no hay revolución más fructífera que la verde. Planta y protege tu ecosistema y, de paso, tu salud.